jueves, 27 de mayo de 2021

Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo será violento

 

Colombia en llamas: el fin del neoliberalismo  será violento

Boaventura de Sousa Santos

Traducción de Bryan Vargas

Colombia está en llamas. Actualmente es uno de los países con más muertos por covid-19, ocupando el cuarto lugar en la región después de Estados Unidos, Brasil y México, teniendo hasta la fecha tan solo el 3,5% de la población totalmente vacunada y siendo parte de los países que se niegan a apoyar la solicitud de liberación de las patentes de las vacunas. Es también el país que en 2020 tenía el 42,5% de su población en condición de pobreza monetaria y el 15,1% de la misma en condición de pobreza monetaria extrema. A estos datos mínimos pero significativos le podemos sumar que, tras la firma del acuerdo de paz de 2016, se han asesinado entre 700 y 1.100 personas defensores y defensoras de derechos humanos (las cifras varían entre las ONG y las instituciones gubernamentales).

Las zonas que antiguamente fueron de dominio de las FARC-EP hoy están en disputa por parte de distintos grupos armados ilegales, los cuales no solo buscan intereses económicos (narcotráfico, minería ilegal) sino que también traen consigo un horrible y sangriento interés por el control sobre la población civil, afectando gravemente el tejido social y dando como resultado que esto es sólo la punta del iceberg del nuevo panorama que atraviesa el país.

Es en este contexto, y tras casi tres años bajo el gobierno de una derecha opositora al acuerdo de paz en medio de una pandemia que ha matado a miles de personas, en el que pueblo trabajador ha salido a las calles a levantar su voz en contra de una anunciada reforma tributaria que buscó, bajo la lógica del Gobierno, recaudar 23 billones de pesos (algo cercano a 6.300 millones de dólares) para mejorar las finanzas públicas y financiar los programas de asistencia social. Si bien es cierto que el país necesita mejorar su sistema tributario, esta reforma planteaba aumentar el número de personas que declaran y pagan impuestos sobre la renta con el aval, la visión y el marco conceptual del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Plantear la idea de que más personas sean las encargadas de tributar y financiar los gastos del Estado, en teoría, no suena descabellado, es más, llevaría a pensar que serían las personas de altos ingresos quienes más pagarían impuestos teniendo en cuenta los principios de progresividad, equidad y eficiencia tributaria consagrados en la Constitución Política de Colombia. Pero, según los datos del Banco Mundial, Colombia es uno de los países más desiguales de América Latina (el índice GINI es de 51,3), reflejando una política fiscal inadecuada y regresiva que posibilita una alta concentración del ingreso y la riqueza, y ocasiona por ello un menor desarrollo, dado que los ingresos y la riqueza se quedan en manos de un porcentaje muy pequeño de la población. La reforma planteada, se uniría al largo y complejo sistema tributario del país que no refleja una verdadera política progresiva y que está lleno de beneficios tributarios dirigidos a las personas con mayores ingresos.


Podríamos afirmar que a partir de 2016 el pueblo trabajador ha inundado las calles y plazas de Colombia exigiendo la defensa de la paz y el cumplimiento de los acuerdos, la protección de los líderes sociales y la solidaridad con quienes han sido asesinados, así como el rechazo a propuestas de modificación de los regímenes pensionales, laborales y tributarios. Así, en los últimos cinco años Colombia ha visto sus calles recorridas por jóvenes, mujeres, indígenas, afros, docentes, pensionados y estudiantes que han generado hechos insólitos como una de las mayores manifestaciones en el país desde la década de 1970, como lo fue la llevada a cabo el 21 de noviembre de 2019 (21N).

Gracias a este empoderamiento popular, y a pesar de la pandemia de la covid-19, Colombia volvió a marchar del 9 al 21 de septiembre de 2020 para protestar en contra del abuso policial, del mal manejo del Gobierno ante la crisis económica y social provocada por la pandemia y para sentar una voz que dijera basta ya a las masacres en el país, las cuales no tuvieron tregua a pesar de las medidas de confinamiento. En especial hay que subrayar la Minga (movilización indígena) del suroccidente colombiano, ocurrida en octubre de 2020 liderada por las organizaciones indígenas, que emocionó por sus consignas y valentía y que logró movilizar a una gran parte de la sociedad en torno a sus exigencias tras su recorrido por el país, logrando la opinión favorable de millones de personas que los recibieron calurosamente en cada ciudad durante su viaje hasta la capital.

Bajo este panorama el pueblo decidió a partir del 28 de abril (28A) de 2021 marchar en contra de la reforma tributaria y del gobierno indolente. La represión de las fuerzas policiales es brutal. El malestar ciudadano ha sido objeto de estigmatización y represión por parte de la fuerza pública, lo que ha llevado a que distintas organizaciones de derechos humanos registren entre el 28 de abril y el 5 de mayo un total de 1.708 casos de violencia policial, 381 víctimas de violencia física por parte de la Policía, 31 muertes (en proceso de verificación), 1.180 detenciones arbitrarias en contra de los manifestantes, 239 intervenciones violentas por parte de la fuerza pública, 31 víctimas de agresión en sus ojos, 110 casos de disparos de armas de fuego por parte de la Policía y 10 víctimas de violencia sexual por parte de fuerza pública. De igual manera, la Defensoría del Pueblo (la figura del ombudsman en Colombia) señaló que se registraron 87 quejas por presuntas desapariciones durante las protestas del Paro Nacional del 28A.

Lo que empezó como una fuerte oposición a una reforma impopular y a un ministro de Hacienda que desconocía el valor de una docena de huevos (y en general de toda la cesta de la compra familiar), ha escalado al punto de no solo lograr que se retire dicha reforma en el Congreso y que dicho ministro renuncie, sino que el presidente de la República, Iván Duque Márquez, ha propuesto un espacio de diálogo con distintos sectores de la sociedad civil, diálogo que hasta el momento parece ser solo entre las élites del país, desde arriba, y nunca desde abajo. Las organizaciones sociales saben por experiencia que de este Gobierno nada bueno hay que esperar, pero como siempre lo han hecho no se rehúsan al diálogo. La primera victoria del movimiento ciudadano en las calles sobre la retirada de la reforma no llegó pacífica o gratuitamente. Además de las cifras antes mencionadas y recolectadas por las ONG del país, el presidente Duque anunció la militarización de Colombia antes de ceder al clamor social. A partir del 1 de mayo, las redes sociales y las calles colombianas han visto el horror de un despliegue militar típico de un estado de excepción dictatorial, con la Policía disparando en contra de


manifestantes pacíficos y desarmados. Esta ha sido quizás la respuesta más violentamente represiva en tiempos de pandemia a nivel mundial.

Particularmente en Cali las protestas tuvieron una intensidad muy especial debido a la movilización de las organizaciones indígenas después del cruel asesinato de Sandra Liliana Peña, gobernadora indígena de apenas 35 años que proponía la recuperación de los conocimientos tradicionales y rechazaba la presencia de todos los actores armados en su territorio. Esta ciudad es el segundo centro urbano más negro de América del Sur, llena de contradicciones y luchas, y que ha visto cómo reprimen a su pueblo de la forma más aberrante posible. La situación es tal que, en medio de una reunión pacífica y retransmitida en directo por las redes sociales, se puede observar al escuadrón antidisturbios haciendo presencia para dispersar la manifestación, causando la muerte de un joven frente a más de 1.000 espectadores que observaban a través de internet. Desde Siloé, una comuna (favela) de Cali, se denunció también que durante la noche del 4 de mayo no se pudo acceder al servicio de internet en la zona.

