martes, 3 de febrero de 2026

EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

 

Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de enero de 2.026, decidimos publicar en nuestro blog los siguientes 4 artículos del Periódico OPCION en los que los autores nos dan a conocer sus apreciaciones políticas en forma breve, pero que aun así, nos ayudan a complementar y enriquecer nuestros conocimientos sobre los motivos y razones del imperio norteamericano para actuar en la forma que actuó en Venezuela, donde las otras dos grandes potencias están al asecho de lo que haga su adversario y competidor. Buen provecho, y solo nos queda destacar la buena dosis de coincidencia entre lo que planteamos nosotros en el artículo sobre el tema y lo que plantean los autores en sus comentarios, dejándonos claro, de paso, que por fortuna no somos los únicos que estamos luchando contra esas injerencias imperiales cualesquiera que sean, que no estamos solos y que esta lucha crecerá, se fortalecerá y triunfará.  

 

El “Corolario Trump” está en marcha

 

Periódico OPCIÓN

Última actualización: 07/01/2026

Por Juan J. Paz y Miño Cepeda

 

La historia del monroísmo contribuye a comprender las dimensiones de su actualidad. En efecto, podemos señalar cinco momentos en su desarrollo. El primero corresponde a lo que podemos denominar americanismo imperfecto entre 1.823 y 1.898, es decir prácticamente durante el siglo XIX. Después de la independencia de los Estados Unidos (1.776) las independencias de América Latina, iniciadas con Haití en 1804, fueron procesos generalizados desde 1809 (Chuquisaca, La Paz y Quito), que concluyeron durante la década de 1820. Bajo ese contexto, el 2 de diciembre de 1823 el presidente James Monroe presentó ante el Congreso la política exterior en materia hemisférica, que proclamó la idea “América es para los americanos”, que tuvo el propósito de frenar cualquier intento europeo por restaurar el coloniaje en el continente americano. Sin embargo, ese “americanismo” no impidió una serie de incursiones europeas en distintos países latinoamericanos y tampoco las intervenciones de los propios EE.UU. Por eso, el Congreso de naciones americanas de 1896 realizado en México (su promotor fue el ecuatoriano Eloy Alfaro) y que solo logró la participación de ocho países (el boicot provino de los EE.UU.) concluyó con un contundente documento que cuestionó la aplicación unilateral de la “Doctrina Monroe” y la necesidad de sujetarla a un verdadero derecho público americano.

El segundo momento fue fijado por el “Corolario Roosevelt” y caracterizó al monroísmo expansivo, entre 1.898 y 1.945. Precisamente a raíz de las independencias de Cuba y Puerto Rico, con la guerra Hispano-cubana de por medio y el ascenso de los EE.UU. a la era imperialista, el presidente Theodore Roosevelt (1.901-1.909) utilizó el monroísmo para sostener el “derecho” de EE.UU. para intervenir, con un “gran garrote”, en cualquier país con el fin de garantizar la seguridad estadounidense, la “democracia” continental y los intereses norteamericanos. Se inició así una agresiva época de intervenciones directas sobre todo en Centroamérica y el Caribe, que solo se alivió con la política del “Buen vecino” impulsada por el presidente Franklin D. Roosevelt (1.933-1.945).

Pero enseguida se desplegó el tercer momento, expresado por el monroísmo de la Guerra Fría, entre 1.945 y 1.990. El TIAR (1.947) en la esfera militar y la OEA (1.948) en la diplomática, pasaron a ser los instrumentos del “americanismo” destinado a desalojar e impedir el “comunismo” en el continente. La Revolución Cubana (1.959), así como despertó esperanzas transformadoras en América Latina, igualmente sirvió como pretexto para justificar el macartismo, que condujo a golpes de Estado militares construidos con intervención de la CIA y que en el Cono Sur definieron una línea sangrienta de violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. El derrumbe del socialismo en la URSS y Europa del Este afirmó la hegemonía mundial y unipolar de los EE.UU., el auge de la globalización y la imposición del neoliberalismo en América Latina a través del FMI y el Consenso de Washington. El triunfo de Occidente y la primacía mundial de los EE.UU. durante la última década del siglo XX aflojó el monroísmo anticomunista.

