viernes, 21 de agosto de 2020

UN DELINCUENTE PRESO EN LA COMODIDAD DOMICILIARIA NO PUEDE OSCURECER NUESTRO PANORAMA POLÍTICO.

 

MAS IMPORTANTE QUE LA DETENCION DOMICILIARIA DE URIBE ES TRABAJAR POR LA GRAN ALIANZA POPULAR DEMOCRATICA Y REVOLUCIONARIA QUE NECESITA NUESTRO PUEBLO.

 

La tormenta desatada por la jauría del Centro Democrático a raíz de la decisión de la Corte Suprema de Justicia de detención domiciliaria de un delincuente que hace años debería haber sido condenado, el señor Álvaro Uribe Vélez, desde luego, ha puesto en tensión a muchas fuerzas políticas y ciudadanía en general. Y no era para menos, al fin y al cabo, este personaje ha sido ungido con la aureola de gran jefe, gran mesías y de “ciudadano ejemplar” por una amplia base social desencantada, atormentada, destrozada y condenada a padecer los horrores de una guerra cruelmente degradada, así él mismo fuera parte de ese ambiente pestilente que se respiraba y que aún hoy sigue enrareciéndolo.

Ante una decisión de la cual se puede decir que muy pocas personas la esperaban, la jauría del Centro Democrático arma la tormenta, llama al pueblo a levantarse contra las Cortes, a exigir que esa decisión sea revocada y si no se revoca, a que el Congreso convoque una Asamblea Constituyente para reformar la Justicia, pues su prepotencia los lleva a creer que se pueden perpetuar indefinidamente en el poder y que su “ciudadano ejemplar” es intocable. Otros, desde el centro derecha como el Grupo de Puebla que lo integran diferentes personalidades de América Latina y por Colombia cuenta con la presencia de Ernesto Samper P. y Clara López O., dicen que esa decisión… “demuestra la fortaleza de la institucionalidad democrática en Colombia, basada en la separación y el respeto de sus poderes públicos”. … A los dirigentes de este sector de la sociedad, de la política y de la opinión, les interesa mantener y consolidar esta imagen, puesto que de lo que se trata es cómo preparar el terreno para las próximas elecciones y de cómo gobernar el siguiente período.

Una amplísima mayoría de la opinión pública del país con tendencias ideológicas y políticas muy heterogéneas está de acuerdo con la decisión de la Corte, incluidos sectores uribistas temerosos unos, inconformes otros, porque confían aún en el sistema burgués y su imparcialidad en la justicia, aunque la historia en todo el mundo, y particularmente en nuestro país demuestra hasta el cansancio que esto no es así. Con mayor razón, el siglo XX y lo que llevamos del XXI, nos muestra con aterradora crudeza que el férreo dominio político de la élite oligárquica no ha tenido ni tiene nada parecido siquiera a un régimen liberal democrático y a una justicia más igualitaria, y en estos últimos años, en pleno régimen narcofascista, menos. Pero aun así, no les falta razón, puesto que al menos eso, psicológicamente les ayuda a descargase un peso de encima.

De esa manera, esta gran mayoría de colombianos simplemente espera que la decisión de la Corte no se quede en la orden de detención provisional domiciliaria de Uribe, sino que lo juzgue y condene. Es decir, espera que esta “Justicia” reinante en Colombia, con lo exiguo o casi nada que tiene de independencia, autonomía y legitimidad para actuar, funcione, al menos en este caso. Salvo muy poca gente, no hay la noción de que impartir justicia igual para todos los ciudadanos, sean quienes sean, no es un problema de simples deseos, de buena voluntad, o simplemente de actitud imparcial de los jueces, sino que requiere otro tipo de relaciones entre gobernantes y gobernados; que estas relaciones dependen de las conquistas que esos grandes sectores sociales hayan alcanzado en su poder de decisión política, en sus derechos y en su capacidad para obligar a los poderes públicos a respetar y hacer respetar las reglas establecidas en ese desigual juego de poderes entre “los de arriba” y “los de abajo”.

Y en el festín de propuestas que se abre, no faltan los deschavetados que aparecen en las aguas turbias y alguno de ellos plantea que “si todavía habrá ingenuos que creen que la Corte va a condenar a Uribe”; con aires de pontífice arguye que como “ni la Corte ni Colombia son independientes”, “juzgar a Uribe implica derrotar –de plano- a los EE. UU. y a toda la casta dominante colombiana”. Los tozudos hechos muestran y demuestran que esto no es cierto. Los imperialistas norteamericanos y sus lacayos en donde están sometidos a su disposición, con sus destartaladas instituciones, entre ellas la rama judicial, cuando algún bandido les “juega sucio”, lo condenan. ¿O eso no fue lo que sucedió con Manuel Antonio Noriega y Vladimiro Montesinos en América Latina? ¿Eso mismo, aunque con procedimientos distintos, no fue lo que sucedió con terroristas y dictadores como Osama bin Laden, Saddam Hussein, Muamar Gadafi en el Medio Oriente? Todos estos personajes fueron buenos sirvientes del imperialismo norteamericano, y algunos de ellos en las filas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), pero llegó el momento en que se volvieron incómodos para los planes tácticos de sus amos e incluso hasta peligrosos, y por eso terminaron como terminaron. ¿No será que Uribe también se les volvió incómodo y necesitan removerlo?

Desgraciadamente, no para nosotros, y quizá tampoco para nuestro pueblo, sino para el “mal pensante” que plantea eso, los ingenuos en Colombia no son ni uno ni dos ni tres; son millones los que todavía creen en la fortaleza de la democracia burguesa y sus instituciones, en el Estado de Derecho y su separación de poderes y en la imparcialidad de la justicia dentro de este sistema. ¿Y no será por eso que ese desafortunado autor termina invitando a que “hay que cogerle la caña” a los uribistas en cuanto a la propuesta de éstos de convocar a una “Asamblea Nacional Constituyente para reformar la justicia”?   