La débil respuesta a la violencia policial por parte de las instituciones colombianas (tanto administrativas como judiciales) ha dado lugar a que civiles armados amenacen (y en ocasiones disparen) a los manifestantes bajo la idea de que son "vándalos" y "terroristas". En Cali, los estudiantes hicieron circular el siguiente "diálogo": "Tenemos 25.000 armas", gritaba un hombre vestido de blanco desde su costosa camioneta aparcada frente a la Universidad del Valle (Univalle). "Nosotros tenemos una de las mejores bibliotecas del país", le contestó un estudiante. En Pereira, el alcalde promovía un "frente común" que incluyera a miembros de la seguridad privada, al Ejército y a la Policía para "recuperar el orden y la seguridad ciudadana", dando lugar a que un joven resultara herido con ocho balas y esté agonizando en un hospital de dicha ciudad.

 

¿Para dónde va Colombia?

Esta pregunta es importante para Colombia, pero más allá de Colombia me parece ver en los recientes acontecimientos el embrión de mucho de lo que pasará en el continente y en el mundo en las próximas décadas. Claro que cada país tiene una especificidad propia, pero lo que pasa en Colombia parece anunciar el peor de los escenarios que identifiqué en mi reciente libro sobre el periodo postpandemia (El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía. Madrid: Akal. 2021). Este escenario consiste en la negación de la gravedad de la pandemia, la política de sobreponer la economía a la protección de la vida, y la obsesión ideológico-política de volver a la normalidad aun cuando la normalidad es el infierno para la gran mayoría de la población.

Las consecuencias de la pandemia no pueden ser mágicamente frenadas por la ideología de los gobiernos conservadores; la crisis social y económica pospandémica será gravísima, sobre todo porque se acumula con las crisis que preexistían a la pandemia. Será por eso mucho más grave. Las políticas de ayuda de emergencia, por deficientes que sean, combinadas con el ablandamiento económico causado por la pandemia, van a causar un enorme endeudamiento del Estado, y el agravamiento de la deuda será una causa adicional para más y más austeridad. Los gobiernos conservadores no conocen otro medio de lidiar con las protestas pacíficas del pueblo trabajador en contra de la injusticia social


que no sea la violencia represiva. Así van a responder y el mensaje va a incluir la militarización creciente de la vida cotidiana. Lo que implica el uso de fuerza letal que fue diseñada para enemigos externos. La degradación de la democracia, ya bastante evidente, se profundizará todavía más. ¿Hasta qué punto el mínimo democrático que todavía existe colapsará dando lugar a nuevos regímenes dictatoriales?

Este escenario no es especulación irrealista. Un reciente informe del FMI hace la misma previsión. Dicen los autores Philip Barrett y Sophia Chen* que las pandemias pueden tener dos tipos de efectos sobre la agitación social: un efecto atenuante, suprimiendo la posibilidad de causar disturbios al interferir en las actividades sociales, así como un efecto contrario que aumente la probabilidad de malestar social y por consiguiente se generen disturbios o protestas en la medida en que la pandemia se desvanezca. Lo que no dicen es que las protestas serán motivadas por las mismas políticas que el FMI y las agencias financieras promueven en todo el mundo. Es tanta la hipocresía del mundo en el que vivimos, que el FMI ignora u oculta las consecuencias de sus lineamientos. El pueblo colombiano merece y necesita de toda la solidaridad internacional. No estoy seguro de si la tendrán abiertamente de las agencias internacionales que dicen promover los derechos humanos, a pesar de que estos estén siendo violados tan gravemente en Colombia. Imaginemos por un momento que lo que está pasando en Colombia estuviese ocurriendo en Caracas, Rusia o cualquier otra parte del mundo declarado como no amigo de los Estados Unidos. Seguramente la Organización de Estados Americanos (OEA), el alto comisariado de la ONU y el Gobierno estadounidense ya estarían denunciando los abusos y proponiendo sanciones a los gobiernos infractores. ¿Por qué la suavidad en los comunicados emitidos hasta la fecha?

No se le puede escapar a nadie que Colombia es el mejor aliado de los Estados Unidos en América Latina, siendo el país que se ofreció para instalar siete bases militares estadounidenses en su territorio (situación que afortunadamente no ocurrió por intervención de la Corte Constitucional). Las relaciones internacionales en el presente viven el momento más escandaloso de hipocresía y parcialidad: solamente los enemigos de los intereses norteamericanos cometen violaciones de los derechos humanos. No es nuevo, pero ahora es más chocante. Las agencias multilaterales se rinden a esta hipocresía y parcialidad sin ningún tipo de vergüenza. Los colombianos, eso sí, pueden esperar la solidaridad de todos los demócratas del mundo. En su valentía y en nuestra solidaridad reside la esperanza. El neoliberalismo no muere sin matar, pero cuanto más mata más muere. Lo que está pasando en Colombia no es un problema colombiano, es un problema nuestro, de las y los demócratas del mundo.

Por el momento, las manifestaciones en Colombia no se ven próximas a finalizar y pese a que solo ha pasado una semana desde el inicio de las mismas, debemos insistir en superar el miedo que ronda las calles del país y en la esperanza de un futuro prometedor, más justo y en paz, para un país que ha querido terminar un conflicto de más de cincuenta años a través de un Acuerdo que agoniza bajo las garras del capitalismo abisal.

* Social repercussions of Pandemics. IMF Working Paper. 2021.

COMUNICADO CONJUNTO A LA OPINION PUBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL

 

COMUNICADO CONJUNTO A LA OPINION PUBLICA NACIONAL E INTERNACIONAL

Una vez más queremos expresar con mucha alegría la sensible emoción que nos ha causado la inmensa fuerza de la movilización popular, de manera especial, la  juventud que es la que ha puesto la mayor cuota de sacrificio en vidas, valentía y despliegue de energía. Sería demasiado poco, si no se lograse más, el haber derrotado la Reforma Tributaria y a su Ministro promotor, con semejante magnitud de fuerzas. Desde ya tenemos que llamar la atención y no permitir que los que siempre han mandado y siguen mandando, a veces con nuestra complicidad, deformen, tergiversen y sepulten en el olvido a tantos mártires que han ofrendado su vida en defensa de nuestros derechos. Eso no puede suceder con nuestros jóvenes que han sido sacrificados en estas extraordinarias jornadas.

Al Comité Nacional de Paro (CNP) le incumbe la gran responsabilidad de ponerse a la altura de una exigencia, no de uno u otro sector social o político, por importante que este sea, sino del clamor nacional que irrumpe como erupción de un volcán apagado durante largo tiempo y que se coloca ante nuestros ojos, exigiendo que se le entienda. Aunque este Comité no goza de la suficiente confianza de un sector de los participantes en las movilizaciones, vemos necesario rodearlo del apoyo general debido, en primer lugar, a que las diferentes posiciones que han surgido en su interior, amenazan con erosionar aún más la credibilidad y echar al traste lo que se ha logrado.

Por ahora, sabemos que las dos posiciones que se expresan son: una, la de emprender negociaciones con el Gobierno, y la otra, de no negociar y continuar en paro indefinido. No estamos de acuerdo con ésta última posición, pues consideramos que no existen las condiciones mínimas necesarias de organización social y política que permitan prolongar por más tiempo e indefinidamente el paro, los bloqueos a las ciudades como Pasto, Popayán y Cali. Los bloqueos en este momento son una bomba de tiempo que le puede explotar debajo de los pies a los participantes en las movilizaciones, causando mucho daño a toda la lucha social. Ya la exasperación de la población por falta de alimentos y otros bienes básicos, es demasiado delicada, además, que es a esto, a lo que le están jugando el Gobierno y la ultraderecha para justificar sus propósitos.

