jueves, 11 de julio de 2024

SI NO ES PETRO, ¿ENTONCES QUIEN?...

 

“Si el Presidente Petro no hace un replanteamiento de fondo de su gobierno, el país caerá peligrosamente en manos de la política extrema violenta y militarista. No será algo nuevo, pero si será mucho peor que lo que hemos vivido hasta ahora, porque con el pretexto de que está gobernando la izquierda le atribuirán a Petro todo lo que ellos hicieron: la pobreza, el atraso, la violencia, la inseguridad, el olvido del país, la falta de una economía productiva, que nos ha dejado en poder de las mafias”. (William Ospina, EL ESPECTADOR. Junio 30/2.024).

Lo que aquí nos dice William Ospina no es nada distinto de lo que, con tanta perfidia, nos fastidian los oídos todos los días la extrema derecha vaciando todo lo malo contra él, y paradójicamente desde la otra orilla, atribuyéndole todo lo bueno o, exigiéndole que resuelva y haga todo él, como persona. Y no es que digamos esto con el ánimo de descalificar al Dr. Ospina. Entre otras cosas porque hemos advertido un cierto cambio de su tono pendenciero contra Petro. Por lo menos en el anterior artículo reconoce que, si el gobierno Petro no mejora en el resto de tiempo que le queda, el país caerá en “la política extrema violenta y militarista” y, por tanto, debe hacer “un replanteamiento de fondo de su gobierno”. Hemos elegido su opinión a propósito porque nos da una oportunidad magnífica de descargar todo el peso de nuestra crítica contra ella, a sabiendas de que esa manía inveterada de explicar los problemas económicos, políticos y sociales personalizándolos, no es de su exclusiva cosecha.

He aquí la silueta diáfana de la mitomanía, de la leyenda, de la gran mentira de los hombres predestinados, de los individuos con poderes mágicos, capaces de resolver, desde los problemas más simples hasta los más difíciles en situaciones muy complejas. Desde las épocas heroicas en los inicios de las civilizaciones antiguas que modelaron en la imaginación de los creyentes, sus dioses, semi-dioses, héroes, profetas, mesías, reyes y sacerdotes, únicos seres humanos dotados de poderes especiales capaces de conducir a sus pueblos y, por tanto, de hacer historia, hasta la conciencia e ideología liberal de los tiempos    modernos y posmodernos creadoras de la imagen de los superhombres, capaces vencer a “las fuerzas del mal”, triunfar y proteger, “él solo” (el superhombre), como individuo, a los demás mortales, resolverlo todo y hacerlo todo.

Siempre la misma mentirilla piadosa de personificar las hazañas, logros, triunfos y acciones exitosas como fruto de las cualidades excelsas de determinados personajes, o los errores, fracasos y desaciertos de los incapaces o de los tercos que no escuchan. Mentirilla que empezara a ser demolida por los progresos de las ciencias naturales y sociales a partir del siglo XV y que la irrupción vertiginosa del desarrollo científico y tecnológico de los siglos XVII y XVIII barrieran, sin el honor siquiera del reciclaje. Este grandioso proceso probó, comprobó, demostró y enseñó que las grandes transformaciones de las sociedades en su historia, no las hacen personas, individuos, por muy geniales que ellos sean, sino los pueblos conducidos por fuerzas políticas y sociales que ellos mismos las crean; que los individuos pueden jugar un papel importante en esos cambios, pero que ellos solos, como individuos, por muy genios que sean, pueden contribuir, pero no cambiar el mundo a su arbitrio.  

No es precisamente a Petro al que hay pedirle, exigirle, demandarle u ordenarle que replantee “su obra de gobierno”. De entrada, convengamos en que no es propiamente “su obra de gobierno” lo que le piden o exigen que replantee. Lo que le exigen que replantee es el mandato, los propósitos y propuestas con que salió electo. A quienes hay que exigirles y exigirles con mayúscula, no que replanteen “la obra de gobierno de Petro”, sino que asuman la responsabilidad histórica que les corresponde, es a las fuerzas políticas y sociales que dijeron estar con el cambio y se comprometieron ante el país a hacerlo. Es en primera instancia a Colombia Humana que era supuestamente la fuerza política que giraba en torno a su jefe político Petro y al Pacto Histórico, a quienes hay que exigirles que asuman la responsabilidad de hacer lo que el país ha reclamado y reclama y que respondan por lo que se comprometieron, colocándose frente a sus fuerzas políticas y frente a los millones de colombianos que necesitan en este momento, que se les movilice y conduzca, por lo menos en el tiempo que queda, a cerrarle el camino a la extrema derecha que ya lo tiene armado.

