domingo, 31 de mayo de 2020

¿Qué es el faro social del Cauca?

Es un espacio amplio de análisis, discusión, debate y acción política democrática, alternativa y revolucionaria.

Las bases en las cuales deberá estar soportado EL FARO SOCIAL no son únicamente las organizaciones sociales; es principalmente el Movimiento Social, en el que existen múltiples formas, modalidades y expresiones económicas, políticas y culturales. Es importante destacar que éstas no son únicamente objeto de trabajo, de uso y hasta de abuso, como es común verlo en otros escenarios, de los dirigentes que actuamos en su construcción; son ante todo, sujetos con conciencia en evolución y transformación continúa de sus propósitos, objetivos, deberes, obligaciones y derechos.

En el contexto de este complejo proceso de transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, debemos tener en cuenta que una de las tantas funciones de EL FARO SOCIAL es promover el desarrollo de actividades en el movimiento cultural en las comunidades. Si bien es cierto EL FARO SOCIAL y su propuesta política nacen de la dirigencia de algunas organizaciones sociales, éste no se puede reducir a una simple sumatoria de las mismas. Su más grandiosa aspiración y su ideal más preciado son y serán que la gran mayoría de comunidades campesinas, indígenas, obreras, populares y urbanas caucanas, por ahora,  confluyan en él con sus especificidades, pero con una política y un programa comunes que los acojan, los defiendan y trabajen por su realización.

 

TAREAS URGENTES DE EL FARO SOCIAL.

 

EL FARO SOCIAL en su propósito de convertirse en una opción política con lineamientos bien definidos, tiene que asumir y realizar varias tareas urgentes.

Una de esas tareas urgentes es darle continuidad y estabilidad al desarrollo de su estructura organizativa y a sus actividades internas. Hasta ahora sus acciones han sido esporádicas, sin continuidad y no ha habido estabilidad en su funcionamiento. Aunque esta debilidad ya ha sido identificada y planteado la necesidad de superarla con propuestas como la de establecer fechas fijas de reuniones, hasta ahora no hemos hecho lo suficiente para superarla. Así será prácticamente imposible actuar con posibilidades de intervenir e incidir en una situación tan compleja con la que existe en el Cauca.

Otra de las tareas urgentes es la construcción de una política alternativa diferente a las existentes, la cual debe señalar la ruta general a largo y mediano plazos y el rumbo por dónde y hacia dónde debemos ir. Esa política debe señalar muy explícitamente para quienes está hecha, a quienes va dirigida y cuál debe ser el papel de los receptores de esa política; si se van a limitar a ser simplemente receptores pasivos de la misma, o por el contrario, deben asumir el papel de actores consientes en su construcción y realización. Explícitamente, en nuestro caso, esta política debe señalar que está hecha y va dirigida a los campesinos, indígenas, obreros y sectores populares urbanos. De hecho en el FARO SOCIAL participan mayoritariamente representantes de organizaciones campesinas, esporádicamente representantes de organizaciones indígenas, algunos pocos de organizaciones obreras y de sectores populares urbanas.  Ya desde que comenzamos a reunirnos como FARO SOCIAL, uno de los participantes planteó la necesidad de dotar al grupo de un programa en el que se establecieran los objetivos, propósitos y tareas que intentaba realizar. Con poca claridad sobre el particular, todos estuvimos de acuerdo en que había que hacerlo, pero por los problemas señalados antes, no hemos hecho mayor cosa en este sentido.

Pero además, en torno a este asunto que es de vital importancia y urgente, nos ha surgido una inquietud que hasta ahora no se ha abordado en este espacio y que queremos dejarla planteada para la discusión. Creemos que en el ejercicio de la política, antes de dotarse de un programa, es necesario saber para dónde es que vamos; es necesario definir esa ruta general a mediano y largo plazos y el rumbo por dónde y hacia dónde queremos ir, pues la solución a los problemas existentes depende enteramente de ese rumbo que queremos seguir. Por ejemplo: ¿Cómo resolver el problema del lamentable atraso en que se encuentra la economía caucana con respecto a otras regiones del país y con mayor razón del mundo? Pues bien. El modelo neoliberal imperante busca “resolverlo” acampando las trans-multinacionales para que saqueen los recursos que nos quedan, con las zonas francas y apropiándose de lo que hay y que les sea útil para acumular más capital. Desde el FARO SOCIAL ya hemos mencionado escuetamente otra ruta muy diferente frente a este mino asunto: el del impulso a la agroindustria cooperativa, asociativa y solidaria para las zonas campesinas e indígenas; la industrialización de la meseta central del Cauca, que tendríamos que discutir cómo hacerlo y qué características debe revestir un proceso como ese; la integración vial del Departamento que también habría que definir qué ruta seguir: si el de los contratos con empresas privadas donde prolifera el robo a los recursos públicos o se vuelve al sistema anterior de ejecución directa por parte del Estado; y así sucesivamente podemos examinar todos y cada uno de los componentes del programa.