Frente a las negociaciones con el Gobierno empezamos reconociendo que es un acierto el haber condensado y precisado de acuerdo al momento, las peticiones en 7 puntos que recogen lo más sentido de la problemática nacional; no obstante, queremos aclarar nuestra posición ya expuesta antes, que en esos puntos,  algunos no deberían y no deben ser objeto de negociación. Los Proyectos de Reforma al Sistema de Salud, pensional y laboral no tienen nada que negociarle, su destino debe ser el mismo del de la Reforma Tributaria, su retiro. La exigencia de suspender la importación injustificada de alimentos, la implantación de los acuerdos de paz de la habana y la apertura de diálogos con el ELN, tampoco tienen nada que negociarle; en este sentido; las negociaciones tendrán que limitarse estrictamente a los puntos en los cuales se justifique, sin invertirle más del tiempo necesario.

Consideramos que estas negociaciones no pueden comenzar  bajo la imposición de la desmovilización de la protesta popular. Lo que tenemos que hacer es flexibilizar las formas de lucha y protesta de las masas populares. Los bloqueos, en la coyuntura actual y teniendo en cuenta los efectos la pandemia, lo que han conseguido en gran parte es confrontar sectores populares con los mismos intereses de lucha, limitar e impedir la movilización. Por eso, hacemos un llamado urgente para que se establezca un corredor humanitario permanente entre Nariño, Cauca y Valle del Cauca, sin el autoritarismo del gobierno y de algunos actores que han pretendido poner la movilización a su servicio. Un corredor libre con suspensiones periódicas, manteniendo la continuidad de las protestas para apoyar las negociaciones.

Sabemos que en Colombia, más de la mitad de la población se encuentra en la informalidad, tiene que rebuscarse el sustento al diario y no puede dejar de hacerlo, distinto a otra parte de la población formalizada que tiene su salario garantizado y que para exigir sus derechos, debe casi siempre parar la producción para obligar a los patronos a que atiendan sus reclamos. En este caso el paro está más que justificado, pero la población informal no puede hacer eso; si para no come. Es por eso que hemos levantado la consigna:

¡NO ES SOLO PARO EN LO QUE ESTAMOS!   ¡ESTAMOS EN LUCHA Y MOVILIDAD PERMANENTE!

Popayán, mayo 12 de 2.021

Firman:

FARO SOCIAL DEL CAUCA,

PARTIDO DIGNIDAD CAUCA,

Federación Campesina del Cauca (FCC),

Cooperativa del Sur del Cauca  “COSURCA”

Asociación de productores orgánicos de la Sierra  Cauca “ASPROSI”

Asociación de productores agroecológicos del sur Cauca “ASPROSUR”

Asociación de productores de alimentos de Almaguer Cauca “ASPROALMAGUER”

Asociación de Productores de San Lorenzo Bolívar Cauca “ASPROSANLOR”

Asociación de productores de Alimentos de Sucre Cauca “ASPROSUCRE”

Asociación de Productores agroecológicos de Balboa Cauca  “ASPROBALBOA”

Asociación de Productores de Argelia Cauca “ASOPROA”

Asociación Campesina de la Pedregosa Cajibio Cauca “ASOCAMP”

Asociación de productores agroecológicos de la Sierra Cauca “ASPROASIC”

Organización Colombiana de Estudiantes “OCE CAUCA”

Asociación de Productores Orgánicos del Cauca “ORGANICA”

Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la educación superior “ACREES CAUCA”

Asociación Nacional de Usuarios Campesinos “ANUC Junta Nacional Nilson Liz Marín

Cesar Noguera Vicepresidente CUT Cauca,

Arlen Yangana ejecutivo CUT,

Rodrigo Carabalí ejecutivo CUT Cauca,

Nancy Martínez Ejecutivo CUT Cauca,

Alonso Muñoz Sánchez FARO SOCIAL,

Jorge Enrique Rodríguez Useche directivo UTEN Popayán,

Manuel Mauricio Álvarez Sánchez secretario gral FARO SOCIAL

Alonso Osorio Dignidad Agropecuaria Colombiana (Cauca),

Carlos Lasso Liga Departamental de Usuarios de Servicios Públicos Cauca

 

 

martes, 6 de abril de 2021

HABLANDO DE “CUMBRES” Y DE “PACTOS…”

 

En el mes de enero del presente año 2.021 fue lanzada a la opinión pública la primera versión del “Pacto Caucano…”. Para este mes de marzo ya han aparecido otra u otras versiones que, si bien no cambian su sentido y contenido, sí modifican su presentación y extensión.

En el momento de aparición de su primera versión, insistimos en la necesidad y obligación de pronunciarnos desde el FARO SOCIAL, dando a conocer nuestra opinión, puesto que ya lo habíamos hecho con ocasión de “La Cumbre del Cuca en el Macizo”, pero nos fue imposible por razones ajenas a nuestra voluntad. Ahora lo hacemos con relación a la última versión que conocemos porque lo que está en juego no es el futuro de una u otra persona, de uno u otro grupo social o político, de una u otra empresa, negocio o zona de nuestra geografía. Se trata es del futuro del Cauca, del millón doscientos o trescientos mil habitantes que nos hemos dejado reducir, acorralar y arrastrar por el fango de la indignante indigencia en que nos encontramos. 

Al “Pacto Caucano por la Vida, los Derechos Humanos, el Territorio y la Paz” en su última versión tenemos que decirle que “la implementación de los Acuerdos de La Habana para poner fin al Conflicto Armado en Colombia” y los problemas de la guerra y la paz que continúan posteriormente, con toda la importancia que tienen y la atención que debe dárseles, no son los únicos que victimizan y martirizan al Cauca. Mucho más graves y lacerantes son el del narcotráfico que lanza combustible a la guerra a toda hora y con más intensidad después de los Acuerdos de Paz de La Habana; el de la gran minería legal e ilegal increíblemente destructoras de los sistemas ecológicos y ambientales; y mucho más indignante es la tortura de la pobreza, miseria e indigencia proverbiales a que ha sido y sigue siendo sometida en general, toda la población trabajadora de nuestro Departamento.

Desde 2.014, cuando se dio a conocer las decisiones ya acordadas de ir a La Habana a iniciar la negociación política del conflicto armado entre el Gobierno nacional y las FARC-EP, en evento de análisis y discusión, concluimos en que era necesario apoyar esa iniciativa, el proceso de negociación y el inicio de su implementación, porque eso significaba, según se dijo, descargarle un peso demasiado torturante que cargaba nuestro pueblo colombiano, cuando esa actividad armada se había convertido en una violencia profundamente degradada y sin sentido para los intereses y propósitos de una transformación revolucionaria de la sociedad colombiana. En octubre de 2.016, al enredarse los Acuerdos en el tristemente célebre plebiscito, nos movilizamos para exigir su cumplimiento por las partes y el paso a su ejecución inmediata. En estos años siguientes, si bien no hemos podido contribuir más y mejor en este gran propósito nacional debido a nuestras debilidades políticas, organizativas y de fuerza social, realidad de la cual somos plenamente conscientes, sí hemos continuado apoyando todo esfuerzo tendiente a consolidar las fuerzas políticas democráticas y revolucionarias interesadas más que nadie en crear otro escenario social y político en el que se pueda desarrollar la lucha política en mejores condiciones. Y, aun así, hemos estado y estamos lejos de creer que el único problema al que hay que prestarle atención en el Cauca es al de la implementación de los Acuerdos de paz, o creer que el problema central a resolver aquí es el de los indígenas.

