viernes, 30 de mayo de 2025

APRECIACIONES CRITICAS SOBRE LA PROPUESTA DE REFORMA AL SISTEMA DE SALUD Y LA CONSULTA

 

 APRECIACIONES CRITICAS SOBRE LA PROPUESTA DE REFORMA AL SISTEMA DE SALUD Y LA CONSULTA

Con base en el documento emitido desde la Presidencia de la Central General del Trabajo (CGT)-Seccional Cauca, “Consideraciones sobre la Propuesta de Reforma a la Salud”, EL FARO SOCIAL se permite contribuir a desarrollar más ese enfoque de lo que se necesita realizar, en cuanto es en el momento, la posición más acertada que existe y amerita ser apoyada no solo aceptándola y “dándole la bendición”, sino principalmente, convirtiéndola en herramienta de trabajo y contribuyendo a desarrollarla.

El sistema de salud que tenemos actualmente, no llegó a la situación en que se encuentra por un proceso evolutivo espontáneo del sistema que existió hasta la década de los años 70 del siglo XX. Hasta esos años, en el sistema existente, había un amplio predominio de la Red Pública de Hospitales, Clínicas y Puestos de Salud. En la década siguiente, que podemos llamarlo, período de transición al sistema actual que tenemos, lo fue de crisis progresiva en la medida en que cada día contaba con menos recursos para operar, es decir, que se trató de una crisis inducida, desde los niveles de decisión política, administrativa y jurídica nacionales.

Así se llegó al año 1.994 en que, con la Ley 100, se diseñó el actual Sistema de Salud que tenemos.  Por eso, nosotros decimos que el actual Sistema de Salud es, desde el punto de vista jurídico, fruto, hijo de la Ley 100; y desde el punto de vista político, de la gran ofensiva del Modelo Neoliberal a nivel mundial y que, en Colombia, tomó fuerza después de la Constituyente y la Constitución Política de 1.991, a la que tanto se le adora, se le rinde culto, y aún más, se llama a la gente a rezarle, venerarla y santificarla. De esta manera, se trasformó totalmente, no solo la prestación del servicio, sino principalmente la finalidad y los objetivos de la oferta de servicios de salud, la organización, el modo, hasta el comportamiento social y político del personal científico, profesional de diferentes áreas de la salud, auxiliar y trabajadores en general. 

Como lo hemos anotando antes, hasta la década de los años 70 del siglo XX, la atención en salud estaba a cargo de la Red Pública, mediante la cual el Estado, bien, regular o mal, cumplía con la responsabilidad de garantizar el servicio y el derecho de los ciudadanos. Red que en buena medida fue construida con el esfuerzo colectivo de las comunidades, al menos en el nivel primario. En este caso, el presupuesto nacional para atender la salud pública estaba destinado a proveer de recursos, a financiar esta Red Pública. O como se dijo a partir de la Ley 100, el Estado “subsidiaba” la oferta de los servicios de salud que los ciudadanos necesitaban.

La imposición del Modelo Neoliberal en todas las actividades económicas, invirtió esa lógica. En lugar de mantener y fortalecer ese “subsidio” a la oferta, es decir, de continuar atendiendo por medio de esa Red Pública a los ciudadanos en los momentos de necesidades de salud, esos recursos del presupuesto nacional, se dirigieron a financiar la demanda, trasladándolos a las empresas privadas de salud que se crearon para que fuera a estas a donde el ciudadano tuviera que dirigirse en demanda de esas necesidades. Es la típica trampa del bobo, en la que el bobo “muerde el anzuelo”, hace el “trabajo sucio” y el vivo simplemente espera que el bobo termine asado en la parrilla para recoger los beneficios de la “pesca milagrosa”. Nada gratuito es, que no pocas organizaciones sociales, dirigidas por personajes que habían levantado aureola de luchadores sociales y revolucionarios, cayeran en la trampa y ayudaran a legitimar el Modelo Neoliberal, que es el verdadero causante de la decadencia y degradación en que se encuentran, no solo el sistema de salud, sino toda la sociedad colombiana y las colectividades humanas en el mundo entero.

Antes de continuar es, para nosotros, obligatorio hacer dos aclaraciones de mucha importancia, en lo que al análisis político del sistema de salud respecta. La una es sobre el concepto del derecho del individuo a poder cumplir con sus funciones y obligaciones de trabajo, de actividades sociales y culturales y de hacer todo lo que tiene que hacer en condiciones de bienestar físico, ambiental y sicológico. Desde que surgió el sistema capitalista, se realizaron las primeras revoluciones burguesas que establecieron el correspondiente Estado de Derecho (o Estado burgués), fue consagrado ese derecho del individuo como una conquista social de los ciudadanos con carácter universal, como responsabilidad y obligación del Estado. En ese sentido, más que un derecho de los ciudadanos con carácter universal, es decir, igual para todos, es una responsabilidad del Estado, garantizar a todos sus súbditos la satisfacción de ese derecho, por la elemental razón de que todos los ellos contribuyen con su trabajo a crear la riqueza social con la cual ha de ser dotado el sistema de los recursos necesarios para mantenerlo en operación constante.

La otra aclaración importante, es sobre el concepto de subsidio. Desde nuestro punto de vista actual, los subsidios son recursos adicionales que los Estados le asignan a determinados sectores sociales, de la producción, del consumo o de actividades sociales, artísticas y/o culturales. Por ejemplo: el subsidio al transporte que los gobiernos asignaban a los ciudadanos, al hacer uso de los medios de transporte urbano; o el subsidio que actualmente se les asigna a los ciudadanos de los estratos 0, 1, 2 y 3, en el consumo de la energía eléctrica; o los subsidios que los gobiernos de los países ricos a su interior, asignan a sectores de la producción agroindustrial para mantener los precios relativamente bajos dentro y fuera de los mismos. En este sentido, los subsidios, en términos generales, no pueden ser de carácter permanente, o lo que es lo mismo, son transitorios; y tampoco son el único medio con el cual se sostiene tal o cual actividad. Estos son una ayuda, un apoyo del Estado, no la fuente fundamental y única de financiación.

