lunes, 9 de junio de 2025

LOS DISCURSOS Y LAS PALABRAS SE AGOTAN, PERO EL HORROR CONTINUA EN GAZA

 

 

LOS DISCURSOS Y LAS PALABRAS SE AGOTAN, PERO EL HORROR CONTINUA EN GAZA

No hay palabras; ya no quedan recursos lingüísticos ni duros ni suaves. Ya no quedan formas de expresión elegantes y decentes ni brutales que valgan. No hay paciencia ni ira que puedan ser atendidas. Las escenas televisadas que hemos tenido que presenciar, no hay lenguaje que pueda nombrarlas, definirlas ni calificarlas. Del terror al horror y al suplicio y, de éste, al gran grito desesperado que se ahoga en la oscuridad de un mundo harto de sangre, suplicio y terror. De las montoneras de escombros a la agonía y desfallecimiento de cuerpos famélicos. Eso es lo que nos han servido de sobremesa en imágenes indescifrables. ¿Tragedias de la Historia ya idas en el tiempo? ¿Estamos en Auschwitz (Polonia), o en los Campos de Concentración nazis en Alemania? ¿O en las selvas tropicales de Vietnam incendiadas con fósforo blanco para “desinfectarlas” de guerrilleros que defendían su tierra, su patria y su derecho a vivir y ser como son?

No. Estamos en la Franja de Gaza, en lo que fuera territorio palestino, en la segunda década del siglo XXI (2.025). Y decimos en lo que fuera porque el pueblo palestino, un pueblo milenario que no solo es originario de allí, sino que, desde allí, ha contribuido al enriquecimiento de la llamada civilización occidental, está sometido a las modernas guerras de “limpieza étnica” y como no, de “indeseables” guerrilleros que, así sea con las ideologías y justificaciones que sea, defienden su tierra, su patria y su cultura. Estamos en lo que podríamos llamar el “patio trasero de Europa Occidental”, de esa Europa señorial, civilizada y refinada que desde hace miles de años, en nombre de esa civilización, de la raza superior y del progreso, ha invadido, ocupado, maltratado y herido, prácticamente de manera incurable, a los pueblos semitas, árabes y a toda la población negra de África, entre otros.

No hay Jurisdicción Internacional que valga, Derechos Humanos ni Derecho Internacional humanitario. No hay Naciones Unidas ni instancia o institución internacional que se levante y asuma la responsabilidad de detener el brazo genocida de los Carniceros de Gaza. Las imágenes de los palestinos en Gaza, sitiados, perseguidos como si fueran roedores indeseables, bombardeados y destruidos, despojados y desalojados de su territorio, deambulando famélicos por entre las ruinas, agolpándose sobre los camiones cargados de “ayuda humanitaria” de las Naciones Unidas, ante el desespero del hambre, la sed y la desnutrición, es

 

tan impactante, que nos cuesta demasiado  esfuerzo entender y acepar que no se trata de catástrofes o imágenes fantásticas de otras épocas, de otros mundos, sino de realidades que están  sucediendo en este mundo en el que estamos viviendo ahora, no tan lejos de nuestra tierra.

Porque no nos digamos mentiras; no sigamos engañándonos a nosotros mismos o viviendo de nuestro propio engaño; semejante atrocidad a la que está siendo sometido el pueblo palestino, no es un  hecho aislado y ajeno a la gran disputa global de los grupos imperialistas por el reparto y dominio mundial en plena decadencia de este sistema capitalista-imperialista de destrucción y muerte;  es, por el contrario ésta, la que está llevando a tales extremos de vandalismo y barbarie al mundo entero a la situación en que nos encontramos. La geopolítica y la lógica de ese bandolerismo que les es consustancial, es vaciar territorios y llenarlos nuevamente con lo que necesitan y les conviene. La guerra en Ucrania iniciada por un bloque imperialista, a la larga no era en contra de la instalación de un gobierno fascista como el de Zelensky por parte del otro bloque imperialista y para defender al pueblo ucraniano; tanto a los unos como a los otros, en cuanto son grupos imperialistas, les importa un rábano que esos gobiernos sean de derecha o de “izquierda”; lo que les interesa y necesitan, es que les sean funcionales a sus propósitos de arrebatarse espacios del uno al otro; y desde luego, en Ucrania lo que les interesaba era controlar territorios donde están ubicados grandes yacimientos de minerales estratégicos. Por eso, ahora, al ver que esa guerra les está llevando a peligros que ya los puede hundir a ellos mimos y a un desgaste del que no van a obtener nada, dan el giro y buscan negociar, pero eso sí, repartiéndose el territorio, cada uno con su porción de lo que buscan y necesitan.