No basta mencionar simplemente los problemas del narcotráfico, de la gran minería legal e ilegal, de la violencia recrudecida, del mejoramiento de las condiciones de vida de la población caucana, mientras se silencia, se oculta y no se dice nada de las condiciones de producción en que se encuentra el Cauca y qué debemos hacer para salir de allí. Y precisamente para nosotros, el problema central a resolver en el Cauca es éste, el de la precariedad, el de la vulnerabilidad de nuestro aparato productivo, si es que de aparato productivo podemos hablar. Por eso, nuestra posición política con respecto a lo que estamos viviendo, es diferente. Así quedó clara y explícita ya en las reuniones de “La Cumbre del Cauca en el Macizo”, por solo dar un ejemplo, y lo ha sido desde mucho antes. Pero no nos hemos limitado a señalar simplemente ese como el problema central a resolver. Hemos, además, planteado soluciones, como lo veremos más adelante.

Paz sin integración vial del Departamento, sin generación de energía eléctrica (propia) para desarrollar y elevar el rendimiento del trabajo; paz en las condiciones de indigencia en que nos encontramos, es sencillamente una predicación por la sumisión, una invitación a la resignación y a conformarnos con las migajas y limosnas. Es además, hasta indecoroso venirles a hablar de paz a los miles de payaneses y caucanos que se han arruinado y/o están al borde de la ruina en la situación económica agravada por la pandemia y a los miles de desplazados y condenados a la “informalidad”. Hasta para hacer politiquería se necesita algo de astucia. Parece ser que hasta en las artes y mañas de la politiquería tradicional hemos retrocedido. La politiquería alternativa que ha reemplazado en gran parte a la tradicional, no ha podido crear nada distinto, ni siquiera en el discurso. Incluso con respecto a los asuntos planteados en “La Cumbre del Cauca en el Macizo” se ha retrocedido; al menos allí se planteó algo acerca de la integración vial del Departamento y del impulso a la generación de energías alternativas.

Con toda la paciencia y consideraciones que hay que tener en estos casos, les preguntamos a los promotores del “Pacto caucano por la Vida…” y a algunos que han salido a validarlo y legitimarlo, sin darse cuenta que con ello lo que están haciendo es distraer y prestarse para ocultar la solución de los verdaderos problemas del Cauca: ¿PARA DÓNDE ES QUE VAMOS? De acuerdo a lo que allí está consignado, no nos queda más que responder que vamos es para abajo y para atrás. Cada día nos empequeñecemos más y quedamos más rezagados. Este “Pacto”, igual que el “Programa de Gobierno” del Taita Floro Alberto Tunubalá, quedarán como imperecederos monumentos a la más lamentable ineficiencia. Y que conste que nosotros no andamos en el intenso oficio de derrumbar estatuas.

Para que quede claro que no aparecemos de un momento a otro opinando sobre todos los asuntos habidos y por haber, terminamos remitiéndonos a las propuestas que hicimos llegar en su momento a la “La Cumbre del Cauca en el Macizo”. Allí y en ese momento expresamos:

“Nuestra propuesta es la siguiente:

1.- En la coyuntura y en el escenario que tenemos en el Cauca, el problema central a resolver, es el de la seguridad y la construcción de una paz duradera. Sin seguridad nadie vendrá a invertir capitales para exponerlos a un riesgo que sus propietarios no van correr. Y seguridad no significa mayor pie de fuerza pública simplemente. Es en este sentido que enfatizamos que los problemas existentes no son simplemente presupuestales o de tipo militar. Lo fundamental de la situación conflictiva que vivimos es de carácter político y, en consecuencia, su solución es política, si queremos atemperar un clima de coexistencia tal, que sabiendo que existen conflictos heredados y presentes, podemos construir soluciones que nos beneficien a todos. Por lo demás, tenemos que convencernos que los recursos presupuestales del orden nacional, aún si fueran financiadas la gran mayoría de las iniciativas por ese medio, son completamente insuficientes. Se necesita la inversión privada de orden local, nacional e internacional. Y en este caso no es solo a la institucionalidad gubernamental regional a la que hay que dejarle la iniciativa de la gestión; es LA CUMBRE la que debe asumir un papel destacado y dinámico en esa tarea.

2.- Creemos que una de las causas que determinan y explican la situación conflictiva en que han ido hundiéndose Popayán y el Cauca y se precipitan sin médicos ni dolientes, ha sido y es la ausencia de una cultura empresarial industrial y agroindustrial que le permitieran pasar de la costumbre de vivir de las rentas y de la burocracia estatal a crear riqueza, superar los niveles de pobreza en que se encuentra y mejorar sus ingresos y sus condiciones de vida. Esto debió hacerlo desde principios del Siglo XX, cuando otras regiones picaron en punta. Creemos que este paso es absolutamente necesario y desde nuestro punto de vista, la discusión no está en si se hace o no se hace. Lo que sí es necesario discutir con toda la rigurosidad posible, es cómo hacerlo. Las más grandes industrias y agroindustrias del Cauca, cuando se hizo necesario crearlas, se ubicaron en el sitio donde mejor le conviene al capital nacional y externo, pero eso no ha resuelto los graves problemas sociales y de conflictos que vive la zona. El resto, es una inmensa masa de pequeños y medianos productores agrarios y de pequeños y medianos comerciantes e industriales que difícilmente logran sobrevivir. Frente a los primeros, lo que proponemos es promover de manera integral, procesos agroindustriales asociativos, cooperativos y solidarios, partiendo de sus experiencias, de sus dinámicas y de sus capacidades técnicas y administrativas, y respecto a los segundos, lo que necesitan es que haya a su disposición incentivos como créditos blandos, acceso a adquisición de materias primas, mercados y, sobre todo, que haya crecimiento del mercado interno local, regional y nacional. No debemos olvidar que Popayán y el Cauca tienen una enorme potencialidad para el impulso al conocimiento profesional, técnico y tecnológico en la electrónica, nanotecnología, mecatrónica, ingeniería de sistemas y para la instalación de empresas que usen esta tecnología de punta, dada su ubicación geoestratégica.

3.- Si uno de los fundamentos y propósitos que unifican LA CUMBRE es la defensa del agua por la incontrovertible potencialidad que tenemos en ese recurso vital, hagámoslo. Pero hagámoslo en toda la envergadura que tiene y con todas las consecuencias que de allí se derivan. Esto implica que lo primero que hay que desechar de una vez por todas es la gran minería legal e ilegal. Estas no solo destruyen las fuentes y corrientes de agua, sino que la que queda, la envenenan. En este sentido, no es solo el Macizo el que no debería estar en venta. Es el Cauca y es el país los que hay que sacarlos de la subasta. Eso es defensa de la vida y de los territorios. No podemos quedarnos en la simple conservación del recurso, e incluso realizando acciones y actividades de protección del recurso para que más abajo lo utilicen otros de manera muy rentable. O, ¿no es eso lo que está sucediendo con las hidroeléctricas de Betania, El Quimbo, La Salvajina e Hidroituango, cuando esta se estabilice y entre a funcionar? ¿Y no es eso lo que hace la gran minería legal e ilegal y las agroindustrias para sus sistemas de riego?

Es desde esta perspectiva que consideramos que uno de los objetivos más trascendentales que LA CUMBRE debe asumir y plantear una lucha decisiva es en relación con la compensación que el Cauca debería tener ya por la generación de energía eléctrica en cualquiera de los ríos que nacen en el Macizo colombiano y por la venta de agua embotellada en todo el país. Y esa compensación no podemos reducirla y transarla con la sola inclusión de las iniciativas del Pacto por el Cauca en el Plan Nacional de Desarrollo. Suponiendo que se llevara a cabo la financiación completa de todas ellas mediante el Plan, esto no puede aceptase como la compensación misma. Es suficientemente conocido que el Cauca tiene una gran potencialidad para generar electricidad vía hidroeléctricas superior incluso a la de Antioquia, y la tiene y muy grande para generarla vía sistemas alternativos como el eólico y solar, solo que mientras sigamos en las mismas, no lo veremos nunca. Y para lograr el propósito que señalamos en este numeral, sí que será necesaria la movilización general del Cauca. Además, ya debería existir la Hidrología como carrera profesional dedicada específicamente al conocimiento científico, técnico y tecnológico para el uso y manejo de un recurso tan importante como éste.