Desde que cambiaron el sistema de salud que teníamos por el que existe actualmente, se hizo permanente el uso de ese término, de esa palabra, que más que palabra es un concepto económico y político. Se introdujo la idea del subsidio a la oferta, como existía anteriormente mediante la Red Pública, al contrario de lo que hay ahora, como subsidio a la demanda con las empresas privadas de salud. Allí, y en ese momento, se hizo de uso popular y corriente, la idea del subsidio en relación con el servicio de salud y, en alguna medida, de otros servicios públicos. Consideramos que, en este caso, no se trata de subsidiar la oferta o la demanda del servicio de salud. En términos sociales, políticos y jurídicos, esta es una responsabilidad y obligación del Estado, garantizar la satisfacción de ese derecho a los ciudadanos, de manera igual para todos.  Y a su lado está el concepto, también económico y político, de servicio. En la sociedad capitalista, los servicios son un área, un renglón entre todos los demás renglones de la producción de un país y del mundo, y como tal son también mercancías como cualquiera otra que se valoran según los costos de producción y la ganancia del empresario.

Por lo tanto, al identificar el acceso del ciudadano a la salud como un servicio y denominarlo como la prestación del servicio de salud, automáticamente se está asimilando la obligación del Estado de garantizarles la salud a sus ciudadanos, como otra de las tantas mercancías que existen en el mundo del capital, en el mundo de la economía capitalista. Y vemos en las protestas, marchas y movilizaciones las inscripciones en las pancartas: “La Salud no es una Mercancía; es un Derecho”; y oímos gritar en las mismas: “La Salud no es un Negocio; es un Derecho”. Y hasta al propio Presidente Petro lo hemos oído expresar en sus discursos que “La Salud no es una Mercancía y que el Servicio de Salud no es un Negocio”. Pero mientras la salud se siga considerando e identificando como Servicio y se mantenga la estructura económica y organizacional actual, seguirá siendo de hecho, una Mercancía que se compra y se vende como cualquiera otra, en el mercado de la salud y se valoriza según los costos de producción y la ganancia de los empresarios. Y para el caso que nos ocupa, esta ganancia es bien alta.

Y no sobra agregar que a las anteriores aclaraciones que acabamos de enunciar, hemos podido llegar gracias al ya largo esfuerzo que hemos hecho por estudiar, analizar y confrontar los discursos con la desconcertante realidad que a todo momento nos atropella y abruma, y son fruto de nuestra inquebrantable decisión de profundizar el proceso de conocimiento de la realidad que nos rodea y de replantear, tanto lo que hemos concebido y concebimos de esa realidad, como todo lo que hemos hecho y hacemos, supuestamente para transformar esa realidad, de nuestro férreo compromiso de someter a crítica implacable, tanto las burradas que hacen los demás, como las que hemos hecho y hacemos nosotros mismos. Por eso, nos propusimos replantear todo: las interpretaciones y comprensiones de la realidad, criterios de acción y de trabajo, de organización y de construcción del pensamiento y de la fuerza política que tanto necesitamos, y que todo esto se vea reflejado en lo que hacemos. 

Hechas estas aclaraciones, podemos continuar con los interrogantes que la CGT-Cauca formula en su documento y que apuntan a colocar el debate y la toma de decisiones sociales y políticas sobre el particular, en el sitio que hay que colocarlo y en el plano en que hay que actuar: ¿Cuál es el problema a resolver a mediano y largo plazos? ¿Y cuál es el problema a resolver a corto plazo? ¿Estamos en condiciones de garantizar una salud pública universal? ¿Qué es lo que tenemos que hacer en términos inmediatos?

Es claro que el objetivo a mediano y largo plazos es transformar el actual sistema en un sistema de salud pública con carácter universal. ¿Que implica esto y que se requiere para lograrlo? Para alcanzar este propósito se necesita:

a)    Construir, Reunir y Conformar una Gran Fuerza Social y Política desde ahora, capaz de obligar a este Estado burgués que está al servicio de los capitalistas, no de las clases y sectores sociales trabajadores, a que recupere la propiedad y gestión de la red pública de salud.

b)    Con el actual sistema que tenemos, ampliar y mejorar la atención exige más y más plata. Por eso hoy lo que existe es una amplia Red de alta complejidad en Salud, demasiado costosa y a la cual, la mayoría de la población trabajadora no tiene acceso. Si cambiamos la actual atención al enfermo y a la enfermedad por la consecución de un individuo vigoroso y sano, progresivamente se reducirán los costos financieros en salud, además de muchas otras ventajas que con ello se obtienen. Metámonos en la cabeza, con inyector, si es necesario, que el individuo sano, deja de ser negocio para los depravados negociantes de la salud. En este sentido, la solución de los problemas de salud no es solo de dinero, como lo veremos a continuación.

c)    Terminar el aseguramiento del Riesgo en Salud que, en el actual modelo lo hacen las EPS, para que esa función vuelva a ser pública; con ello, se elimina la intermediación financiera que hacen esas EPS y los recursos fluirían a la Red Pública de Hospitales, Clínicas y Puestos de Salud de manera directa; aunque, hay que aclarar que, con el modelo actual, el negocio grueso y fabuloso, no está tanto en las EPS, sino en las IPS y en las tras-multinacionales productoras de fármacos. Las EPS son solo eso, intermediarias financieras que, al despojarlas de esa facultad que les dio la Ley 100, no tendrían razón de ser y desaparecerían. Sin embargo, eso no es más que una mínima parte del problema; puede ser una conquista importante, pero no resuelve todo el problema. Como hemos dicho ya, es en esa Red de Alta Complejidad, a la cual no tiene acceso la gran mayoría del pueblo colombiano, donde está el verdadero problema.

