DOS
SUCESOS Y SUS CORRESPONDIENTES RESPUESTAS QUE DEJAN DEMASIADAS DUDAS Y MUCHO
QUE DESEAR Y ANALIZAR
Hemos podido apreciar de manera amplia, masiva y suficiente,
la entrega a la dirigencia de FECODE, a la FIDUPREVISORA y al FOMAG, la
prestación del Servicio de Salud a los docentes del país, de una parte; y de otra la ofensiva desatada por los
grupos armados, principalmente las difidencias de las FARC en Cauca y Valle del
Cauca. En lo que corresponde al ELN, si bien es cierto que, por momentos han
actuado militarmente, ha continuado los diálogos de paz y este fin de semana
aparece, de parte del Gobierno y ellos, un informe de que continúan en la Mesa
de Dialogo y el Acuerdo, por lo menos en un punto de la negociación sobre la
ruta con la que continuarán, cosa que sinceramente nos alegra y da confianza de
que, sí es posible avanzar en los acuerdos, a pesar de las dificultades.
Lo que realmente interesa en este caso, no es propiamente
que los unos recibieran de parte del Gobierno la prestación del Servicio de
Salud de los docentes y los otros arremetan con su ofensiva militar. Lo que sí
verdaderamente llama la atención y es imposible sustraerse a la observación
atenta de lo que está sucediendo, por lo menos a quienes estamos interesados en
que el proceso de democratización del país avance, son las respuestas de
FECODE, la FIDUPREVISORA y el FOMAG ante la responsabilidad de organizar y
poner en marcha la prestación de ese servicio, de una parte, y la respuesta del
Gobierno nacional ante la arremetida violenta de esos grupos armados.
Los luchadores sociales, los demócratas y especialmente
los revolucionarios, estamos obligados a observar con la mayor atención,
analizar con toda la objetividad posible y sacar las debidas conclusiones sobre
lo que revelan hechos como estos. No basta quedarnos renegando y maldiciendo la
intriga y la labor inmunda que los mercenarios de micrófono han estado haciendo
contra el Gobierno actual; tenemos que hacer el esfuerzo por usar nuestra
propia cabeza, comenzando porque hay que reunirse y discutir colectivamente lo
que está pasando, lo que estos hechos revelan y promover la discusión social
amplia para que todos los sectores democráticos consoliden sus fuerzas y su
lucha.
La entrega de la prestación del Servicio de Salud a esa
Directiva sindical y a esas entidades revela a todas luces, ya no solo
improvisación, falta de conocimientos y experiencia que pueden ser normales en
muchos casos, sino peor aún, una franca ineptitud, incapacidad y total falta de
iniciativa para buscarle solución a los problemas. Los docentes han tenido que
salir en diferentes Departamentos a protestar porque sencillamente se quedaron
sin la atención médica que requieren, sobre todo, cuando padecen enfermedades
crónicas y de otras que necesitan atención de alta complejidad. Afortunadamente
tales protestas no han sido contra el Gobierno, sino contra sus propios
dirigentes, la FIDUPREVISORA y el FOMAG.
Ahora estos directivos sindicales y de esas entidades,
con una desfachatez que raya en el cinismo, salen a echarle la culpa al
Gobierno de su propia ineptitud. Cuando ya era factible la aprobación de la
Reforma a la Salud, acudieron presurosos a proponer que les entregara a ellos
el manejo de ese Servicio. Durante años las EPS, particularmente COSMITET,
engrosó su patrimonio a consta del mal servicio a los docentes y, sobre todo,
esos directivos de FECODE nunca dijeron ni hicieron nada para remediar la
situación y, por el contrario, siempre defendieron a esa EPS. ¿Qué hubo y qué
hay detrás de todo eso? Es la pregunta obligada que nadie puede dejar de
hacerse a sí mismo y en su entorno.
Ahora, como es apenas previsible, directivos de FECODE,
de la FIDUPREVISORA, FOMAG, SUPERSALUD, Ministerios de Salud, Educación,
Trabajo y Hacienda, ponen a brincar la pelotica de ping pong de mesa en mesa,
culpándose de unos a otros y los docentes voltea y voltea de un sitio a otro y
ninguno le da razón quién o quiénes son los que tienen que darles solución a
sus urgencias. La corrupción en la contratación por parte de la FIDUPREVISORA
sigue igual o peor que antes. ¿No estamos en este caso ante una reedición no
corregida pero sí aumentada de los tristemente célebres “paseos de la muerte”?
