Compañeros
de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la
trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de enero de
2.026, decidimos publicar en nuestro blog los siguientes 4 artículos del
Periódico OPCION en los que los autores nos dan a conocer sus
apreciaciones políticas en forma breve, pero que aun así, nos ayudan a
complementar y enriquecer nuestros conocimientos sobre los motivos y razones
del imperio norteamericano para actuar en la forma que actuó en Venezuela,
donde las otras dos grandes potencias están al asecho de lo que haga su
adversario y competidor. Buen provecho, y solo nos queda destacar la buena
dosis de coincidencia entre lo que planteamos nosotros en el artículo sobre el
tema y lo que plantean los autores en sus comentarios, dejándonos claro, de
paso, que por fortuna no somos los únicos que estamos luchando contra esas
injerencias imperiales cualesquiera que sean, que no estamos solos y que esta lucha
crecerá, se fortalecerá y triunfará.
El “Corolario Trump” está en marcha
Periódico OPCIÓN
Última actualización: 07/01/2026
Por Juan J. Paz y Miño Cepeda
La
historia del monroísmo contribuye a comprender las dimensiones de su
actualidad. En efecto, podemos señalar cinco momentos en su desarrollo. El
primero corresponde a lo que podemos denominar americanismo imperfecto entre 1.823
y 1.898, es decir prácticamente durante el siglo XIX. Después de la
independencia de los Estados Unidos (1.776) las independencias de América
Latina, iniciadas con Haití en 1804, fueron procesos generalizados desde 1809
(Chuquisaca, La Paz y Quito), que concluyeron durante la década de 1820. Bajo
ese contexto, el 2 de diciembre de 1823 el presidente James Monroe presentó
ante el Congreso la política exterior en materia hemisférica, que proclamó la
idea “América es para los americanos”, que tuvo el propósito de frenar
cualquier intento europeo por restaurar el coloniaje en el continente
americano. Sin embargo, ese “americanismo” no impidió una serie de incursiones
europeas en distintos países latinoamericanos y tampoco las intervenciones de
los propios EE.UU. Por eso, el Congreso de naciones americanas de 1896
realizado en México (su promotor fue el ecuatoriano Eloy Alfaro) y que solo
logró la participación de ocho países (el boicot provino de los EE.UU.)
concluyó con un contundente documento que cuestionó la aplicación unilateral de
la “Doctrina Monroe” y la necesidad de sujetarla a un verdadero derecho público
americano.
El
segundo momento fue fijado por el “Corolario Roosevelt” y caracterizó al
monroísmo expansivo, entre 1.898 y 1.945. Precisamente a raíz de las
independencias de Cuba y Puerto Rico, con la guerra Hispano-cubana de por medio
y el ascenso de los EE.UU. a la era imperialista, el presidente Theodore
Roosevelt (1.901-1.909) utilizó el monroísmo para sostener el “derecho” de
EE.UU. para intervenir, con un “gran garrote”, en cualquier país con el fin de
garantizar la seguridad estadounidense, la “democracia” continental y los
intereses norteamericanos. Se inició así una agresiva época de intervenciones
directas sobre todo en Centroamérica y el Caribe, que solo se alivió con la
política del “Buen vecino” impulsada por el presidente Franklin D. Roosevelt (1.933-1.945).
Pero
enseguida se desplegó el tercer momento, expresado por el monroísmo de la
Guerra Fría, entre 1.945 y 1.990. El TIAR (1.947) en la esfera militar y la OEA
(1.948) en la diplomática, pasaron a ser los instrumentos del “americanismo”
destinado a desalojar e impedir el “comunismo” en el continente. La Revolución
Cubana (1.959), así como despertó esperanzas transformadoras en América Latina,
igualmente sirvió como pretexto para justificar el macartismo, que condujo a
golpes de Estado militares construidos con intervención de la CIA y que en el
Cono Sur definieron una línea sangrienta de violaciones a los derechos humanos
y crímenes de lesa humanidad. El derrumbe del socialismo en la URSS y Europa
del Este afirmó la hegemonía mundial y unipolar de los EE.UU., el auge de la
globalización y la imposición del neoliberalismo en América Latina a través del
FMI y el Consenso de Washington. El triunfo de Occidente y la primacía mundial
de los EE.UU. durante la última década del siglo XX aflojó el monroísmo
anticomunista.
