MAS QUE A LOS INSULTOS Y OFENSAS, PRESTEMOLE ATENCION A
LO QUE HAY Y VIENE DETRÁS DE LOS MISMOS
En
estos últimos días, hemos podido apreciar a plenitud, cómo, después que Mr.
“Cara dura”, el “Señor de los Cielos”, o de las pistolas al cinto ordenara
movilizar las fuerzas armadas imperiales de intervención hacia el Caribe,
además de rodear por agua a Venezuela, con el ya archiconocido pretexto de la
cacería de narcotraficantes, ha escalado aún más el bloqueo, ya no solo contra
Venezuela, bombardeando lanchas en aguas internacionales del Mar Caribe y del
Océano Atlántico, sino contra Colombia, y aparece bombardeando lanchas en aguas
internacionales del Océano Pacífico.
Los
insultos y ofensas al presidente de Colombia Gustavo Petro U., que nos guste o
no, encarna la unidad nacional del Estado colombiano y de la sociedad
colombiana ante el mundo y que, desde luego, son intolerables, inaceptables e
inadmisibles, no tienen propósitos distintos a los de:
1) Demeritar, descalificar, enlodar y ensuciar la reputación
de la persona del presidente, y con ello, insultar y ofender; solo que en este
caso, no se ofende e insulta solo al Presidente; más que eso, constituyen
insultos y ofensas a nuestro pueblo, a nuestro país, por parte de un personaje
como estos que siguen actuando como esos emperadores brutales asiáticos o
romanos, repartiendo látigo contra sus súbditos esclavos o siervos. Ese es un
camino trillado más que suficientemente conocido. Antes, en las décadas de los
años 30, 40 y 50 del siglo XX, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que
ahora revive este personaje, heredando los mismos métodos y procedimientos
nazi-fascistas de enlodar y arruinar la reputación personal de revolucionarios
o simples opositores, han intervenido a través de sus secuaces, las extremas
derechas, en el mundo entero y, particularmente en nuestro país, de lo cual no
se escapó ni el mismo Alfonso López Pumarejo. Así lo hicieron contra Saddam
Hussein en Irak y Muamar el Gadafi en Libia, contando con “los buenos
servicios” de sus secuaces en Israel, Arabia Saudita y otros en Oriente Medio.
Lo insólito es que, en este caso, “los diálogos para no polarizar” no aparezcan
dándole lecciones a Trump y a Marco Rubio, como deberían expresarse para “no
polarizar”.
2) No puede haber la menor duda que otro de los propósitos
fundamentales en estas acciones es el ganar audiencia, reforzar y envalentonar
a todas las derechas, desde las extremas, hasta las moderadas y, de manera
especial, en los llamados progresistas de centro, porque todos, incluida la
mayoría de estos últimos, están de acuerdo en que Petro y su gobierno, deben
“bajarle el tono” a “la agresividad” con los respetabilísimos gobierno y Señor
Trump de EE UU., es decir, hay que doblar la rodilla y bajar la cabeza; pero
ese gobierno y su cabecilla, no están obligados a respetar a los gobiernos
y Presidentes de esos pueblos, así sean
“tercermundistas” saqueados y arruinados por ellos. Ante el emperador asiático
o romano, hay que doblegarse sumiso y pedir excusas por el más mínimo gesto de
disgusto. La dignidad nacional de los pueblos y países vale un soberano rábano.
3) Tampoco debe quedar la menor duda. Detrás de estos
arrogantes e insolentes comportamientos del pistolero de Oeste norteamericano,
están, ya no solo el bloqueo marítimo con sus fuerzas navales por Mar y Océanos
Atlántico y Pacífico a Venezuela, sino también a Colombia. Sus patanerías y
bravuconadas no son otra cosa que la cortina para preparar la intervención
directa territorial y la invasión a nuestros pueblos. La urgencia y aparente
actitud razonable para buscar y proponer soluciones a las guerras en Ucrania y
la Franja de Gaza, no tienen otro sentido que el de entregarle la
responsabilidad de las mismas a sus secuaces en Europa y Oriente Medio y
poderse concentrar en recuperar y recomponer el dominio sobre “el Patio
trasero” ya bastante resquebrajado. Pero este juego macabro puede resultarle
más macabro de lo que él cree, no solo para nuestros pueblos, que lo es y será,
ante la inminente invasión, sino principalmente para los propósitos imperiales
del emperador asiático o romano. Muy clara y elocuentemente, lo han expresado
altos funcionarios del gobierno de Brasil, incluido Lula Da Silva, al decir que
“el más mínimo desliz e intento de invadir Venezuela, puede incendiar a toda
Suramérica”. Y nosotros diríamos aquí, que no solo Suramérica puede
incendiarse; lo más seguro es que Centroamérica también arderá en llamas y los
achicharrados no serán solo los pueblos de estos países. También lo serán los
invasores. Que no les quepa la menor duda de esto.