No nos andemos con rodeos. Colombia Humana, es una fuerza gris, desaparecida, que ni suena ni truena. Ha sido y es más una empresa electoral que ha girado y gira en torno al jefe, que no ha sido ni es una organización con programa político propio, estructura organizativa y un mínimo de acción política democrática a su interior, y menos ha tenido ni tiene el carácter de Movimiento Político y Social. En resumidas cuentas, es una montonera de adeptos al jefe que dependen de lo que él diga, proponga y haga. Y en cuanto al Pacto Histórico se refiere, ya hemos expresado antes que no es más que una colcha de retazos sin coherencia política, sin un mínimo de ideario y propósitos comunes, colectivos que unifiquen, al menos, planes de acción y consolidación de las buenas intenciones del jefe.

A estas alturas, pedirle a Petro que “replantee su gobierno”, que dé un timonazo a lo que supuestamente está mal de su administración es, según el refrán popular, “pedirle peras al olmo”. Y suponiendo que eso se diera, o que Petro pudiera sin más ni más hacer cosa parecida, ¿en qué sentido tendría que dar “ese timonazo” ?; ¿en qué dirección y hacia dónde debe dirigir esas acciones? Y una vez más, preguntamos: ¿sería él como persona? ¿O no será que somos muchos los que estamos obligados a hacer ese replanteamiento, o al menos, contribuir a que se haga?

El Dr. Ospina sugiere unas líneas como las de promover la agroindustria y la producción orgánica de alimentos, construir de manera agresiva vías de comunicación y lograr un mayor acoplamiento de la realidad del país y el conocimiento en educación, pero el sentido en que se haría esto sigue en la penumbra, o, mejor dicho, puede quedar claro para los interesados. Porque el mayor impulso a la agroindustria y la saludable producción orgánica de alimentos a ella asociada, puede ir muy bien en el sentido de la SAC, Lafori y su dignísima esposa, la Senadora Cabal; la construcción agresiva de vías de comunicación puede caer como anillo al dedo a las cementeras, a las firmas constructoras y a Vargas Lleras; y una mayor comunión de la realidad con el conocimiento, de igual modo, puede ser recibido con alborozo por las Universidades privadas mejor posicionadas en el mercado, porque a la Universidad pública solo le queda el ripio; esto lo atestigua con toda claridad, la propuesta de reforma a la educación que no resuelve nada estructural ni de fondo. Más adelante, en el lugar que hagamos nuestras propuestas, explicaremos mejor esta parte.

Sin caer en cuentas alegres, siendo objetivos y realistas, tenemos que aceptar, así sea a regañadientes, que hemos perdido los 2 primeros años que son definitivos para que una propuesta política de cambio demuestre hasta dónde está en capacidad de hacer lo que propuso, y más, en el escenario en que estamos inmersos en nuestro país, sometido y dominado por toda clase de fuerzas políticas de extrema derecha, reaccionarias, que van desde las  altas cumbres hasta los bajos fondos, desde los ostentosos centros de poder hasta las periferias más deprimidas, desde las esferas tradicionales suficientemente conocidas hasta no pocos armados y desarmados que visten de muy diversos plumajes como “luchadores”, “revolucionarios”, “alternativos”, “progresistas”.

Así las cosas, no esperemos a “que Petro” haga lo que no pudo hacer de entrada, al comenzar su gobierno, y menos, si seguimos empecinados en creer que es Petro como persona o como gobierno, el que tiene que hacer todo y removerlo todo, entre otras cosas, porque en un régimen verdaderamente democrático, el Gobierno no es gobierno de personas, sino de fuerzas políticas democráticas y de instituciones estatales regidas por normas de Derecho, no por órdenes personales. El carácter fundamental de la democracia liberal y, sobre todo de los demócratas consecuentes, es que deben poner en primer plano a los Partidos Políticos democráticos, como instrumentos esenciales para concentrar y expresar, más que los derechos económicos y sociales de los ciudadanos, sus derechos políticos de conjunto, comunes y colectivos.