Es por ello que no hay que sobreestimar el hecho de la detención de Uribe creyendo que con eso se puede redimir todos los males de la justicia y sanar todas las heridas que lleva nuestro pueblo, ni tampoco subestimar lo que podríamos y deberíamos hacer las fuerzas democráticas y revolucionarias en el momento, como está planteada la situación, no solo ahora, sino desde el proceso electoral pasado. Desde nuestro espacio político de EL FARO SOCIAL, a fines de 2.017, lanzamos nuestra propuesta por LA GRAN ALIANZA QUE NECESITA LA CONSOLIDACIÓN DEL PROCESO DE PAZ Y LA DEMOCRATIZACION DE LA VIDA SOCIAL Y POLITICA DEL PAIS. Si bien es cierto nuestras debilidades no nos permitieron una difusión amplia de la misma, estamos convencidos que lo que allí expusimos en ese momento fue acertado y sigue teniendo vigencia, y tal vez ahora con mayor razón.

Las elecciones presidenciales de 2.018 las perdimos las fuerzas democráticas y revolucionarias, no porque el uribismo fuera demasiado fuerte, sino porque los sectores y personalidades liberales, los demócratas y los grupos revolucionarios no tuvimos la capacidad para entender el momento y producir los cambios necesarios para llevar adelante esa gran alianza que debió hacerse. Ahora ha comenzado a agitarse esa idea, con la ventaja de que algunas de las personalidades más influyentes como Humberto de La Calle L. y Gustavo Petro ya se pronunciaron por un gran acuerdo nacional; igualmente otros sectores sociales y de opinión lo están haciendo, aunque con diferencias grandes, pero al fin y al cabo en esa dirección, como fruto de que se ha comenzado a sentir con más fuerza y urgencia esa necesidad. Pero además, el Centro Democrático ya no es la misma fuerza unificada como lo era en ese momento; a su interior ya hay grietas que tienden a abrirse y profundizarse aún más. Sin hacernos cuentas alegres, esto es favorable para nosotros.

Desde nuestras modestas capacidades y nuestra posición política, creemos que lo esencial para consolidar una propuesta no solo de orden electoral, sino con la perspectiva de consolidar una fuerza popular, democrática y revolucionaria que sustente esa gran alianza democrática y revolucionaria a mediano y largo plazos, es la construcción de un Programa Político alrededor del cual se unifiquen las fuerzas que lo acojan, comprometiéndose a trabajar por su realización. Este es uno de los grandes retos que tenemos en este momento; el otro es el de comenzar a convocar a todas las fuerzas que sean suceptibles de conformar esa gran unidad, esa fuerza social y política que nos garantice el triunfo en las próximas elecciones y la consolidación del Movimiento Democrático en lo sucesivo. Si bien el triunfo en las próximas elecciones no puede y no debe ser el objetivo máximo en este caso, sí es una de las condiciones esenciales puesto que de lo que se trata es de derrotar y remover la alianza de la “godarria” tradicional y la ultraderecha narcofascista para poder llevar adelante todas las reformas políticas que necesita el país. Dicho programa igualmente debe ser suceptible de modificaciones, en la medida en que el proceso social y político avance.

En nuestro documento anterior señalamos unos puntos que considerábamos fundamentales para la unificación política. Ahora hay que revisar esos puntos y determinar hasta donde siguen siendo válidos para el proyecto de programa del que hablamos aquí. Igualmente adjuntamos a este escrito, el anterior, pues en primer lugar, las variaciones de la situación política en estos dos años no han sido muchas; en segundo lugar, creemos que lo allí expuesto sigue siendo válido; y en tercer lugar, la amarga derrota que padecimos todos por no haber hecho lo que debimos hacer, nos debe servir, al menos, de escarnio. Y si eso no nos alerta, quiere decir que hemos pasado y seguimos pasando el tiempo en vano.

Con mucho aprecio por todos y para todos, del

 

FARO SOCIAL

 

MARINO AUSECHA CERON

 

Popayán, agosto 17/2.020

        

domingo, 26 de julio de 2020

QUE HAY DE COMUN ENTRE EL NEOLIBERALISMO Y EL CORONA VIRUS (COVID-19)

Desde el punto de vista biológico, nada hay en común entre el neoliberalismo y el coronavirus. Pero desde el punto de vista económico, político y social, mucho; pues este bichito travieso y perverso ha demostrado un gran potencial para causar estragos. Llegó con su carga de catalizadores a aumentar la velocidad de fermentación de las crisis; de la financiera del año 2.008 generadora de la reciente recesión de la economía mundial, de la que aún no ha podido salir; de la nueva crisis petrolera que continúa, pero sobre todo a echarle combustible a la hoguera de la confrontación entre los dos bloques imperialistas actuales que se disputan la hegemonía mundial: de un lado, Estados Unidos, Unión Europea, Japón y demás aliados y del otro, Rusia, China, Corea del Norte, Irán y todos sus socios.

Si bien la turbulencia de esta hoguera “le quema las pestañas a quienes se le acerquen demasiado”, esto no significa que el sistema capitalista-imperialista actual con su modelo neoliberal esté al borde del colapso y menos aún colapsado. Pero suponiendo que lo estuvieran, ¿con qué otro tipo de economía remplazaríamos la actual? ¿con el modelo anterior en su forma de intervencionismo de Estado, en el cual los Estados capitalistas burgueses asumen la dirección estratégica de toda la economía capitalista? esto es lo que están haciendo ahora Rusia y China. ¿Y por eso han dejado de ser economías capitalistas feroces y voraces como las de Occidente?

