Sin ser la única cuestión, es
en este momento en el que mejor se nos revela el perfil, el papel politiquero y
demagógico que el señor presidente de Colombia, Iván Duque está jugando en
favor de los gremios que agrupan a la reducidísima élite dueña de las
principales actividades económicas del país (grandes industriales,
comerciantes, agroindustriales y demás terratenientes, financieros y de
servicios).
Desde el mes de mayo, este
fiel representante de los sectores económicos y políticos más recalcitrantes y
oligárquicos del país, ha venido bloqueando a la Administración Distrital de
Bogotá, en cabeza de la Alcaldesa
Claudia López, no por ella como persona y como figura pública con
potencialidades de convertirse en opción nacional, sino porque su éxito
político es el mejor aliciente que puede consolidar una amplísima fuerza
política nacional de oposición que,
en difíciles condiciones, ha sostenido la lucha contra la extrema derecha
recalcitrante y todas sus tropelías y barbaridades que ha cometido y sigue
cometiendo, a pesar de la franca bancarrota en que se encuentra.
En una actitud que raya en lo
criminal, Duque ha venido incumpliendo los compromisos de fortalecer la red
pública y privada y todo el sistema de salud para atender con mayor eficiencia
los embates de la pandemia; fue en su condición de mandatario nacional quien,
obedeciendo a las presiones de todos sus patrones, dio luz verde a la apertura
de diferentes actividades económicas, en momentos en que el ascenso de los
contagios no estaba aún controlado ni existía la suficiente capacidad de atención
a la pandemia, medidas a las que se había opuesto la alcaldesa, no porque se
opusiera a la reactivación económica, sino porque consideraba hacerlo de una
manera más lenta, pausada, ordenada y con una preparación más rigurosa.
Peor aun cuando fue él,
obedeciendo a las presiones del gran comercio, quien dio luz verde de manera
deliberada y calculada a la reactivación comercial, eximiendo a esos grandes
comerciantes del pago del IVA, más las gabelas que obtuvieron con las alzas de
precios que hicieron a última hora. Sin embargo, se convirtió en un verdadero
fiasco al darle vía libre a una medida que, desde el punto de vista del manejo
de la pandemia, se llevó a cabo de una manera totalmente improvisada,
atolondrada e irresponsable, sin el cumplimiento de estrictos controles, como
debía hacerse.
Al igual que Claudia López, no
negamos ni desconocemos la necesidad de la apertura y reactivación económica porque,
a la larga, sin producción y sin intermediación comercial y consumo, tampoco
podrá garantizarse la vida en el país y en el mundo. No obstante, más allá de
los discursos “inclusivos”, es necesario devolverle la capacidad de decisión a
las comunidades, entregarles la capacidad de control y poner todos los medios
necesarios a su disposición, algo a lo cual esas minorías oligárquicas y todos
sus sirvientes le han tenido, le tienen y le seguirán teniendo terror.
Como hemos dicho al principio,
el asunto al que hemos hecho mención aquí no es el único que ha quedado al
desnudo debido al agravamiento de la situación por la acción de la pandemia.
Hasta sus propios áulicos se han visto obligados a reconocer la corruptela bandidesca
alrededor de la contratación con los dineros destinados a mitigar los efectos
de la pandemia; como los subsidios se han dirigido a beneficiar a las grandes
industrias, la reactivación comercial dirigida a beneficiar a las grandes superficies
y no al pequeño comercio que es el verdadero damnificado, la reactivación de
las actividades productivas agropecuarias hechas para el beneficio de los
grandes agroindustriales y terratenientes, y para el pequeño productor, si
acaso, unos auxilios asistencialistas, con una incertidumbre completa en cuanto
a las posibilidades de retorno a las actividades educativas normales y por las
secuelas negativas que va a ocasionar una educación virtual que arrastra un
retraso enorme, con un sistema de salud que ha puesto a la luz del día la
calamitosa situación en que trabaja todo el personal médico y demás
trabajadores; temas sobre los cuales podríamos exponer nuestra posición
crítica, pero hemos escogido el mencionado antes, porque está más a la vista en
la vitrina del señor Duque.
Dicha vitrina en la cual se ha
dedicado todos los días de 6 a 6 y media de la tarde a embellecer el desastroso
manejo de una situación tan delicada como esta, a pretender ocultar las
realidades desagradables que no convienen, a recibir elogios de sus ministros y
de otros áulicos que no faltan, a oscurecer y poner sombras sobre los logros de
gobernantes locales por fuera de sus mandatos y decisiones, a darle preferencia
a quienes se suman al coro de alabanzas y a perseguir a quienes, con altivez,
asumen una posición crítica independiente como la Alcaldesa de Bogotá y otros mandatarios
locales que, con mucha gallardía han asumido actitudes y decisiones autónomas.
Es desde ese espacio televisivo que puede seguir no solo “metiéndole los dedos
en la boca” al pueblo, sino que, además, este le pide la mano para “metérselos
él mismo”.
Independientemente de las
diferencias que nos separan de las maneras, de buena parte de los objetivos y
propósitos políticos y de criterios de Claudia López y del Partido Verde que
ella representa, creemos que los golpes que el señor Duque y la jauría del
Centro Democrático dirigen en su contra, no son para ella propiamente. El
blanco son todas las fuerzas democráticas del país, y por ello les proponemos y
las convocamos con fraternidad y respeto a que le demos de manera expresa un
respaldo nacional a su administración, a su entereza para luchar contra unas
fuerzas siniestras que tratan soterradamente de bloquear sus acciones en el
manejo de una situación como la pandemia en Bogotá, a que la rodeemos de un
apoyo político acogedor y solidario, ahora que es cuando más se necesita.
No olvidemos que, si esas
fuerzas logran hacer fracasar la administración de Claudia, este no sería su
fracaso, sería el de todas las fuerzas democráticas del país. Ya lo hicieron
con Petro, lo han hecho en tantas otras ocasiones y seguirá sucediendo mientras
los revolucionarios y las fuerzas democráticas - por prejuicios, por
ignorancia, por negligencia o por cualquier otro motivo - dejemos de
actuar en los momentos cruciales que la historia pone sobre el escenario y que
la realidad nos exige.
Fraternalmente.
Marino Ausecha Cerón
FARO SOCIAL DEL
CAUCA
Popayán, junio 30/2.020
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