Es precisamente a los autócratas y a la plutocracia antidemocrática del modelo neoliberal, a la que le interesa poner en primer plano los intereses y derechos económicos y sociales, porque eso les permite a sus promotores, privilegiar los intereses y derechos individuales y particulares para destruir lo público y colectivo. Es eso lo que ha pervertido y destruido las democracias liberales y, con mayor razón, a los Partidos liberales democráticos. Su lema y su guía básica es poner al individuo por encima de todo, las libertades, intereses y derechos individuales como el motivo exclusivo y excluyente que debe guiar la conducta política y social de las personas. Ejemplo clásico en este orden de ideas, es la “genialidad” uribista del “Estado comunitario”, en el que se puede repartirle pan y circo (diversión) a los súbditos y garrote a los que refunfuñen, o plomo a los que intenten desconocer la autoridad del emperador del “Estado comunitario”. 

Que Petro no haya podido hacer y cumplir con su promesa de cambio, ¿qué demuestra? Eso no demuestra que sea incapaz o que tenga demasiadas fallas que le impidan realizar sus propósitos. Eso, lo que demuestra es que las fuerzas democráticas consecuentes somos demasiado débiles. Los incapaces y en algunos casos inútiles somos nosotros, como fuerzas políticas democráticas consecuentes, de lo cual nos hemos vanagloriado tanto. Eso, lo que demuestra es que no estamos ni siquiera a la altura de los liberales radicales del siglo XIX que, si bien tampoco pudieron transformar el país, al menos, hicieron esfuerzos mucho más meritorios que nosotros. Así es que ciertos fanfarrones que tanto han boconeado de su condición de revolucionarios, es bueno que piensen y entiendan que el calor no está en las sábanas. Y lo mismo hay que decirles a no pocos “recilientes” que se han opuesto y se oponen con toda clase de argucias a asumir la obligación de construir organización política y fuerza democrática consecuente para avanzar, no solo en el apoyo a Petro, sino principalmente en los procesos de democratización en marcha del país.

Para continuar en esta línea de objetividad y de ser realistas, creemos que ya no es posible lograr lo que debió hacerse desde el comienzo del gobierno del Presidente Petro. Pero sí estamos obligados a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para impedir que esa propuesta de cambio, nuevamente se hunda en el fracaso. Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles por salvar, por lo menos, algunas de las propuestas que, más que reformas y compromisos de este gobierno, son obligaciones de toda la sociedad nacional, exigencias imperativas que no podemos darnos el lujo de seguirlas aplazando. Ojalá que los últimos cambios ministeriales, a sabiendas de que no son la solución de fondo que se necesita, den mejores perspectivas y resultados que recobren la confianza, en medio de la incertidumbre.

Desde nuestro modo de ver y entender la realidad, creemos que lo más urgente, de acuerdo a como está la situación del momento, es promover, hacer y ponerse al frente de una gran convocatoria nacional de todas las fuerzas políticas y sociales democráticas que estamos interesadas y decididas, no a salvar a Petro, sino al país de otros cuantos años de suplicios causados por derechistas y extremistas que ya armaron la revancha, envalentonados por los triunfos que están logrando a nivel internacional y por nuestra incapacidad política y falta de voluntad para deshacernos de la herencia grupista que tan negativamente nos ha marcado. Convocatoria nacional que tanga como propósito prioritario constituir una Gran Convergencia Democrática Nacional con una mínima coordinación y organización que unifique, le de orden y coherencia al accionar conjunto con unos propósitos mínimos para el resto de gobierno que queda y, en lo posible, garantice la continuidad de los Procesos de Democratización en Marcha.

