domingo, 27 de noviembre de 2022

CAMBIOS REALES EN COLOMBIA SOLO SE LOGRARÁN CON LA CONSTRUCCIÓN DE PROCESOS POLITICOS DEMOCRATICOS REVOLUCIONARIOS CON PRACTICAS DIFERENTES A LAS DE LA POLITIQUERIA TRADIIONAL.

 

CAMBIOS REALES EN COLOMBIA SOLO SE LOGRARÁN CON LA CONSTRUCCIÓN DE PROCESOS POLITICOS DEMOCRATICOS REVOLUCIONARIOS CON PRACTICAS DIFERENTES A LAS DE LA POLITIQUERIA TRADIIONAL.

 

De ninguna manera se nos ha escapado ni se nos puede escapar que, llevar a cabo las reformas democráticas propuestas por Colombia Humana y con mayor razón, por el Pacto Histórico, es una empresa bien complicada y difícil, de manera especial, en nuestro país. Así lo expresamos en el FARO SOCIAL cuando expusimos nuestra posición crítica antes de iniciarse la campaña electoral que llevaría a Gustavo Petro a la presidencia de la República, sus posibilidades, limitaciones y alcances de su Gobierno. Allí manifestamos nuestras preocupaciones y apreciaciones críticas con respecto a algunas de las reformas planteadas, especialmente la Agraria y la Tributaria.

Los acontecimientos que hemos presenciado en estos últimos días en los trámites económicos y legales de estas dos reformas, demuestran mejor que miles de discursos, toda la capacidad marrullera, no solo de lo que hemos denominado la extrema derecha, o lo que es lo mismo: la alianza de los sectores burgueses del capital financiero (bancos), grandes industriales y comerciantes con los agroindustriales y terratenientes íntimamente ligados al narcotráfico, el paramilitarismo y  el capital imperialista (que incluye el capital imperialista norteamericano,  de la Unión Europea, Rusia y China), sino también de sectores que hacen parte del Pacto Histórico, en primera instancia, los “del centro” o “centristas” que, cuando se trata de la lucha contra el régimen político que queremos y necesitamos cambiar, son neutrales, es decir, no hacen nada, pero cuando se trata de realizar las reformas como debe ser, también les sobran marrullas y con la rapidez del relámpago, se ponen de acuerdo con la ultraderecha,  y las diferentes expresiones de la llamada “izquierda” que tampoco aportan mayor cosa, hasta liberales y conservadores que a última hora se “unieron” para poder actuar mejor desde dentro.

Con el insidioso apoyo y concurso mediático de los amarillistas, no hay sacudida de trapos o de polvo en Palacio o expresión del Presidente u otros colaboradores que no sean convertidos en comidilla de mal olor y sabor, pero apta para saciar esos voraces apetitos primarios de “destrozar” la presa y engullirla antes de masticarla. Así han procedido y por eso, la propuesta de reforma tributaria, la fueron trasquilando hasta que solo quedó una hilacha; del mismo modo, la propuesta inicial de entrega de 3 millones de hectáreas de tierras a las víctimas que propuso el Presidente, ya van en millón y medio, y pueden lograr reducirlas a mucho menos. Lo mismo está sucediendo con la propuesta de transición energética y así sucederá con la reforma del sistema de salud.

¿Cuáles son las razones para que lo anunciado por el Gobierno Petro baya quedando en ese hilachero de reformas? ¿Las dificultades por la férrea oposición de la extrema derecha, que a pesar de encontrarse desarticulada y en una situación política de crisis sin posibilidades de recuperación, continúa con mucho margen de maniobra? ¿La imprevista actitud que adoptarían, por parte del Gobierno, los “centristas” y sus congéneres liberales y conservadores del Pacto Histórico y de no pocos amigotes de esa la llamada “nueva izquierda” que, como hemos dicho, en términos de discursos defienden “a muerte al Gobierno Petro y sus reformas” pero en términos prácticos y reales, en no pocas situaciones concretas, su “izquierdismo” queda a la derecha del Centro Democrático?

