martes, 25 de noviembre de 2025

A CADA MINUTO QUE PASA

 

MINUTO A MINUTO, QUEDAN AL DESNUDO LAS VERDADERAS RAZONES DEL IMPRESIONANTE DESPLIEGUE MILITAR EN EL CARIBE

 

En nuestro anterior artículo de EL FARO SOCIAL, decíamos que la cacería de narcotraficantes en el Caribe y Pacífico no era más que el pretexto para ocultar otros objetivos económicos, políticos y estratégicos, y señalamos algunos de ellos, como el de la disputa global por las zonas donde existen minerales indispensables para la tecnología digital actual, para la exploración espacial y el de tratar de recomponer el control sobre “el patio trasero”, bastante resquebrajado, como se encuentra hoy a los propósitos de dominación continental que mantuvo el imperio norteamericano, prácticamente desde comienzos del siglo XX, hasta los inicios del XXI.

Todos los demás hechos que van apareciendo en el transcurso de los minutos, los días y las semanas, han demostrado con creses que no estábamos equivocados al señalar que lo que estaba detrás de esa cacería, de los insultos y ofensas, en primer lugar contra Petro, y con ello, a nuestro pueblo colombiano y a su dignidad nacional, que éste sí conserva, ha defendido y defiende, muy a pesar y en contra de esa inveterada conducta entreguista y cobarde de esa oligarquía que ha gobernado hasta hoy en Colombia, incluso desde antes que existieran eso que hemos llamado “Independencia”, “República” y “Estado Social de Derecho”, no era una simple cacería de narcotraficantes.

Cualquier persona con una mediana formación política, pero observador inteligente, puede entender con facilidad que es absolutamente absurdo un despliegue militar de la envergadura que ha puesto en acción el pistolero del Oeste para cercar a Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, a quienes han etiquetado como los cabecillas del “Cartel de los Soles”, rodeando a Venezuela y de paso a Colombia. Solo desde el punto de vista puramente financiero, de los costos que implica toda esa impresionante movilización de fuerzas simplemente para atacar a unos narcos, es absolutamente absurda. Cualquier persona con un mínimo de racionalidad y sentido común que, como dice la gente, a la larga es el menos común de los sentidos, sabe que para aplastar una pulga no se necesita la pata de un elefante. ¿De qué explosión de locura se trata en este caso? ¿De un arrebato de locura senil? Puede serlo; pero no de locura senil del pistolero, sino del imperio. Porque todos los imperios conocidos en la Historia, en su decadencia y decrepitud, han terminado haciendo locuras, incluso algunas de ellas, inexplicables.

Sin embargo, para poder entender un poco este tipo de locuras, se necesita algo más que el simple sentido común, por muy poco común que éste sea. Para esto necesitamos algo de conocimientos de Historia, de Economía Política y Ciencia filosófica, puesto que ya no se trata solamente de emitir opiniones sobre el comportamiento de una u otra persona loca o no, de uno u otro grupo, o de una u otra fuerza política con sus hazañas y conquistas en sus momentos lucidos, o sus desenfrenos en sus momentos de locura senil. Y decimos esto porque todo el aparato expansionista y guerrerista del imperio presume, o mejor, en pleno apogeo de la peor decadencia, se le agolpan los delirios de grandeza y “sus hazañas” de expansión, conquista y afirmación de “su misión civilizadora del mundo” que vivió a comienzos del siglo XX, poniendo a América Latina bajo su control, o sus delirios hegemónicos después de las dos Guerras Mundiales, en las cuales aportó e invirtió muy poco y obtuvo mucho, mucho más de lo que esperaba.

Pero además del desfase histórico en que funda sus delirios decrépitos, éste va cuesta abajo con la carga a sus espaldas de la quiebra general del modelo neoliberal que impusieron precisamente este aparato expansionista y guerrerista desde la década de los años 70 del siglo XX muy de la mano con sus congéneres ingleses. Es decir, ya no es solo ese aparato expansionista y guerrerista el que se encuentra en retroceso, decadencia y desmoronamiento general, sino también su principal sustento, el modelo neoliberal que le permitió respirar luego del retroceso y pérdida del Sistema Socialista y montar su hegemonía mundial unipolar, como se le ha denominado. Después de la crisis financiera de 2.008, la bala de oxígeno comenzó a agotársele, y las otras potencias imperialistas actuales que también se disputan el dominio del mundo, no van a acudir presurosas a llenársela, como lo hizo China en esa década de los años 70 y la siguiente de los años 80.