d)    Una institucionalidad lo suficientemente fuerte y dinámica capaz de ejecutar políticas de Estado estables y duraderas que no dependan de los gobiernos de turno.

e)    Construcción de un Plan General de mejoramiento de las condiciones de trabajo y salariales de todo el personal científico, profesional, técnico, tecnológico y de trabajadores en general del Sistema de Salud, con apoyo económico a su formación profesional, a su capacitación científica  permanente, a su capacitación técnica; reduciendo progresivamente la carga laboral haciéndola menos fatigosa y onerosa, con mejoramiento igualmente progresivo de la remuneración salarial y eliminación sin atenuación ni justificaciones de ningún tipo, de la retención de los pagos al personal de salud.  

Es claro que no contamos con esos requisitos. ¿Qué hacer entonces? ¿Seguir en el rincón arrumados y abrumados por el desconcierto? O lo que es peor: ¿seguir desde la montonera de pequeños sindicatos en una misma entidad de salud haciéndose una competencia sorda y salvaje entre sí, en vez de enfilar la lucha contra los depravados negociantes de la salud, dueños de las grandes empresas privadas de la salud y de la producción de fármacos? Tampoco podemos llegar al fatalismo de argumentar que la situación está tan difícil que ya no hay nada qué hacer, que todo está perdido.

En términos de corto plazo, qué hacer, es lo que hay. Lo que no podemos es pretender recuperar de un momento a otro, lo que dejamos perder en todos estos años, y si reiniciamos por donde hay que reiniciar, encontraremos muchas cosas que las podemos ir haciendo, ir construyendo para recobrar fuerza, capacidad política, conocimientos, destrezas para movilizar las pequeñas reservas que tenemos e ir revirtiendo la debilidad en fuerza. Por ejemplo: la construcción de esa gran fuerza social y política de la que hemos hablado antes y proponemos como uno de los instrumentos fundamentales para lograr los propósitos de transformar el actual sistema de salud, no la podemos hacer de la noche a la mañana, con un decreto o con una propuesta de reforma que en el fondo no reforma nada. Entre otras razones, porque ella solo se puede construir en la lucha, en la acción por recuperar lo que hemos perdido, estudiando, capacitándonos, aprendiendo y corrigiendo errores, no solo, los que cometamos hora, sino los que hemos cometido desde hace ya muchos años. Pretender dotarnos de una gran fuerza social y política primero para después ponerla a luchar, sería tan absurdo como pretender construir una casa de arriba para abajo.

Es en la confrontación permanente por pequeños logros y pequeñas conquistas que vamos alcanzando, en ese aprendizaje constante como podemos ir construyendo tal fuerza. Tampoco se puede seguir esperando que otros grupos o personas desde fuera del sistema de salud, mesiánicamente la construyan y vayan a salvarlo porque allá lo que a menudo abundan, son demagogos que andan a la caza de cualquier oportunidad. Entonces ¿dónde y con quienes hay que construir esta gran fuerza? No de manera exclusiva pero sí fundamentalmente con los mismos trabajadores de la salud; trabajadores científicos, profesionales de otras especialidades pero que trabajan allí, profesionales de las diferentes especialidades médicas, personal auxiliar y trabajadores en general. Esta fuerza que se construya allí no debe pretender actuar sola, aislada de otras fuerzas políticas que se construyan en otras áreas de trabajo y de la economía nacional.

Desde nuestro punto vista creemos y proponemos que, lo más apropiado, de acuerdo a la situación en que nos encontramos, es enfilar lo mejor de nuestros esfuerzos a unificar pensamiento y acción en torno: a) Retomar la Recuperación de la Red Pública de Salud; b) Promover la Discusión y Formación amplias sobre los Determinantes Económicos, Ambientales, Sociales y Culturales de la Salud o de la Enfermedad, como el trabajo en condiciones óptimas, alimentación, vivienda, recreación, uso del tiempo libre; c) Cómo Retomar y Fortalecer la Salud Preventiva como Eje Central de todo el Sistema de Salud, en el que es menester darle un mejor tratamiento y ubicación a lo que pueden aportar las Terapias Alternativas; d) Una Gran Acción Política y Social para Promover el Ejercicio Físico Obligatorio, el Deporte Social, Danzas y Bailes Deportivos.

¿Movilizarse en lucha, aunque sea por pequeñas conquistas con la clara intención de ir construyendo las propuestas que estamos planteando y otras que se considere necesario aportar?, incuestionablemente sí, hay que hacerlo  Pero movilizarse por pequeñas migajas, sin una estrategia, sin criterio de conjunto y cada uno por su lado, como se ha venido haciendo y se sigue repitiendo, ya es demasiado abuso con la pobreza y necesidades de la gente que incluso puede ser hasta peor que lo que hacen los depravados mercaderes de la salud, porque eso destruye la confianza de todos los que luchan en sus propias fuerzas. Y creer que, con unas jornadas de movilización, que más tienen tintes, olores y sabores electorales que de propósitos fundamentales y fundamentados de solución de los problemas de la salud del pueblo, así lograran retomar y aprobar la Reforma a la Salud, en el fondo no cambiaría nada. Y ni siquiera suponiendo que, eso permitiera un nuevo triunfo electoral y la continuación del gobierno, podemos esperar soluciones de fondo a la situación existente en salud y en todo lo demás.