¿O será adoptando la forma del llamado Estado de bienestar, promoviendo la generación de empleo así sea improductivo, y la inversión social para ocupar y proveerle ingresos a los millones de hambrientos que demandan mínimos de subsistencia?, esto ya lo hizo Europa después de la II Guerra Mundial. ¿Y por eso cambió la naturaleza rapaz del modo de producción capitalista? No. Esa política asistencialista fue diseñada para distraer el hambre de los millones de parados. ¿O nos atenemos a los emplastos que nos ofrecen algunos que plantean que el Covid-19 y su pandemia modificarán y cambiarán a tal punto esta sociedad capitalista-imperialista, que la que seguirá, será tan distinta, llena de bondad, humanismo, solidaridad, tan tierna y amorosa, que no habrá necesidad, claro está, de revoluciones ni luchas políticas ni nada por el etilo?. Qué asombroso descubrimiento que dividirá la historia humana, ya no en antes y después de Cristo, sino en antes y después del Covid-19. Antes de éste, las grandes revoluciones económicas, políticas y culturales las hacían los revolucionarios y los pueblos; ahora es el sorprendente Covid-19 que nos las traerá a domicilio. Solo hay que esperar a que termine su obra. Ante tan monumental candidez, uno no sabe si reír, llorar, emberracarse, o simplemente morirse de tristeza, pues es sencillamente inconcebible que haya hoy ese tipo de personas que, en un impresionante alarde de ignorancia enfática (que es la peor de todas), hablen con tanto desparpajo que un modo de producción social en general, y en particular, el modo de producción capitalista-imperialista, puede ser transformado sin cambiar las relaciones de producción en general, y en particular, las relaciones de producción capitalistas.

La pandemia ha cambiado y cambiará muchas formas de vida, de producir y de abastecer las necesidades que la gente en todas las clases y sectores de clase, demanda para sobrevivir. Pero transformar las relaciones de producción de un modo de producción, específicamente el modo de dominante, solo lo pueden hacer los revolucionarios a la cabeza de un poderoso movimiento revolucionario de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores medios de la población trabajadora de cada país en particular. Y es eso lo que hay que hacer en nuestro país y en el mundo. La pandemia generada a partir de la presencia del Covid-19 ha venido a echarle leña al fuego de las crisis económicas, políticas, sociales y culturales que el sistema capitalista acarrea desde hace mucho tiempo atrás, agravadas por la violenta disputa por la hegemonía mundial desatada por los monopolios y oligopolios (trans-multinacionales y gigantescas corporaciones), intensificadas en las últimas décadas por la política neoliberal y agigantadas ahora por la pandemia.

No cabe la menor duda. El Covid-19 está ahondando y agravando estas crisis del sistema capitalista-imperialista actual, pero no puede terminar con él, y menos acabar con la humanidad. Tampoco cabe duda que el desempleo se ha extendido y acentuado; se ha agravado la recesión de la economía mundial y de cada país en particular; hay actividades económicas que han sufrido graves trastornos y han llegado a la parálisis, como los sistemas de trasporte terrestre, fluvial y aéreo; otras han repuntado espectacularmente como algunos renglones del comercio virtual y de tecnología informática, de la medicina, y el sistema financiero que no ha sufrido ningún daño, por el contrario, está haciendo su agosto, a costa de los miles de muertos, del confinamiento y del pánico generado por la pandemia.

Con la emergencia originada en la pandemia y con el aval y contubernio de la Organización Mundial de la Salud-OMS, se ha montado un gigantesco negocio por parte de los oligopolios (trans-multinacionales) productoras de drogas, instrumental e implementos médicos, tales como tapabocas, respiradores y el que viene por la adquisición de la vacuna cuando la aprueben. Ya estamos suficientemente enterados en nuestro país, de cómo el monigote demagogo que nos tocó, con su cascada de decretos hechos para favorecer a esas trans-multinacionales y a la élite dueña de empresas y del sistema financiero en Colombia, exige y obliga que medicamentos, instrumental e implementos médicos, sean adquiridos en el mercado internacional, mientras que a los productores nacionales se les niega los permisos del INVIMA para producirlos  y comercializarlos, con el manido argumento de que “no cumplen con los estándares internacionales”. Al amparo de la pandemia, con un Congreso que ni siquiera virtualmente funciona y con una Rama Judicial en la que pesan más sus enredos de corrupción que las injusticias del país, este monigote al servicio del Centro Democrático ha montado la tramoya de su pequeño círculo de aprendices de tirano, que gobiernan por decreto sin rendirle cuentas a nadie, con la farsa televisada a diario, de que es “para mantener informada a la opinión pública”.

La pandemia le trajo al Centro Democrático un altar con virgen incluida, rosario y escapulario. Desde allí ha asumido la dirección del gobierno; ha silenciado a la oposición; ha conseguido lo que de otro modo no habría podido hacer, que es frenar y echar atrás los Acuerdos de Paz de La Habana con las instituciones que se habían creado para ponerlos en acción, incluida la JEP; mientras que por otro lado, ha puesto la manga larga y ancha para mantener y ampliar los beneficios al gran capital internacional y a la élite dueña de los grandes negocios lícitos e ilícitos de este país; al paso que la masa de medianos, pequeños microempresarios y micronegocios, han quedado sometidos a la tortura de ver languidecer sus esperanzas, teniendo muchos que darse por vencidos y cerrar. A ninguno de estos lobos le ha importado ni les importa los miles de muertos víctimas de la pandemia y del criminal sistema de salud con el que tenemos que batirnos a diario. Tampoco les ha importado ni les importa la salud de la gente al reactivar empresas y los grandes comercios con el día sin IVA con tanta irresponsabilidad, como lo hemos presenciado con nuestros propios ojos.