Ese dominio mundial unipolar ya no puede recomponerlo como pretenden el pistolero y el imperio norteamericanos; esa supremacía mundial ya la perdió. Prueba de ello son las actuales guerras que libra en Ucrania y Oriente Medio. Después del primer año, la guerra en Ucrania dejó de ser de Ucrania contra la invasión rusa y se convirtió en la guerra de Rusia contra la OTAN, es decir, dejó de ser una guerra local, modalidad en que se habían mantenido ese tipo de conflictos que eran conflictos apoyados de uno y otro lado por intereses imperialistas externos, y se internacionalizó para medir fuerzas entre la OTAN y Rusia, como una de las cabezas principales del otro bloque. En Oriente Medio, el bloque imperialista norteamericano con sus secuaces en Europa y de manera especial, con el carnicero de Gaza en Israel y otros de la región, tal carnicería se centró, ya no en eliminar a un “grupo terrorista”, según sus pretextos, sino en ensañarse y arrasar al pueblo palestino que durante siglos ha resistido el despojo de su territorio y su cultura. Y aún así, no ha logrado recomponer su dominio total. Allí hay otras fuerzas políticas y países apoyados por el otro bloque imperialista sobre los cuales perdió definitivamente su dominio.

En América Latina, su patio trasero, siempre ha existido la resistencia; ayer contra el imperio español y otros de Europa; a partir de comienzos del Siglo XX, contra el imperio norteamericano; en 1.960, irrumpió Cuba con su posición independiente de este imperio. Esta aspiración y lucha de nuestros pueblos por liberarse de ese domino continúo en delante de una o de otra manera. Después de la recolonización que hicieran a partir de la década de los años 90 del XX con la imposición de su modelo neoliberal, sus tratados de libre comercio y los cambios económicos que sobrevinieron en las economías internas de estos países, resurgió ya en otras modalidades, el mismo deseo de nuestros pueblos de romper la coyunda de ese imperio. Vinieron los procesos independentistas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y en cierta forma en Centro América. Si bien es cierto, estos procesos no han tenido la consolidación y estabilidad que deseamos todos, y el imperio ha logrado recuperar temporalmente sus fuerzas y sus adeptos en Ecuador y Bolivia, tampoco logrará la estabilidad que igualmente desean, así lo rehagan con las fuerzas más reaccionarias a las que normalmente acuden.

Así lo demuestran los últimos acontecimientos políticos de la región El pueblo ecuatoriano respondió con un contundente NO a su consulta para obtener la autorización para volver a montar las bases de las fuerzas militares invasoras norteamericanas en suelo ecuatoriano que Rafael Correa había levantado. El pueblo venezolano no se amedrenta frente al monstruoso despliegue militar en el Caribe y se prepara para defender su territorio, su patria y sus recursos. Esta es la verdadera razón de ese despliegue militar. En primer lugar, mostrarle a las extremas derechas en estos países que esas fuerzas están y estarán de su lado y envalentonarlas para que recuperen los gobiernos o los fortalezcan  donde muestran debilidades y riesgos; en segundo lugar, generar dudas y desconfianza en las fuerzas políticas democráticas sobre las posibilidades reales de enfrentar esa descomunal fuerza; y en tercer lugar, amenazar, amedrentar y aterrorizar a nuestros pueblos para después, barajar propuestas de diálogo para que desistan de sus propósitos de sacudirse el yugo al que se encuentran sometidos; es decir, diálogo con el fusil apuntándole en la nuca o los misiles listos para ser disparados con toda la destrucción que podemos ver en la Tv., en otros casos donde están promoviendo las guerras por desplazarse los unos a los otros.

Estamos suficientemente informados que la violencia y las guerras que se libran actualmente en los campos  Colombianos y Venezolanos, entre sí o con el Estado colombiano, especialmente las que continuaron después de la negociación y los acuerdos de La Habana con las FARC-EP en 2.016, con el Clan del Golfo, el ELN y las llamadas disidencias de Iván Márquez, Gentil Duarte e Iván Mordisco, son o hacen parte integral de la guerra global que se libra por el control de territorios, rutas del narcotráfico y la gran minería ilegal con la explotación de oro y minerales estratégicos indispensables para la tecnología digital actual y la exploración espacial, actividades que ya no pertenecen a carteles locales como los conocimos antes, sino que hacen parte de redes internacionales del crimen cuyos propietarios, accionantes y beneficiarios se encuentran en Europa, Estados Unidos, México, Oriente Medio y en gran parte Brasil, y que son dueños no solo del negocio, de la infraestructura para operar y de los beneficios resultantes, sino también de los ejércitos que operan en nuestro territorio y Venezuela, encargados de promover y custodiar los cultivos de la hoja de coca, de operar las explotaciones mineras y mantener las rutas de exportación de los productos que fabrican y extraen.