Se trata en este caso de una acción de emergencia para ponerse de acuerdo y unificar a un amplio espectro político sobre unos pasos y salidas de emergencia. No podemos pretender llegar allí a marcar el rumbo del país para 20, 30 o 50 años, puesto que eso, en términos económicos, políticos y técnicos, necesita procesos, esfuerzos y trabajos juiciosos de mucho debate. Pero si estamos obligados a explorar, encontrar y unificar pensamiento y voluntades en torno a unos problemas y propósitos comunes inmediatos para revertir la situación de pérdida de credibilidad y desconcierto que continúa ahondándose, en la medida en que no hagamos nada.

Consideramos que es perentorio, es un imperativo histórico, político, social y moral, no solo del gobierno, sino del Estado y la sociedad entera, cumplirles a todas las víctimas de la guerra interna, tanto las que fueron afectadas por el paramilitarismo, como las que lo fueron por unas guerrillas que perdieron el sentido que justificó su origen y se degradaron. Es una obligación que no da pie a dilaciones, demoras y pretextos para no cumplirles con la restitución de tierras y demás derechos económicos, políticos y sociales. Es necesario apretar el acelerador en la adquisición y restitución de tierras a quienes las perdieron, entendiendo que eso no es suficiente. Es indispensable que dicha entrega, incluya el acompañamiento técnico y administrativo en los procesos organizativos, productivos, comerciales y financieros. Que estas acciones contribuyan a avanzar hacia la agroindustria asociativa, cooperativa y solidaria de los pequeños y medianos productores con capacidad para desarrollar sus propios procesos y evitar que sigan de víctimas del sistema financiero, de las grandes empresas nacionales y extrajeras que los someten a las formas actuales de “las alianzas productivas” y la “agricultura por contrato” que no son más que nuevas formas de aparcería.

Sin embargo, algo a tener en cuenta es que, a la gran mayoría de víctimas, le tocó desplazarse a poblaciones y ciudades, las cuales, por muchas razones, no pueden, o no tienen interés en volver al campo. La restitución de derechos en este caso, debe hacerse de otra manera, pero en general, las demás actividades a las que se dediquen, pueden adoptar el mismo modelo de organización asociativo, cooperativo y solidario. Y algo complementario, pero de suma importancia en este caso. Hemos insistido antes en la urgencia de recuperar y restablecer los derechos y las normas jurídicas que amparaban anteriormente al sistema cooperativo. El modelo neoliberal que nos impusieron, amputó esos derechos y normas. Con el ultrarreaccionario cuento de “la igualdad de derechos”, dejaron a las cooperativas y al sistema cooperativo en la misma condición de las empresas privadas, cuando aquel había conquistado un régimen jurídico especial, por tratarse de un esfuerzo de muchas personas asociadas, no con el ánimo de amasar fortunas de personas o familias para su exclusivo beneficio. Con ello, dejó a las cooperativas a merced del modelo.

Por eso, hemos insistido en la necesidad de promover con toda la fuerza que sea posible una reforma de ese régimen jurídico vigente para recuperarle y restablecerle derechos, ya que se trata de un sistema de trabajo, de producción y prestación de servicios con carácter social y no para beneficio de unas personas. Si de lo que se trata es de luchar por alcanzar transformaciones económicas, políticas y sociales en la perspectiva de resolver situaciones como las chocantes e insolentes desigualdades que nos afligen; si de lo que se trata es de desarrollar los enormes potenciales en recursos naturales, biodiversidad y talento humano que tenemos, lo que hay que colocar por encima de cualquier otra consideración, es el trabajo de los colombianos. Y en este caso, el sistema cooperativo es, sin duda alguna, una herramienta de mucha importancia y utilidad para dignificarlo, engrandecerlo, siempre y cuando se le restituyan esos derechos; de otra manera, seguirá siendo un instrumento útil para el modelo neoliberal que le amputó sus brazos y lo sometió a la dinámica de acumulación de capital y de riquezas de individuos, familias o de los gigantescos grupos financieros.