Allí tenemos de cuerpo entero las “hazañas”  del señor Uribe Veles, del Centro Democrático y su monigote, conseguidas sin mucho esfuerzo, pues el camino allanado por las bobaliconas ilusiones de no pocos liberales y otros personajes que deseaban y proponían a Duque alejarse de la jauría de Uribe, atraer a la “izquierda” y asumir una posición independiente para unir al país y enfrentar la pandemia, les facilitó la tarea. Hasta ese tipo de candideces llegamos por no tener claro que el modelo neoliberal y el narco-fascismo, que son los que reinan en este país con su extremismo-derechismo, no están colapsados ni mucho menos muertos, y podrán sostenerse por más tiempo manejando y usufructuando esta y otras situaciones, por complicadas que sean, gracias a las dificultades que nosotros mismos, desde el otro lado, desde el lado de las fuerzas políticas revolucionarias y democráticas, hemos ayudado a crear en los procesos de unidad de acción y de superación de la dispersión y fragmentación que padecemos.

Toda la información que a diario recibimos confirma con creces lo que ya desde el principio de la pandemia enunciamos: que alrededor de ésta se advertía un macabro manejo político y económico; que los de arriba, la élite, no estaban dispuestos a ceder nada y seguir ejerciendo el poder político para alagar más sus ganancias, o al menos para no perder tanto; que los de en medio, pujaban también por no perder mucho y hasta donde les fuera posible, salir favorecidos; y que los de abajo, la gran mayoría, los irredentos de siempre, que carguen con todo el peso, así sea muertos de hambre.

MARINO AUSECHA CERON

FARO SOCIAL

Popayán, julio 20/2020

viernes, 3 de julio de 2020

DUQUE: SABOTEADOR DE LA LUCHA CONTRA LA PANDEMIA EN BOGOTA.

Sin ser la única cuestión, es en este momento en el que mejor se nos revela el perfil, el papel politiquero y demagógico que el señor presidente de Colombia, Iván Duque está jugando en favor de los gremios que agrupan a la reducidísima élite dueña de las principales actividades económicas del país (grandes industriales, comerciantes, agroindustriales y demás terratenientes, financieros y de servicios).

Desde el mes de mayo, este fiel representante de los sectores económicos y políticos más recalcitrantes y oligárquicos del país, ha venido bloqueando a la Administración Distrital de Bogotá, en cabeza de la Alcaldesa Claudia López, no por ella como persona y como figura pública con potencialidades de convertirse en opción nacional, sino porque su éxito político es el mejor aliciente que puede consolidar una amplísima fuerza política nacional de oposición que, en difíciles condiciones, ha sostenido la lucha contra la extrema derecha recalcitrante y todas sus tropelías y barbaridades que ha cometido y sigue cometiendo, a pesar de la franca bancarrota en que se encuentra.

En una actitud que raya en lo criminal, Duque ha venido incumpliendo los compromisos de fortalecer la red pública y privada y todo el sistema de salud para atender con mayor eficiencia los embates de la pandemia; fue en su condición de mandatario nacional quien, obedeciendo a las presiones de todos sus patrones, dio luz verde a la apertura de diferentes actividades económicas, en momentos en que el ascenso de los contagios no estaba aún controlado ni existía la suficiente capacidad de atención a la pandemia, medidas a las que se había opuesto la alcaldesa, no porque se opusiera a la reactivación económica, sino porque consideraba hacerlo de una manera más lenta, pausada, ordenada y con una preparación más rigurosa.

Peor aun cuando fue él, obedeciendo a las presiones del gran comercio, quien dio luz verde de manera deliberada y calculada a la reactivación comercial, eximiendo a esos grandes comerciantes del pago del IVA, más las gabelas que obtuvieron con las alzas de precios que hicieron a última hora. Sin embargo, se convirtió en un verdadero fiasco al darle vía libre a una medida que, desde el punto de vista del manejo de la pandemia, se llevó a cabo de una manera totalmente improvisada, atolondrada e irresponsable, sin el cumplimiento de estrictos controles, como debía hacerse.

Al igual que Claudia López, no negamos ni desconocemos la necesidad de la apertura y reactivación económica porque, a la larga, sin producción y sin intermediación comercial y consumo, tampoco podrá garantizarse la vida en el país y en el mundo. No obstante, más allá de los discursos “inclusivos”, es necesario devolverle la capacidad de decisión a las comunidades, entregarles la capacidad de control y poner todos los medios necesarios a su disposición, algo a lo cual esas minorías oligárquicas y todos sus sirvientes le han tenido, le tienen y le seguirán teniendo terror.

Como hemos dicho al principio, el asunto al que hemos hecho mención aquí no es el único que ha quedado al desnudo debido al agravamiento de la situación por la acción de la pandemia. Hasta sus propios áulicos se han visto obligados a reconocer la corruptela bandidesca alrededor de la contratación con los dineros destinados a mitigar los efectos de la pandemia; como los subsidios se han dirigido a beneficiar a las grandes industrias, la reactivación comercial dirigida a beneficiar a las grandes superficies y no al pequeño comercio que es el verdadero damnificado, la reactivación de las actividades productivas agropecuarias hechas para el beneficio de los grandes agroindustriales y terratenientes, y para el pequeño productor, si acaso, unos auxilios asistencialistas, con una incertidumbre completa en cuanto a las posibilidades de retorno a las actividades educativas normales y por las secuelas negativas que va a ocasionar una educación virtual que arrastra un retraso enorme, con un sistema de salud que ha puesto a la luz del día la calamitosa situación en que trabaja todo el personal médico y demás trabajadores; temas sobre los cuales podríamos exponer nuestra posición crítica, pero hemos escogido el mencionado antes, porque está más a la vista en la vitrina del señor Duque.

Dicha vitrina en la cual se ha dedicado todos los días de 6 a 6 y media de la tarde a embellecer el desastroso manejo de una situación tan delicada como esta, a pretender ocultar las realidades desagradables que no convienen, a recibir elogios de sus ministros y de otros áulicos que no faltan, a oscurecer y poner sombras sobre los logros de gobernantes locales por fuera de sus mandatos y decisiones, a darle preferencia a quienes se suman al coro de alabanzas y a perseguir a quienes, con altivez, asumen una posición crítica independiente como la Alcaldesa de Bogotá y otros mandatarios locales que, con mucha gallardía han asumido actitudes y decisiones autónomas. Es desde ese espacio televisivo que puede seguir no solo “metiéndole los dedos en la boca” al pueblo, sino que, además, este le pide la mano para “metérselos él mismo”.