No tenemos conocimiento si en lo que ha sido el territorio ancestral palestino, existan ese tipo de recursos. Pero lo que si sabemos es que la región del Oriente Medio, ha sido, desde tiempos inmemoriales, una zona estratégica donde han confluido intereses de diferentes imperios, desde la antigüedad. Con mayor razón, a comienzos del siglo XX, cuando se disparó el uso y consumo de los combustibles fósiles, puesto que allí los encontraron en abundancia, de fácil explotación y relativamente cerca a los grandes centros de consumo. Es por esta razón que la región se convirtió en uno de los objetivos más importantes de la disputa imperialista por parte de los ingleses, franceses, alemanes y, en cierta forma de norteamericanos y japoneses, que ya entraban en la disputa, a partir de la Primera Guerra Mundial. Con mayor razón lo fue en la Segunda Guerra Mundial.

 

Y hoy, después de la tan manoseada crisis energética y el desastre ambiental que ha contribuido a agravar de manera muy significativa, el uso y abuso de los combustibles fósiles, la región sigue y seguirá siendo objetivo primordial de disputa imperialista, así se acabe el uso del petróleo, porque no es éste el único motivo que ha convertido a la región en un área estratégica. Con agrupaciones imperialistas diferentes y con algunos nuevos actores en la disputa, la región sigue siendo foco de tensiones mundiales. Y no solo de tensiones, sino bandolerismo y bandidaje imperialista. Así lo hemos presenciado con nuestros propios ojos en las guerras de Irán-Iraq en los años 80 y 90, en la invasión rusa a Afganistán en los 90, en el bombardeo norteamericano a Iraq con el argumento de que éste “poseía armas de destrucción masiva”, la persecución contra Al-Qaeda y el paramilitarismo del Estado Islámico para tratar de controlar Estados, gobiernos e impedir la presencia de los imperialistas rusos en la región,  la invasión norteamericana a Afganistán, el bandolerismo desatado en Túnez y sobre todo en Libia después del derrocamiento de Muamar el Gadafi, y ahora la carnicería desatada por el sionismo israelí contra el pueblo palestino.

De manera específica, al pueblo palestino le llegó la larga noche oscura y la cadena de tragedias que hoy vive, a partir de 1.948, cuando las Naciones Unidas emitieron la Resolución de creación del Estado israelí, asignándole una porción del territorio palestino, principalmente cediendo a las presiones de los gobiernos inglés, norteamericano y de poderosas familias judías que habían acumulado grandes fortunas en Europa y EE. UU., apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, momento en el que el imperialismo norteamericano emprende su gran ofensiva política y militar contra la Unión Soviética que había salido fortalecida, al haber derrotado la infernal máquina de guerra del fascismo alemán y haber ampliado el Campo Socialista. Para ese entonces, Palestina seguía siendo colonia bajo el dominio inglés. Por tanto, a estos y a los norteamericanos les interesaba seguir manteniendo el control sobre el territorio, población e instituciones palestinos.

Para esos propósitos, no había mejor aliado que el nuevo Estado de Israel creado y ubicado a propósito donde fue ubicado, a instancias de Inglaterra y EE. UU., portador de viejos resentimientos por haber sido un pueblo nómade, que no tuvo un lugar fijo de asentamiento o territorio en el espacio de origen, esclavizado por imperios europeos y sometido a muchos y variados tipos de exclusión, sin duda alguna, pero además, víctima del horror nazi, lo que indudablemente influyó para

 

que, como mecanismo de defensa y resistencia,  creara esa corriente ideológica y política del sionismo judío, xenófoba, racista y ultra reaccionaria, con la cual justifica los horrores que lleva acabo hoy contra el pueblo palestino. Por ello, ante cualquier respuesta crítica y de rechazo a esas acciones suyas, automáticamente responden calificándolas de antisemitas y antisemitismo, precisamente porque los pueblos de origen árabe y con mayor razón los semitas fueron, durante miles de años, invadidos, ocupados maltratados y heridos por diferentes imperios, pero principalmente por los imperios europeos.

Al poco tiempo de haber sido constituido e instalado el Estado de Israel en la parte de territorio palestino que le asignaron las Naciones Unidas, iniciaron la política expansionista de ir ganando territorio mediante la modalidad de ir colocando colonias judías más y más allá de los límites que le señalaron al principio, y esa política continúo, hasta que hoy ya prácticamente, el pueblo palestino ha sido despojado de todo su territorio. Todo esto promovido, apoyado y acompañado por los imperialistas norteamericanos e ingleses, con la complicidad de las Naciones Unidas y desde luego, contando con el silencio, complicidad y beneplácito la civilizada Europa Occidental.

