“Si
el Presidente Petro no hace un replanteamiento de fondo de su gobierno, el país
caerá peligrosamente en manos de la política extrema violenta y militarista. No
será algo nuevo, pero si será mucho peor que lo que hemos vivido hasta ahora,
porque con el pretexto de que está gobernando la izquierda le atribuirán a
Petro todo lo que ellos hicieron: la pobreza, el atraso, la violencia, la
inseguridad, el olvido del país, la falta de una economía productiva, que nos
ha dejado en poder de las mafias”. (William Ospina, EL ESPECTADOR. Junio
30/2.024).
Lo
que aquí nos dice William Ospina no es nada distinto de lo que, con tanta
perfidia, nos fastidian los oídos todos los días la extrema derecha vaciando
todo lo malo contra él, y paradójicamente desde la otra orilla, atribuyéndole
todo lo bueno o, exigiéndole que resuelva y haga todo él, como persona. Y no es
que digamos esto con el ánimo de descalificar al Dr. Ospina. Entre otras cosas
porque hemos advertido un cierto cambio de su tono pendenciero contra Petro.
Por lo menos en el anterior artículo reconoce que, si el gobierno Petro no
mejora en el resto de tiempo que le queda, el país caerá en “la política
extrema violenta y militarista” y, por tanto, debe hacer “un replanteamiento de
fondo de su gobierno”. Hemos elegido su opinión a propósito porque nos da una
oportunidad magnífica de descargar todo el peso de nuestra crítica contra ella,
a sabiendas de que esa manía inveterada de explicar los problemas económicos,
políticos y sociales personalizándolos, no es de su exclusiva cosecha.
He
aquí la silueta diáfana de la mitomanía, de la leyenda, de la gran mentira de
los hombres predestinados, de los individuos con poderes mágicos, capaces de
resolver, desde los problemas más simples hasta los más difíciles en
situaciones muy complejas. Desde las épocas heroicas en los inicios de las
civilizaciones antiguas que modelaron en la imaginación de los creyentes, sus
dioses, semi-dioses, héroes, profetas, mesías, reyes y sacerdotes, únicos seres
humanos dotados de poderes especiales capaces de conducir a sus pueblos y, por
tanto, de hacer historia, hasta la conciencia e ideología liberal de los
tiempos modernos y posmodernos
creadoras de la imagen de los superhombres, capaces vencer a “las fuerzas del
mal”, triunfar y proteger, “él solo” (el superhombre), como individuo, a los
demás mortales, resolverlo todo y hacerlo todo.
Siempre
la misma mentirilla piadosa de personificar las hazañas, logros, triunfos y
acciones exitosas como fruto de las cualidades excelsas de determinados
personajes, o los errores, fracasos y desaciertos de los incapaces o de los
tercos que no escuchan. Mentirilla que empezara a ser demolida por los
progresos de las ciencias naturales y sociales a partir del siglo XV y que la
irrupción vertiginosa del desarrollo científico y tecnológico de los siglos
XVII y XVIII barrieran, sin el honor siquiera del reciclaje. Este grandioso
proceso probó, comprobó, demostró y enseñó que las grandes transformaciones de
las sociedades en su historia, no las hacen personas, individuos, por muy geniales
que ellos sean, sino los pueblos conducidos por fuerzas políticas y sociales
que ellos mismos las crean; que los individuos pueden jugar un papel importante
en esos cambios, pero que ellos solos, como individuos, por muy genios que
sean, pueden contribuir, pero no cambiar el mundo a su arbitrio.
No
es precisamente a Petro al que hay pedirle, exigirle, demandarle u ordenarle
que replantee “su obra de gobierno”. De entrada, convengamos en que no es
propiamente “su obra de gobierno” lo que le piden o exigen que replantee. Lo
que le exigen que replantee es el mandato, los propósitos y propuestas con que
salió electo. A quienes hay que exigirles y exigirles con mayúscula, no que
replanteen “la obra de gobierno de Petro”, sino que asuman la responsabilidad
histórica que les corresponde, es a las fuerzas políticas y sociales que
dijeron estar con el cambio y se comprometieron ante el país a hacerlo. Es en
primera instancia a Colombia Humana que era supuestamente la fuerza política
que giraba en torno a su jefe político Petro y al Pacto Histórico, a quienes
hay que exigirles que asuman la responsabilidad de hacer lo que el país ha
reclamado y reclama y que respondan por lo que se comprometieron, colocándose
frente a sus fuerzas políticas y frente a los millones de colombianos que
necesitan en este momento, que se les movilice y conduzca, por lo menos en el
tiempo que queda, a cerrarle el camino a la extrema derecha que ya lo tiene
armado.