4.- Una de las barreras que ha bloqueado la integración y unificación del Cauca, entre otras, es el mal tratamiento que se le ha dado a las diferentes culturas indígenas existentes, a la cultura afrocolombiana, a la campesina que todavía subsiste y a la de origen ibérico dominante y con un gran peso del componente religioso. Por eso hay quienes, a estas alturas, plantean prácticamente la creación de guetos sociales y culturales, es decir, fracturar aún más al Cauca.

Desde EL FARO SOCIAL pensamos que el Cauca necesita y con urgencia la promoción y desarrollo de un amplio y fuerte Movimiento Intercultural, que reconozca y respete las culturas existentes sí, pero que también propenda por la construcción de una cultura común en la que nos reconozcamos todos, que nos identifique de manera colectiva y podamos coexistir sin prejuicios de superioridad de unos sobre otros, sin la demagogia que oculta la discriminación  y la adulación politiquera que anda a la caza de votos. Los mecanismos de como iniciar este Movimiento y convertirlo en un aglutinante social de la más alta significación debe ser objeto de discusión en conjunto en LA CUMBRE.

5.- La integración económica, social y cultural de Popayán y el Cauca no podrá realizarse de manera exitosa y beneficiosa para todos los caucanos, si no superamos uno de sus principales obstáculos que es su integración vial terrestre, de la interacción entre todas sus zonas, algunas de las cuales padecen un aislamiento francamente intolerable en las condiciones actuales. La integración vial terrestre por sí sola no hará milagros, pero sin ella, es poco probable lograr lo demás. No podemos reducir esta integración así concebida a lo que hasta ahora es la expectativa de la doble calzada Buga-Santander de Quilichao-Popayán. Con toda la importancia que tiene este eje vial para la comunicación nacional e internacional y el progreso general, corremos el riesgo de quedarnos viendo pasar el progreso de norte a sur y de sur a norte, sin que podamos tocarlo ni sentirlo. Esto nos obliga a ver el problema en conjunto y a actuar en las demás propuestas que aquí planteamos”.

Aunque los anteriores puntos fueron presentados a la Cumbre del Cauca en el Macizo, reiteramos su importancia y vigencia por cuanto hacen referencia a los problemas estructurales de la economía caucana, y por ello creemos que deben ser tenidos en cuenta en las discusiones en el PACTO CAUCANO POR LA VIDA, LOS DERECHOS HUMANOS, EL TERRITORIO Y LA PAZ, no los consideramos como los únicos problemas a resolver. Es igualmente importante la discusión sobre los monocultivos forestales, caña de azúcar, café, potrerización de las montañas y valles y otros; y la reactivación económica para salir de la encrucijada en que se encuentra Popayán y el Cauca por la pandemia y las causas históricas.

 

Popayán, Abril 05 de 2021

martes, 19 de enero de 2021

LAS PESADILLAS DE SONAMBULOS NO SON LAS RECETAS QUE NECESITA EL MUNDO ACTUAL

 

EL NUEVO GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS PUEDE Y DEBE RESOLVER LA EMBARAZOSA SITUACIÓN EN QUE SE ENCUENTRA, PERO SU E STATUS DE ARBITRO UNICO DEL MUNDO SE AGOTÓ.

El periódico EL ESPECTADOR de enero 10 de 2021 dio amplia difusión a varios comentarios en editoriales y otros artículos, a los acontecimientos protagonizados por los fanáticos ultraderechistas que sustentan las políticas, decisiones y actuaciones de Donald Trump en el Congreso de los Estados Unidos, en el inmediatamente anterior 6 de enero. Entre todos estos comentarios, incluyó en su serie Pensadores, un artículo de Harold Hongju Koh, exdecano de (la U.) de Yale que, además ha sido exasesor legal (2009-2013) y subsecretario de Estado para la democracia, los Derechos Humanos y el Trabajo (1998-2001) en el Departamento de Estado de Estados Unidos, en el que le pide a Joe Biden un “Golpe de Timón” en la orientación política del país con la necesaria “recuperación del alma de la nación” norteamericana,  y al cual nos vamos a referir nosotros en nuestro comentario.

Para el propósito concreto de nuestro comentario, tomamos como referencia el artículo de este autor, puesto que se trata de la visión de un ciudadano norteamericano conocedor de los laberintos de la política, la burocracia y las instituciones de ese país y como operan, tanto en el quehacer cotidiano como en sus proyecciones a mediano y largo plazos.

Después de aludir a una serie de posiciones, actitudes y torpezas de Mr. Trump suficientemente conocidas a nivel mundial, como las de su actuar político caótico y desordenado, cinismo, hábito de mentir y conducta conspirativa; su desconcertante actitud despectiva del conocimiento científico, del saber especializado de los expertos, y su grosero manejo de las relaciones internacionales, según el autor, condujo a “un horroroso desplome de la tradicional reputación de competencia estadounidense”, destruyó el liderazgo de Estados Unidos en “las instituciones multilaterales”. Pero lo más grave que evidenció en el momento en que el Congreso confirmaba el triunfo electoral de Joe Biden, fue su atropello a “los valores y las instituciones que sustentan el Estado de derecho”, entre las que se cuentan “las elecciones libres y justas, la transferencia pacífica del poder, la independencia del poder judicial y de los empleados públicos, la ausencia de acciones legales debidas a intereses políticos, la independencia de los medios de comunicación y la protección de las minorías raciales, religiosas y sexuales”. A todo lo anterior se agregó la falta de respeto por el derecho internacional, de los aliados y de los inversionistas extranjeros.

Para remediar semejantes desafueros las recomendaciones al nuevo presidente son, entre otras, emprender cambios en las consideraciones más importantes que caracterizan la situación del momento: … “económicas por el problema de la desigualdad; …culturales relacionadas con la incorporación de la diversidad y la inclusión en un momento de creciente polarización política, y… mundiales que surgen de la necesidad de cooperar en el plano internacional en una época de agresivo nacionalismo de suma cero”; “recuperar el alma de la nación”; y en esa dirección, dar respuesta a las prioridades más urgentes, entre las que se cuentan: el reingreso al acuerdo climático de París, a la Organización Mundial de la Salud y al pacto nuclear con Irán con alguna modificación. Aboga por recuperar la participación de Estados Unidos en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Unesco y el tratado de Comercio de Armas; eliminar las sanciones punitivas a funcionarios del Tribunal Penal Internacional y el veto a los jueces nombrados por el órgano de apelación de la Organización Mundial del Comercio. Urge a que Biden haga presencia con prontitud en los diferentes conflictos internacionales en los cuales Rusia y China vienen avanzando y ganando terreno debido a las equivocadas actuaciones de Trump, e insiste en pasar de los acuerdos y tratados tradicionales a mecanismos más sencillos y operativos que ya se están usando en la actualidad para avanzar en respuestas rápidas a necesidades urgentes.

De manera especial propone que, en el propósito de recuperar la confianza y la imagen del Congreso, Biden, la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, y el líder de la mayoría en el Senado Mitch McConnell, realicen un proceso de trabajo conjunto, como ya se está haciendo en otras áreas para darle toda la celeridad que la situación nacional e internacional de los Estados Unidos exige.

