LOS DISCURSOS Y LAS PALABRAS SE AGOTAN, PERO EL HORROR
CONTINUA EN GAZA
No hay palabras; ya no quedan recursos lingüísticos ni duros ni suaves. Ya
no quedan formas de expresión elegantes y decentes ni brutales que valgan. No
hay paciencia ni ira que puedan ser atendidas. Las escenas televisadas que hemos
tenido que presenciar, no hay lenguaje que pueda nombrarlas, definirlas ni
calificarlas. Del terror al horror y al suplicio y, de éste, al gran grito
desesperado que se ahoga en la oscuridad de un mundo harto de sangre, suplicio
y terror. De las montoneras de escombros a la agonía y desfallecimiento de
cuerpos famélicos. Eso es lo que nos han servido de sobremesa en imágenes
indescifrables. ¿Tragedias de la Historia ya idas en el tiempo? ¿Estamos en Auschwitz
(Polonia), o en los Campos de Concentración nazis en Alemania? ¿O en las selvas
tropicales de Vietnam incendiadas con fósforo blanco para “desinfectarlas” de
guerrilleros que defendían su tierra, su patria y su derecho a vivir y ser como
son?
No. Estamos en la Franja de Gaza, en lo que fuera territorio
palestino, en la segunda década del siglo XXI (2.025). Y
decimos en lo que fuera porque el pueblo palestino, un pueblo
milenario que no solo es originario de allí, sino que, desde allí, ha
contribuido al enriquecimiento de la llamada civilización occidental, está
sometido a las modernas guerras de “limpieza étnica” y como no, de
“indeseables” guerrilleros que, así sea con las ideologías y justificaciones
que sea, defienden su tierra, su patria y su cultura. Estamos en lo que
podríamos llamar el “patio trasero de Europa Occidental”, de esa Europa señorial,
civilizada y refinada que desde hace miles de años, en nombre de esa
civilización, de la raza superior y del progreso, ha invadido, ocupado,
maltratado y herido, prácticamente de manera incurable, a los pueblos semitas, árabes
y a toda la población negra de África, entre otros.
No hay Jurisdicción Internacional que valga, Derechos Humanos ni Derecho
Internacional humanitario. No hay Naciones Unidas ni instancia o institución
internacional que se levante y asuma la responsabilidad de detener el brazo
genocida de los Carniceros de Gaza. Las imágenes de los palestinos en Gaza,
sitiados, perseguidos como si fueran roedores indeseables, bombardeados y
destruidos, despojados y desalojados de su territorio, deambulando famélicos
por entre las ruinas, agolpándose sobre los camiones cargados de “ayuda
humanitaria” de las Naciones Unidas, ante el desespero del hambre, la sed y la
desnutrición, es
tan impactante, que nos cuesta demasiado
esfuerzo entender y acepar que no se trata de catástrofes o imágenes
fantásticas de otras épocas, de otros mundos, sino de realidades que están sucediendo en este mundo en el que estamos
viviendo ahora, no tan lejos de nuestra tierra.
Porque no nos digamos mentiras; no sigamos engañándonos a nosotros mismos o
viviendo de nuestro propio engaño; semejante atrocidad a la que está siendo
sometido el pueblo palestino, no es un
hecho aislado y ajeno a la gran disputa global de los grupos
imperialistas por el reparto y dominio mundial en plena decadencia de este
sistema capitalista-imperialista de destrucción y muerte; es, por el contrario ésta, la que está
llevando a tales extremos de vandalismo y barbarie al mundo entero a la
situación en que nos encontramos. La geopolítica y la lógica de ese
bandolerismo que les es consustancial, es vaciar territorios y llenarlos
nuevamente con lo que necesitan y les conviene. La guerra en Ucrania iniciada
por un bloque imperialista, a la larga no era en contra de la instalación de un
gobierno fascista como el de Zelensky por parte del otro bloque imperialista y
para defender al pueblo ucraniano; tanto a los unos como a los otros, en cuanto
son grupos imperialistas, les importa un rábano que esos gobiernos sean de
derecha o de “izquierda”; lo que les interesa y necesitan, es que les sean
funcionales a sus propósitos de arrebatarse espacios del uno al otro; y desde
luego, en Ucrania lo que les interesaba era controlar territorios donde están
ubicados grandes yacimientos de minerales estratégicos. Por eso, ahora, al
ver que esa guerra les está llevando a peligros que ya los puede hundir a ellos
mimos y a un desgaste del que no van a obtener nada, dan el giro y buscan
negociar, pero eso sí, repartiéndose el territorio, cada uno con su porción de
lo que buscan y necesitan.