No
nos andemos con rodeos. Colombia Humana, es una fuerza gris, desaparecida, que
ni suena ni truena. Ha sido y es más una empresa electoral que ha girado y gira
en torno al jefe, que no ha sido ni es una organización con programa político
propio, estructura organizativa y un mínimo de acción política democrática a su
interior, y menos ha tenido ni tiene el carácter de Movimiento Político y
Social. En resumidas cuentas, es una montonera de adeptos al jefe que dependen
de lo que él diga, proponga y haga. Y en cuanto al Pacto Histórico se refiere,
ya hemos expresado antes que no es más que una colcha de retazos sin coherencia
política, sin un mínimo de ideario y propósitos comunes, colectivos que
unifiquen, al menos, planes de acción y consolidación de las buenas intenciones
del jefe.
A
estas alturas, pedirle a Petro que “replantee su gobierno”, que dé un timonazo
a lo que supuestamente está mal de su administración es, según el refrán
popular, “pedirle peras al olmo”. Y suponiendo que eso se diera, o que Petro
pudiera sin más ni más hacer cosa parecida, ¿en qué sentido tendría que dar
“ese timonazo” ?; ¿en qué dirección y hacia dónde debe dirigir esas acciones? Y
una vez más, preguntamos: ¿sería él como persona? ¿O no será que somos muchos
los que estamos obligados a hacer ese replanteamiento, o al menos, contribuir a
que se haga?
El
Dr. Ospina sugiere unas líneas como las de promover la agroindustria y la
producción orgánica de alimentos, construir de manera agresiva vías de
comunicación y lograr un mayor acoplamiento de la realidad del país y el
conocimiento en educación, pero el sentido en que se haría esto sigue en la
penumbra, o, mejor dicho, puede quedar claro para los interesados. Porque el
mayor impulso a la agroindustria y la saludable producción orgánica de
alimentos a ella asociada, puede ir muy bien en el sentido de la SAC, Lafori y
su dignísima esposa, la Senadora Cabal; la construcción agresiva de vías de
comunicación puede caer como anillo al dedo a las cementeras, a las firmas
constructoras y a Vargas Lleras; y una mayor comunión de la realidad con el
conocimiento, de igual modo, puede ser recibido con alborozo por las
Universidades privadas mejor posicionadas en el mercado, porque a la
Universidad pública solo le queda el ripio; esto lo atestigua con toda
claridad, la propuesta de reforma a la educación que no resuelve nada
estructural ni de fondo. Más adelante, en el lugar que hagamos nuestras
propuestas, explicaremos mejor esta parte.
Sin
caer en cuentas alegres, siendo objetivos y realistas, tenemos que aceptar, así
sea a regañadientes, que hemos perdido los 2 primeros años que son definitivos
para que una propuesta política de cambio demuestre hasta dónde está en
capacidad de hacer lo que propuso, y más, en el escenario en que estamos
inmersos en nuestro país, sometido y dominado por toda clase de fuerzas
políticas de extrema derecha, reaccionarias, que van desde las altas cumbres hasta los bajos fondos, desde
los ostentosos centros de poder hasta las periferias más deprimidas, desde las
esferas tradicionales suficientemente conocidas hasta no pocos armados y desarmados
que visten de muy diversos plumajes como “luchadores”, “revolucionarios”,
“alternativos”, “progresistas”.
Así
las cosas, no esperemos a “que Petro” haga lo que no pudo hacer de entrada, al
comenzar su gobierno, y menos, si seguimos empecinados en creer que es Petro
como persona o como gobierno, el que tiene que hacer todo y removerlo todo,
entre otras cosas, porque en un régimen verdaderamente democrático, el Gobierno
no es gobierno de personas, sino de fuerzas políticas democráticas y de
instituciones estatales regidas por normas de Derecho, no por órdenes
personales. El carácter fundamental de la democracia liberal y, sobre todo de
los demócratas consecuentes, es que deben poner en primer plano a los Partidos
Políticos democráticos, como instrumentos esenciales para concentrar y
expresar, más que los derechos económicos y sociales de los ciudadanos, sus
derechos políticos de conjunto, comunes y colectivos.