La más contundente evidencia de lo que acabamos de plantear, son las preguntas de la Consulta y las que le agregaron que escasamente podrían servir de Consignas para las pancartas de una marcha de protesta o de slogans de una campaña electoral. Preguntarles a los usuarios de Sistema de Salud actual que, si “Quiere que se cambie ese Sistema”, pues claro que todos lo queremos. El problema es Cómo, Qué otro Sistema mejor se va a adoptar, Qué otros Instrumentos Institucionales se van a Crear y Cuáles serían exactamente los Cambios que se van a Introducir y, Cómo van a Beneficiar a la mayoría del Pueblo Colombiano. Esto es tan ingenuo, por decir lo menos, que sería como preguntarle a una persona con hipotermia, si el gua moja.

EL FARO SOCIAL

Popayán, mayo 29 /2.025  

martes, 25 de febrero de 2025

EL FARO SOCIAL SE APAGA POR MOMENTOS, PERO “EL MUNDO SIGUE ANDANDO”

 

 

EL FARO SOCIAL SE APAGA POR MOMENTOS, PERO “EL MUNDO SIGUE ANDANDO”.

Hemos tenido una pausa en EL FARO SOCIAL. Diferentes causas han incidido en ella. Dificultades que no faltan, nuevos trabajos políticos y sociales que hemos emprendido, edición y publicación de algunos documentos en los cuales hemos hecho alguna contribución, situaciones que nos han consumido esfuerzo y tiempo, pero principalmente, el cambio de imagen que hemos considerado necesario hacer en su presentación. La que adoptamos en 2.017 ya no corresponde a lo que éste es ahora. EL FARO SOCIAL en estos 7 años ha experimentado cambios profundos, definiendo cada vez más el carácter de su propuesta política, el rumbo que debe seguir, su composición social se fortalece cada día más en la clase obrera, en sectores sociales de pequeños y medianos productores del campo, indígenas, trabajadores de la cultura, intelectuales y profesionales que sí están dispuestos a asumir compromisos de lucha y, en consecuencia, su imagen debe corresponder más a estas realidades, expresar lo que somos ahora y lo que pretendemos ser. Hasta este momento no hemos podido llegar a la solución deseada por dificultades técnicas, pero continuamos trabajando en la tarea. Por eso, tuvimos que publicar este artículo con la imagen que hemos tenido.  

Desde antes de terminar el año 2.024, teníamos presupuestado publicar, por lo menos otros dos artículos, uno sobre las nuevas perspectivas políticas internacionales que se abrirían con el regreso de Donald Trump al gobierno norteamericano y otro sobre los presagios poco halagadores que asomaban en el horizonte político del gobierno Petro en Colombia. Sobre el primero, habíamos iniciado su redacción, pero tuvimos que suspenderla y concentrar nuestros esfuerzos en otras actividades; y el segundo, solo estaba en mente, en la idea y en la programación y se quedó allí. Lo sucedido en estos meses posteriores, nos ha comprobado y comprueba que esos artículos eran absolutamente necesarios y que los análisis que debíamos hacer, evidenciar en su contenido y publicar, no estaban lejos de lo que hemos visto.

Han sucedió muchas cosas en este lapso de tiempo tan corto, pero desafortunadamente ahora no nos queda más remedio que limitarnos a mencionar los hechos cumplidos y emitir un lacónico rechazo a actuaciones que a todas luces son peligrosas y ponen más al descubierto la decadencia por la que vamos cuesta

 

abajo. Los nubarrones que tenemos en el cielo encapotado y las tempestades que anuncian son bastante amenazadores. Y no son solo las crudas realidades que vivimos en las veredas perdidas en el mapa y que amenazan agravarse. Es en el país y en el mundo, es en la aldea global que los riesgos se acrecientan. Los grandes grupos y corporaciones financieras internacionales, sus dueños y agentes promotores y usufructuarios del modelo neoliberal que nos impusieron, globalizaron la producción de bienes y servicios, el comercio y las finanzas. Ahora, y cada día más, somos más dependientes de los circuitos productivos, comerciales y financieros; cada día más, somos más dependientes unos de otros. Dependencia que, por supuesto, no beneficia ni perjudica a todos por igual. La globalización de los conflictos por repartición del mundo y las guerras, devoran a los que soportaos el modelo, no a sus promotores y usufructuarios, por ahora. Sin embargo, llegará el momento en que tendrán que cosechar lo que sembraron.

En la aldea global y en lo que respecta al retorno de Trump al gobierno norteamericano, de ninguna manera podía sorprendernos, pero si ha puesto a tambalear a sus propios seguidores en Europa y muchos otros rincones del mundo con su aplanadora con la que ha convertido en piltrafa plana a ciertos personajes y sus actuaciones que ya no le son útiles. Arrancó desafiando y amenazando retomar el control de Canal de Panamá; imponiendo aranceles (impuestos) a la entrada de productos extranjeros a EE. UU. a diestra y siniestra, pero tuvo que retroceder en relación con los productos provenientes de China y pactar acuerdos con ellos; continúo haciendo acuerdos y arreglos (cosa aparentemente insólita) con el gobierno ruso sobre la guerra en Ucrania, arrojando a Zelenski a los lobos como algo ya completamente inservible; amenaza y no solo de palabra, sino que estamos seguros, lo hará, de tomar el control de la Franja de Gaza con el carnicero de Gaza y su gobierno, porque con éstos van, sin ningún escrúpulo, tras el jugoso negocio de la reconstrucción de las ruinas que dejaron, después de haber asesinado a cerca de 50.000 personas, entre ellos más de 17.000 niños, miles de ancianos y haber destruido físicamente toda esa parte del territorio palestino, es decir, completar el despojo al pueblo palestino de los últimos metros cuadrados de territorio que le habían dejado. Son problemas de negocios, así son los negocios.