Todo esto ha incidido y seguirá incidiendo. No hay que dudarlo. Pero la razón fundamental, principal, y esencial que más está pesando en lo que se denominó el Pacto Histórico, es que este conglomerado político accidental, coyuntural, hecho para resolver contingencias, no para resolver los problemas de fondo que necesita el país, aun tratándose de soluciones simplemente democráticas, sin ir más allá, no es ni puede ser más que eso: una montonera de retazos provenientes de la politiquería tradicional en su gran mayoría, de la politiquería de las ONG(s) otros, y no pocos de la politiquería de la “nueva izquierda” que, en términos de lucha, es peor que la “vieja”. Allí lo que más pesa no es lo nuevo, sino lo viejo, lo tradicional y su estilo, las viejas mañas del sistema clientelista de la politiquería tradicional. Todos los que componen ese retacero son el peor peso muerto que tiene que cargar Petro en “su pasión por subir al Monte de los Olivos”.

Y este problema no se resuelve con floridos y hasta elocuentes discursos hechos en casa o fuera de ella. Mucho menos lo puede resolver ese retacero de los “centristas” o “moderados”, los descendientes de las viejas clientelas de las ONG(s), de la “nueva izquierda” y de liberales y conservadores, en contubernio con los restos de esas agrupaciones políticas que aterrizaron cunado ya no tenían más opción. Esto solo lo puede resolver la construcción de procesos económicos, políticos y sociales revolucionarios fuertes, sólidos y profundamente enraizados en las masas trabajadoras de obreros urbanos y rurales, campesinos, indígenas y todos los sectores medios de la ciudad y del campo; con procesos de reconstrucción y unificación organizativa y política, de reconstrucción cultural y social, reconstrucción de programas políticos parciales y generales, y en fin, de construcción de un poderoso Movimiento Político Revolucionario capaz de llevar adelante, no solo reformas que sin lugar a dudas son necesarias, sino principalmente transformaciones en el ejercicio del poder político, en las instituciones estatales y sociales y en la distribución de las riquezas generadas por el trabajo.

Sin embargo, estos procesos no son realizables de la noche a la mañana. Necesitan tiempo y un esfuerzo inmenso de reconstrucción económica, política, social y cultural; mientras tanto, no podemos quedarnos en la lamentación lanzando maldiciones contra quienes están bloqueando y aniquilando las reformas planteadas, con todo lo limitadas que puedan ser. Creemos que es el momento de pasar a la acción, de convocar a la movilización general del pueblo en apoyo y exigencia de que las reformas que ya han sido trasquiladas y debilitadas aún más, se retomen y se lleven adelante.

Desde luego, entendemos que en el régimen vigente, que sigue siendo el viejo régimen político, no lo puede hacer el Presidente ni el Gobierno. Pero para eso están las organizaciones políticas y sociales. Son éstas las que deben tomar la iniciativa y asumir el compromiso de profundizar el proceso de democratización del país y avanzar por él. Pero para esto, antes que cualquier otra cosa, hay que romper la inercia que nos imponen el estilo, los métodos, hábitos, costumbres y marrullas de la politiquería tradicional. Tenemos primero, que desbloquear nuestro pensamiento y nuestras actitudes políticas, todas las fuerzas que estamos interesadas y necesitamos que las reformas democráticas prosperen y ojalá avancen mucho más. Una cosa son las reformas democráticas que logremos realizar y profundizar con el empuje de las fuerzas políticas populares desde abajo, y otra cosa es que nos quedemos como el pajarillo pichón chillando y abriendo el pico para que los papás nos lo llenen, que nos quedemos esperando que los beneficios de las reformas nos lleguen desde arriba  

No es para apoyar a Petro que hay que movilizarse y menos al Gobierno con las debilidades que está mostrando. Hay que pasar a la movilización general del pueblo para no permitir más recortes, mutilaciones y bloqueos a las reformas y luchemos por: el avance en los procesos de desmovilización de los grupos armados con negociación política en los casos que amerite hacerlo; el cambio de la política antidrogas actual y la solución al narcotráfico para poder alcanzar la paz; la defensa de los páramos y de la Amazonía que no es asunto solo de los países que tienen parte de la cuenca amazónica ni solo de los países latinoamericanos, sino un asunto de supervivencia de la especie humana y de la vida en el planeta; la construcción de los rieles de la transición energética; verdadera política estatal de fomento y ampliación de las micro, pequeñas y medianas empresas nacionales industriales, comerciales y de servicios para resolver en parte los problemas de desempleo y subempleo, y una  reforma laboral que por lo menos alivie un poco las tragedias de la “informalidad” y contribuya en la reconstrucción del movimiento sindical de los trabajadores.