Independientemente de las diferencias que nos separan de las maneras, de buena parte de los objetivos y propósitos políticos y de criterios de Claudia López y del Partido Verde que ella representa, creemos que los golpes que el señor Duque y la jauría del Centro Democrático dirigen en su contra, no son para ella propiamente. El blanco son todas las fuerzas democráticas del país, y por ello les proponemos y las convocamos con fraternidad y respeto a que le demos de manera expresa un respaldo nacional a su administración, a su entereza para luchar contra unas fuerzas siniestras que tratan soterradamente de bloquear sus acciones en el manejo de una situación como la pandemia en Bogotá, a que la rodeemos de un apoyo político acogedor y solidario, ahora que es cuando más se necesita.

No olvidemos que, si esas fuerzas logran hacer fracasar la administración de Claudia, este no sería su fracaso, sería el de todas las fuerzas democráticas del país. Ya lo hicieron con Petro, lo han hecho en tantas otras ocasiones y seguirá sucediendo mientras los revolucionarios y las fuerzas democráticas - por prejuicios, por ignorancia, por negligencia o por cualquier otro motivo - dejemos de actuar en los momentos cruciales que la historia pone sobre el escenario y que la realidad nos exige.

 

Fraternalmente.

Marino Ausecha Cerón

FARO SOCIAL DEL CAUCA

Popayán, junio 30/2.020


jueves, 4 de junio de 2020

SALVAR A LOS VIEJOS ¿PARA QUÉ?

Cuando se anunció la llegada del virus que produce la COVID 19, una de las imposiciones normativas fue la cuarentena y, con ella, el aislamiento de la mayoría de las personas, con especial énfasis en los niños y adultos mayores que deben estar confinados hasta el último día de mayo.

A medida que la cuarentena se ha ido extendiendo, los medios de comunicación nos han dado a conocer el avance de la enfermedad, particularmente en el mundo desarrollado, ese de las revoluciones tecnológicas, de la imposición del neoliberalismo, de las armas de destrucción masiva y la mercantilización de la salud y la vida; ese mundo que la mayoría de gobernantes de la periferia, caprichosamente, imponen como el referente de nuestra sociedad futura.

Día a día conocemos espantosas escenas con miles de cadáveres forrados en estuches - algo  inimaginable hasta hace apenas unos tres meses- enterrados en fosas comunes y huérfanos de los rituales y costumbres de los seres queridos; espantosas escenas de gobernantes que desafían la enfermedad, con el argumento de que la economía capitalista no puede sucumbir y que las muertes que arroje la pandemia son su  costo natural; espantosas escenas de adultos mayores desafiando la enfermedad para obtener algún ingreso que les permita subsistir; espantosas escenas de cientos de banderas rojas como símbolo de necesidad para obtener una ayuda solidaria que prolongue la existencia, mientras políticos corruptos sobrefacturan los alimentos esenciales para paliar la tragedia, como oda a los planteamientos darwinianos y maltusianos sobre la evolución  y sobrevivencia de los más fuertes, aquellos que han detentado el poder económico y político.

Los informes hablan acerca de la edad avanzada y el tipo de enfermedades que sufría el difunto, por lo que tácitamente inducen a hacer creer que se habían generado las condiciones para que la COVID 19 se expresara en su máxima intensidad en un ser débil y aquejado de dolencias como la hipertensión, la diabetes y otros males; evitando de esa manera el cuestionamiento a un sistema económico que optó por demeritar el valor sagrado de la vida humana y, con ello, la justificación al desmantelamiento paulatino del concepto de salud pública y del sistema hospitalario, considerándolo como un costo innecesario.

No me ocupo en esta parte de la mercantilización que ha sufrido la salud y la vida por el aparato prestador (vendedor diría) de estos servicios, a merced del modelo económico impuesto; me apresto a analizar algo que me ha llamado poderosamente la atención, más allá del problema moral de proteger al adulto mayor. Se trata de redescubrir las razones y prácticas fundamentales que como sociedad humana nos hacen distintos a la animalidad, etapa hacia donde el capitalismo contemporáneo desea regresarnos con un alto grado de adiestramiento y sometimiento, sumisos y carentes de cualquier reflexión crítica. La sociedad humana como cuerpo diferente a la manada, es aquella de los afectos, la familia, trabajo, la cultura, el lenguaje, la memoria, la organización, la cooperación, la solidaridad y los valores espirituales como elementos que han permitido nuestro avance, resistencia, superación o escape de los momentos más oscuros de estancamiento a los que hemos sido sometidos por los grupos hegemónicos a lo largo de la historia.

La familia por ejemplo, es una estructura compleja derivada de las relaciones socioeconómicas y culturales de cada época que ha vivido la sociedad; ésta evoluciona como parte de ese cuerpo al que pertenece y como su célula constitutiva, es diferente en el rango de edades, experiencias, relaciones, diálogos, experimentando visiones del pasado, presente y futuro, hoy enfrentada a la crisis de la posmodernidad telemática, de las diásporas humanas, el desarraigo generado por la guerra y la movilidad en un mundo globalizado que fragmenta sus vínculos y valores interiores.

El adulto mayor como miembro de la familia, no solo representa actos de ternura y de juegos con los niños o largos silencios y jornadas obligadas de visitas al médico, una visión simplista y reduccionista propia de estos tiempos. El adulto mayor invisibilizado en los tiempos de la telemática juega un rol más protagónico y clave en la estructura de la familia y la sociedad. Su edad no puede verse desde la perspectiva del tiempo, sino en relación con sus vivencias, éxitos y fracasos desde el plano social, familiar y personal en un ámbito socio cultural, económico y político en continuo movimiento, que se torna agresivo e inconsecuente con su aportación, después de haberle extraído su savia, máxime si se trata del adulto mayor de las clases sociales más excluidas y empobrecidas en los últimos cuarenta años de neoliberalismo en los espacios urbanos y rurales.