El Señor Trump que es hombre de negocios y piensa como hombre de negocios, fue llevado nuevamente al gobierno de EE. UU., no solo por ser gringo “cara dura” ni por la gracia de Dios, sino porque, además de eso, es el representante más caracterizado del Ku klux klan (KKK) que “es un grupo de odio supremacista blanco

 

estadounidense de extrema derecha, conocido por promover por medios violentos y propagandísticos el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo” (caracterización de Google), que personifica y expresa de la manera más simple todo lo más oscuro de la ideología (aunque Fukuyama diga que ésta ya no existe) y del pensamiento reaccionario en la política imperial norteamericana.

Junto a lo anterior y por lo anterior, sintetiza y simboliza la profunda e irreversible decadencia en que se hunde la sociedad norteamericana y en particular su supremacía económica mundial que ostentó durante décadas, su dominio político mundial y su hegemonismo unipolar como lo denominan hoy. Los factores que le permitieron retomar la iniciativa y rehacer ese maltrecho hegemonismo a partir de la década de los años 70 del siglo XX e imponer, junto a Inglaterra, el modelo neoliberal con el cual estrangularon muchas economías en el mundo y acumular ingentes cantidades de riquezas extraídas a los demás, ya no existen hoy. Este corto período de orgía del saqueo a los más débiles y de amortiguamiento de las crisis que ya venían desde antes, se acabó. Este modelo ya rindió a sus promotores lo poco que podía rendir y camina, sin poderlo evitar, al desfonde total. Nuevos tahúres con los mismos apetitos han levantado cabeza en estos años y han entrado en el gran Casino del mercado mundial, y ese “dominio unipolar” de EE. UU. terminó. Ahora tiene que entendérselas con esos nuevos apostadores, los cuales ya no se someten a su arbitrio porque son competidores fuertes que se han hecho sentir y duro en esta última década. Rusia con su enorme capacidad bélica y China con su potencial económico. La propuesta ahora de esos nuevos actores es que “existe un mundo multipolar”, es decir, que hay otros competidores fuertes que han regresado o entran en el juego y que hay que aceptar que ellos también tienen “derecho” a competir, o lo que es lo mismo, a sacar tajada y lo más grande posible en la repartición.

Así es que esa sociedad norteamericana que se acostumbró a imponerle sus reglas, su modo de vida y, sobre todo, a exigirle a sus gobiernos que pisoteara a los pueblos en todo el mundo para obligarlos a seguir sus reglas, se encuentra con que ya son cada día menos los que le obedecen. Que hasta Nicolás Maduro se burla de ellos, y que ese mundo de dominio en el que cabalgaron por décadas, se está desmoronando. Por eso, acude a todo lo más turbio de su ideología y pensamiento político reaccionario, esperando a que un personaje como Trump le haga el milagro de rehacerle ese mundo perdido. Y Trump, como hombre de negocios, prefiere

 

ponerse de acuerdo con rusos y chinos para tratar de salvar negocios, porque confía en que, si puede salvar ese mundo de los negocios, puede recomponer la supremacía perdida, sin contar con que la economía norteamericana hoy, es una de las más endeudadas y que el comercio internacional ya no lo controla como antes, pero eso sí, manteniendo a como dé lugar su cofradía con el carnicero de Gaza.          

Esa es la conducta, el comportamiento de los bandidos, Señor Zelenski. Hoy te halagan y te usan. Mañana te arrojan como perro sarnoso que no mereces vivir. Eso les ha sucedido a muchos y les seguirá sucediendo a quienes no quieran entender que los bandidos son así. Y eso sucede no solo allá en las mega-plataformas de negocios. También aquí, abajo, en los micropoderes establecidos hasta en los rincones miserables. El bandidaje desafía, hace de las suyas y se burla de los inocuos “poderes democráticos legales” y, sobre todo, de los aterrorizados pobladores doblegados e impotentes ante el terror. Es la disputa global por el reparto del mundo. Es la disputa por el control de lo que se ha tenido y aún se tiene, y por arrebatarle partes de lo que tienen los competidores.

Sobre los nubarrones poco halagadores de los cuales ya detectábamos señales preocupantes en nuestro país, también desde el fin del año anterior, nuestra gran pregunta ahora es: ¿Cuantas Franjas de Gaza más vamos a soportar en Colombia? Ya no es solo el Catatumbo. Es todo el Dpto. de Norte de Santander el que está convertido en una Franja de Gaza, con riesgos catastróficos que se nos cruzan por la mente. El Depto. del Chocó está en las mismas condiciones. El Cauca va para lo mismo, con la sola diferencia que éste no se extiende a lo largo, sino al través.

La Amazonía, ese último refugio de vida que, junto con el gran ecosistema de la cordillera de los Andes, desde Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y su remate en Venezuela, es la última esperanza de pervivencia del género humano, y posiblemente de la vida en este planeta, en el año pasado la deforestación avanzó en un 35%, los cultivos de coca y la minería ilegal han invadido grandes extensiones, las gigantescas corporaciones agroindustriales extranjeras y nacionales se apoderan de esta región; una sola empresa de estas de propiedad de un grupo religioso extranjero, ha adquirido 45.000 hectáreas en el Depto. del Meta. Los grupos armados ilegales andan a sus anchas controlando todo, menos a esos nuevos invasores de la Amazonía que van detrás de los cultivos de coca

 

incentivando, promoviendo y comprando las ganaderías que brotan como si las vacas las produjera la tierra, lo mismo que sucede con las retroexcavadoras y demás maquinarias de la gran minería ilegal.