No tenemos conocimiento si en lo que ha sido el territorio ancestral
palestino, existan ese tipo de recursos. Pero lo que si sabemos es que la
región del Oriente Medio, ha sido, desde tiempos inmemoriales, una zona
estratégica donde han confluido intereses de diferentes imperios, desde la
antigüedad. Con mayor razón, a comienzos del siglo XX, cuando se disparó el uso
y consumo de los combustibles fósiles, puesto que allí los encontraron en
abundancia, de fácil explotación y relativamente cerca a los grandes centros de
consumo. Es por esta razón que la región se convirtió en uno de los objetivos
más importantes de la disputa imperialista por parte de los ingleses,
franceses, alemanes y, en cierta forma de norteamericanos y japoneses, que ya
entraban en la disputa, a partir de la Primera Guerra Mundial. Con mayor razón
lo fue en la Segunda Guerra Mundial.
Y hoy, después de la tan manoseada crisis energética y el desastre
ambiental que ha contribuido a agravar de manera muy significativa, el uso y
abuso de los combustibles fósiles, la región sigue y seguirá siendo objetivo
primordial de disputa imperialista, así se acabe el uso del petróleo, porque no
es éste el único motivo que ha convertido a la región en un área estratégica.
Con agrupaciones imperialistas diferentes y con algunos nuevos actores en la disputa,
la región sigue siendo foco de tensiones mundiales. Y no solo de tensiones,
sino bandolerismo y bandidaje imperialista. Así lo hemos presenciado con
nuestros propios ojos en las guerras de Irán-Iraq en los años 80 y 90, en la
invasión rusa a Afganistán en los 90, en el bombardeo norteamericano a Iraq con
el argumento de que éste “poseía armas de destrucción masiva”, la persecución
contra Al-Qaeda y el paramilitarismo del Estado Islámico para tratar de
controlar Estados, gobiernos e impedir la presencia de los imperialistas rusos
en la región, la invasión norteamericana
a Afganistán, el bandolerismo desatado en Túnez y sobre todo en Libia después
del derrocamiento de Muamar el Gadafi, y ahora la carnicería desatada por el
sionismo israelí contra el pueblo palestino.
De manera específica, al pueblo palestino le llegó la larga noche oscura y
la cadena de tragedias que hoy vive, a partir de 1.948, cuando las Naciones
Unidas emitieron la Resolución de creación del Estado israelí, asignándole una porción
del territorio palestino, principalmente cediendo a las presiones de los
gobiernos inglés, norteamericano y de poderosas familias judías que habían
acumulado grandes fortunas en Europa y EE. UU., apenas terminada la Segunda
Guerra Mundial, momento en el que el imperialismo norteamericano emprende su
gran ofensiva política y militar contra la Unión Soviética que había salido
fortalecida, al haber derrotado la infernal máquina de guerra del fascismo
alemán y haber ampliado el Campo Socialista. Para ese entonces, Palestina
seguía siendo colonia bajo el dominio inglés. Por tanto, a estos y a los
norteamericanos les interesaba seguir manteniendo el control sobre el
territorio, población e instituciones palestinos.
Para esos propósitos, no había mejor aliado que el nuevo Estado de Israel
creado y ubicado a propósito donde fue ubicado, a instancias de Inglaterra y
EE. UU., portador de viejos resentimientos por haber sido un pueblo nómade, que
no tuvo un lugar fijo de asentamiento o territorio en el espacio de origen, esclavizado
por imperios europeos y sometido a muchos y variados tipos de exclusión, sin
duda alguna, pero además, víctima del horror nazi, lo que indudablemente
influyó para
que, como mecanismo de defensa y resistencia, creara esa corriente ideológica y política del
sionismo judío, xenófoba, racista y ultra reaccionaria, con la cual justifica
los horrores que lleva acabo hoy contra el pueblo palestino. Por ello, ante
cualquier respuesta crítica y de rechazo a esas acciones suyas, automáticamente
responden calificándolas de antisemitas y antisemitismo, precisamente porque
los pueblos de origen árabe y con mayor razón los semitas fueron, durante miles
de años, invadidos, ocupados maltratados y heridos por diferentes imperios,
pero principalmente por los imperios europeos.
Al poco tiempo de haber sido constituido e instalado el Estado de Israel en
la parte de territorio palestino que le asignaron las Naciones Unidas,
iniciaron la política expansionista de ir ganando territorio mediante la
modalidad de ir colocando colonias judías más y más allá de los límites que le
señalaron al principio, y esa política continúo, hasta que hoy ya
prácticamente, el pueblo palestino ha sido despojado de todo su territorio.
Todo esto promovido, apoyado y acompañado por los imperialistas norteamericanos
e ingleses, con la complicidad de las Naciones Unidas y desde luego, contando
con el silencio, complicidad y beneplácito la civilizada Europa Occidental.