Mientras tanto, en los debates de “control político”
abiertos en el Congreso, los voceros de la oposición “democrática” (entiéndase
voceros de la extrema derecha) hacen el festín con el derroche de discursos con
cuanto infundio se les ocurre para responsabilizar al Gobierno y
particularmente al Presidente Gustavo Petro de lo que le ocurre en este momento
a los docentes por la irresponsabilidad de esa burocracia sindical en general y
de los burócratas de FECODE en particular, cebados, amamantados y depravados en
la corrupción, precisamente en y por los Gobiernos de esa extrema derecha y el
modelo neoliberal, ambiente que les ha permitido obtener grandes honorarios sin
hacer absolutamente nada ni por el gremio ni por la sociedad.
Y para contribuir a agravar más la situación, la Señora
Procuradora Margarita Cabello (que procura a todo memento servir
bien a sus jefes de la extrema derecha), anuncia adelantar acciones
disciplinarias contra el Gobierno porque, supuestamente, ella, advirtió, desde
antes de hacer la entrega de la prestación de ese servicio, sobre la
improvisación que se presentaría, de darse ese paso. Pues claro que la
improvisación sí era totalmente previsible y, además, lógica, dependiendo del
tipo de procedimientos que se emplearan para hacer la transición. Y como
decimos al principio, en este caso, no solo ha habido improvisación de parte
del Gobierno, sino que, lo más grave es la irresponsabilidad de esa burocracia
de FECODE al creer que ese era un negocio pulpito que lo podían manejar con la
misma facilidad con que han vivido reclinados en las poltronas de esa sede
sindical.
Y este problema no se resuelve, como creen los directivos
sindicales de ASOINCA en el Cauca, que haciendo gestos de satisfacción al ver a
los directivos de FECODE enredados en su ineptitud y argumentar que aquí sí se
ha realizado la contratación con las entidades prestadoras de servicios de
salud, ya todo está listo y andando sobre ruedas. Aquí en el Cauca, la
situación está lo mismo. Los docentes están como la misma pelotica de ping pong
de entidad en entidad, de una lo mandan a otra y ninguna sabe cuál es la que
debe darle la atención que necesita.
No nos equivoquemos. No sigamos respondiendo con
argumentos baladíes ante situaciones complejas como es la prestación de los
Servicios de Salud y la atención médica a la salud de la gente, actividad
altamente especializada actualmente. Como negocio de elevada rentabilidad, las
EPS lo tenían bien administrado y organizado para su beneficio, y cualquier
negocio, para que tenga algo de rentabilidad particular, debe tener un mínimo
de administración especializada. Pero no siendo negocio privado, con mayor
razón, deberá ser organizado y administrado de la mejor manera, si se pretende
que de los resultados que necesita el público. Y esos conocimientos, esa
experiencia y capacidad para administrar y organizar bien un sistema como
estos, no se puede obtener de la noche a la mañana y menos improvisar. Eso no es
como vender cebolla, arroz o gasolina. Y menos se puede adquirir al suave
arrullo y la tibieza de las poltronas de FECODE.
Y toda esta improvisación, desorden y caos generados no
solo por las mafias en el manejo privado de la salud que siguen y seguirán
intactas, sino también por los irresponsables directivos de FECODE, para
quienes el manejo del sistema sigue siendo un fabuloso negocio, la
inconformidad generalizada que está produciendo son agrandados y explotados al
máximo para crear más alarma de la que realmente existe por los mercenarios de
micrófono y los voceros de la oposición “democrática”, volcar toda es inmundicia contra el Gobierno y
particularmente contra el Presidente Petro y responsabilizarlos de los daños
causados por los complots de los mercadeares de la salud y la ineptitud e
irresponsabilidad de “amigos” del Gobierno como los directivos de FEODE y, con
ello, generarle un ambiente más hostil, cercarlo y debilitarlo políticamente
aún más de lo que está.