Colombia ha sido, es y seguirá siendo un gran Casino en el que siguen existiendo muchas riquezas para subastarlas y meterlas al juego, en el que los jugadores y apostadores, han impuesto su ley y su control. El Estado “Social de Derecho” que el mismo bandidaje defiende a muerte, no es más que una fachada en la que se camuflan y ocultan gran parte de sus diferentes grupos y modalidades. Con entera claridad pudimos ver que en el momento en que Petro indicó con todo acierto que en el sector del transporte abundan los hechos de corrupción y exigió a la Ministra recién nombrada que debía vigilar muy de cerca los convenios y contratos, primordialmente los que se hacen con el Estado, automáticamente, como cauchitos de juguete y sin ningún escrúpulo, saltaron los políticos alcahuetas, los abogados defensores y los beneficiarios a rasgarse las vestiduras defendiendo la “honorabilidad” del gremio, como si en Colombia fuera un gran secreto, la descomposición y corrupción que allí se mueven.

Un Estado que se doblega ante el bandidaje y se deja arrinconar por él, es un Estado fallido porque sus súbditos, sus ciudadanos no confían en él, porque perdieron la credibilidad en sus instituciones y las mafias de todo orden solo lo necesitan para camuflarse en él y oficializar el delito. Por eso, hemos insistido y reiteramos una y otra vez que, esa institucionalidad, así como está, no sirve apara hacer ningún cambio, por leve que sea; que no confiamos en ella, y que nada en común tenemos con ese tipo de instrumentos que solo son funcionales a los grandes intereses capitalistas que coexisten, conviven o cohonestan con todas las modalidades del delito. Menos confiamos en sus tres agrupaciones partidistas tradicionales, extrema derecha, centro, “izquierda” y/o alternativos, porque los hechos han demostrado con toda contundencia que, sobre todo, las dos últimas expresiones políticas, no fueron sino llamarada de hoja seca que relumbró mucho, pero las nueces no llegaron.

La Salud hoy está peor que antes, después de hacer tanto ruido con esa Reforma; la laboral ya comienza a hacer los estragos que era de esperar, pues ya está poniendo y pondrá contra las cuerdas a muchos pequeños y medianos empresarios de la industria, el comercio y los servicios; la de la Educación tampoco ha dado ni dará los resultados que esperaba la gente. Ya se pasaron 3 años y al carro de paletas, hasta las campanillas se le están enmudeciendo. Y el remate sí que

 

provocó el soponcio, como decía el humorista Eber Castro.  Un Consejo de ministros mandado a transmitir por Televisión a última hora. Ese deprimente espectáculo sí “fue la tapa” y le “puso el moño” a las fruslerías del gobierno Petro. Todos, por lo menos los que intervinieron, lo hicieron para salvar su pellejo, o para disculparse por no haber hecho lo que debían haber hecho, y para echarle la culpa al mismo Petro por tener en el gobierno a Laura Sarabia y Benedetti. Y la Señora vicepresidenta, para escozor y vergüenza, sobre todo de los caucanos, enfrascada en una pelea de cocina con Laura, al poner ese “gran debate político” en el plano de un infantilismo increíble, algo así como que Laura “lo que hacía a toda hora en Palacio, era sacarle la lengua”.

Por último, en cuanto a la edición y publicación de algunos documentos en los cuales hemos hecho alguna contribución, le informamos, en particular a EL FARO SOCIAL, que fue publicado recientemente un pequeño libro bajo la autoría del Dr. Orlando Noguera Q. y Marino Ausecha C., que titula: MEMORIAS DE VENCIDOS Y OLOVIDADOS. Importante documento histórico, político y cultural, soportado en una excelente documentación de memoria oral y archivos, cuyo objetivo es rescatar del olvido a tres grandes personajes que actuaron principalmente en el Cauca, dos de ellos de esta región, y recrear una experiencia, sin duda alguna, valiosa.    

 

EL FARO SOCIAL

Popayán, febrero 22/2.025

 

 

          

  

 

 

 

martes, 6 de agosto de 2024

LO QUE SUCEDIO EL 28 DE JULIO DE 2.024 EN VENEZUELA: UNA GRAN LECCION PARA LOS REVOLUCIONARIOS

 

LO QUE SUCEDIO EL 28 DE JULIO DE 2.024 EN VENEZUELA: UNA GRAN LECCION PARA LOS REVOLUCIONARIOS.

 

En 1.964, el gran poeta revolucionario Jorge Zalamea, en su atormentada convocatoria, a modo de inventario, a todos los desposeídos y humillados del mundo, pero especialmente de nuestra América Latina, al referirse a Venezuela exclamaba:

… “de Venezuela la rica, la más rica, la mil veces rica, la riquísima – inesperado centro de musicalia, sede de la más audaz arquitectura, lonja de artistas, mecenas estrellado (¡oh antifaz, oh máscara, oh irrisión) -, de Venezuela humeante de petróleo, husmeante de pan, han venido cinco millones de pobres venezolanos y los millares de sombras que toman aquí, entre vosotros, vacaciones de los penales, presidios y cárceles en que pagan el planteamiento de un pleito: el vuestro, el nuestro”. (ZALAMEA J. EL SUEÑO DE LAS ESCALINATAS).