Ya hoy las acciones criminales del sionismo que es el que decide y gobierna
en el Estado de Israel, han llegado a tales extremos inconcebibles que, hasta sectores
democráticos y liberales dentro de la sociedad judía y de ese Estado, han
comenzado a reaccionar, movilizarse y oponerse a semejante carnicería. Antes y
durante 2.024, hubo en diferentes partes del mundo grandes movilizaciones y
manifestaciones de rechazo a las atrocidades de los carniceros de Gaza y de apoyo
al pueblo palestino. Hemos reconocido la importancia de las decisiones del
gobierno colombiano de Gustavo Petro en el sentido de terminar negociaciones
comerciales y, en particular de instrumental militar con el Estado de Israel y
de asumir, de alguna manera, una posición de apoyo a pueblo palestino. Ahora
celebramos con regocijo la reciente decisión que tomó en España el Ayuntamiento
de la municipalidad de Barcelona, de terminar el tratado de amistad e
intercambio comercial y cultural con el gobierno de Israel, en una clara
posición de rechazo a lo que está haciendo en Gaza y en de apoyo del pueblo
palestino. Pero consideramos que todo esto es relativamente muy poco, débil y
no alcanza a revertir esa monstruosidad.
Como revolucionarios, como demócratas y como personas, grupos,
organizaciones o Partidos, tenemos que hacer conciencia que esa disputa global
de los bloques
imperialistas con todas las implicaciones y consecuencias a que acarrea con
el bandidaje que han puesto en marcha, no es asunto solo de Oriente Medio y
particularmente del pueblo palestino. Ya estamos suficientemente enterados que
la trans-multinacional del narcotráfico es un poderoso sector de la economía
mundial, que ya no se reduce a los carteles locales como existieron en
Colombia, o las mafias rusas e italianas. Hoy hace parte de los poderosos
agrupamientos económicos mundiales con socios en diferentes países de Europa,
Asia, EE. UU. y América Latina. Es muy bien sabido ya que esta poderosa fuerza
económica no solo mueve los mercados del narcotráfico, sino también los de
armas y de la minería ilegal, y es esta la que actualmente financia a las
fuerzas políticas de extrema derecha y a los neonazis fascistas. Y para nadie
es un secreto que estas poderosas fuerzas tienen una amplia actividad de
narcotráfico y minería ilegal en América Latina a través de México, El Salvador,
Guatemala, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, principalmente y que
una alta proporción de la violencia en estos países, se debe a la presencia y
acción de estas fuerzas.
Y como revolucionarios, no podemos desconocer ni promover
el desconocimiento del derecho del pueblo judío a tener su territorio, a
organizar su vida y sus instituciones de manera autónoma y propia, pero de
ninguna manera y bajo ningún pretexto, podemos aceptar y callar su conducta y
actuar criminales contra el pueblo palestino. Somos conscientes de que la única
salida confiable, viable y duradera que ponga fin a ese horror, es que Estado y
pueblo judío vuelvan al Área que les fuera asignada en 1.948 por las Naciones
Unidas y devuelvan todo lo que le pertenece al pueblo palestino; que reconozca
y acepte la existencia del pueblo palestino y su Estado; que este Estado
palestino sea internacionalmente reconocido, y que pueblo y Estado palestinos
puedan hacer su vida también de manera libre y autónoma.
Que sean reconocidos internacionalmente los dos Estados y mutuamente se
reconozcan y acepten su existencia. No hay más solución posible que pueda poner
a andar la solución del conflicto y construir una paz duradera. Y somos
conscientes que en la situación actual y en la correlación de fuerzas
existente, esta solución no es posible realizarla, puesto que ella necesita una
gran fuerza política revolucionaria y democrática capaz de derrotar a esa
fuerza ideológica, religiosa y política del sionismo judío, y apoyarse en las fuerzas
democráticas de Israel que acepten esa solución; pero esa fuerza no existe ahora.
Mientras tanto, hay que créala e ir ganando terreno mediante las acciones que a
continuación proponemos.
La anterior solución no está a la vuelta de la esquina, pero como
revolucionarios, no podemos quedarnos paralizados esperando que ella llegue por
si sola. Creemos que todas las fuerzas políticas revolucionarias, progresistas
y democráticas a nivel mundial, podemos y debemos hacer mucho más para
denunciar y luchar contra la matanza en Gaza. Podemos hacer mucho más por
derrotar el sionismo en Israel encabezado por Netanyahu y sus auspiciadores en
Inglaterra y EE. UU. Creemos que el pueblo palestino necesita, ahora más que
nunca, un amplio Movimiento Político de apoyo internacional decidido, constante
y en ascenso. Nuestra condición de revolucionarios no nos permite permanecer
indiferentes y tranquilos ante los horrores que padece el pueblo palestino
causados por esa fuerza ultra reaccionaria. Nos parece que es perfectamente
posible realizar denuncias, plantones, mítines, marchas, protestas, permanentes
ante las embajadas de Israel en todo el mundo, y donde sea posible hacer
grandes movilizaciones de condena y rechazo al sionismo israelí y la barbarie a
que ha sometido al pueblo palestino en Gaza.
EL FARO SOCIAL
Popayán, junio 6 de 2.025
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