Es
precisamente a los autócratas y a la plutocracia antidemocrática del modelo
neoliberal, a la que le interesa poner en primer plano los intereses y derechos
económicos y sociales, porque eso les permite a sus promotores, privilegiar los
intereses y derechos individuales y particulares para destruir lo público y
colectivo. Es eso lo que ha pervertido y destruido las democracias liberales y,
con mayor razón, a los Partidos liberales democráticos. Su lema y su guía
básica es poner al individuo por encima de todo, las libertades, intereses y
derechos individuales como el motivo exclusivo y excluyente que debe guiar la
conducta política y social de las personas. Ejemplo clásico en este orden de
ideas, es la “genialidad” uribista del “Estado comunitario”, en el que se puede
repartirle pan y circo (diversión) a los súbditos y garrote a los que
refunfuñen, o plomo a los que intenten desconocer la autoridad del emperador
del “Estado comunitario”.
Que
Petro no haya podido hacer y cumplir con su promesa de cambio, ¿qué demuestra?
Eso no demuestra que sea incapaz o que tenga demasiadas fallas que le impidan
realizar sus propósitos. Eso, lo que demuestra es que las fuerzas democráticas
consecuentes somos demasiado débiles. Los incapaces y en algunos casos inútiles
somos nosotros, como fuerzas políticas democráticas consecuentes, de lo cual
nos hemos vanagloriado tanto. Eso, lo que demuestra es que no estamos ni
siquiera a la altura de los liberales radicales del siglo XIX que, si bien
tampoco pudieron transformar el país, al menos, hicieron esfuerzos mucho más
meritorios que nosotros. Así es que ciertos fanfarrones que tanto han boconeado
de su condición de revolucionarios, es bueno que piensen y entiendan que el
calor no está en las sábanas. Y lo mismo hay que decirles a no pocos
“recilientes” que se han opuesto y se oponen con toda clase de argucias a
asumir la obligación de construir organización política y fuerza democrática
consecuente para avanzar, no solo en el apoyo a Petro, sino principalmente en
los procesos de democratización en marcha del país.
Para
continuar en esta línea de objetividad y de ser realistas, creemos que ya no es
posible lograr lo que debió hacerse desde el comienzo del gobierno del
Presidente Petro. Pero sí estamos obligados a hacer todo lo que esté a nuestro
alcance para impedir que esa propuesta de cambio, nuevamente se hunda en el fracaso.
Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles por salvar, por lo menos,
algunas de las propuestas que, más que reformas y compromisos de este gobierno,
son obligaciones de toda la sociedad nacional, exigencias imperativas que no
podemos darnos el lujo de seguirlas aplazando. Ojalá que los últimos cambios
ministeriales, a sabiendas de que no son la solución de fondo que se necesita,
den mejores perspectivas y resultados que recobren la confianza, en medio de la
incertidumbre.
Desde
nuestro modo de ver y entender la realidad, creemos que lo más urgente, de
acuerdo a como está la situación del momento, es promover, hacer y ponerse al
frente de una gran convocatoria nacional de todas las fuerzas políticas y
sociales democráticas que estamos interesadas y decididas, no a salvar a Petro,
sino al país de otros cuantos años de suplicios causados por derechistas y
extremistas que ya armaron la revancha, envalentonados por los triunfos que
están logrando a nivel internacional y por nuestra incapacidad política y falta
de voluntad para deshacernos de la herencia grupista que tan negativamente nos
ha marcado. Convocatoria nacional que tanga como propósito prioritario
constituir una Gran Convergencia Democrática Nacional con una mínima
coordinación y organización que unifique, le de orden y coherencia al accionar
conjunto con unos propósitos mínimos para el resto de gobierno que queda y, en
lo posible, garantice la continuidad de los Procesos de Democratización en
Marcha.