Lo anterior es una muestra fehaciente de que, el entronque del narcotráfico y demás actividades ilegales con el modelo neoliberal a través de las transmultinacionales, pasó a otro nivel, se profundizó y se fundieron para un solo objetivo: mantener el sistema imperialista como sea y al costo que sea, apuntalándolo con el crimen, mantener la movilidad de capitales en el mercado mundial y viabilizar la disputa y control de territorios. Esta fusión ya no la hacen las transmultinacionales ubicadas en las actividades económicas productivas o comerciales que operan negocios lícitos y legales, sino las que se ubican en el crimen y las actividades delincuenciales. A su vez, esto muestra la nueva fase de decadencia y descomposición múltiple que vive, no solo el modelo neoliberal, sino todo el sistema capitalista-imperialista. Este camino a la degradación total de paso, nos indica también la reanimación y relativo fortalecimiento de las fuerzas políticas de la extrema derecha a nivel mundial y el resurgimiento de los grupos neonazifascistas, principalmente en Europa, Oriente Medio, Norteamérica y América Latina, y las brutales guerras y violencia que ocurren actualmente en gran parte de África.

Todo esto nos ha permitido apreciar cómo se están moviendo estos ejércitos incrustados en la nueva fase de fusión del narcotráfico y demás actividades económicas ilícitas e ilegales con el modelo neoliberal, particularmente en Colombia, Venezuela y de manera inmediata, en nuestra comarca: el Cauca. Hemos visto cómo, uno de los resultados más condenables y preocupantes del crecimiento y desborde de las actividades de estos grupos, ha sido el reclutamiento forzado y no forzado de menores de edad, incluso niños, para enrolarlos en sus ejércitos,  contemplando, con no poca indignación, el cinismo y perversa actitud de toda la manada anti-Petrista (extrema derecha, derecha y no pocos centristas), cómo utilizan esa práctica de esos grupos para responsabilizar al gobierno y, en particular a Petro, cuando en un bombardeo obligado, fueron dados de baja menores de edad. Prácticas que nos golpea y duele, en especial, a los demócratas y revolucionarios que, por naturaleza, somos respetuosos de la dignidad individual y colectiva de la gente y no compartimos ni toleramos ese tipo de conductas, aún más delincuenciales que la misma guerra que hacen,

Según la alocución presidencial, informando cómo sucedieron los hechos, de las circunstancias específicas en que ocurrieron, tuvieron que hacerlo de manera obligada. De no hacerlo, era la vida del grupo de soldados la que estaba en jugo y en inminente riesgo por encontrarse en total desventaja. Pero, además, ni el contingente de soldados ni la comandancia general, tenían el tiempo mínimo necesario para hacer la debida inteligencia y determinar la presencia de menores de edad en las filas de ese grupo delincuencial. ¿Y qué hubiera sucedido si las cosas se hubieran dado al contrario? Es decir, ¿si los altos mandos militares y el Presidente hubiesen desistido del bombardeo y los muertos hubiesen sido los integrantes del contingente de soldados? ¿Cuál hubiese sido la respuesta de la pandilla de rabiosos y enfermizos anti-Petristas? No nos cabe la menor duda que la lluvia de rayos y centellas contra el gobierno y contra Petro hubiese sido peor. Investigar y establecer con imparcialidad las condiciones y circunstancias específicas en que fue necesario tomar las decisiones y llevar a cabo las acciones, como corresponde a los órganos del poder público y es, incluso su obligación, no; eso no interesa para nada a esas tribus ávidas por devorar la presa.

Para personas mínimamente sensatas, es absolutamente claro que, en las condiciones del sistema capitalista actual, por su propia naturaleza, lleno de contradicciones y conflictos, es imposible evitar las guerras, salvo pocas excepciones en las cuales, la inminencia de enfrentamientos bélicos, pueden ser evitados mediante acuerdos y negociaciones y, en consecuencia, el Derecho Internacional no las prohíbe. Solo las regula mediante normas de la especialidad del Derecho Internacional Humanitario en sus métodos y medios en los conflictos armados, internacionales o no internacionales en los cuales, ciertas prácticas violatorias de la normatividad humanitaria en sus principios de: distinción, proporcionalidad, precaución y humanidad, obligan a los Estados a cumplirlas, y a las fuerzas beligerantes, a respetarlas, como única forma de poder acceder al status de fuerzas beligerantes que se enfrentan por razones de orden político. Y esta legislación establece de manera expresa, la diferencia entre fuerzas contendientes por razones y motivos políticos, de las que acuden a la violencia y la guerra en grupos y organizaciones armadas mediante prácticas operativas y de combate irregulares por motivos particulares, privados y/o delincuenciales que atañen a delitos comunes.