Su relato siempre hará referencia al trabajo realizado a lo largo de su vida, a sus luchas y vicisitudes; representa el acumulado intelectual producto del análisis sobre el desempeño en sus oficios, vivencias e interacciones con el mundo social, estas vivencias en el tiempo histórico legitiman su don o autoridad de aconsejar a sus semejantes menos experimentados y el de transmitir, a través del relato, los saberes ancestrales, la historia e identidad de la familia y del ámbito societal al que pertenece; aborda las costumbres del pasado y las contrasta con el presente, posibilitando juicios sobre los cambios históricos; conoce acerca de la incidencia de la luna y del clima en la agricultura;  enciende el fuego con facilidad; da sin mirar cuánto queda en la despensa; posibilita el diálogo familiar y la capacidad de escucha y perdón, aspectos tan esquivos en la sociedad colombiana. El adulto mayor es un ser genuino, libre de los prejuicios, como diría Saramago en su poema ¿qué cuantos años tengo?[1]

              [...] ¿Qué cuántos años tengo?

               No necesito marcarlos con un número

               Pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos,

               lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones 

               truncadas ... ¡Valen mucho más que eso! [...] (Fragmento)

           

Pero el sistema médico mercantilizador de la vida no está interesado en mayores y enfermos, ni en la memoria, ni en relatos, tradiciones ni valores, ni mucho menos en el afecto, la compasión o la ternura, su interés se encuentra en la utilidad del negocio de la salud, en humanos vitales dispuestos a ser explotados sin reniego, por ello el sistema tiene un acuerdo tácito con la pandemia, es darwinista y maltusiano, desea que desaparezcan para no asumir ese costo, es un sistema que impulsa el regreso a la animalidad y se opone a los valores de la solidaridad, la generosidad y la compasión, sin disposición a reconocerles algo de su magno trabajo, expulsándolos a la calle a seguir trabajando para su sustento, ante una sociedad indiferente que se empeña en elegir a sus verdugos.

¿Por qué defender a los mayores?...defender a esos sujetos silenciosos del rincón de la casa, del asiento viejo, tercos e insistentes, es defender la estructura central de la familia, porque en ellos está la historia y la sabiduría, la serenidad y el temple, la experiencia, el pasado y los designios del futuro; ellos ayudan a resolver las crisis de la familia y de la organización de manera serena, producto de su experiencia, de éxitos y fracasos, no se apuran ante las quimeras de la acumulación de riqueza material, saben que el sistema capitalista es saqueador y excluyente, se ríen de nuestros afanes, juegan con los niños y les imprimen elementos de sensibilidad, humanismo, afecto e identidad, un quite al dominio telemático esclavizante.

Por ello, el discurso institucional de “relevo generacional” no tiene cabida, debe plantearse uno distinto, que haga referencia al “diálogo intergeneracional” como en los pueblos ancestrales y en las sociedades campesinas tradicionales. Los hombres y mujeres mayores no deben ser relevados ni relegados; no le podemos pedir a los jóvenes que asuman ese complejo rol sin haberlo vivido, ellos lo harán cuando sean mayores. Sin mayores, la familia pierde el rumbo.

Las sociedades que han perdido a sus mayores producto del coronavirus y de otros problemas predecibles, prevenibles y curables, han perdido parte de la historia, identidad, saber y cultura, han perdido su serenidad, serán sociedades tristes, sin magia, sin relato, sin acervo y sin niños sensibles, han perdido el significado de la tenacidad humana contada a sus propios congéneres. Es a ello a lo que nos enfrentamos, lo cual requiere protegerlos no simplemente con las medidas de aislamiento durante la cuarentena, como escondiéndolos de la muerte para liberarlos luego a la sociedad del desprecio. La protección del mayor pasa por el reconocimiento de su rol digno como sabio de la familia y de la sociedad, con un sistema médico humanizado, un sistema alimentario decente y con una cultura integradora, dialogante y reconocedora de su aporte y resistencia histórica en un sistema socioeconómico que se empeña en su marginamiento.  


domingo, 31 de mayo de 2020

POR LA SALUD! ¡POR LA VIDA! Y ¡POR UN PAIS MEJOR!

El Covid-19 sigue implacable rasgando las sucias vestiduras del sistema capitalista, sea éste “salvaje” o “democrático”; dejando a plena luz del día todas las vergüenzas de su cuerpo leproso y el comportamiento ruin y mezquino de quienes detentan el capital y su poder con todos los políticos a su servicio, sean estos de ultraderecha o simples demagogos. Todos buscan sacarle provecho personal, de grupo o de clase a la dura situación que está viviendo la especie humana por la pandemia. La solidaridad de la que tanto alardean, la hacen no porque realmente sean solidarios, sino porque la necesitan para sostener el sistema procurando que no se les derrumbe.

 

Ya hemos podido apreciar cómo, parte de los recursos financieros transferidos por el Gobierno Nacional a los entes territoriales están siendo inescrupulosamente utilizados para hacer politiquería. Este mismo tipo de recursos tomados de esos entes se están transfiriendo a las empresas privadas de salud, no a la red pública como debía ser.

 

Ante tales manejos turbios y desmanes, trabajadores y sectores populares están comenzando a desbordarse, y aunque ciertas actuaciones de algunos de estos sectores no sean las más correctas y aconsejables, su origen está en ese vergonzoso manejo que están haciendo desde las esferas institucionales y los políticos que las detentan.