Se
trata en este caso de una acción de emergencia para ponerse de acuerdo y
unificar a un amplio espectro político sobre unos pasos y salidas de
emergencia. No podemos pretender llegar allí a marcar el rumbo del país para
20, 30 o 50 años, puesto que eso, en términos económicos, políticos y técnicos,
necesita procesos, esfuerzos y trabajos juiciosos de mucho debate. Pero si
estamos obligados a explorar, encontrar y unificar pensamiento y voluntades en
torno a unos problemas y propósitos comunes inmediatos para revertir la
situación de pérdida de credibilidad y desconcierto que continúa ahondándose,
en la medida en que no hagamos nada.
Consideramos
que es perentorio, es un imperativo histórico, político, social y moral, no
solo del gobierno, sino del Estado y la sociedad entera, cumplirles a todas las
víctimas de la guerra interna, tanto las que fueron afectadas por el
paramilitarismo, como las que lo fueron por unas guerrillas que perdieron el
sentido que justificó su origen y se degradaron. Es una obligación que no da
pie a dilaciones, demoras y pretextos para no cumplirles con la restitución de
tierras y demás derechos económicos, políticos y sociales. Es necesario apretar
el acelerador en la adquisición y restitución de tierras a quienes las perdieron,
entendiendo que eso no es suficiente. Es indispensable que dicha entrega,
incluya el acompañamiento técnico y administrativo en los procesos
organizativos, productivos, comerciales y financieros. Que estas acciones contribuyan a avanzar hacia la agroindustria
asociativa, cooperativa y solidaria de los pequeños y medianos productores con
capacidad para desarrollar sus propios procesos y evitar que sigan de víctimas
del sistema financiero, de las grandes empresas nacionales y extrajeras que los
someten a las formas actuales de “las alianzas productivas” y la “agricultura
por contrato” que no son más que nuevas formas de aparcería.
Sin
embargo, algo a tener en cuenta es que, a la gran mayoría de víctimas, le tocó
desplazarse a poblaciones y ciudades, las cuales, por muchas razones, no
pueden, o no tienen interés en volver al campo. La restitución de derechos en
este caso, debe hacerse de otra manera, pero en general, las demás actividades
a las que se dediquen, pueden adoptar el mismo modelo de organización
asociativo, cooperativo y solidario. Y algo complementario, pero de suma
importancia en este caso. Hemos insistido antes en la urgencia de recuperar y
restablecer los derechos y las normas jurídicas que amparaban anteriormente al
sistema cooperativo. El modelo neoliberal que nos impusieron, amputó
esos derechos y normas. Con el ultrarreaccionario cuento de “la
igualdad de derechos”, dejaron a las cooperativas y al sistema cooperativo en
la misma condición de las empresas privadas, cuando aquel había conquistado un
régimen jurídico especial, por tratarse de un esfuerzo de muchas personas
asociadas, no con el ánimo de amasar fortunas de personas o familias para su
exclusivo beneficio. Con ello, dejó a las cooperativas a merced del modelo.
Por
eso, hemos insistido en la necesidad de promover con toda la fuerza que sea
posible una reforma de ese régimen jurídico vigente para recuperarle y restablecerle
derechos, ya que se trata de un sistema de trabajo, de producción y prestación
de servicios con carácter social y no para beneficio de unas personas. Si de lo
que se trata es de luchar por alcanzar transformaciones económicas, políticas y
sociales en la perspectiva de resolver situaciones como las chocantes e
insolentes desigualdades que nos afligen; si de lo que se trata es de
desarrollar los enormes potenciales en recursos naturales, biodiversidad y
talento humano que tenemos, lo que hay que colocar por encima de cualquier otra
consideración, es el trabajo de los colombianos. Y en este caso, el sistema
cooperativo es, sin duda alguna, una herramienta de mucha importancia y
utilidad para dignificarlo, engrandecerlo, siempre y cuando se le restituyan
esos derechos; de otra manera, seguirá siendo un instrumento útil para el
modelo neoliberal que le amputó sus brazos y lo sometió a la dinámica de
acumulación de capital y de riquezas de individuos, familias o de los
gigantescos grupos financieros.
