APRECIACIONES
CRITICAS SOBRE LA PROPUESTA DE REFORMA AL SISTEMA DE SALUD Y LA CONSULTA
Con base en el documento emitido desde la Presidencia de la Central General
del Trabajo (CGT)-Seccional Cauca, “Consideraciones sobre la Propuesta de Reforma
a la Salud”, EL FARO SOCIAL se permite contribuir a desarrollar más
ese enfoque de lo que se necesita realizar, en cuanto es en el momento, la
posición más acertada que existe y amerita ser apoyada no solo aceptándola y
“dándole la bendición”, sino principalmente, convirtiéndola en herramienta de
trabajo y contribuyendo a desarrollarla.
El sistema de salud que tenemos actualmente, no llegó a la situación en que
se encuentra por un proceso evolutivo espontáneo del sistema que existió hasta
la década de los años 70 del siglo XX. Hasta esos años, en el sistema
existente, había un amplio predominio de la Red Pública de Hospitales, Clínicas
y Puestos de Salud. En la década siguiente, que podemos llamarlo, período de
transición al sistema actual que tenemos, lo fue de crisis progresiva en la
medida en que cada día contaba con menos recursos para operar, es decir, que se
trató de una crisis inducida, desde los niveles de decisión política,
administrativa y jurídica nacionales.
Así se llegó al año 1.994 en que, con la Ley 100, se diseñó el actual
Sistema de Salud que tenemos. Por eso,
nosotros decimos que el actual Sistema de Salud es, desde el punto de vista
jurídico, fruto, hijo de la Ley 100; y desde el punto de vista político, de la
gran ofensiva del Modelo Neoliberal a nivel mundial y que, en Colombia, tomó
fuerza después de la Constituyente y la Constitución Política de 1.991, a la
que tanto se le adora, se le rinde culto, y aún más, se llama a la gente a
rezarle, venerarla y santificarla. De esta manera, se trasformó totalmente, no
solo la prestación del servicio, sino principalmente la finalidad y los objetivos
de la oferta de servicios de salud, la organización, el modo, hasta el
comportamiento social y político del personal científico, profesional de
diferentes áreas de la salud, auxiliar y trabajadores en general.
Como lo hemos anotando antes, hasta la década de los años 70 del siglo XX,
la atención en salud estaba a cargo de la Red Pública, mediante la cual el
Estado, bien, regular o mal, cumplía con la responsabilidad de garantizar el
servicio y el derecho de los ciudadanos. Red que en buena medida fue construida
con el esfuerzo colectivo de las comunidades, al menos en el nivel primario. En
este caso, el presupuesto nacional para atender la salud pública estaba
destinado a proveer de recursos, a financiar esta Red Pública. O
como se dijo a partir de la Ley 100, el Estado “subsidiaba” la oferta
de los servicios de salud que los ciudadanos necesitaban.
La imposición del Modelo Neoliberal en todas las actividades económicas,
invirtió esa lógica. En lugar de mantener y fortalecer ese “subsidio”
a la oferta, es decir, de continuar atendiendo por medio de esa Red
Pública a los ciudadanos en los momentos de necesidades de salud, esos recursos
del presupuesto nacional, se dirigieron a financiar la demanda,
trasladándolos a las empresas privadas de salud que se crearon para que fuera a
estas a donde el ciudadano tuviera que dirigirse en demanda de esas necesidades.
Es la típica trampa del bobo, en la que el bobo “muerde el anzuelo”, hace el
“trabajo sucio” y el vivo simplemente espera que el bobo termine asado en la
parrilla para recoger los beneficios de la “pesca milagrosa”. Nada gratuito es,
que no pocas organizaciones sociales, dirigidas por personajes que habían
levantado aureola de luchadores sociales y revolucionarios, cayeran en la
trampa y ayudaran a legitimar el Modelo Neoliberal, que es el verdadero
causante de la decadencia y degradación en que se encuentran, no solo el
sistema de salud, sino toda la sociedad colombiana y las colectividades humanas
en el mundo entero.
Antes de continuar es, para nosotros, obligatorio hacer dos aclaraciones de
mucha importancia, en lo que al análisis político del sistema de salud
respecta. La una es sobre el concepto del derecho del individuo a poder cumplir
con sus funciones y obligaciones de trabajo, de actividades sociales y
culturales y de hacer todo lo que tiene que hacer en condiciones de bienestar
físico, ambiental y sicológico. Desde que surgió el sistema capitalista, se
realizaron las primeras revoluciones burguesas que establecieron el
correspondiente Estado de Derecho (o Estado burgués), fue consagrado ese
derecho del individuo como una conquista social de los ciudadanos con carácter
universal, como responsabilidad y obligación del Estado. En ese sentido,
más que un derecho de los ciudadanos con carácter universal, es decir, igual
para todos, es una responsabilidad del Estado, garantizar a todos sus
súbditos la satisfacción de ese derecho, por la elemental razón de que
todos los ellos contribuyen con su trabajo a crear la riqueza social con la
cual ha de ser dotado el sistema de los recursos necesarios para mantenerlo en
operación constante.