 

La terrible situación del sistema de salud agravada por su privatización y mucho más en este momento de la pandemia, ha obligado a que el personal médico y todos los trabajadores de la salud decidan realizar actividades de protesta en todos los centros de salud este jueves 9 de abril de 2.020 exigiendo se les dé un trato más digno. Es sencillamente inconcebible que en las condiciones de hoy el personal médico y todos los trabajadores de la salud tengan que trabajar extenuantes jornadas por salarios de tercera y cuarta categoría; una sobrecarga laboral irresistible; abrumados de delimitaciones para poder atender bien a los pacientes. Pero sobre todo, es verdaderamente criminal la situación en que coloca a los pacientes, particularmente los que no tienen los recurso suficientes para costear tratamientos costosos.

 

Ante una situación de tal magnitud de la cual solo damos un pálido reflejo aquí, llamamos vehementemente a que todos los trabajadores, organizaciones sindicales y populares, a acompañar, apoyar, reforzar y solidarizarse con las exigencias del personal médico y todos los trabajadores de la salud en este momento dramático en que nos encontramos todos.

 

Pero sobre todo convocamos a movilizarnos, no en marchas ni concentraciones por ser obvio que no las podemos hacer, aunque si podemos hacerlo desde todos los sitios de trabajo y de permanencia por una cambio radical de la política de salud pública que lleve al fortalecimiento de la Red Publica del Servicio de Salud; por el traslado inmediato de los recursos que el Gobierno Nacional ha tomado de los entes territoriales a esa Red Pública, no a las empresas privadas de salud; por el mejoramiento de las condiciones de trabajo de todo el personal que labora en el sistema; por la asignación de más y mejores recursos para la investigación científica de carácter público; por el control de los recursos financieros que están siendo trasferidos a los entes territoriales por parte de las organizaciones sindicales y populares.

 

Estemos donde estemos. Este jueves 9 de abril de 2.020 a apoyar a los trabajadores de la salud en sus exigencias.

 

Por una jornada exitosa

 

EL FARO SOCIAL.

Abril 8 de 2.020      


¿Qué es el faro social del Cauca?

Es un espacio amplio de análisis, discusión, debate y acción política democrática, alternativa y revolucionaria.

Las bases en las cuales deberá estar soportado EL FARO SOCIAL no son únicamente las organizaciones sociales; es principalmente el Movimiento Social, en el que existen múltiples formas, modalidades y expresiones económicas, políticas y culturales. Es importante destacar que éstas no son únicamente objeto de trabajo, de uso y hasta de abuso, como es común verlo en otros escenarios, de los dirigentes que actuamos en su construcción; son ante todo, sujetos con conciencia en evolución y transformación continúa de sus propósitos, objetivos, deberes, obligaciones y derechos.

En el contexto de este complejo proceso de transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales, debemos tener en cuenta que una de las tantas funciones de EL FARO SOCIAL es promover el desarrollo de actividades en el movimiento cultural en las comunidades. Si bien es cierto EL FARO SOCIAL y su propuesta política nacen de la dirigencia de algunas organizaciones sociales, éste no se puede reducir a una simple sumatoria de las mismas. Su más grandiosa aspiración y su ideal más preciado son y serán que la gran mayoría de comunidades campesinas, indígenas, obreras, populares y urbanas caucanas, por ahora,  confluyan en él con sus especificidades, pero con una política y un programa comunes que los acojan, los defiendan y trabajen por su realización.

 

TAREAS URGENTES DE EL FARO SOCIAL.

 

EL FARO SOCIAL en su propósito de convertirse en una opción política con lineamientos bien definidos, tiene que asumir y realizar varias tareas urgentes.

Una de esas tareas urgentes es darle continuidad y estabilidad al desarrollo de su estructura organizativa y a sus actividades internas. Hasta ahora sus acciones han sido esporádicas, sin continuidad y no ha habido estabilidad en su funcionamiento. Aunque esta debilidad ya ha sido identificada y planteado la necesidad de superarla con propuestas como la de establecer fechas fijas de reuniones, hasta ahora no hemos hecho lo suficiente para superarla. Así será prácticamente imposible actuar con posibilidades de intervenir e incidir en una situación tan compleja con la que existe en el Cauca.

Otra de las tareas urgentes es la construcción de una política alternativa diferente a las existentes, la cual debe señalar la ruta general a largo y mediano plazos y el rumbo por dónde y hacia dónde debemos ir. Esa política debe señalar muy explícitamente para quienes está hecha, a quienes va dirigida y cuál debe ser el papel de los receptores de esa política; si se van a limitar a ser simplemente receptores pasivos de la misma, o por el contrario, deben asumir el papel de actores consientes en su construcción y realización. Explícitamente, en nuestro caso, esta política debe señalar que está hecha y va dirigida a los campesinos, indígenas, obreros y sectores populares urbanos. De hecho en el FARO SOCIAL participan mayoritariamente representantes de organizaciones campesinas, esporádicamente representantes de organizaciones indígenas, algunos pocos de organizaciones obreras y de sectores populares urbanas.  Ya desde que comenzamos a reunirnos como FARO SOCIAL, uno de los participantes planteó la necesidad de dotar al grupo de un programa en el que se establecieran los objetivos, propósitos y tareas que intentaba realizar. Con poca claridad sobre el particular, todos estuvimos de acuerdo en que había que hacerlo, pero por los problemas señalados antes, no hemos hecho mayor cosa en este sentido.