Las
demás reformas a la salud, laboral, pensional y de la educación, no resuelven
nada de fondo y, por el contrario, en algunos aspectos, lo que conseguirán,
será agravar más las cosas. Quitarle la asignación de recursos públicos a las
EPS para que éstos se concentren aún más en las IPS que siguen siendo empresas
privadas, no es que constituya un gran cambio. Quitarles las ganancias a unos
para concentrarlas en otros, en nada resuelve el problema. La reforma laboral
no es más que una “conquista” de la burocracia sindical amamantada en y por el
modelo económico anterior, pervertida en la corrupción, convertida en élite y
una “partecita” de esa oligarquía que nos carcome a todos. Tal como quedó
aprobada, afectará a todos los pequeños y medianos empresarios de las
diferentes especialidades, puesto que los lleva a asumir costos laborales que
no pueden, porque el modelo neoliberal con su mayor automatización de los
procesos productivos, le ha estrechado al máximo sus márgenes de maniobra, y
afectará gravemente al sistema cooperativo en las condiciones en que se
encuentra, como lo mencionamos antes.
Y
esto que acabamos de exponer, hay que ponerlo no solo en la perspectiva de un
gobierno débil como lo es el actual; aun suponiendo que hubiera una continuidad
que es bien poco probable, si las fuerzas políticas que lo sustentarían, siguen
atragantadas en su debilidad sin proponerse salir de allí, las cosas no
mejorarán, y todo lo que podrán hacer es prolongar la agonía. El retorno de la
extrema derecha al timón del gobierno nacional, no es solo hipotética y de
alguna probabilidad. Ya, esta extrema derecha hizo lo que tenía que hacer;
recuperó las principales alcaldías del país y, con ello, prepara el siguiente
paso que es recuperar el resto. Todo indica que el verdadero timonazo que tanto
le reclaman y suplican a Petro, lo dará la extrema derecha. Son ya
suficientemente conocidos los pasos de recuperación que esas fuerzas han tenido
en todo el mundo. ¿Por qué? ¿A qué se debe esa recuperación, desde las derechas
más extremistas, de las corrientes religiosas más retrógradas, los
neonazifascistas, hasta las más moderadas?
Desde
EL
FARO SOCIAL prendimos las alarmas, más o menos, desde 2.014, cuando
empezamos a llamar la atención sobre el rearme, la carrera armamentista que se
desataba y luego sobre la reconversión tecnológica para mejorar la producción y
uso de armamento con estándares de muy alta precisión. ¿Por qué esta carrera
armamentista? Por una razón muy sencilla. El modelo neoliberal que impuso el
gran capital internacional, pasó como el huracán, dejando los escombros.
Destrozó los Estados nacionales, sometió a toda la economía mundial al libre
juego del mercado con sus tratados de libre comercio. Destruyó las frágiles
trincheras jurídicas que la clase obrera había creado para proteger el trabajo
y la estabilidad laboral. Se disparó la “informalidad” y el trabajo precario.
“Deshizo” con aterradora crueldad, todo foco de resistencia y se entregó a la
orgia de una nueva acumulación de capital en pocas manos que envidiarían los
magnates que promovieron la revolución industrial del siglo XVIII. El
crecimiento de la economía mundial fue espectacular desde la década de los años
80 del siglo XX, hasta el fin de la primera década del siglo XXI. La crisis
financiera de 2.008, marcó el apogeo de ese crecimiento y la vertiginosa
concentración de la riqueza mundial en los países más ricos y especialmente en
los gigantescos monopolios y oligopolios trans-multinacionales.