No sigamos haciendo el ridículo papel de pastorcitos
mentirosos metiéndonos mentiras a nosotros mismos. Todos los avances y acciones
importantes que ha hecho el Gobierno y el Presidente Petro, han sido
desvirtuados, opacados, ensombrecidos y colmados de inmundicias. Las
contramarchas en respuesta a las marchas de la oposición “democrática”, siendo
como fueron numerosas, muy concurridas y muy populares, en comparación con “los
rostros bonitos” de las otras, no pudiendo ser opacadas en cuanto a
participación, fueron cubiertas de lodo por los mercenarios de micrófono.
Muchas de las acciones internacionales y logros alcanzados por la gestión
política, especialmente del Presidente Petro, han sido y son ocultados y
condenados al silencio, a lo que lastimosamente se agregan los graves errores
de estrategia política del mismo Petro, al poner en manos de la godarria en
Cali acciones como las de la COP16, en lugar de elegir otros sectores donde hay
muchas más fuerzas democráticas que se necesita apoyar y fortalecer.
A todas estas, nos preguntamos y debemos preguntarnos: ¿Dónde
está la fuerza política democrática que supuestamente giraba en torno Petro
Presidente, Colombia Humana? ¿Dónde el Pacto Histórico? ¿A qué rendija se han
ido a meter los que tanto han alaraqueado con la lucha social y la democracia
participativa? ¿Las ONG(s)? ¿Los llamados Movimientos Sociales? ¿El Polo
Democrático Alternativo? ¿Los Comunes? ¿El Partido Verde? Todos desdibujados.
Todos arrinconados en la penumbra. Y algunos de estos más al lado de la
oposición “democrática” que a la izquierda. ¿Dónde están las propuestas
políticas claras para salir del atolladero a que nos ha logrado llevar la
extrema derecha, las mafias de todo orden y la delincuencia común organizada?
Es en este escenario caótico en el que emerge el otro
suceso de la ofensiva militar de los grupos armados de las disidencias de las
FARC en Cauca y Valle del Cauca. Desde el momento en que se reiniciaron o
iniciaron diálogos con esos grupos en procura de ponerle fin a ese conflicto
con el enunciado de “Paz Total” del Presidente Petro, saltaron las dificultades
y quedó en evidencia que lo que buscaban era distraer al Gobierno en Las Mesas
de Diálogo para facilitar la guerra entre ellos mismos y contra el Estado.
Ahora, más hábilmente que el mismo Gobierno, el Presidente Petro y toda esa
montonera de grupos y partidos políticos,
esos grupos armados sí están aprovechando toda esa debilidad política para
avanzar, fortalecerse, copar espacios y territorios, consolidar sus economías
criminales de minería, narcotráfico y extorsión, reclutamiento forzado de
niños, crecimiento de sus unidades militares y capacidad bélica.
Por su parte el Gobierno respondió en este momento con
una contraofensiva militar que, si bien es necesaria y hay que hacerla, no es
la solución que exige la situación. La contraofensiva es una respuesta de
momento y no puede ser indefinida. Tales grupos se retirarán a los lugares
donde puedan neutralizarla y luego volverán a su oficio. Lo que la situación de
conjunto requiere es una estrategia política que no la hay, y al parecer, no
hay conciencia de que, sin ella, solo se estará respondiendo de manera
coyuntural e improvisada. En cualquier
guerra, quien tiene la iniciativa política, puede ganarla o por lo menos,
inclinar el balance de fuerzas a su favor y poner las condiciones de
negociación. Estos grupos, como buenos guerreros con amplia experiencia militar,
han percibido con una eficacia inocultable, que el Gobierno no tiene la
iniciativa política que se necesita para el manejo de una situación compleja y
delicada como es ésta, ni tiene una estrategia militar sistemática y coherente
para enfrentarlos. Lo que ha hecho es propiciar unos diálogos improductivos y
seguir por el mismo camino de andar de Consejo de Seguridad en Consejo de
Seguridad sin ningún resultado favorable para fortalecer la posición del
Gobierno.
Por su parte, y no puede ser de otra manera, la oposición
“democrática” (extrema derecha) afina y endurece su arremetida, no tanto contra
las reformas que ya han podido mutilar unas y paralizar otras ni contra el
Presidente Petro, sino contra lo que más les preocupa que es el Proceso
de Democratización en Marcha que potencialmente está latente y se puede
levantar. Y si a esta acción de la extrema derecha que sí sabe qué es lo que
tiene que hacer y para donde va, agregamos la actuación irresponsable e inepta
como la de los burócratas de FECODE, el silencio y vacío político de esa
montonera de grupos que ni fu ni fa ante la delicada situación y la acción de
esos grupos armados como la están haciendo, el resultado no puede ser distinto al estrechamiento del cerco
político, el aislamiento y debilitamiento progresivo del Gobierno para terminar
inhabilitándolo totalmente.