Son contadas con los dedos de una sola mano las voces que hemos escuchado en el Pacto Histórico, proponer la movilización política y social para respaldar las reformas que se está tratando de realizar, y aun así, algunas de ellas, provenientes de “buenos” liberales, “tiraron la piedra y escondieron la mano”. Los revolucionarios, los demócratas y las masas populares no podemos esperar que un Estado profundamente corroído por la corrupción y cooptado por las mafias de todo orden, haga lo que solo puede hacer el pueblo organizado y en un proceso ascendente de desarrollo de su conciencia política. Esto no ha cambiado ni va cambiar porque Petro y el Pacto Histórico hayan llegado a ocupar los altos cargos en el Gobierno. Lejos de eso, esos poderes, la gran mayoría armados, siguen intactos y están creando situaciones preocupantes de zozobra porque saben perfectamente las debilidades que tienen al frente.

Y como nuestra cantaleta no es solo para criticar y menos para descalificar simplemente, sino también para apoyar y celebrar los avances, así sean muy pocos y precarios, consideramos de gran importancia el reinicio y continuación de las negociaciones políticas con el ELN para completar el proceso de negociación política del conflicto armado y ojalá se pueda llegar al desarme de todos los grupos armados existentes en el momento; bien por haberse atrevido a plantear un cambio sustancial en la política antidrogas indispensable para poder desatrancar salidas y soluciones al problema del narcotráfico, principal agente generador de violencia y corrupción en el país; y sobre todo, haber dado el paso de reanudar las relaciones diplomáticas y comerciales con el país y el hermano pueblo venezolano. Con todo lo dura que ha sido y es nuestra posición crítica frente a la tragedia que vive este pueblo hermano y frente a las responsabilidades de quienes han estado al mando del Estado y Gobiernos de este país, siempre estuvimos en contra de las arbitrariedades cometidas por los Gobiernos de la extrema derecha colombiana contra la República Bolivariana de Venezuela, empujada por la extrema derecha norteamericana. A un pueblo no se le puede revictimizar, so pretexto de diferencias ideológicas y políticas con sus dirigentes. Por eso, es apenas justo que este Gobierno colombiano esté reparando esa tropelía cometida con el hermano pueblo venezolano  

Y a propósito de las arbitrariedades cometidas por los Gobiernos de la extrema derecha colombiana contra Venezuela, estuvo primero, la de vender por parte del Gobierno Uribe, las acciones que tenía en la Empresa Monómeros colombo-venezolanos al de Venezuela por 50 millones de dólares, como un paso para empezar a envenenar las relaciones con el Estado venezolano. Venta que, entre otras cosas, sería muy importante que el Gobierno colombiano actual, investigara a fondo, qué se hicieron esos recursos, a dónde fueron a parar; luego el Gobierno Duque completó la torpeza convirtiéndola en monumental arbitrariedad, al reconocer al figurín de la derecha tradicional venezolana y entregarle el control de la empresa que ya era de propiedad completa de Venezuela, al supuesto Gobierno de ese figurín.