Si
bien el desarrollismo de las décadas de 1.960 y 1.970 posibilitó un adelanto
latinoamericano inédito, las dos décadas finales del siglo XX afirmaron la
modernización dependiente y economías empresariales incapaces de provocar el
bienestar social. Pero, al mismo tiempo, crecieron las relaciones económicas de
América Latina con Rusia, China y otros países distintos a los de la órbita
tradicional concentrada en los EE.UU. y Europa. En tales condiciones,
coincidiendo con el ingreso al siglo XXI, se produjo la “marea rosa” con
diversos gobiernos progresistas que abandonaron la vía neoliberal para sentar
las bases de economías sociales del bienestar. Además, esos gobiernos
coordinaron acciones para garantizar los intereses de la región frente a las
políticas imperialistas. De modo que el latino americanismo progresista
determinó el cuarto momento del americanismo caracterizado por la crisis
relativa del monroísmo, entre 1999 y 2.024, expresado, por un lado, en el
creciente fracaso de las Cumbres de las Américas y, por otro, la formación de
nuevas entidades como ALBA y, sobre todo, CELAC, que cuestionaron los roles
históricos de la OEA. Fue la firme posición latinoamericanista la que provocó
el acercamiento entre EE.UU. y Cuba durante el gobierno de Barack Obama (2.009-2.017).
Los
síntomas del cambio aparecieron con el primer gobierno de Donald Trump (2.017-2.021)
quien delineó el interés por retornar al viejo monroísmo del “gran garrote”,
interrumpido levemente por el sucesor Joe Biden (2.021-2.025), incapaz de
comprender el evidente desarrollo del mundo multipolar en ascenso, por el auge
de Rusia, China, los BRICS y un “Tercer Mundo” igualmente conectado con
políticas e ideales anticoloniales, antimperialistas y con nuevas relaciones
económicas mundiales. De modo que el segundo gobierno de Donald Trump
(2025-2029) ha iniciado el quinto momento del americanismo al que podemos
definir como neomonroísmo del siglo XXI. De hecho, el reciente documento
“National Security Strategy of the United States of America” (November 2025,
https://t.ly/jBXp7) explícitamente instaura el “Corolario Trump”, dando continuidad
al predecesor “Corolario Roosevelt”. Deja en claro que el hemisferio occidental
es “prioridad estratégica absoluta”, interesando estabilizar la región,
asegurar gobiernos “dóciles” o alineados, prevenir migraciones masivas hacia
EE.UU., combatir narcotráfico, crimen organizado, narcoterrorismo, tráfico de
personas, espionaje o influencia extranjera. Y destaca: “Reafirmaremos y
haremos cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia
estadounidense en el hemisferio occidental, y para proteger nuestra patria y
nuestro acceso a geografías claves en toda la región”.
Hasta
hoy, en la experiencia práctica, las reglas internacionales dejan de importar,
la institucionalidad creada en la segunda postguerra igual. Para América Latina
este giro internacional se ha traducido en la persecución y expulsión de
inmigrantes, acuerdos militares revestidos de apoyo a la seguridad contra el
narcotráfico y el crimen organizado, presiones contra los gobiernos
progresistas, el cerco militar en el Caribe para preparar una posible
intervención en Venezuela y con amenazas sobre Colombia y cualquier otro país
que reaccione. Trump y otras autoridades de gobierno han sido explícitos en
recalcar que China es el primer “enemigo” a derrotar, seguido por Rusia y los
BRICS, pues representan intereses “ajenos” al continente. Bajo esta ideología,
lo que les interesa es que los países latinoamericanos dejen de tener
relaciones económicas con esos “enemigos”.
Una
América Latina desunida, sin la fuerza que alcanzaron durante los primeros
lustros del siglo XXI los gobiernos progresistas, va a tener que afrontar el
agresivo neomonroísmo de la era Trump. México y Brasil, con gobiernos
progresistas y como grandes países pueden jugar en ello un papel de vanguardia,
mientras los actuales gobiernos en Argentina y Ecuador están a la vanguardia
del alineamiento con Trump. Y si se produce la intervención militar en
Venezuela, se habrá destapado un proceso de larga resistencia y conflictividad
que inevitablemente involucrará a Sudamérica y alterará el campo de los
enfrentamientos internos de cada país entre élites que pretenden consagrar su
dominio y las poblaciones nacionales afectadas con el perverso sistema de la
libertad económica fundamentada en la hegemonía de la empresa privada a costa
de la soberanía, el progreso y los derechos sociales, laborales y ambientales.
ULTIMO DIA DEL DESPOTISMO Y PRIMERO DE LO MISMO
Periódico OPCIÓN
Publicado: 07/01/2026
Por Ab. Juan Pablo Sansur Ode.