Este último tipo de conflictos, pueden partir de fundamentos políticos y desarrollarse entre uno o más grupos irregulares contra los Estados en un momento dado y en unas condiciones y situaciones dadas, o pueden ser de organizaciones paramilitares contra esos grupos irregulares (guerrillas beligerantes) y en apoyo a los ejércitos oficiales y al orden estatal existente, modalidad bélica que ha tomado mucho auge en los últimos años en diferentes partes del mundo y en Colombia en la década de los años 90 del siglo XX y principios del siglo XXI, nos consta cómo afectó gravemente a la población civil y, particularmente a los menores de edad. Desde luego que, en este tipo de conflictos, en los que se afecta a los menores y niños por razones del mismo, o porque muchas veces se los involucra en los conflictos en diferentes formas y grados, los protocolos adicionales de 1.977, crean instrumentos del Derecho Internacional que tratan de la defensa y protección de los menores; el protocolo II, de manera expresa prohíbe el reclutamiento de menores de 15 años o su participación directa e indirecta en las hostilidades y obligan a que los Estados tomen todas las medidas para evitar dicho reclutamiento, y en caso de existir, a tomar todas las precauciones para evitar que en los enfrentamientos caigan víctimas estos menores.

Instrumentos que en el artículo 38 de la Convención de 1.989 los derechos de los menores y de los niños en los conflictos no internacionales, si bien no prohíbe la participación de menores entre los 15 y 18 años, amplia las normas de protección general y el Estatuto de la Corte Penal Internacional tipifica con toda precisión el delito de llevar a niños de menos de 15 años, así su participación sea voluntaria, a las hostilidades y enfrentamientos bélicos, como crimen de guerra. Reiteramos una vez más que, a los demócratas y a los revolucionarios nos duele y nos indigna que menores de edad y niños sean arrancados forzosamente o no, de sus hogares, del seno de sus familias y de las posibilidades de un desarrollo social, físico, afectivo y moral, para ser lanzados a una vida de degradación delincuencial al servicio de unos depravados acumuladores de fortunas. Quienes defendemos y mantenemos objetivos políticos nobles, no podemos siquiera guardar silencio ante la podredumbre en la que ha caído este moribundo sistema capitalista-imperialista que agoniza y necesita ser sepultado ya.

Frente a lo sucedido en el bombardeo del Guaviare en que cayeron menores de edad y a todo el agravamiento de este de guerra en nuestro país, categóricamente expresamos nuestra posición y actitud crítica desde el momento en que el Gobierno y particularmente Petro, lanzaron su propuesta de “Paz Total” y de “negociación” con esos grupos armados (Clan del Golfo, Disidencias, ELN y otros). Nuestra percepción inmediata fue la de que esa propuesta era demasiado ambigua y no partía de la caracterización de en qué tipo de conflictos era que estaban esos grupos; si había algo de motivaciones políticas, o si se trataba de actividades puramente delincuenciales. Eso nos generaba muchas dudas, no únicamente en la propuesta, sino también en algunos de los Comisionados de Paz y negociadores. Después, cuando ya era tarde, Petro tuvo que salir a tratar de corregir su inocentada y a dar explicaciones de que esos grupos, lo que hacían era actividades delincuenciales y que los dueños de los negocios no estaban acá, sino fuera de Colombia; pero, al parecer, su Alto Comisionado Paz no corrigió lo que debieron corregir a tiempo, o no iniciar algo que, desde el principio era fallido.

Ante tal desarrollo de los acontecimientos creemos, ahora con mayor razón, que lo que el Estado colombiano, el gobierno y Petro en particular, debieron y deben hacer: una campaña y acciones agresivas políticas y diplomáticas internacionales ante los demás países y gobiernos para congregar apoyos en todos los órdenes para obtener mayor respaldo en la lucha contra las actividades económicas ilícitas e ilegales; ante la Corte Penal Internacional en procura de un apoyo más efectivo en la lucha contra estos grupos y sus prácticas de reclutamiento de menores. Creemos que había que descartar cualquier tipo de negociación y accionar por todos los medios, para obtener su sometimiento a la justicia. No hay más alternativa. Y que los organismos judiciales internacionales, hagan lo que tienen que hacer.

EL FARO SOCIAL

Popayán, nov. 24/2.025

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

  Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de...