Las demás reformas a la salud, laboral, pensional y de la educación, no resuelven nada de fondo y, por el contrario, en algunos aspectos, lo que conseguirán, será agravar más las cosas. Quitarle la asignación de recursos públicos a las EPS para que éstos se concentren aún más en las IPS que siguen siendo empresas privadas, no es que constituya un gran cambio. Quitarles las ganancias a unos para concentrarlas en otros, en nada resuelve el problema. La reforma laboral no es más que una “conquista” de la burocracia sindical amamantada en y por el modelo económico anterior, pervertida en la corrupción, convertida en élite y una “partecita” de esa oligarquía que nos carcome a todos. Tal como quedó aprobada, afectará a todos los pequeños y medianos empresarios de las diferentes especialidades, puesto que los lleva a asumir costos laborales que no pueden, porque el modelo neoliberal con su mayor automatización de los procesos productivos, le ha estrechado al máximo sus márgenes de maniobra, y afectará gravemente al sistema cooperativo en las condiciones en que se encuentra, como lo mencionamos antes.

Y esto que acabamos de exponer, hay que ponerlo no solo en la perspectiva de un gobierno débil como lo es el actual; aun suponiendo que hubiera una continuidad que es bien poco probable, si las fuerzas políticas que lo sustentarían, siguen atragantadas en su debilidad sin proponerse salir de allí, las cosas no mejorarán, y todo lo que podrán hacer es prolongar la agonía. El retorno de la extrema derecha al timón del gobierno nacional, no es solo hipotética y de alguna probabilidad. Ya, esta extrema derecha hizo lo que tenía que hacer; recuperó las principales alcaldías del país y, con ello, prepara el siguiente paso que es recuperar el resto. Todo indica que el verdadero timonazo que tanto le reclaman y suplican a Petro, lo dará la extrema derecha. Son ya suficientemente conocidos los pasos de recuperación que esas fuerzas han tenido en todo el mundo. ¿Por qué? ¿A qué se debe esa recuperación, desde las derechas más extremistas, de las corrientes religiosas más retrógradas, los neonazifascistas, hasta las más moderadas?

Desde EL FARO SOCIAL prendimos las alarmas, más o menos, desde 2.014, cuando empezamos a llamar la atención sobre el rearme, la carrera armamentista que se desataba y luego sobre la reconversión tecnológica para mejorar la producción y uso de armamento con estándares de muy alta precisión. ¿Por qué esta carrera armamentista? Por una razón muy sencilla. El modelo neoliberal que impuso el gran capital internacional, pasó como el huracán, dejando los escombros. Destrozó los Estados nacionales, sometió a toda la economía mundial al libre juego del mercado con sus tratados de libre comercio. Destruyó las frágiles trincheras jurídicas que la clase obrera había creado para proteger el trabajo y la estabilidad laboral. Se disparó la “informalidad” y el trabajo precario. “Deshizo” con aterradora crueldad, todo foco de resistencia y se entregó a la orgia de una nueva acumulación de capital en pocas manos que envidiarían los magnates que promovieron la revolución industrial del siglo XVIII. El crecimiento de la economía mundial fue espectacular desde la década de los años 80 del siglo XX, hasta el fin de la primera década del siglo XXI. La crisis financiera de 2.008, marcó el apogeo de ese crecimiento y la vertiginosa concentración de la riqueza mundial en los países más ricos y especialmente en los gigantescos monopolios y oligopolios trans-multinacionales.