¿Qué ha quedado y qué queda de esa Venezuela “humeante de petróleo” pero paradójicamente “husmeante de pan”? Ruinas, escombros, más despojo, más desalojo, más miseria y degradación humana. Progreso y enriquecimiento fácil para unos pocos; hambre y miseria para muchos. Esa Venezuela aristocrática tradicional que derrochó y despilfarró el mucho humo de petróleo; que como el hijo calavera, no supo que hacer con una renta heredada; que amamantó, amaestró y adiestró a su “clase media” de la burocracia estatal, en el arte de vender y traicionar a su país y a su pueblo, que la acostumbró a la vida muelle y cómoda, a acomodarse a la venalidad y el robo de los bienes públicos, mientras los explotadores extranjeros y criollos a manos llenas apañaban los beneficios de la renta petrolera, dejando solo el tendal de míseros en las calles y campos venezolanos. Lo mismo que ha sucedido y sigue sucediendo en Oriente Medio. Allí la miseria y humillación a los pueblos de Irán, Irak, Siria, Yemen, El Líbano y, especialmente al pueblo palestino, son escalofriantes. No importa que en algunos de ellos hagan presencia unos extranjeros u otros, esa inmensa riqueza ha dado y da para todo; para engordar las arcas de los explotadores extranjeros, para mantener unas castas gobernantes rodeadas de matones legales e ilegales, y para financiar carniceros como Hetanyahu.

Y la Venezuela “husmeante de pan” implorando en esa época ese mendrugo, y hoy no solo implorándolo, sino desfilando en las caravanas de la muere y la deshonra, la peor vergüenza de América Latina. Eso es lo que deja el imperio de lo privado por encima de lo público, de lo común y colectivo, la supremacía de la propiedad privada, y sobre todo en la modalidad actual del capitalismo imperialista en su peor decadencia que, como la célula cancerosa, muere devorándolo todo.

Los aristócratas tradicionales pervertidos en y con la renta petrolera perdieron el poder, y éste cayó en manos de esa “clase media” igualmente pervertida por la misma razón y, además, sin perspectiva de país, de nación y de Estado nacional, sin propuesta política de real liberación del pueblo venezolano e incorporación a la vida activa económica, política y social de la gran mayoría de excluidos de los beneficios de esas riquezas naturales y el trabajo a los que siguen siendo sometidos. La política con la que impusieron su nuevo régimen peor que el de los aristócratas tradicionales, no pasó de ser un populismo castrense, más que empenachado en el uniforme militar, emplumado con el agorero traje del “Socialismo del siglo XX”, zurcido con los adornos de la santería, mucho más elitista, jerarquizado y excluyente que somete todo al arbitrio de la conducta cuartelera, e inspirado en el espíritu de venalidad de esa “clase media” revanchista y reforzado por los detritus de la delincuencia de todo orden que desde dentro y desde fuera, han invadido todo lo grandioso y glorioso que pudo dar el pueblo venezolano en épocas pasadas.

En 1998, año de acceso del nuevo régimen al poder, ni resurgió ni revivió la Patria bolivariana. Ese fue el instante de su último suspiro. Los descendientes de las comunidades indígenas después de la invasión europea sometidos a la servidumbre, los descendientes de las poblaciones negras esclavizados y la población mestiza pobre que integraron posteriormente la clase obrera, los campesinos y sectores populares urbanos, nunca tuvieron patria. La que quiso construir Bolívar, a fuerza de decretos de “guerra a muerte” y constituciones “aéreas”, como él mismo lo dijera, no pudo ser ni construirse, porque las bases económicas, políticas, sociales y las relaciones de tipo capitalista concordantes, aún no existían para ese propósito. Y cuando esas condiciones comenzaron a existir, ya la élite “patriota” criolla había moldeado, modelado e implantado unas instituciones “republicanas” a su manera, a su amaño y totalmente funcionales a sus intereses y propósitos de mantener el dominio colonial interior, con el beneplácito y apoyo de los nuevos amos extranjeros.

Estos han sido sobre poco más o menos, los rieles por donde ha transcurrido la historia de esta amada “patria bolivariana” de Venezuela. Después de todas las peripecias de Bolívar y todos los luminosos destellos de la insurgencia de América Latina en su tiempo, Venezuela no conoce sino tiranos y dictadores de todos los colores y de las peores especies al servicio, ayer de los ingleses con los que Bolívar tuvo que negociar para poder sostener sus propósitos independentistas; después los amos norteamericanos que se apoderaron del grueso de los beneficios de la renta petrolera; y hoy, cada vez más atrapados en las redes de los nuevos amos rusos y chinos. Nada gratuito que esos dos nuevos patrones que se disputan el dominio del mundo con la potencia norteamericana y sus aliados, fueran en forma automática, los primeros en salir a refrendar y reconocer el “·triunfo” electoral de Nicolás Maduro. Venezuela es, desde la década pasada y lo que va corrido de ésta, un campo en el que la disputa de los dos bloques imperialistas actuales, se agudiza a marchas forzadas. Es en América Latina, el centro de convergencia de esa disputa. Los unos (Rusia- China) por consolidar sus posiciones y ganarlo como nuevo “socio”; los otros (EE. UU. y sus aliados) por no perder esa posición y conservarla.

Hasta ahora esa disputa se ha librado primordialmente en los terrenos económico y político, pero estas vías usadas por los patrones de ambos lados, parecen estar llegando a su fin. Ninguno se resigna a perder. Por tanto, en las condiciones en que están planteadas las cosas, Venezuela está al borde de una gran confrontación armada interna entre dos bandos reaccionarios, uno de parte de la extrema derecha tradicional venezolana proyanqui, y el otro en defensa del régimen que fue derrotado en las urnas con toda la cola de los llamados “colectivos chavistas”, la “guardia bolivariana” creada por el mismo Chávez y todos los que se sumen al un lado y al otro. Y la intervención extranjera no se hará esperar, en la cual acudirán de un lado, las fuerzas militares de la OTAN, y del otro los ejércitos del expansionismo ruso-chino, cada uno con sus aliados. Y el pueblo venezolano seguirá enfrentado consigo mismo, siguiendo unos a un bando, y otros al otro. Pero más allá de eso, será el que pone la sangre, los muertos y cargará con las ruinas.