No
causa sorpresa, ni deberíamos estar anonadados, estupefactos, ni atónitos, peor
perplejos por la incursión armada perpetrada en contra de Venezuela, en tanto
en cuanto según un reporte del Congreso de los EEUU este país ha realizado al
menos 469 intervenciones militares en países extranjeros entre (1.798-2.022),
esto incluye conflictos armados, desembarcos de tropas, ocupaciones breves o
prolongadas y otras operaciones de fuerza que implicaron participación militar
gringa, no podemos olvidar ciertas
intervenciones militares por parte del imperio norteamericano como: en Cuba y
el fallido intento de invasión en Bahía de Cochinos que buscó derrocar a Fidel
Castro, como tampoco en Guatemala en 1.954
donde la CIA organizó un golpe de Estado que derrocó al presidente
Jacobo Árbenz cuyo programa de reformas agrarias afectaba intereses de empresas
gringas como: United Fruit Company, tampoco podemos olvidar lo de Brasil en
1964 mediante el cual EEUU apoyó el golpe militar que destituyó al presidente
João Goulart, hay que agregar el capítulo de República Dominicana en 1.965
mediante el cual 42.000 marinos estadounidenses intervinieron para evitar el
establecimiento de un gobierno de izquierda tras una guerra civil bajo la
justificación de proteger vidas estadounidenses.
Ahora
le tocó el turno a Venezuela, al bombardear ese país dejó en evidencia que el
derecho internacional está proscrito, que la soberanía de los Estados es una
reliquia de antaño y que cualquier superpotencia puede agredir a un país para
saquear sus riquezas naturales, tanto es así que Trump ha manifestado de que
necesitamos el acceso total al petróleo y a otros recursos en Venezuela que nos
permitan reconstruir su país, en otras
palabras saquearán, esquilmarán y robarán literalmente sus recursos naturales
para luego “reconstruirlo”.
Hay
que sumar otro aspecto: Venezuela
entregará hasta 50 millones de barriles de petróleo y que los ingresos serán
controlados por él, es lo manifestado por Trump, en otras palabras, pagará por
el crudo venezolano, pero ese dinero ingresará a las arcas gringas donde “garantizará”
que se use en beneficio de Venezuela y de los EEUU.
Lo
que han hecho con Maduro es secuestrarlo violando el derecho internacional y
bombardear un país es un acto de barbarie. Oponerse a una agresión militar
extranjera y rechazar la guerra de Trump no significa apoyar a Maduro,
El
llamado multilateralismo, el “orden internacional” que surgió después de la
segunda guerra mundial no existe, esta pulverizado, los organismos que se
crearon han sido suprimidos, extinguidos, no sirven de nada, entre los cuales
están: la CELAC, la ONU, la OEA, el
MERCOSUR, el CARICOM, hay que mencionar que se ha violado el artículo 2 párrafo
cuarto de la Carta de la Naciones Unidas que dice textualmente: “los miembros
de la organización en sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir
a la amenaza o al uso de la fuerza contra
la integridad territorial o la independencia política de cualquier
Estado o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones
Unidas”.
Por
otra parte, fuera de las fronteras mandan las corporaciones capitalistas
mafiosas que a través de sus Estados canallas como el estadounidense entran con
violencia militar a robar los recursos de las naciones a vista y paciencia de
las fuerzas armadas nacionales y de los vetustos organismos internacionales que
agonizan. Resulta curioso que las defensas del ejército de Venezuela no se
hayan activado ante el ataque de los gringos, más si se sabía que tenían
asesoramiento cubano y ruso, sin lugar a dudas se vendieron Delcy Rodríguez hoy
presidenta con el beneplácito del imperio norteamericano, Diosdado Cabello,
Vladimir Padrino López.
Lo
suscitado en contra de Venezuela marca un precedente funesto en la medida que
los propios EEUU invadirán mañana Colombia o cualquier otra nación que no esté
alineada, ni adocenada a sus intereses protervos y perniciosos, o simplemente
cualquier otra potencia que no sea la norteamericana tendrá carta blanca para
invadir cualquier otro país.
Venezuela: la trampa de Trump
Periódico OPCIÓN
Por Jaime Chuchuca Serrano
Con
la intervención en Venezuela, Trump fortalece la estrategia imperial de los
Estados Unidos sobre los países latinoamericanos y del mundo. Se renuevan las
ansias de los países grandes sobre los países pequeños, de cualquier alianza
sobre un país lo suficientemente desprotegido. Para Trump prevalece la fuerza y
quiere apoderarse del petróleo y recursos venezolanos. Además, Trump ha
subrayado sus objetivos expansionistas sobre Groenlandia, México, Colombia,
Panamá y otros países. La lucha de clases y la guerra imperial ocupan el centro
del tablero geopolítico; esta es la forma de comprender la consigna de Trump:
Make America Great Again (Hagamos América Grande de Nuevo).