Si bien el desarrollismo de las décadas de 1.960 y 1.970 posibilitó un adelanto latinoamericano inédito, las dos décadas finales del siglo XX afirmaron la modernización dependiente y economías empresariales incapaces de provocar el bienestar social. Pero, al mismo tiempo, crecieron las relaciones económicas de América Latina con Rusia, China y otros países distintos a los de la órbita tradicional concentrada en los EE.UU. y Europa. En tales condiciones, coincidiendo con el ingreso al siglo XXI, se produjo la “marea rosa” con diversos gobiernos progresistas que abandonaron la vía neoliberal para sentar las bases de economías sociales del bienestar. Además, esos gobiernos coordinaron acciones para garantizar los intereses de la región frente a las políticas imperialistas. De modo que el latino americanismo progresista determinó el cuarto momento del americanismo caracterizado por la crisis relativa del monroísmo, entre 1999 y 2.024, expresado, por un lado, en el creciente fracaso de las Cumbres de las Américas y, por otro, la formación de nuevas entidades como ALBA y, sobre todo, CELAC, que cuestionaron los roles históricos de la OEA. Fue la firme posición latinoamericanista la que provocó el acercamiento entre EE.UU. y Cuba durante el gobierno de Barack Obama (2.009-2.017).

Los síntomas del cambio aparecieron con el primer gobierno de Donald Trump (2.017-2.021) quien delineó el interés por retornar al viejo monroísmo del “gran garrote”, interrumpido levemente por el sucesor Joe Biden (2.021-2.025), incapaz de comprender el evidente desarrollo del mundo multipolar en ascenso, por el auge de Rusia, China, los BRICS y un “Tercer Mundo” igualmente conectado con políticas e ideales anticoloniales, antimperialistas y con nuevas relaciones económicas mundiales. De modo que el segundo gobierno de Donald Trump (2025-2029) ha iniciado el quinto momento del americanismo al que podemos definir como neomonroísmo del siglo XXI. De hecho, el reciente documento “National Security Strategy of the United States of America” (November 2025, https://t.ly/jBXp7) explícitamente instaura el “Corolario Trump”, dando continuidad al predecesor “Corolario Roosevelt”. Deja en claro que el hemisferio occidental es “prioridad estratégica absoluta”, interesando estabilizar la región, asegurar gobiernos “dóciles” o alineados, prevenir migraciones masivas hacia EE.UU., combatir narcotráfico, crimen organizado, narcoterrorismo, tráfico de personas, espionaje o influencia extranjera. Y destaca: “Reafirmaremos y haremos cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental, y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías claves en toda la región”.

Hasta hoy, en la experiencia práctica, las reglas internacionales dejan de importar, la institucionalidad creada en la segunda postguerra igual. Para América Latina este giro internacional se ha traducido en la persecución y expulsión de inmigrantes, acuerdos militares revestidos de apoyo a la seguridad contra el narcotráfico y el crimen organizado, presiones contra los gobiernos progresistas, el cerco militar en el Caribe para preparar una posible intervención en Venezuela y con amenazas sobre Colombia y cualquier otro país que reaccione. Trump y otras autoridades de gobierno han sido explícitos en recalcar que China es el primer “enemigo” a derrotar, seguido por Rusia y los BRICS, pues representan intereses “ajenos” al continente. Bajo esta ideología, lo que les interesa es que los países latinoamericanos dejen de tener relaciones económicas con esos “enemigos”.

Una América Latina desunida, sin la fuerza que alcanzaron durante los primeros lustros del siglo XXI los gobiernos progresistas, va a tener que afrontar el agresivo neomonroísmo de la era Trump. México y Brasil, con gobiernos progresistas y como grandes países pueden jugar en ello un papel de vanguardia, mientras los actuales gobiernos en Argentina y Ecuador están a la vanguardia del alineamiento con Trump. Y si se produce la intervención militar en Venezuela, se habrá destapado un proceso de larga resistencia y conflictividad que inevitablemente involucrará a Sudamérica y alterará el campo de los enfrentamientos internos de cada país entre élites que pretenden consagrar su dominio y las poblaciones nacionales afectadas con el perverso sistema de la libertad económica fundamentada en la hegemonía de la empresa privada a costa de la soberanía, el progreso y los derechos sociales, laborales y ambientales.

 

ULTIMO DIA DEL DESPOTISMO Y PRIMERO DE LO MISMO

 

Periódico OPCIÓN

Publicado: 07/01/2026

Por Ab. Juan Pablo Sansur Ode.