A pesar de que la lista de temas, situaciones y conflictos que el nuevo gobierno de Estado Unidos debe resolver, según el autor, es bastante larga y compleja, sin incluir todos los que señala, para abreviar resumimos en las siguientes conclusiones:

1)    Mr. Harold simplemente está proponiendo y solicitando que Biden haga lo que Mr. Trump debió hacer bien. Es decir, que corrija las “chantrumpadas” (chambonadas de Trump).

2)    Todos los temas, situaciones y conflictos, tanto internos como externos que, Mr. Harold reclama que el nuevo gobierno resuelva, no van más allá de lo que ha sido y es el actuar cotidiano y en las proyecciones de futuro del gobierno y las instituciones de una superpotencia imperialista, que al menos durante la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, manejó a su antojo los asuntos internacionales.

3)    El autor reclama con urgencia que el nuevo gobierno de “el golpe de timón” y “recupere el alma de la nación” norteamericana, corrigiendo las desastrosas actuaciones de Trump en la política doméstica de Estado Unidos, objetivos inmediatos logrables solo en la medida en que recomponga las relaciones bipartidistas bajo el respeto del Estado de derecho y las instituciones, y que retome la presencia en los conflictos internacionales “para guiar al mundo en la solución de los problemas globales en línea con el Estado de derecho” y con la política de cooperación con los aliados.

4)    Algo que nos llama poderosamente la atención es que, tanto en sus opiniones sobre el tratamiento de la pandemia, como de los desastrosos resultados en el manejo de la política nacional y de los asuntos internacionales, el autor no se sale del recurso polémico poco inteligente y de uso muy frecuente consistente en la personificación de los culpables, el cual permite eludir el análisis, sobre todo, del movimiento real de la economía global y de las causas que determinan el comportamiento de las fuerzas políticas y de las personas.

Desde nuestro punto de vista, el análisis de las anteriores conclusiones, que es lo más importante y en lo que debemos centrar nuestra atención, nos permite plantear, al menos otros problemas clave que Mr. Harold elude.

Sencillamente Mr. Harold Hongju Koh, en su recorrido por todos estos avatares de la política norteamericana, sueña, y no precisamente en forma plácida, dulce y con final feliz, sino en forma de pesadilla, puesto que lo que allí está proponiendo y reclama, es que Estados Unidos vuelva al dominio de superpotencia única que asumió una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo, a su hegemonía unipolar de la última década del siglo XX y primera del XXI. Esta época terminó, y talvez nunca vuelva para Estados Unidos. En los asuntos domésticos, el autor cree que el nuevo gobierno puede recomponer la mítica “estabilidad política bipartidista” y que ésta seguirá de largo, indefinidamente. Esto es simplemente reemplazar el análisis de las causas de la crisis de la economía y la sociedad norteamericanas por fantasías sonambulescas.

Mencionaremos algunas de esas causas, teniendo en cuenta que aquí no podemos extendernos a un análisis más amplio de las mismas. Por ejemplo: la gigantesca campaña anti-comunista mundial desatada una vez terminada la Segunda Guerra Mundial creando bases militares para hacer presencia en todo el mundo, incluida la cortina alrededor de la Unión Soviética entre 1945 y 1953; el posterior despliegue armamentístico para disputarse la hegemonía mundial con la otra superpotencia del capitalismo restaurado en Rusia con su tristemente célebre “guerra fría”, con sus permanentes chantajes y amenazas de guerra nuclear;  su desastrosa intervención en conflictos políticos internos de otros países y pueblos como en Corea y Viet Nam; su imposición en la política económica y monetaria internacional el cambio de la divisa-oro por la divisa-dólar en los años 70 del siglo XX, con lo cual podía acentuar y profundizar el control de la economía mundial a través del BM y del FMI; su imposición de la política del libre comercio o neoliberalismo, como lo denominamos comúnmente, en alianza con su abuela materna, Inglaterra, acompañada de su famosa Revolución (¿o contra-revolución?) Tecnocientífica, y cuyos resultados comprobados y comprobables no son sino el incremento, agravamiento y profundización de la centralización y concentración más escandalosa de la riqueza en un polo y el crecimiento de la pobreza en el otro. En la actualidad, la clase obrera, la clase media en todos sus estratos, y en general el pueblo norteamericano, son más explotados y pobres que en ninguna otra época.

Y todos estos hechos que han demandado actuaciones, las cuales han puesto completamente al descubierto el despotismo del gran capital, su prepotencia y arrogancia, no las produjo ni las hizo Mr. Trump, si bien él puede haberse beneficiado, sobre todo, de las políticas neoliberales, y con esto no es que estemos exonerándolo de responsabilidades, particularmente en los últimos acontecimientos. Mr. Trump no es más que un producto de esa crisis que se ha gestado desde años atrás; lo que él ha hecho es ponerse a la cabeza de unas fuerzas sociales y políticas que están actuando de manera reaccionaria y extremista, frente a un hecho objetivo: la crisis económica, política, social, cultural y moral de una sociedad que gozó por largos años de los beneficios que le produjo el despojo de los resultados del trabajo y las riquezas de otros pueblos, que no conoció las tragedias que vivió Europa por las guerras, ni las miserias de los pueblos de Asía, África, América Latina y Oceanía. Muy bien sabemos y debemos saber que son las grandes corporaciones financieras, los gigantescos monopolios y oligopolios, la élite del capital norteamericano (trans - multinacionales, como se los denomina ahora), las que han movido, mueven y financian a los grupos del Ku Klux Klan, de neo – nazi - fascistas, a grupos religiosos y políticos y por medio de éstos, a amplios sectores de la clase obrera y de otros sectores sociales, condenados al desempleo, a la informalidad y a la extrema pobreza por el gran capital y su política neoliberal, fanatizados todos y movilizados para darle el triunfo a Trump, contra un supuesto “socialismo” que les traerá Biden en alianza con el “Castro-chavismo” y a protagonizar los acontecimientos del Congreso.

En la política exterior, volver … a “guiar al mundo en la solución de los problemas globales en línea con el Estado de derecho” es aún menos probable. A Estados Unidos le toca ahora forzosamente “comer de su propio cocinado”, como dice un proverbio colombiano. Antes y después de 1953, hizo todo lo que estuvo a su alcance para promover, instigar, intervenir y ayudar a los conspiradores dentro y fuera del Partido Comunista (b) de la Unión Soviética para que destruyeran lo que la lucha había permitido construir del Sistema Socialista y RESTAURARAN el capitalismo, creyendo que la nueva burguesía rusa se sometería dócilmente a sus dictados; con sus variantes correspondientes, en China hizo lo mismo. Pero las burguesías respectivas de estos países emprendieron su propio camino. Rusia fue convertida en superpotencia imperialista deseosa de expandirse en cruenta lucha con la otra superpotencia norteamericana y disputarse la hegemonía mundial, desatando la llamada “guerra fría”; luego China le abrió las puertas a las inversiones norteamericanas, echó a la basura lo poco que había construido de socialismo y desarrolló su programa de modernización capitalista, convirtiéndose también, en otra gran potencia capitalista, igualmente interesada en ampliar mercados e influencia en el mundo. Actualmente estas dos grandes potencias, recuperada la una y en acelerado ascenso la otra, han conformado un poderoso bloque imperialista con todas las posibilidades de disputarle a los Estados Unidos en decadencia, el dominio del mundo en todos los terrenos: económico, político y financiero; en lo militar y tecnológico, y en el manejo táctico y estratégico de los asuntos internacionales que, en el momento actual, son muy sensibles.