Con el mismo desparpajo con que insulta y ofende
gobernantes y pueblos de otros países, insulta y arroja como papel de su
sanitario el saber científico, mientras la ciencia no cumpla el borreguil papel
de cortesana a su servicio. Él solo entiende y quiere que todo el mundo le
obedezca. No quiere saber nada del más mínimo análisis de la realidad en que se
encuentra su imperio en el momento actual y solo responde y actúa con la idea
fija que aprendió de las décadas de los años 1.960 a 2.010, período durante el
cual asumió el papel de principal cabecilla del mundo capitalista de Occidente,
de policía del mundo que podía actuar como quisiera y le diera la gana en todo
el mundo; es decir, como la superpotencia imperialista con su dominio
“unipolar”, como lo denominaban hasta hace poco tiempo. Ahora no puede hacer
eso; ahora hay otras potencias imperialistas que pisan fuerte en el escenario
de la disputa global por áreas de influencia, mercados, fuerza de trabajo y
zonas estratégicas en las perspectivas de los mercados del futuro y de tipo
militar, entre ellas, lo que siempre ha considerado como “su Patio trasero”, y
por ello, la urgencia, la premura en recomponerlo principalmente con sus
secuaces de la extrema derecha.
4) Detrás de la disputa imperialista global actual está el control de los minerales estratégicos para la alta tecnología digital y para la exploración espacial, como ayer lo estuvo el oro y luego el petróleo. Quien controle los yacimientos de estos minerales y su explotación, puede controlar esa tecnología, su uso y los mercados o, al menos tendrá posibilidades de competir con los rivales. Latinoamérica alberga muchos recursos de estos. Además, es suficientemente conocido que, en el Guaviare y Vichada, en los límites con Venezuela y por supuesto allá, hay abundante mineral Coltán, indispensable hoy para esa tecnología, del cual se han apoderado algunos de los grupos armados que existen en Colombia, estableciendo redes de comercio por ese país. Por eso, la urgencia y premura por “combatir y perseguir narcotraficantes”; que ya no lo harán solo hundiendo lanchas en aguas internacionales del Caribe, Océanos Atlántico y Pacífico. Así fue anunciado el 26 de octubre de 2.025. Realizarán intervenciones terrestres en Colombia y Venezuela. Y será precisamente en esa región. Esta ya comenzó con los preparativos previos: enlodar y ensuciar a Petro, justificación necesaria para poner argumentos en boca y micrófonos de la extrema derecha y todo ese espectro que es el que necesitan fortalecer para garantizar el control político en todos los terrenos.
Si el propósito fuera realmente combatir y acabar con el
narcotráfico, como lo han predicado desde las décadas de los años 60 y 70 del
siglo XX, ya deberían, desde hace años atrás, haber declarado el consumo de
narcóticos como problema de salud pública. Es la sociedad norteamericana con
todos sus desajustes, conflictos y decadencias, la que ha creado la necesidad
sicosocial y psicoafectiva que generan el consumo. Y es esa misma sociedad la
que debe resolver el problema de los consumidores. Solución que nunca llegará
simplemente persiguiendo narcotraficantes. Y además, exigiéndole a nuestros
campesinos cultivadores que resuelvan su problema. Se ha hablado mucho de que
“esa ha sido, es y seguirá siendo una política fracasada”. Desde nuestro punto
de vista, esta no ha “sido, ni es ni seguirá siendo una política fracasada” por
la elemental razón de que ellos nunca tuvieron el propósito verdadero y real de
combatir y acabar con el narcotráfico, sino perseguirlo para poder sostenerlo y
mantenerlo, porque está más que comprobado y claro que esa actividad, les ha
proporcionado inmensos beneficios, no solo económicos, sino primordialmente
políticos.