La otra aclaración importante, es sobre el concepto de subsidio. Desde
nuestro punto de vista actual, los subsidios son recursos adicionales que los
Estados le asignan a determinados sectores sociales, de la producción, del
consumo o de actividades sociales, artísticas y/o culturales. Por ejemplo: el
subsidio al transporte que los gobiernos asignaban a los ciudadanos, al hacer
uso de los medios de transporte urbano; o el subsidio que actualmente se les
asigna a los ciudadanos de los estratos 0, 1, 2 y 3, en el consumo de la
energía eléctrica; o los subsidios que los gobiernos de los países ricos a su
interior, asignan a sectores de la producción agroindustrial para mantener los
precios relativamente bajos dentro y fuera de los mismos. En este sentido, los subsidios,
en términos generales, no pueden ser de carácter permanente, o lo que es lo
mismo, son transitorios; y tampoco son el único medio con el cual se sostiene
tal o cual actividad. Estos son una ayuda, un apoyo del Estado, no la fuente
fundamental y única de financiación.
Desde que cambiaron el sistema de salud que teníamos por el que existe
actualmente, se hizo permanente el uso de ese término, de esa palabra, que más
que palabra es un concepto económico y político. Se introdujo la idea del
subsidio a la oferta, como existía anteriormente mediante la Red Pública, al
contrario de lo que hay ahora, como subsidio a la demanda con las empresas
privadas de salud. Allí, y en ese momento, se hizo de uso popular y corriente,
la idea del subsidio en relación con el servicio de salud y, en alguna medida,
de otros servicios públicos. Consideramos que, en este caso, no se trata de
subsidiar la oferta o la demanda del servicio de salud. En términos sociales,
políticos y jurídicos, esta es una responsabilidad y obligación del Estado,
garantizar la satisfacción de ese derecho a los ciudadanos, de manera igual
para todos. Y a su lado está el
concepto, también económico y político, de servicio. En la sociedad
capitalista, los servicios son un área, un renglón entre todos los demás
renglones de la producción de un país y del mundo, y como tal son también
mercancías como cualquiera otra que se valoran según los costos de producción y
la ganancia del empresario.
Por lo tanto, al identificar el acceso del ciudadano a la salud como un servicio
y denominarlo como la prestación del servicio de salud, automáticamente
se está asimilando la obligación del Estado de garantizarles la salud a sus
ciudadanos, como otra de las tantas mercancías que existen en el mundo del
capital, en el mundo de la economía capitalista. Y vemos en las protestas,
marchas y movilizaciones las inscripciones en las pancartas: “La Salud no es
una Mercancía; es un Derecho”; y oímos gritar en las mismas: “La Salud
no es un Negocio; es un Derecho”. Y hasta al propio Presidente Petro lo
hemos oído expresar en sus discursos que “La Salud no es una Mercancía y que
el Servicio de Salud no es un Negocio”. Pero mientras la salud se siga
considerando e identificando como Servicio y se mantenga la estructura
económica y organizacional actual, seguirá siendo de hecho, una Mercancía que
se compra y se vende como cualquiera otra, en el mercado de la salud y se
valoriza según los costos de producción y la ganancia de los empresarios. Y para
el caso que nos ocupa, esta ganancia es bien alta.
Y no sobra agregar que a las anteriores aclaraciones que acabamos de
enunciar, hemos podido llegar gracias al ya largo esfuerzo que hemos hecho
por estudiar, analizar y confrontar los discursos con la desconcertante
realidad que a todo momento nos atropella y abruma, y son fruto de nuestra
inquebrantable decisión de profundizar el proceso de conocimiento de la
realidad que nos rodea y de replantear, tanto lo que hemos concebido y
concebimos de esa realidad, como todo lo que hemos hecho y hacemos,
supuestamente para transformar esa realidad, de nuestro férreo compromiso de
someter a crítica implacable, tanto las burradas que hacen los demás, como las
que hemos hecho y hacemos nosotros mismos. Por eso, nos propusimos replantear
todo: las interpretaciones y comprensiones de la realidad, criterios de
acción y de trabajo, de organización y de construcción del pensamiento y de la
fuerza política que tanto necesitamos, y que todo esto se vea reflejado en lo
que hacemos.