El Presidente Petro lanzó la idea de volver a comprar, por parte del Gobierno colombiano, la mitad de las acciones de la empresa. Sin titubear para nada, consideramos que ese sería un paso de enorme trascendencia económica, política y social, no solo por la posibilidad de recuperar la autosuficiencia en materia de fertilizantes para el agro en Colombia, sino porque ese paso podría constituirse en la cuota inicial de reconstrucción de la economía y la política de la Gran Colombia. Haciendo a un lado los romanticismos históricos, la desastrosa utilización que hicieran de esa propuesta las fuerzas políticas existentes en el momento que la planteó Bolívar, los odios partidistas que incentivaron, más lo equivocado en su aplicación por parte de él mismo, dieron al traste con una posibilidad que bien pudo ayudar a crear otra realidad en el continente. Bolívar con su capacidad visionaria y su aguda apreciación de las fuerzas económicas y políticas que se movían en su momento, creyó en la necesidad de crear un bloque fuerte con mayor capacidad para defenderse de las potencias imperialistas de Europa, Norteamérica, y en cierta forma, de los más fuertes en Sur América como Brasil y Argentina. Solo que él no supo cómo hacerlo. Su delirio absolutista y bonapartista al estilo francés, junto con el arraigo a los poderes locales de las dirigencias de entonces que no se habían removido y que no pudo tratar, lo llevaron al fracaso. Sin embargo, en el siglo XX, cundo se hizo un buen intento de retomarla y darle vida, dio excelentes resultados. Testimonio claro de ello lo tenemos en empresas como la Flota Mercante Gran Colombiana, Avianca, y otros emprendimientos que fueron orgullo internacional de nuestros pueblos.

Hoy, más que en los tiempos de Bolívar, y ahora más que nunca, cobra actualidad y es necesaria la reconstrucción de la Gran Colombia, de la que, en la actualidad, podría hacer parte Panamá; hay que acariciar esa idea, hay que intentar, por lo menos, retomarla, y hasta donde sea posible, luchar por su realización de acuerdo a las circunstancias que estamos viviendo, pero con una política y unas formas estatales muy diferentes de las que intentó Bolívar. En su momento, eran varias potencias imperialistas que se diputaban el dominio del mundo, pero de manera separada, cada una por su lado. Ahora, nos encontramos frente a dos grandes bloques imperialistas: EE. UU. de Norteamérica, la Unión Europea y Japón y todos sus aliados de un lado, y del otro, Rusia, China y demás aliados. Bien sabemos que el bloque Rusia-China ha penetrado profundamente en nuestro continente latinoamericano y EE. UU. hace cuánto puede por tratar sostener el control sobre estos países como lo ha hecho durante casi dos siglos.

A esta disputa de gigantes no podemos escapar, pero si podemos, si actuamos con inteligencia, contrarrestarla y ganar posiciones de independencia, soberanía y autodeterminación, valores políticos históricos que actualmente el modelo neoliberal que se nutre del saqueo de nuestros pueblos, nos quiere hacer creer que no sirven para nada y que no tienen razón de ser. Ya es hora de convencernos que, uno de los más resonantes triunfos económicos y políticos del modelo neoliberal y su globalización actual, ha sido y ha consistido en destrozar económica, política y militarmente no solo a los Estados nacionales creados como producto de las luchas por la descolonización de Asia, África y América Latina, sino y de manera especial, las agrupaciones de Estados nacionales que se conformaron con el propósito de defenderse en mejores condiciones del avasallamiento de las potencias imperialistas, y si en algún momento subsistieron o las reconformaron, fue solo porque pasaron a ser funcionales al modelo o quedaron bajo su absoluto control.

La irracionalidad y la orgía de la muerte impuesta por la barbarie nos enceguece y empequeñece a cada momento, pero podemos, como David, desafiar a Goliat y derribarlo, si sabemos utilizar las pequeñas fuerzas que tenemos, si actuamos con inteligencia y hacemos lo que hay que hacer. Si no hay propuestas audaces, viables y sólidas para reconstruir la unidad de América Latina con independencia, soberanía nacional, autonomía y autodeterminación, seguiremos siendo enanos que nos vapulean por todas partes.

Atrevámonos a desafiar gigantes y a destronar al Rey. A eso estamos abocados y condenados. Y no tenemos más alternativas recuperadoras de la dignidad de nuestros pueblos que Resistir, Insistir y Persistir para Resurgir, Reconstruir y Triunfar.

 

Marino Ausecha Cerón

Popayán, nov. 21/2.022      

 

     

 

   

         
 

 

 

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