Con el inmenso deseo que ese Proceso de Democratización en
Marcha no vuelva a hundirse como ha sucedido tantas veces en nuestro
país, creemos firmemente que las reservas para reorganizar, rehacer y avanzar
en ese proceso no están agotadas, como a primera vista nos puede parecer; que
los que están atrofiadas no son esas reservas y fuerzas democráticas, a las
cuales se les ha empeorado sus condiciones de vida y de expresión política ya
por más de 3 décadas, sino unos sectores y grupos políticos que, con nuestros
criterios políticos caducos, maneras de actuar y procedimientos ajados, no
hemos podido ponernos a la altura de las exigencias del momento y, algunos de
estos, de beneficiarios conscientes o inconscientes que fueron del modelo
neoliberal, terminaron en víctimas del mismo.
Creemos firmemente porque lo estamos palpando de manera
directa, que esas reservas y fuerzas para reemprender la reorganización y
reorientación de los procesos de lucha política democrática para alcanzar
transformaciones profundas que necesitamos y reclamamos todos, están abajo, en esa
Colombia que sigue siendo excluida; en esa Colombia que padece, sufre, lucha,
por momentos se divierte y carga con todo el peso de las adversidades; que
construye y crea riquezas para beneficio de unos pocos; que se ha batido y se bate
en medio de la crudeza de una violencia atroz que no la han generado las
comunidades, sino unas familias, grupos y sectores que han acumulado enormes
fortunas al amparo del modelo neoliberal que nos impusieron, del narcotráfico y
el paramilitarismo, o que son residuo de ese modelo como la delincuencia común,
otras actividades económicas ilícitas brutalmente destructoras de ecosistemas
naturales y de la sociedad, y desde luego, de los mercaderes de la guerra.
Quienes se acostumbraron y fueron mentalmente domesticados
para disfrutar de la vida cómoda; quienes se predispusieron mentalmente para
obtener beneficios fácil y rápido; quienes la cultura traqueta ha “formateado”
de tal manera que no tienen más opción que atropellar a todos los demás y pasar
por encima de ellos con tal de obtener lo que quieren y desean; quienes de una
u otra manera conviven con las mafias de todo orden en las organizaciones
políticas y en las instituciones oficiales y no oficiales; y quienes no están
en esos rangos pero esas son sus aspiraciones, están incapacitados ideológica,
política, organizativa y sicológicamente para emprender procesos que requieren
y exigen comportamientos sociales, políticos y culturales solidarios,
respetuosos y dispuestos siempre a luchar organizadamente contra cualquier
abuso a quienes viven de su trabajo.
Sin dudar un momento, creemos que estamos en un momento
crucial en el que tenemos que preguntarnos: ¿Dejamos que ese Proceso
de Democratización en Marcha una vez más sea hundido por las fuerzas
reaccionarias de extrema derecha, por nuestras irresponsabilidades y por
nuestras incapacidades e indolencias? O nos atrevemos a defenderlo, luchar por
él y sacarlo adelante. O dejamos que esta Esperanza agonice y muera, o hacemos
algo para rescatar de ella, aunque sea sus girones para rehacerla, tal vez con
un poco más de conciencia de lo que no pudimos hacer ahora.
Y esta no es una responsabilidad del Gobierno o solo del
Presidente Gustavo Petro. Esta es una responsabilidad colectiva que nos copete
a todos, en especial, a esa Colombia que ha soportado tanto y seguirá soportando,
si dejamos que la reacción en este país nuevamente salga con las suyas. Más que
unas reformas que, algunas de ellas por lo menos, pueden ser aplazadas, lo que
tenemos que defender, es el Proceso de Democratización Política en
Marcha. Y esto implica que, lo primero y más esencial que hay que
hacer, es fortalecer las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias
del país. Lo primero y más esencial que hay que hacer es levantar las fuerzas
populares democráticas que fueron apabulladas, aplastadas y sometidas por las
masacres y el silencio; hay que rehacer y reconstruir el Movimiento Social y
Político de las comunidades como sujeto consciente de sus propias
transformaciones.