Hechas estas aclaraciones, podemos continuar con los interrogantes que la
CGT-Cauca formula en su documento y que apuntan a colocar el debate y la toma
de decisiones sociales y políticas sobre el particular, en el sitio que hay que
colocarlo y en el plano en que hay que actuar: ¿Cuál es el problema a
resolver a mediano y largo plazos? ¿Y cuál es el problema a resolver a corto
plazo? ¿Estamos en condiciones de garantizar una salud pública universal? ¿Qué
es lo que tenemos que hacer en términos inmediatos?
Es claro que el objetivo a mediano y largo plazos es transformar el
actual sistema en un sistema de salud pública con carácter universal. ¿Que
implica esto y que se requiere para lograrlo? Para alcanzar este propósito se
necesita:
a) Construir, Reunir y Conformar una Gran Fuerza Social y Política
desde ahora, capaz de obligar a este
Estado burgués que está al servicio de los capitalistas, no de las clases y
sectores sociales trabajadores, a que recupere la propiedad y gestión de la red
pública de salud.
b) Con el actual sistema que tenemos, ampliar y mejorar la
atención exige más y más plata. Por eso hoy lo que existe es una amplia
Red de alta complejidad en Salud, demasiado costosa y a la cual, la mayoría de
la población trabajadora no tiene acceso. Si cambiamos la actual atención al
enfermo y a la enfermedad por la consecución de un individuo
vigoroso y sano, progresivamente se reducirán los costos financieros en
salud, además de muchas otras ventajas que con ello se obtienen. Metámonos en
la cabeza, con inyector, si es necesario, que el individuo sano, deja de ser
negocio para los depravados negociantes de la salud. En este sentido, la
solución de los problemas de salud no es solo de dinero, como lo veremos a
continuación.
c) Terminar el aseguramiento del Riesgo en Salud que, en el
actual modelo lo hacen las EPS, para que esa función vuelva a ser pública; con
ello, se elimina la intermediación financiera que hacen esas EPS y los recursos
fluirían a la Red Pública de Hospitales, Clínicas y Puestos de Salud de manera
directa; aunque, hay que aclarar que, con el modelo actual, el negocio grueso y
fabuloso, no está tanto en las EPS, sino en las IPS y en las tras-multinacionales
productoras de fármacos. Las EPS son solo eso, intermediarias financieras que,
al despojarlas de esa facultad que les dio la Ley 100, no tendrían razón de ser
y desaparecerían. Sin embargo, eso no es más que una mínima parte del problema;
puede ser una conquista importante, pero no resuelve todo el problema. Como
hemos dicho ya, es en esa Red de Alta Complejidad, a la cual no tiene acceso la
gran mayoría del pueblo colombiano, donde está el verdadero problema.
d) Una institucionalidad lo suficientemente fuerte y
dinámica capaz de ejecutar políticas de Estado estables y duraderas que no
dependan de los gobiernos de turno.
e) Construcción de un Plan General de mejoramiento de las
condiciones de trabajo y salariales de todo el personal científico,
profesional, técnico, tecnológico y de trabajadores en general del Sistema de
Salud, con apoyo económico a su formación profesional, a su capacitación
científica permanente, a su capacitación
técnica; reduciendo progresivamente la carga laboral haciéndola menos fatigosa
y onerosa, con mejoramiento igualmente progresivo de la remuneración salarial y
eliminación sin atenuación ni justificaciones de ningún tipo, de la retención
de los pagos al personal de salud.
Es claro que no contamos con esos requisitos. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir
en el rincón arrumados y abrumados por el desconcierto? O lo que es peor:
¿seguir desde la montonera de pequeños sindicatos en una misma entidad de salud
haciéndose una competencia sorda y salvaje entre sí, en vez de enfilar la lucha
contra los depravados negociantes de la salud, dueños de las grandes empresas
privadas de la salud y de la producción de fármacos? Tampoco podemos llegar al
fatalismo de argumentar que la situación está tan difícil que ya no hay nada
qué hacer, que todo está perdido.