Al
iniciarse la segunda década del siglo XXI, comenzó el descenso de ese
crecimiento y acumulación de capital y a agudizarse las contradicciones por la
disputa de las más grandes economías mundiales por acceder a otros mercados o
por lo menos, mantener los que tenían. Con ello y por ello, reactivaron el
armamentismo porque ya la disputa por mercados y zonas de influencia no podía
continuar por los medios simplemente económicos y políticos. Las
confrontaciones armadas se ponían al orden del día. Se emprendieron nuevas
guerras en otros sitios y se continuaron otras viejas, pero con mayor
intensidad. Hemos sido incisivos en señalar que
estas guerras no son promovidas solo por los Estados y gobiernos de manera
oficial y mediante los ejércitos convencionales, sino principalmente a través
de los de los ejércitos irregulares de mercenarios y del paramilitarismo. Esta
es hoy la forma preferida por los Estados y gobiernos imperialistas y por los
Estados y gobiernos reaccionaros de diferentes partes del mundo para intervenir
en el exterior y de posicionamiento y dominio territorial y, prioritariamente,
de enfrentamiento entre las dos fuerzas contrarias de los dos grandes bloques
imperialistas, como también a las fuerzas populares que luchan contra la
intervención y/o dominio de uno u otro bloque imperialista. Esta es la razón de
la existencia de la organización paramilitar del "Estado
Islámico" "made in USA" de defensa de los intereses de este
bloque en Oriente Medio, o el grupo Wagner "made in Rusia" para
actuar en Siria, Ucrania y gran parte de países africanos. Estas, podemos decir
que son fuerzas de ocupación exterior directa, pero esas potencias no se
limitan a eso, además penetran y toman control por diferentes medios, de
fuerzas internas que, de manera justificada, legitima y necesaria, han creado
los pueblos, tratando de defenderse de los atropellos de esos agresores, pero
que caen en las redes del uno o del otro bloque. Ejemplos típicos de ese juego
macabro de la disputa inter imperialista, son los casos en Oriente Medio, como
Siria, Palestina, El Líbano, Yemen, Irán y otros países Sudafricanos, Ucrania y
en América Latina. Y a nosotros en Colombia, sí que nos consta y hemos
visto de manera directa, como los productores de drogas ilícitas y de la
minería ilegal que se disputan los mercados, las rutas y los territorios, se ha
en la guerra entre unos y otros y con el Estado, pero quienes pagamos los
costos de esa guerra reaccionaria, somos las fuerzas políticas y sociales
populares por mantener la resistencia y la lucha en defensa de nuestros
derechos y el pueblo colombiano en su conjunto.
Es
esta dinámica, esta tendencia, este camino sin retorno del modelo y del sistema
imperialista mundial, la razón que nos ha llevado y nos lleva a insistir en la
imperiosa necesidad de luchar por la paz de manera consecuente, de llamar a
todas las fuerzas políticas y sociales democráticas a unirse y fortalecer esa
lucha por la paz, en el entendido que esta lucha no puede ir separada de una
lucha incansable por recuperar, rehacer y consolidar los movimientos y fuerzas
democráticas para que se conviertan en verdadera alternativa de gobierno,
cerrarle el paso a la extrema derecha y su camino de violencia, guerras y
canibalismo, como lo estamos presenciando a diario. Por eso apoyamos, de manera
independiente sí, pero apoyamos la elección de Petro a la Presidencia y, más
que las reformas que propuso, la posibilidad de avanzar en la consolidación de
las fuerzas democráticas del país. Por eso, mantenemos nuestra posición crítica
frente a las incoherencias, debilidades y graves errores, no tanto de Petro
como persona, sino principalmente de todo el entorno que lo rodea.
Es
en esta situación y perspectivas que tiene sentido la propuesta que hemos
planteado de conformar, construir y hacer realidad una Gran Convergencia
Democrática que congregue y unifique a todas las fuerzas democráticas populares
que realmente estemos interesadas en avanzar y abrir caminos de transformación
profunda de nuestra sociedad colombiana. Esta que surgiera como una propuesta
local, ahora creemos que no solo la necesitamos localmente, sino en todo el
país. Manifestamos con toda claridad que no estamos de acuerdo y no compartimos
la propuesta del “Gran Acuerdo Nacional” que se viene ambientando desde la
misma Presidencia y otros sectores políticos. De ser una simple idea, ya va en
que hay que llamar a los expresidentes para ponerse de acuerdo en el “Gran
Acuerdo Nacional”. Estamos convencidos, por razones históricas, económicas y
políticas, que ese no es el camino para consolidar los procesos de
democratización del país. Eso puede salvar al gobierno actual de un mayor
fracaso, pero en términos de lo que las grandes mayorías nacionales esperaban,
no resuelve nada. Con o sin Acuerdo Nacional, nuestro deber es seguir nuestro
camino de lucha contra la violencia, las guerras y por democratización en
marcha.
El
Poder del Pueblo no se consolida con Acuerdos por arriba; se fortalece y
construye por abajo con las fuerzas realmente democráticas que necesitan
cambios para beneficio de sí mismos, no para los mismos de arriba.
Atte.
EL
FARO SOCIAL.
Julio
11/2.024