La Rusia del reformista Gorbachov que colapso en 1989 y la China de Kissinger, intimo compinche de Mao Tse Dong, ya son adornos de museo y los aliados tradicionales de Estados Unidos ya no están tan seguros de poder continuar bajo su paraguas. Este nuevo bloque imperialista ha avanzado mucho recientemente haciendo presencia en todo el mundo. Como todo proyecto imperialista, sus aspiraciones y propósitos son los del dominio del mundo; por tanto, creer que este bloque permitirá que Estados Unidos vulva a imponer todo a su antojo, es, igual que en el escenario interno que hemos visto, otra ilusión, otra pesadilla de sonámbulo que se levanta dormido y echa a andar sin saber para donde va.

Y por último su principal propuesta y recomendación al nuevo gobierno de “recuperar el alma de la nación” norteamericana, en apariencia la más brillante, tampoco contiene más realismo que las anteriores. Y ¿cuál es esa “alma de la nación” norteamericana? ¿En qué o en quienes se fundamenta esa “alma de la nación”? ¿Acaso está fundamentada en la tradición ancestral de las comunidades nativas que fueron diezmadas durante la conquista y después de ella, y recluidas en las Reservas? ¿O en las comunidades afrodescendientes, que si bien fueron liberadas de la esclavitud, aún padecen la discriminación racial? ¿O en las comunidades migrantes europeas, principalmente irlandeses que colonizaron el Norte en la modalidad de granjeros, apabullados hoy por las grandes corporaciones agroindustriales y que constituyeron, sobre todo en el siglo XIX y parte del XX, la fuerza social y política más democrática? ¿O estaría fundamentada en los esclavistas del Sur que a fuerza de las armas tuvieron que ser compelidos a someterse a una institucionalidad y a una normatividad comunes? ¿O serían acaso los colonizadores del Oeste que ya sabemos muy bien como lo colonizaron? ¿O algo tendrían que ver en la conformación de esa “alma de la nación” los migrantes latinoamericanos? ¿O la fundamentación de esa “alma de la nación” hay que perfilarla hoy en los actores de las gigantescas movilizaciones contra el racismo, el autoritarismo y los grupos neo-nazi-fascistas?

En el brumoso horizonte social, político, cultural y moral del mundo actual y particularmente de los Estados Unidos lo único claro para nosotros, es que esa supuesta solidez inconmovible de las instituciones y de la democracia bipartidista de Estados Unidos, van en declive en pleno resquebrajamiento; en el interior la caldera de la lucha de clases hierve y los conflictos políticos se hacen cada vez más amenazadores; la devastadora centralización y concentración de la riqueza en la plutocracia imperial con su dolarización fraudulenta caminan irremisiblemente hacia su hundimiento, hacia el ocaso. Pero en el otro lado del horizonte se perfila la nueva sociedad norteamericana, esa nueva “alma de la nación”. Desde nuestro punto de vista, eso fue lo que se anunciaron las gigantescas movilizaciones contra el racismo, el autoritarismo y los grupos neo – nazi -fascistas de 2020. Por eso, esos grandiosos acontecimientos de la clase obrera y del pueblo norteamericanos, nos han llenado de regocijo y alegría, los hemos apoyado y los apoyaremos. Aunque hasta ahora carezcan de una sólida orientación por parte de una organización política fuerte que les dé continuidad, estabilidad y mayor fortaleza, esta vendrá con el esfuerzo de los luchadores, con su trabajo de racionalización, evaluación permanente y crítica constante para mejorar todo el trabajo de organización, movilización, lucha y desarrollo de la conciencia política para poder actuar más efectivamente.

A nuestro modesto entender, de lo que sí estamos seguros es que, desde el inicio de la constitución del Estado nacional en Norteamérica, uno de los componentes fundamentales fue y es hoy el capital, es decir, las relaciones de producción capitalistas, entre otras cosas, porque muy buena parte del territorio norteamericano de hoy, fue comprada y otra muy buena parte, arrebatada a México. Entones, ¿de qué “alma de la nación” es que se habla? ¿Del “alma nacional” de las gigantescas corporaciones financieras (petroleros, fabricantes de armas, automotores, generadores de energía, fabricantes de electrodomésticos, de alimentos, etc.), ¿de los novísimos gigantes surgidos de la cibernética, la tecnología digital y la informática, del Departamento de Estado, de la CIA, del Pentágono, de las Fuerzas Armadas norteamericanas de invasión? ¿De las instituciones financieras multilaterales BM, FMI, OMC y Tratados multilaterales político-militares, OTAN y otros? No nos cabe ni nos puede caber duda alguna que, de acuerdo a esto, “el alma de la nación” norteamericana HA SIDO Y ES EL DÓLAR, y para que éste continúe fluyendo en abundancia a Norteamérica, hay que “hacer presencia en el mundo entero”, en la forma como lo ha venido haciendo. La cooperación con los aliados de la que tanto se habla es con los que todavía le quedan en América Latina, con Israel y Arabia Saudita en Medio Oriente, Inglaterra en Europa, y los que aún le quedan en Asia, África y Oceanía. “Recomponer las relaciones bipartidistas internas y las relaciones internacionales” y volver a “guiar al mundo en la solución de los conflictos en línea con el Estado de derecho”, no tiene ni puede tener otro sentido.   

 

 

Especial para FARO SOCIAL.

MARINO AUSECHA CERON.

Popayán, enero 19 de 2021.    

viernes, 21 de agosto de 2020

UN DELINCUENTE PRESO EN LA COMODIDAD DOMICILIARIA NO PUEDE OSCURECER NUESTRO PANORAMA POLÍTICO.

 

MAS IMPORTANTE QUE LA DETENCION DOMICILIARIA DE URIBE ES TRABAJAR POR LA GRAN ALIANZA POPULAR DEMOCRATICA Y REVOLUCIONARIA QUE NECESITA NUESTRO PUEBLO.

 

La tormenta desatada por la jauría del Centro Democrático a raíz de la decisión de la Corte Suprema de Justicia de detención domiciliaria de un delincuente que hace años debería haber sido condenado, el señor Álvaro Uribe Vélez, desde luego, ha puesto en tensión a muchas fuerzas políticas y ciudadanía en general. Y no era para menos, al fin y al cabo, este personaje ha sido ungido con la aureola de gran jefe, gran mesías y de “ciudadano ejemplar” por una amplia base social desencantada, atormentada, destrozada y condenada a padecer los horrores de una guerra cruelmente degradada, así él mismo fuera parte de ese ambiente pestilente que se respiraba y que aún hoy sigue enrareciéndolo.

Ante una decisión de la cual se puede decir que muy pocas personas la esperaban, la jauría del Centro Democrático arma la tormenta, llama al pueblo a levantarse contra las Cortes, a exigir que esa decisión sea revocada y si no se revoca, a que el Congreso convoque una Asamblea Constituyente para reformar la Justicia, pues su prepotencia los lleva a creer que se pueden perpetuar indefinidamente en el poder y que su “ciudadano ejemplar” es intocable. Otros, desde el centro derecha como el Grupo de Puebla que lo integran diferentes personalidades de América Latina y por Colombia cuenta con la presencia de Ernesto Samper P. y Clara López O., dicen que esa decisión… “demuestra la fortaleza de la institucionalidad democrática en Colombia, basada en la separación y el respeto de sus poderes públicos”. … A los dirigentes de este sector de la sociedad, de la política y de la opinión, les interesa mantener y consolidar esta imagen, puesto que de lo que se trata es cómo preparar el terreno para las próximas elecciones y de cómo gobernar el siguiente período.