En términos de corto plazo, qué hacer, es lo que hay. Lo que no podemos es pretender recuperar de un momento a
otro, lo que dejamos perder en todos estos años, y si reiniciamos por donde hay
que reiniciar, encontraremos muchas cosas que las podemos ir haciendo, ir
construyendo para recobrar fuerza, capacidad política, conocimientos, destrezas
para movilizar las pequeñas reservas que tenemos e ir revirtiendo la debilidad
en fuerza. Por ejemplo: la construcción de esa gran fuerza social y política de
la que hemos hablado antes y proponemos como uno de los instrumentos
fundamentales para lograr los propósitos de transformar el actual sistema de
salud, no la podemos hacer de la noche a la mañana, con un decreto o con una
propuesta de reforma que en el fondo no reforma nada. Entre otras razones, porque
ella solo se puede construir en la lucha, en la acción por recuperar lo que
hemos perdido, estudiando, capacitándonos, aprendiendo y corrigiendo errores,
no solo, los que cometamos hora, sino los que hemos cometido desde hace ya
muchos años. Pretender dotarnos de una gran fuerza social y política primero
para después ponerla a luchar, sería tan absurdo como pretender construir una
casa de arriba para abajo.
Es en la confrontación permanente por pequeños logros y pequeñas conquistas
que vamos alcanzando, en ese aprendizaje constante como podemos ir construyendo
tal fuerza. Tampoco se puede seguir esperando que otros grupos o personas desde
fuera del sistema de salud, mesiánicamente la construyan y vayan a salvarlo
porque allá lo que a menudo abundan, son demagogos que andan a la caza de
cualquier oportunidad. Entonces ¿dónde y con quienes hay que construir esta
gran fuerza? No de manera exclusiva pero sí fundamentalmente con los mismos
trabajadores de la salud; trabajadores científicos, profesionales de otras
especialidades pero que trabajan allí, profesionales de las diferentes
especialidades médicas, personal auxiliar y trabajadores en general. Esta
fuerza que se construya allí no debe pretender actuar sola, aislada de otras
fuerzas políticas que se construyan en otras áreas de trabajo y de la economía
nacional.
Desde nuestro punto vista creemos y proponemos que, lo más apropiado, de
acuerdo a la situación en que nos encontramos, es enfilar lo mejor de nuestros
esfuerzos a unificar pensamiento y acción en torno: a) Retomar la Recuperación
de la Red Pública de Salud; b) Promover la Discusión y Formación amplias sobre
los Determinantes Económicos, Ambientales, Sociales y Culturales de la Salud o
de la Enfermedad, como el trabajo en condiciones óptimas, alimentación,
vivienda, recreación, uso del tiempo libre; c) Cómo Retomar y Fortalecer la
Salud Preventiva como Eje Central de todo el Sistema de Salud, en el que es
menester darle un mejor tratamiento y ubicación a lo que pueden aportar las
Terapias Alternativas; d) Una Gran Acción Política y Social para Promover el
Ejercicio Físico Obligatorio, el Deporte Social, Danzas y Bailes Deportivos.
¿Movilizarse en lucha, aunque sea por pequeñas conquistas con la clara
intención de ir construyendo las propuestas que estamos planteando y otras que
se considere necesario aportar?, incuestionablemente sí, hay que hacerlo Pero movilizarse por pequeñas migajas, sin
una estrategia, sin criterio de conjunto y cada uno por su lado, como se ha
venido haciendo y se sigue repitiendo, ya es demasiado abuso con la pobreza y
necesidades de la gente que incluso puede ser hasta peor que lo que hacen los
depravados mercaderes de la salud, porque eso destruye la confianza de todos
los que luchan en sus propias fuerzas. Y creer que, con unas jornadas de
movilización, que más tienen tintes, olores y sabores electorales que de
propósitos fundamentales y fundamentados de solución de los problemas de la
salud del pueblo, así lograran retomar y aprobar la Reforma a la Salud, en el
fondo no cambiaría nada. Y ni siquiera suponiendo que, eso permitiera un nuevo
triunfo electoral y la continuación del gobierno, podemos esperar soluciones de
fondo a la situación existente en salud y en todo lo demás.
La más contundente evidencia de lo que acabamos de plantear, son las
preguntas de la Consulta y las que le agregaron que escasamente podrían servir
de Consignas para las pancartas de una marcha de protesta o de slogans de una
campaña electoral. Preguntarles a los usuarios de Sistema de Salud actual que,
si “Quiere que se cambie ese Sistema”, pues claro que todos lo queremos. El
problema es Cómo, Qué otro Sistema mejor se va a adoptar, Qué otros Instrumentos
Institucionales se van a Crear y Cuáles serían exactamente los Cambios que se
van a Introducir y, Cómo van a Beneficiar a la mayoría del Pueblo Colombiano. Esto
es tan ingenuo, por decir lo menos, que sería como preguntarle a una persona
con hipotermia, si el gua moja.
EL FARO SOCIAL
Popayán, mayo 29 /2.025