Pero además, en torno a este asunto que es de vital importancia y urgente, nos ha surgido una inquietud que hasta ahora no se ha abordado en este espacio y que queremos dejarla planteada para la discusión. Creemos que en el ejercicio de la política, antes de dotarse de un programa, es necesario saber para dónde es que vamos; es necesario definir esa ruta general a mediano y largo plazos y el rumbo por dónde y hacia dónde queremos ir, pues la solución a los problemas existentes depende enteramente de ese rumbo que queremos seguir. Por ejemplo: ¿Cómo resolver el problema del lamentable atraso en que se encuentra la economía caucana con respecto a otras regiones del país y con mayor razón del mundo? Pues bien. El modelo neoliberal imperante busca “resolverlo” acampando las trans-multinacionales para que saqueen los recursos que nos quedan, con las zonas francas y apropiándose de lo que hay y que les sea útil para acumular más capital. Desde el FARO SOCIAL ya hemos mencionado escuetamente otra ruta muy diferente frente a este mino asunto: el del impulso a la agroindustria cooperativa, asociativa y solidaria para las zonas campesinas e indígenas; la industrialización de la meseta central del Cauca, que tendríamos que discutir cómo hacerlo y qué características debe revestir un proceso como ese; la integración vial del Departamento que también habría que definir qué ruta seguir: si el de los contratos con empresas privadas donde prolifera el robo a los recursos públicos o se vuelve al sistema anterior de ejecución directa por parte del Estado; y así sucesivamente podemos examinar todos y cada uno de los componentes del programa.

Y otra de esas tareas urgentes es la definición de ese Programa. Por supuesto que hay que hacerlo. Pero en este caso ya el programa se ubica como parte esencial sí, pero al fin y al cabo, parte de esa ruta política, como concreción práctica de la misma. En consecuencia y concordante con lo anterior, el programa no se puede concebir como “un listado de necesidades”, como “la lista de lo que hay que comprar en el mercado”, sino como la solución de los problemas identificados en la propuesta política, la ruta y el rumbo en ella definidos. Además, por la naturaleza de su realización, en el Programa se entremezclan asuntos de orden administrativo, tecnológico y técnico. En tal sentido, para una fuerza política como la que estamos proponiendo, lo menos conveniente es que se enrede, o se deje enredar en los aspectos puramente administrativos y técnicos de la ejecución de un programa.

La ruta política y el programa son instrumentos, son herramientas políticas y hay que manejarlas en cuanto tales. Estos se construyen a partir de las múltiples experiencias racionalizadas y evaluadas, del estudio y análisis político de la realidad que se pretende transformar, del conocimiento adquirido y acumulado y no son resultado de la improvisación o de los afanes de una élite “por posicionarse en el mercado” de las propuestas político-electorales.

En este sentido y así las cosas, es de suma importancia en nuestro caso y para nuestra propuesta, tener en cuenta un argumento que ha sido ampliamente posicionado en la ideología dominante por las élites de la burocracia y la tecnocracia que ejecutan las políticas dominantes, como aquel según el cual, la técnica y la tecnología “son neutrales”, que no tienen nada que ver con la política, que no tienen color político, que “son incoloras, insaboras e inoloras”, que no interesa quien las formule sino los resultados (¿para quién o quiénes?). Este es uno de esos miles y miles de galimatías que a menudo los ingerimos sin reflexión. Esto es absolutamente falso. La técnica y la tecnología son funcionales para quien o quienes detenten el poder político. En el sistema imperialista y capitalista en que vivimos, éstas sirven y le producen enormes beneficios al capital, y los obreros y los trabajadores en general simplemente las operan para le rindan plusvalía al capital.

 

EL FARO SOCIAL Y LOS EVENTOS ELECTORALES

 

Para el FARO SOCIAL, la discusión no está en si se participa o no se participa en los eventos electorales en las condiciones políticas existentes en el país en la actualidad, pero si estamos obligados a hacer algunas aclaraciones necesarias. En el mercado de las propuestas político-electorales, en el pensamiento político dominante y específicamente entre los llamados alternativos, a menudo escuchamos hablar de “LA SOCIEDAD CIVIL”. Y cuando preguntamos qué es esa “sociedad civil”, quienes la conforman, “como se come” y de qué está hecha, la respuesta obvia que obtenemos es que esa “sociedad civil somos todos”, sin distinciones de ninguna clase. En plata blanca, como decían los abuelos, en nuestro caso en Colombia, de la “sociedad civil” hacen parte los Sarmiento Angulo, Ardila Lule, el Sindicato Antioqueño, los narcos, .los paramilitares, los altos jerarcas de la Iglesia católica y de otras sectas, las élites de la burocracia y la tecnocracia, todo los ladrones de cuello blanco, los altos oficiales de las Fuerzas armadas, etc., etc.  Su esencia no puede tener otro sentido que el de borrar las diferencias de clase y la lucha de clases, el de legitimar el sistema para terminar defendiendo el statu quo. Todos terminan defendiendo el Estado Social de Derecho que es el Estado que corresponde al modo de producción capitalista y sirve para mantener el dominio del capital sobre el trabajo. Por eso hemos visto hasta sectores guerrilleros intentando negociaciones políticas con representantes de la “sociedad civil” para hacer los supuestos “cambios revolucionarios” que no pudieron hacer en más de 50 años de andar para arriba y para abajo sin ton ni son con los fusiles al hombro.  Y por eso, su participación en las elecciones termina en lo mismo, reproduciendo los mismos vicios de la politiquería.

Por el contrario, el FARO SOCIAL para diferenciarse  con toda nitidez de las demás expresiones políticas tradicionales y del llamado campo alternativo, no puede ni debe caer en la charca de quienes pretender borrar las abismales diferencias de orden Político, Social, Económico existentes, las clases sociales y la lucha de clases. Debe crear conciencia que el voto de clase, DEBE PROFUNDIZAR LA CONCIENCIA DE CLASE, LAS CONTRADICCIÓNES DE CLASE Y LA LUCHA DE CLASES PARA RESOLVERLAS.

En este sentido, voto debe convertirse en un acto político consciente de clase y el proceso electoral debe servir para agitar una propuesta política para que realmente pueda contribuir al desarrollo de un Movimiento Político Popular, Democrático y Revolucionario. Por ello, la participación electoral tiene un carácter eminentemente táctico.


EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

  Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de...