Una amplísima mayoría de la opinión pública del país con tendencias ideológicas y políticas muy heterogéneas está de acuerdo con la decisión de la Corte, incluidos sectores uribistas temerosos unos, inconformes otros, porque confían aún en el sistema burgués y su imparcialidad en la justicia, aunque la historia en todo el mundo, y particularmente en nuestro país demuestra hasta el cansancio que esto no es así. Con mayor razón, el siglo XX y lo que llevamos del XXI, nos muestra con aterradora crudeza que el férreo dominio político de la élite oligárquica no ha tenido ni tiene nada parecido siquiera a un régimen liberal democrático y a una justicia más igualitaria, y en estos últimos años, en pleno régimen narcofascista, menos. Pero aun así, no les falta razón, puesto que al menos eso, psicológicamente les ayuda a descargase un peso de encima.

De esa manera, esta gran mayoría de colombianos simplemente espera que la decisión de la Corte no se quede en la orden de detención provisional domiciliaria de Uribe, sino que lo juzgue y condene. Es decir, espera que esta “Justicia” reinante en Colombia, con lo exiguo o casi nada que tiene de independencia, autonomía y legitimidad para actuar, funcione, al menos en este caso. Salvo muy poca gente, no hay la noción de que impartir justicia igual para todos los ciudadanos, sean quienes sean, no es un problema de simples deseos, de buena voluntad, o simplemente de actitud imparcial de los jueces, sino que requiere otro tipo de relaciones entre gobernantes y gobernados; que estas relaciones dependen de las conquistas que esos grandes sectores sociales hayan alcanzado en su poder de decisión política, en sus derechos y en su capacidad para obligar a los poderes públicos a respetar y hacer respetar las reglas establecidas en ese desigual juego de poderes entre “los de arriba” y “los de abajo”.

Y en el festín de propuestas que se abre, no faltan los deschavetados que aparecen en las aguas turbias y alguno de ellos plantea que “si todavía habrá ingenuos que creen que la Corte va a condenar a Uribe”; con aires de pontífice arguye que como “ni la Corte ni Colombia son independientes”, “juzgar a Uribe implica derrotar –de plano- a los EE. UU. y a toda la casta dominante colombiana”. Los tozudos hechos muestran y demuestran que esto no es cierto. Los imperialistas norteamericanos y sus lacayos en donde están sometidos a su disposición, con sus destartaladas instituciones, entre ellas la rama judicial, cuando algún bandido les “juega sucio”, lo condenan. ¿O eso no fue lo que sucedió con Manuel Antonio Noriega y Vladimiro Montesinos en América Latina? ¿Eso mismo, aunque con procedimientos distintos, no fue lo que sucedió con terroristas y dictadores como Osama bin Laden, Saddam Hussein, Muamar Gadafi en el Medio Oriente? Todos estos personajes fueron buenos sirvientes del imperialismo norteamericano, y algunos de ellos en las filas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), pero llegó el momento en que se volvieron incómodos para los planes tácticos de sus amos e incluso hasta peligrosos, y por eso terminaron como terminaron. ¿No será que Uribe también se les volvió incómodo y necesitan removerlo?

Desgraciadamente, no para nosotros, y quizá tampoco para nuestro pueblo, sino para el “mal pensante” que plantea eso, los ingenuos en Colombia no son ni uno ni dos ni tres; son millones los que todavía creen en la fortaleza de la democracia burguesa y sus instituciones, en el Estado de Derecho y su separación de poderes y en la imparcialidad de la justicia dentro de este sistema. ¿Y no será por eso que ese desafortunado autor termina invitando a que “hay que cogerle la caña” a los uribistas en cuanto a la propuesta de éstos de convocar a una “Asamblea Nacional Constituyente para reformar la justicia”?   

Es por ello que no hay que sobreestimar el hecho de la detención de Uribe creyendo que con eso se puede redimir todos los males de la justicia y sanar todas las heridas que lleva nuestro pueblo, ni tampoco subestimar lo que podríamos y deberíamos hacer las fuerzas democráticas y revolucionarias en el momento, como está planteada la situación, no solo ahora, sino desde el proceso electoral pasado. Desde nuestro espacio político de EL FARO SOCIAL, a fines de 2.017, lanzamos nuestra propuesta por LA GRAN ALIANZA QUE NECESITA LA CONSOLIDACIÓN DEL PROCESO DE PAZ Y LA DEMOCRATIZACION DE LA VIDA SOCIAL Y POLITICA DEL PAIS. Si bien es cierto nuestras debilidades no nos permitieron una difusión amplia de la misma, estamos convencidos que lo que allí expusimos en ese momento fue acertado y sigue teniendo vigencia, y tal vez ahora con mayor razón.

Las elecciones presidenciales de 2.018 las perdimos las fuerzas democráticas y revolucionarias, no porque el uribismo fuera demasiado fuerte, sino porque los sectores y personalidades liberales, los demócratas y los grupos revolucionarios no tuvimos la capacidad para entender el momento y producir los cambios necesarios para llevar adelante esa gran alianza que debió hacerse. Ahora ha comenzado a agitarse esa idea, con la ventaja de que algunas de las personalidades más influyentes como Humberto de La Calle L. y Gustavo Petro ya se pronunciaron por un gran acuerdo nacional; igualmente otros sectores sociales y de opinión lo están haciendo, aunque con diferencias grandes, pero al fin y al cabo en esa dirección, como fruto de que se ha comenzado a sentir con más fuerza y urgencia esa necesidad. Pero además, el Centro Democrático ya no es la misma fuerza unificada como lo era en ese momento; a su interior ya hay grietas que tienden a abrirse y profundizarse aún más. Sin hacernos cuentas alegres, esto es favorable para nosotros.

Desde nuestras modestas capacidades y nuestra posición política, creemos que lo esencial para consolidar una propuesta no solo de orden electoral, sino con la perspectiva de consolidar una fuerza popular, democrática y revolucionaria que sustente esa gran alianza democrática y revolucionaria a mediano y largo plazos, es la construcción de un Programa Político alrededor del cual se unifiquen las fuerzas que lo acojan, comprometiéndose a trabajar por su realización. Este es uno de los grandes retos que tenemos en este momento; el otro es el de comenzar a convocar a todas las fuerzas que sean suceptibles de conformar esa gran unidad, esa fuerza social y política que nos garantice el triunfo en las próximas elecciones y la consolidación del Movimiento Democrático en lo sucesivo. Si bien el triunfo en las próximas elecciones no puede y no debe ser el objetivo máximo en este caso, sí es una de las condiciones esenciales puesto que de lo que se trata es de derrotar y remover la alianza de la “godarria” tradicional y la ultraderecha narcofascista para poder llevar adelante todas las reformas políticas que necesita el país. Dicho programa igualmente debe ser suceptible de modificaciones, en la medida en que el proceso social y político avance.

En nuestro documento anterior señalamos unos puntos que considerábamos fundamentales para la unificación política. Ahora hay que revisar esos puntos y determinar hasta donde siguen siendo válidos para el proyecto de programa del que hablamos aquí. Igualmente adjuntamos a este escrito, el anterior, pues en primer lugar, las variaciones de la situación política en estos dos años no han sido muchas; en segundo lugar, creemos que lo allí expuesto sigue siendo válido; y en tercer lugar, la amarga derrota que padecimos todos por no haber hecho lo que debimos hacer, nos debe servir, al menos, de escarnio. Y si eso no nos alerta, quiere decir que hemos pasado y seguimos pasando el tiempo en vano.

Con mucho aprecio por todos y para todos, del

 

FARO SOCIAL

 

MARINO AUSECHA CERON

 

Popayán, agosto 17/2.020

        

EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

  Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de...