En este grandioso cometido, tenemos
que entender la situación real en que nos encontramos. Según informaciones
oficiales, en Colombia existe una fuerza laboral (obreros) entre 23 y 25
millones. De estos, más de 13 millones sobreviven en la llamada informalidad,
es decir, no tienen trabajo estable ni cuentan con la más mínima forma de
organización social. Además, de toda esa fuerza laboral, menos del 4% está
organizada sindicalmente, con el agravante que la que cuenta con organización
sindical son los trabajadores del Estado. O sea; en términos simples, algo más
de 1 millón de trabajadores son los “representan” a los 23 o 25 millones
restantes. El resto está excluido, incluso por esa misma élite obrera
sindicalizada.
Digámonos las cosas como son: En una
sociedad capitalista como lo es Colombia y donde el modelo neoliberal ha pasado
como el huracán dejando solo escombros, el 60% de la clase obrera está anulada
social y políticamente por sus condiciones laborales y de vida, y más del 35%
de ese 40% restante tampoco tiene organización social ni cuenta para nada como
fuerza política y social, ¿de qué democracia se puede hablar en casos como
estos? ¿Qué tipo de democracia puede existir allí? Lo cierto es que la
plutocracia del capital, burgueses y terratenientes fortalecidos por el
narcotráfico, el paramilitarismo y por los inversionistas extranjeros
desarraigaron y expulsaron del campo alrededor de 8 millones de campesinos,
exterminaron sus organizaciones e incautaron la gran mayoría de tierras que
habían recuperado en la década anterior. O acaso nos es extraño que esa nueva
élite capitalista conformada por algunas familias tradicionales, pero
principalmente por los mafiosos y paramilitares emergentes, ¿fue la que despojó
a la clase obrera de los mínimos derechos laborales que tenía y a los
campesinos de la tierra y los expulsó del campo? ¿Tan pronto nos hemos olvidado
que esta fue precisamente la que cubrió de horror al país con su política de la
“Seguridad Democrática”? ¿De quiénes y para quienes?
Es este tipo de “democracia”, es esa
“seguridad democrática” lo que defiende esa fuerza económica que, por supuesto,
no es solo económica, sino política, ideológica, institucional, cultural y
ética. Es eso lo que no permiten que se les modifique siquiera en lo más
mínimo. Es por esto que decimos que ya no son ni las reformas mutiladas como
están, lo que les preocupa. Lo que verdaderamente les preocupa es que el barril
de pólvora en el que están sentados, es potencialmente peligroso y cualquier chispa
puede hacerlo estallar e irse a procesos sociales y políticos más radicales
que, indudablemente no podrán controlar.
Por todo lo anterior, estamos
completamente convencidos y seguros que ante esa opción de la extrema derecha,
no tenemos otra opción que avanzar en la consolidación del Proceso de Democratización en
Marcha, recuperando, rehaciendo, reconstruyendo y fortaleciendo el Movimiento
Político y Social de obreros, campesinos, indígenas, sectores populares
urbanos y fuerzas políticas democráticas, para lo cual estamos obligados a
replantear, reorientar y corregir muchos errores del pasado y no pocas
interpretaciones y apreciaciones erradas que tenemos de la situación actual.
Indudablemente para llevar adelante
este propósito, no se nos puede escapar que su realización, debe hacerse
alrededor de un Programa Político mínimo, de la identificación de unos
objetivos políticos generales y objetivos inmediatos que ordenen nuestro que hacer,
unos procedimientos a seguir que nos proporcionen la coherencia política y
práctica que necesitamos, y una unidad básica de acción que contribuya a
fortalecer todo el conjunto. Es indispensable, además, lograr unos consensos
básicos que faciliten el actuar simultáneo, ojalá en todo el país. Sin embargo,
con toda la importancia que tiene esta parte de la propuesta que necesitamos,
es comprensible que no la podemos formular aquí, pues ya se sale los límites
que nos impone este tipo de documentos. Además, esta parte debe ser el
resultado de los consensos entre muy diferentes fuerzas y sectores políticos y
sociales y no el querer o deseo de uno u otro grupo en particular.
cordial y respetuosamente
Marino Ausecha Cerón
Especial para el
EL FARO SOCIAL
Popayán, mayo 27/2.024