Y otra de esas tareas urgentes es la definición de ese Programa. Por supuesto que hay que hacerlo. Pero en este caso ya el programa se ubica como parte esencial sí, pero al fin y al cabo, parte de esa ruta política, como concreción práctica de la misma. En consecuencia y concordante con lo anterior, el programa no se puede concebir como “un listado de necesidades”, como “la lista de lo que hay que comprar en el mercado”, sino como la solución de los problemas identificados en la propuesta política, la ruta y el rumbo en ella definidos. Además, por la naturaleza de su realización, en el Programa se entremezclan asuntos de orden administrativo, tecnológico y técnico. En tal sentido, para una fuerza política como la que estamos proponiendo, lo menos conveniente es que se enrede, o se deje enredar en los aspectos puramente administrativos y técnicos de la ejecución de un programa.

La ruta política y el programa son instrumentos, son herramientas políticas y hay que manejarlas en cuanto tales. Estos se construyen a partir de las múltiples experiencias racionalizadas y evaluadas, del estudio y análisis político de la realidad que se pretende transformar, del conocimiento adquirido y acumulado y no son resultado de la improvisación o de los afanes de una élite “por posicionarse en el mercado” de las propuestas político-electorales.

En este sentido y así las cosas, es de suma importancia en nuestro caso y para nuestra propuesta, tener en cuenta un argumento que ha sido ampliamente posicionado en la ideología dominante por las élites de la burocracia y la tecnocracia que ejecutan las políticas dominantes, como aquel según el cual, la técnica y la tecnología “son neutrales”, que no tienen nada que ver con la política, que no tienen color político, que “son incoloras, insaboras e inoloras”, que no interesa quien las formule sino los resultados (¿para quién o quiénes?). Este es uno de esos miles y miles de galimatías que a menudo los ingerimos sin reflexión. Esto es absolutamente falso. La técnica y la tecnología son funcionales para quien o quienes detenten el poder político. En el sistema imperialista y capitalista en que vivimos, éstas sirven y le producen enormes beneficios al capital, y los obreros y los trabajadores en general simplemente las operan para le rindan plusvalía al capital.

 

EL FARO SOCIAL Y LOS EVENTOS ELECTORALES

 

Para el FARO SOCIAL, la discusión no está en si se participa o no se participa en los eventos electorales en las condiciones políticas existentes en el país en la actualidad, pero si estamos obligados a hacer algunas aclaraciones necesarias. En el mercado de las propuestas político-electorales, en el pensamiento político dominante y específicamente entre los llamados alternativos, a menudo escuchamos hablar de “LA SOCIEDAD CIVIL”. Y cuando preguntamos qué es esa “sociedad civil”, quienes la conforman, “como se come” y de qué está hecha, la respuesta obvia que obtenemos es que esa “sociedad civil somos todos”, sin distinciones de ninguna clase. En plata blanca, como decían los abuelos, en nuestro caso en Colombia, de la “sociedad civil” hacen parte los Sarmiento Angulo, Ardila Lule, el Sindicato Antioqueño, los narcos, .los paramilitares, los altos jerarcas de la Iglesia católica y de otras sectas, las élites de la burocracia y la tecnocracia, todo los ladrones de cuello blanco, los altos oficiales de las Fuerzas armadas, etc., etc.  Su esencia no puede tener otro sentido que el de borrar las diferencias de clase y la lucha de clases, el de legitimar el sistema para terminar defendiendo el statu quo. Todos terminan defendiendo el Estado Social de Derecho que es el Estado que corresponde al modo de producción capitalista y sirve para mantener el dominio del capital sobre el trabajo. Por eso hemos visto hasta sectores guerrilleros intentando negociaciones políticas con representantes de la “sociedad civil” para hacer los supuestos “cambios revolucionarios” que no pudieron hacer en más de 50 años de andar para arriba y para abajo sin ton ni son con los fusiles al hombro.  Y por eso, su participación en las elecciones termina en lo mismo, reproduciendo los mismos vicios de la politiquería.

Por el contrario, el FARO SOCIAL para diferenciarse  con toda nitidez de las demás expresiones políticas tradicionales y del llamado campo alternativo, no puede ni debe caer en la charca de quienes pretender borrar las abismales diferencias de orden Político, Social, Económico existentes, las clases sociales y la lucha de clases. Debe crear conciencia que el voto de clase, DEBE PROFUNDIZAR LA CONCIENCIA DE CLASE, LAS CONTRADICCIÓNES DE CLASE Y LA LUCHA DE CLASES PARA RESOLVERLAS.

En este sentido, voto debe convertirse en un acto político consciente de clase y el proceso electoral debe servir para agitar una propuesta política para que realmente pueda contribuir al desarrollo de un Movimiento Político Popular, Democrático y Revolucionario. Por ello, la participación electoral tiene un carácter eminentemente táctico.


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