Es por eso que hicieron la sencilla operación de invertir
el problema, es decir, “ponerlo cabeza abajo” y de paso invertirle la cabeza,
la mente, a mucha gente en todo el mundo, especialmente en el mundo de la
política y las relaciones oficiales de las sociedades. Es de una elemental
lógica en las relaciones mercantiles existentes en la sociedad capitalista en
que vivimos, que mientras haya consumo y demanda de una mercancía, cualesquiera
que ella sea, habrá quienes la produzcan y ofrezcan, es decir, habrá oferta. Si
no hay consumo y demanda, nadie, absolutamente nadie, ni curas ni evangélicos,
fabricarán productos simplemente para verlos o para prenderles velas y
venerarlos. Los estupefacientes se fabrican porque hay consumo y demanda. Y
esos consumidores y esa demanda están, en su gran mayoría, allá, en EE. UU. Y
es este el problema que sus principales beneficiarios nunca hay tenido el
propósito de resolver porque los réditos que les ha dejado y les sigue dejando,
son muchos; hasta para justificar intervenciones directas, como en este caso,
les sirve.
Para los revolucionarios, demócratas y todos quienes estamos comprometidos con la defensa de nuestros pueblos, nuestros derechos y nuestra dignidad nacional, debemos tener suficientemente claro que Venezuela no es solo Maduro y Diosdado Cabello, como tampoco Colombia es solo Petro, o solo narcotráfico, a lo cual groseramente se le trata de vincular. En Venezuela existe una fuerza revolucionaria independiente que no está al lado de una u otra potencia imperialista de las que se disputan el dominio mundial ahora; que está luchando en defensa de su pueblo, se fortalece, fortalecerá y cada día más ganará el apoyo mayoritario de su pueblo y hará de Venezuela un pueblo verdaderamente independiente, libre y soberano. En Colombia, aunque la situación, por ahora, es aún más difícil, estamos absolutamente convencidos que no todos o la mayoría, doblaremos la rodilla ni bajaremos la cabeza ante el emperador siguiendo la miserable genuflexión de la extrema derecha y los pusilánimes, que también los hay. Por el contrario, la lista de deudas por cobrar es larga. Y aún sin cobrarlas, tenemos enormes potencialidades, posibilidades y capacidades para construir una nación grande, próspera, independiente y soberana. Los revolucionarios, demócratas y luchadores sociales no nos llenaremos de pánico ante la intervención imperialista gringa, en este caso. Lucharemos y defenderemos nuestro país.
Así
lo ha demostrado nuestro pueblo en múltiples ocasiones. El Movimiento de Los
Comuneros que surgió en España en 1.522, cuando aún no había terminado la
conquista española, se repitió en lo que hoy son los Departamentos de Santander
y Norte de Santander en l.781. Y a pesar de haber sido derrotado y
descuartizado su máximo dirigente José Antonio Galán, volvió a resurgir en la
denominada “Campaña Admirable” que realizara Bolívar sobre Cartagena,
convirtiéndose en la principal base combatiente del Ejército patriota. Así lo
demuestran las innumerables guerras civiles del siglo XIX en las que los
sectores más conscientes de nuestro pueblo lucharon sin desmayo por hacer de
este país algo diferente a lo que ha sido bajo el mando de las mismas derechas
extremas de la mano con las potencias imperialistas de la época y de la Iglesia
Católica. Y así lo demuestran todos los acontecimientos sociales y políticos
del siglo XX. Y hoy, frente a amenazas mucho mayores, nuestro pueblo no se
doblegará. Nuestros pueblos de Sur y Centroamérica no se doblegarán. Haga lo
que haga el emperador romano que puede ser un Trajano o un Bruto, o ambos a la
vez, no podrá recomponer el dominio mundial unipolar que tuvo en años pasados. La
correlación de fuerzas que existe hoy a nivel global, no le permite hacer eso.
Mas posibilidades hay de que esté cavando su propia tumba.
EL FARO SOCIAL
Popayán,
octubre 30 de 2.025
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