 

No causa sorpresa, ni deberíamos estar anonadados, estupefactos, ni atónitos, peor perplejos por la incursión armada perpetrada en contra de Venezuela, en tanto en cuanto según un reporte del Congreso de los EEUU este país ha realizado al menos 469 intervenciones militares en países extranjeros entre (1.798-2.022), esto incluye conflictos armados, desembarcos de tropas, ocupaciones breves o prolongadas y otras operaciones de fuerza que implicaron participación militar gringa,  no podemos olvidar ciertas intervenciones militares por parte del imperio norteamericano como: en Cuba y el fallido intento de invasión en Bahía de Cochinos que buscó derrocar a Fidel Castro, como tampoco en Guatemala en 1.954  donde la CIA organizó un golpe de Estado que derrocó al presidente Jacobo Árbenz cuyo programa de reformas agrarias afectaba intereses de empresas gringas como: United Fruit Company, tampoco podemos olvidar lo de Brasil en 1964 mediante el cual EEUU apoyó el golpe militar que destituyó al presidente João Goulart, hay que agregar el capítulo de República Dominicana en 1.965 mediante el cual 42.000 marinos estadounidenses intervinieron para evitar el establecimiento de un gobierno de izquierda tras una guerra civil bajo la justificación de proteger vidas estadounidenses.

Ahora le tocó el turno a Venezuela, al bombardear ese país dejó en evidencia que el derecho internacional está proscrito, que la soberanía de los Estados es una reliquia de antaño y que cualquier superpotencia puede agredir a un país para saquear sus riquezas naturales, tanto es así que Trump ha manifestado de que necesitamos el acceso total al petróleo y a otros recursos en Venezuela que nos permitan reconstruir su país,  en otras palabras saquearán, esquilmarán y robarán literalmente sus recursos naturales para luego “reconstruirlo”.

Hay que sumar otro aspecto:  Venezuela entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo y que los ingresos serán controlados por él, es lo manifestado por Trump, en otras palabras, pagará por el crudo venezolano, pero ese dinero ingresará a las arcas gringas donde “garantizará” que se use en beneficio de Venezuela y de los EEUU.

Lo que han hecho con Maduro es secuestrarlo violando el derecho internacional y bombardear un país es un acto de barbarie. Oponerse a una agresión militar extranjera y rechazar la guerra de Trump no significa apoyar a Maduro,

El llamado multilateralismo, el “orden internacional” que surgió después de la segunda guerra mundial no existe, esta pulverizado, los organismos que se crearon han sido suprimidos, extinguidos, no sirven de nada, entre los cuales están: la CELAC, la ONU,  la OEA, el MERCOSUR, el CARICOM, hay que mencionar que se ha violado el artículo 2 párrafo cuarto de la Carta de la Naciones Unidas que dice textualmente: “los miembros de la organización en sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra  la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas”.

Por otra parte, fuera de las fronteras mandan las corporaciones capitalistas mafiosas que a través de sus Estados canallas como el estadounidense entran con violencia militar a robar los recursos de las naciones a vista y paciencia de las fuerzas armadas nacionales y de los vetustos organismos internacionales que agonizan. Resulta curioso que las defensas del ejército de Venezuela no se hayan activado ante el ataque de los gringos, más si se sabía que tenían asesoramiento cubano y ruso, sin lugar a dudas se vendieron Delcy Rodríguez hoy presidenta con el beneplácito del imperio norteamericano, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López.

Lo suscitado en contra de Venezuela marca un precedente funesto en la medida que los propios EEUU invadirán mañana Colombia o cualquier otra nación que no esté alineada, ni adocenada a sus intereses protervos y perniciosos, o simplemente cualquier otra potencia que no sea la norteamericana tendrá carta blanca para invadir cualquier otro país.

 

Venezuela: la trampa de Trump

 

Periódico OPCIÓN

Por Jaime Chuchuca Serrano

 

Con la intervención en Venezuela, Trump fortalece la estrategia imperial de los Estados Unidos sobre los países latinoamericanos y del mundo. Se renuevan las ansias de los países grandes sobre los países pequeños, de cualquier alianza sobre un país lo suficientemente desprotegido. Para Trump prevalece la fuerza y quiere apoderarse del petróleo y recursos venezolanos. Además, Trump ha subrayado sus objetivos expansionistas sobre Groenlandia, México, Colombia, Panamá y otros países. La lucha de clases y la guerra imperial ocupan el centro del tablero geopolítico; esta es la forma de comprender la consigna de Trump: Make America Great Again (Hagamos América Grande de Nuevo).