Ya hoy las acciones criminales del sionismo que es el que decide y gobierna en el Estado de Israel, han llegado a tales extremos inconcebibles que, hasta sectores democráticos y liberales dentro de la sociedad judía y de ese Estado, han comenzado a reaccionar, movilizarse y oponerse a semejante carnicería. Antes y durante 2.024, hubo en diferentes partes del mundo grandes movilizaciones y manifestaciones de rechazo a las atrocidades de los carniceros de Gaza y de apoyo al pueblo palestino. Hemos reconocido la importancia de las decisiones del gobierno colombiano de Gustavo Petro en el sentido de terminar negociaciones comerciales y, en particular de instrumental militar con el Estado de Israel y de asumir, de alguna manera, una posición de apoyo a pueblo palestino. Ahora celebramos con regocijo la reciente decisión que tomó en España el Ayuntamiento de la municipalidad de Barcelona, de terminar el tratado de amistad e intercambio comercial y cultural con el gobierno de Israel, en una clara posición de rechazo a lo que está haciendo en Gaza y en de apoyo del pueblo palestino. Pero consideramos que todo esto es relativamente muy poco, débil y no alcanza a revertir esa monstruosidad.

Como revolucionarios, como demócratas y como personas, grupos, organizaciones o Partidos, tenemos que hacer conciencia que esa disputa global de los bloques

 

imperialistas con todas las implicaciones y consecuencias a que acarrea con el bandidaje que han puesto en marcha, no es asunto solo de Oriente Medio y particularmente del pueblo palestino. Ya estamos suficientemente enterados que la trans-multinacional del narcotráfico es un poderoso sector de la economía mundial, que ya no se reduce a los carteles locales como existieron en Colombia, o las mafias rusas e italianas. Hoy hace parte de los poderosos agrupamientos económicos mundiales con socios en diferentes países de Europa, Asia, EE. UU. y América Latina. Es muy bien sabido ya que esta poderosa fuerza económica no solo mueve los mercados del narcotráfico, sino también los de armas y de la minería ilegal, y es esta la que actualmente financia a las fuerzas políticas de extrema derecha y a los neonazis fascistas. Y para nadie es un secreto que estas poderosas fuerzas tienen una amplia actividad de narcotráfico y minería ilegal en América Latina a través de México, El Salvador, Guatemala, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, principalmente y que una alta proporción de la violencia en estos países, se debe a la presencia y acción de estas fuerzas.

Y como revolucionarios, no podemos desconocer ni promover el desconocimiento del derecho del pueblo judío a tener su territorio, a organizar su vida y sus instituciones de manera autónoma y propia, pero de ninguna manera y bajo ningún pretexto, podemos aceptar y callar su conducta y actuar criminales contra el pueblo palestino. Somos conscientes de que la única salida confiable, viable y duradera que ponga fin a ese horror, es que Estado y pueblo judío vuelvan al Área que les fuera asignada en 1.948 por las Naciones Unidas y devuelvan todo lo que le pertenece al pueblo palestino; que reconozca y acepte la existencia del pueblo palestino y su Estado; que este Estado palestino sea internacionalmente reconocido, y que pueblo y Estado palestinos puedan hacer su vida también de manera libre y autónoma.

Que sean reconocidos internacionalmente los dos Estados y mutuamente se reconozcan y acepten su existencia. No hay más solución posible que pueda poner a andar la solución del conflicto y construir una paz duradera. Y somos conscientes que en la situación actual y en la correlación de fuerzas existente, esta solución no es posible realizarla, puesto que ella necesita una gran fuerza política revolucionaria y democrática capaz de derrotar a esa fuerza ideológica, religiosa y política del sionismo judío, y apoyarse en las fuerzas democráticas de Israel que acepten esa solución; pero esa fuerza no existe ahora. Mientras tanto, hay que créala e ir ganando terreno mediante las acciones que a continuación proponemos.           

 

La anterior solución no está a la vuelta de la esquina, pero como revolucionarios, no podemos quedarnos paralizados esperando que ella llegue por si sola. Creemos que todas las fuerzas políticas revolucionarias, progresistas y democráticas a nivel mundial, podemos y debemos hacer mucho más para denunciar y luchar contra la matanza en Gaza. Podemos hacer mucho más por derrotar el sionismo en Israel encabezado por Netanyahu y sus auspiciadores en Inglaterra y EE. UU. Creemos que el pueblo palestino necesita, ahora más que nunca, un amplio Movimiento Político de apoyo internacional decidido, constante y en ascenso. Nuestra condición de revolucionarios no nos permite permanecer indiferentes y tranquilos ante los horrores que padece el pueblo palestino causados por esa fuerza ultra reaccionaria. Nos parece que es perfectamente posible realizar denuncias, plantones, mítines, marchas, protestas, permanentes ante las embajadas de Israel en todo el mundo, y donde sea posible hacer grandes movilizaciones de condena y rechazo al sionismo israelí y la barbarie a que ha sometido al pueblo palestino en Gaza.

 

EL FARO SOCIAL

Popayán, junio 6 de 2.025        

         

   

 

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