Al iniciarse la segunda década del siglo XXI, comenzó el descenso de ese crecimiento y acumulación de capital y a agudizarse las contradicciones por la disputa de las más grandes economías mundiales por acceder a otros mercados o por lo menos, mantener los que tenían. Con ello y por ello, reactivaron el armamentismo porque ya la disputa por mercados y zonas de influencia no podía continuar por los medios simplemente económicos y políticos. Las confrontaciones armadas se ponían al orden del día. Se emprendieron nuevas guerras en otros sitios y se continuaron otras viejas, pero con mayor intensidad. Hemos sido incisivos en señalar que estas guerras no son promovidas solo por los Estados y gobiernos de manera oficial y mediante los ejércitos convencionales, sino principalmente a través de los de los ejércitos irregulares de mercenarios y del paramilitarismo. Esta es hoy la forma preferida por los Estados y gobiernos imperialistas y por los Estados y gobiernos reaccionaros de diferentes partes del mundo para intervenir en el exterior y de posicionamiento y dominio territorial y, prioritariamente, de enfrentamiento entre las dos fuerzas contrarias de los dos grandes bloques imperialistas, como también a las fuerzas populares que luchan contra la intervención y/o dominio de uno u otro bloque imperialista. Esta es la razón de la existencia de la organización paramilitar del "Estado Islámico" "made in USA" de defensa de los intereses de este bloque en Oriente Medio, o el grupo Wagner "made in Rusia" para actuar en Siria, Ucrania y gran parte de países africanos. Estas, podemos decir que son fuerzas de ocupación exterior directa, pero esas potencias no se limitan a eso, además penetran y toman control por diferentes medios, de fuerzas internas que, de manera justificada, legitima y necesaria, han creado los pueblos, tratando de defenderse de los atropellos de esos agresores, pero que caen en las redes del uno o del otro bloque. Ejemplos típicos de ese juego macabro de la disputa inter imperialista, son los casos en Oriente Medio, como Siria, Palestina, El Líbano, Yemen, Irán y otros países Sudafricanos, Ucrania y en América Latina. Y a nosotros en Colombia, sí que nos consta y hemos visto de manera directa, como los productores de drogas ilícitas y de la minería ilegal que se disputan los mercados, las rutas y los territorios, se ha en la guerra entre unos y otros y con el Estado, pero quienes pagamos los costos de esa guerra reaccionaria, somos las fuerzas políticas y sociales populares por mantener la resistencia y la lucha en defensa de nuestros derechos y el pueblo colombiano en su conjunto.

Es esta dinámica, esta tendencia, este camino sin retorno del modelo y del sistema imperialista mundial, la razón que nos ha llevado y nos lleva a insistir en la imperiosa necesidad de luchar por la paz de manera consecuente, de llamar a todas las fuerzas políticas y sociales democráticas a unirse y fortalecer esa lucha por la paz, en el entendido que esta lucha no puede ir separada de una lucha incansable por recuperar, rehacer y consolidar los movimientos y fuerzas democráticas para que se conviertan en verdadera alternativa de gobierno, cerrarle el paso a la extrema derecha y su camino de violencia, guerras y canibalismo, como lo estamos presenciando a diario. Por eso apoyamos, de manera independiente sí, pero apoyamos la elección de Petro a la Presidencia y, más que las reformas que propuso, la posibilidad de avanzar en la consolidación de las fuerzas democráticas del país. Por eso, mantenemos nuestra posición crítica frente a las incoherencias, debilidades y graves errores, no tanto de Petro como persona, sino principalmente de todo el entorno que lo rodea.

Es en esta situación y perspectivas que tiene sentido la propuesta que hemos planteado de conformar, construir y hacer realidad una Gran Convergencia Democrática que congregue y unifique a todas las fuerzas democráticas populares que realmente estemos interesadas en avanzar y abrir caminos de transformación profunda de nuestra sociedad colombiana. Esta que surgiera como una propuesta local, ahora creemos que no solo la necesitamos localmente, sino en todo el país. Manifestamos con toda claridad que no estamos de acuerdo y no compartimos la propuesta del “Gran Acuerdo Nacional” que se viene ambientando desde la misma Presidencia y otros sectores políticos. De ser una simple idea, ya va en que hay que llamar a los expresidentes para ponerse de acuerdo en el “Gran Acuerdo Nacional”. Estamos convencidos, por razones históricas, económicas y políticas, que ese no es el camino para consolidar los procesos de democratización del país. Eso puede salvar al gobierno actual de un mayor fracaso, pero en términos de lo que las grandes mayorías nacionales esperaban, no resuelve nada. Con o sin Acuerdo Nacional, nuestro deber es seguir nuestro camino de lucha contra la violencia, las guerras y por democratización en marcha.

El Poder del Pueblo no se consolida con Acuerdos por arriba; se fortalece y construye por abajo con las fuerzas realmente democráticas que necesitan cambios para beneficio de sí mismos, no para los mismos de arriba.

Atte.

EL FARO SOCIAL.

Julio 11/2.024

   

          

   

     

  

 

 

EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

  Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de...