En el desarrollo de la Doctrina Monroe y la estrategia nacional de seguridad, Estados Unidos se inventó la guerra preventiva “a discreción”, un verdadero crimen de guerra. Lo cual es completamente diferente a la guerra de anticipación cuando un adversario incrementa su capacidad bélica y de acción militar. En las guerras, EE.UU. ha creado las coartadas menos creíbles: en Irak habló de las “armas de destrucción masiva” que en realidad nunca existieron; ahora, Trump creó el misterioso Cartel de los Soles, atribuyendo a Maduro la dirección. A los pocos días, el Departamento de Justicia lo contradijo, cambiando el cargo de “narcoterrorismo” a “clientelismo” y “corrupción”, tras el secuestro.

Todo esto, mientras Trump acuerda que Delcy Rodríguez se quede en la presidencia (Rusia también la respalda). A Rodríguez le toca pactar con todos, en las complejas circunstancias internas y externas; entre ellas la escisión del chavismo. La creación de un frente interno proestadounidense dentro del gobierno venezolano permitió el secuestro de Maduro y el enfrentamiento al chavismo, lo que podría desembocar en una guerra civil. Estados Unidos tiene larga experiencia en las operaciones políticas; a veces camufladas de golpes de Estado (Zelaya, Evo, Rousseff, Castillo, Lula); otras, de intervenciones armadas directas (Husein, Al-Gadafi, Yúshchenko, Al-Assad, Maduro); así como una gama numerosa de fraudes electorales o presiones institucionales.

El poder del más fuerte se impone sobre el derecho, es la estructura imperial del sistema global y nacional. A Trump le importan más los recursos naturales que ninguna democracia. En el ataque a Venezuela, Trump se fue sobre la propia Constitución de EEUU, no tuvo aprobación del Congreso; y no había amenaza de guerra. La lucha por la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la soberanía cobra relevancia, en momentos en que el autoritarismo yanqui prevalece en el mundo. Los pueblos tienen derecho a elegir a sus gobiernos y a estar libres de coacciones. Trump envía un mensaje a todos los gobiernos que no se supediten a su poder. Se amplían las características fascistoides del trumpismo y su séquito.

De la política internacional de Trump, Rusia y China sacan como conclusión que no pueden sobrevivir sin fortalecer su poder bélico, aunque esta última ha practicado la convivencia pacífica.

 

Venezuela: la vía hacia la recolonización

 

Periódico OPCIÓN

Por Francisco Escandón Guevara

 

Trump por fin lo hizo, luego de meses de amenazas, se deslizó hacia la barbarie. Al bombardear Venezuela dejó en evidencia que el derecho internacional está proscrito, que la soberanía de los Estados es una reliquia de antaño y que cualquier superpotencia puede agredir a un país dependiente para saquear sus riquezas naturales.

El telón de fondo no es la lucha contra las drogas, ni la liberación de Venezuela del régimen de Maduro, lo que le interesa es el control continental: la implementación de la recientemente elaborada Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América, también llamada corolario Trump de la doctrina Monroe.

Durante doscientos años la Doctrina Monroe fue la guía de la política exterior norteamericana para justificar su hegemonía; hoy no es diferente, se profundiza. Las acciones ordenadas por Trump son un ultimátum: no está dispuesto a compartir su preeminencia continental con otras voraces potencias imperialistas, por lo que intervendrá y controlará América Latina para favorecer los intereses de los monopolios y las transnacionales.

A los venezolanos les expropiarán la mayor reserva de petróleo del planeta, hostilmente Trump ofrece ocupar ese territorio, gobernarlo, hasta encargarlo a quien él decida; ese alguien tendrá que pasar el test de fidelidad a los capitales internacionales, no el de los derechos que el pueblo ansía. La medicina podría ser peor que la enfermedad.

El fantasma de la recolonización amenaza a Latinoamérica y el mundo. ¿Cuál será el próximo país invadido? ¿Cuál es el límite de quien se cree emperador del planeta? ¿Qué otra riqueza natural del subcontinente reclamará como suya Trump y su pandilla?  El tiempo lo dirá, serán los pueblos quienes dibujen esos límites, de ninguna manera la Organización de Estados Americanos (OEA) o la Organización de Naciones Unidas (ONU) que no garantizan el derecho internacional, sino los negocios millonarios de los dueños del mundo.

Por cierto, esta no es una apología al régimen de Maduro ni a sus socios de bandera China o Rusia, su criticable huella no debería ser justificación válida para aplaudir la agresión, la ocupación y el saqueo que le espera a esa nación. Al fin y al cabo, dos errores históricos no hacen un acierto democrático.

 

 

 

 

 

 

 

 

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