En
el desarrollo de la Doctrina Monroe y la estrategia nacional de seguridad,
Estados Unidos se inventó la guerra preventiva “a discreción”, un verdadero
crimen de guerra. Lo cual es completamente diferente a la guerra de
anticipación cuando un adversario incrementa su capacidad bélica y de acción
militar. En las guerras, EE.UU. ha creado las coartadas menos creíbles: en Irak
habló de las “armas de destrucción masiva” que en realidad nunca existieron;
ahora, Trump creó el misterioso Cartel de los Soles, atribuyendo a Maduro la
dirección. A los pocos días, el Departamento de Justicia lo contradijo,
cambiando el cargo de “narcoterrorismo” a “clientelismo” y “corrupción”, tras
el secuestro.
Todo
esto, mientras Trump acuerda que Delcy Rodríguez se quede en la presidencia
(Rusia también la respalda). A Rodríguez le toca pactar con todos, en las
complejas circunstancias internas y externas; entre ellas la escisión del
chavismo. La creación de un frente interno proestadounidense dentro del
gobierno venezolano permitió el secuestro de Maduro y el enfrentamiento al
chavismo, lo que podría desembocar en una guerra civil. Estados Unidos tiene
larga experiencia en las operaciones políticas; a veces camufladas de golpes de
Estado (Zelaya, Evo, Rousseff, Castillo, Lula); otras, de intervenciones
armadas directas (Husein, Al-Gadafi, Yúshchenko, Al-Assad, Maduro); así como
una gama numerosa de fraudes electorales o presiones institucionales.
El
poder del más fuerte se impone sobre el derecho, es la estructura imperial del
sistema global y nacional. A Trump le importan más los recursos naturales que
ninguna democracia. En el ataque a Venezuela, Trump se fue sobre la propia
Constitución de EEUU, no tuvo aprobación del Congreso; y no había amenaza de
guerra. La lucha por la autodeterminación de los pueblos y el respeto a la
soberanía cobra relevancia, en momentos en que el autoritarismo yanqui
prevalece en el mundo. Los pueblos tienen derecho a elegir a sus gobiernos y a
estar libres de coacciones. Trump envía un mensaje a todos los gobiernos que no
se supediten a su poder. Se amplían las características fascistoides del
trumpismo y su séquito.
De
la política internacional de Trump, Rusia y China sacan como conclusión que no
pueden sobrevivir sin fortalecer su poder bélico, aunque esta última ha
practicado la convivencia pacífica.
Venezuela: la vía hacia la recolonización
Periódico OPCIÓN
Por Francisco Escandón Guevara
Trump
por fin lo hizo, luego de meses de amenazas, se deslizó hacia la barbarie. Al
bombardear Venezuela dejó en evidencia que el derecho internacional está
proscrito, que la soberanía de los Estados es una reliquia de antaño y que
cualquier superpotencia puede agredir a un país dependiente para saquear sus
riquezas naturales.
El
telón de fondo no es la lucha contra las drogas, ni la liberación de Venezuela
del régimen de Maduro, lo que le interesa es el control continental: la
implementación de la recientemente elaborada Estrategia de Seguridad Nacional
de los Estados Unidos de América, también llamada corolario Trump de la
doctrina Monroe.
Durante
doscientos años la Doctrina Monroe fue la guía de la política exterior
norteamericana para justificar su hegemonía; hoy no es diferente, se
profundiza. Las acciones ordenadas por Trump son un ultimátum: no está
dispuesto a compartir su preeminencia continental con otras voraces potencias
imperialistas, por lo que intervendrá y controlará América Latina para
favorecer los intereses de los monopolios y las transnacionales.
A
los venezolanos les expropiarán la mayor reserva de petróleo del planeta,
hostilmente Trump ofrece ocupar ese territorio, gobernarlo, hasta encargarlo a
quien él decida; ese alguien tendrá que pasar el test de fidelidad a los
capitales internacionales, no el de los derechos que el pueblo ansía. La
medicina podría ser peor que la enfermedad.
El
fantasma de la recolonización amenaza a Latinoamérica y el mundo. ¿Cuál será el
próximo país invadido? ¿Cuál es el límite de quien se cree emperador del
planeta? ¿Qué otra riqueza natural del subcontinente reclamará como suya Trump
y su pandilla? El tiempo lo dirá, serán
los pueblos quienes dibujen esos límites, de ninguna manera la Organización de
Estados Americanos (OEA) o la Organización de Naciones Unidas (ONU) que no
garantizan el derecho internacional, sino los negocios millonarios de los
dueños del mundo.
Por
cierto, esta no es una apología al régimen de Maduro ni a sus socios de bandera
China o Rusia, su criticable huella no debería ser justificación válida para
aplaudir la agresión, la ocupación y el saqueo que le espera a esa nación. Al
fin y al cabo, dos errores históricos no hacen un acierto democrático.