No perdamos de vista que lo más significativo en este caso, es que no será únicamente el pueblo venezolano el que padecerá las consecuencias, al llegarse a presentar esta eventualidad. Lo más probable y a lo que tenemos que prestarle la mayor atención, en especial nosotros los colombianos en esa perspectiva que comienza a perfilarse, es que una tal guerra no se quedará encerrada dentro de las fronteras venezolanas, como ha sucedido en Ucrania. Esta, rápidamente puede convertirse en una conflagración continental en cuanto acudirán otras fuerzas a colocarse de un lado y del otro. Advertimos esto apoyados en la observación de los hechos publicitados hasta la saciedad, en los que se ha mostrado cómo, no fueron ni la policía ni el ejército los que ejercieron la represión contra los opositores que reclamaban el triunfo. Fueron los llamados “colectivos chavistas” y la “guardia bolivariana” los encargados de cometer todos esos atropellos. Sobre todo, esa “guardia bolivariana” creada por el mismo Chávez que era ya, desde ese momento, un tremendo aparato paramilitar, fabricado para defender un régimen político y un gobierno sí, pero que hoy es una fuerza mercenaria al servicio de un grupo con toda la ilegitimidad que carga a sus espaldas, el que acude a todo con ella para tratar de perpetuarse en el poder y continuar esquilmando a Venezuela.

Y nosotros los colombianos sí que tenemos razones para ponernos alerta con respecto a situaciones y hechos como éstos. Conocemos muy bien y sabemos de toda la crueldad de lo que hicieron “los pájaros” en la Violencia de los años 50 del siglo XX (paramilitares de entonces); conocemos y sabemos muy bien de toda la barbarie y atrocidades que cometieron los paramilitares en la década de los años 90 del siglo anterior e inicios del presente. Estos, de manera un poco semejante a lo que sucede en Venezuela, fueron una fuerza al servicio de unos gobiernos y de un proyecto político de extrema derecha, pero los que continúan hoy no son más que ejércitos privados al servicio de grupos que se han apoderado y defienden las economías ilegales. Y no nos hagamos los locos y los sordos. A nuestro alrededor, han proliferado las llamadas “guardias indígenas” y “campesinas” y bien enterados estamos de cómo han ido evolucionando y el carácter que ido adoptando. La teoría revolucionaria, la formación política revolucionaria y la abundante experiencia internacional nos ha enseñado y nos enseña, que esos aparatos sin una sólida dirección política revolucionaria, aun cuando sean creados con buenas intenciones y propósitos, terminan en todo, menos al servicio de la revolución.         

Es totalmente claro que, ante esta eventualidad que es muy probable, a los revolucionarios, no solo en Venezuela, sino en todo el continente, nos coloca ante la obligación de definir nuestra actitud política, si no la hemos definido. Quienes la tenemos definida, junto con algunas fuerzas revolucionarias venezolanas que sabemos que la tienen, aunque débiles todos, debemos esforzarnos por fortalecernos, continuar la lucha por la liberación social y nacional de nuestros pueblos; por reconstruir las organizaciones revolucionarias de la clase obrera; ampliar y consolidar los lazos de solidaridad política con todos los sectores, grupos y organizaciones que son o pueden ser aliados para extender y consolidar el Movimiento Político Revolucionario en general, capaz de ponerse al frente en la lucha por la liberación total de nuestros pueblos.

¿Con quién o con quienes luchar? ¿Contra quién o quiénes luchar? ¿Apoyar y ponerse del lado del uno o del otro bloque imperialista y sus aliados dentro y fuera de Venezuela? ¿O ponerse del lado del pueblo venezolano en este caso, apoyar su lucha contra los amos de los bloques imperialistas que se disputan el dominio del mundo? ¡That is the question! (Esta es la cuestión). Los revolucionarios no podemos acudir a malabarismos podridos, pretendiendo ocultar ésta que es la cuestión fundamental. O apoyamos y nos colocamos del lado del uno o del otro bloque imperialista y sus aliados internos y externos en Venezuela; o apoyamos y nos colocamos del lado del pueblo venezolano y su derecho a la autodeterminación nacional, a resistir y luchar por su liberación social y nacional, sacudiéndose de sus espaldas a esos patrones externos, a los lacayos internos que los apoyan, y a todo enemigo que interfiera su camino.

El que la confrontación de los dos bloques imperialistas del momento haya llevado a la situación que vive en este momento el pueblo venezolano, no es más que el testimonio vivo de que esa dinámica que siguen los dos bandos, ya entró en una fase sin retorno; seguirán encendiendo guerras locales en otros escenarios en donde ya no puedan maniobrar solo por los medios económicos y políticos. El modelo neoliberal que impusieron en todo el mundo ya agotó su ciclo de recuperación que tuvo en estas décadas pasadas y ha profundizado no solo la crisis crónica en la que entró el sistema capitalista-imperialista desde comienzos del siglo XX, sino que entró en la etapa de absoluta decadencia, en medio de la cual, lo único que le queda para mantener algún dinamismo de la producción y los mercados en su conjunto, es la producción armamentista y su comercio, los cuales solo funcionan con guerras; en consecuencia, el único camino que les queda es promover las guerras, por ahora locales, pero que más temprano que tarde, éstas pueden convertirse en confrontación global.

Este ha sido y es el camino de los imperialistas, grandes o pequeños, viejos o nuevos y se presenten como se presenten. Este es el camino de todos los reaccionarios sin excepción, sea en sus expresiones políticas ultraderechistas, moderadas o socialimperialistas es decir, socialistas de palabra e imperialistas de hecho. Por el contrario, el camino de los revolucionarios es hoy rehacer, reconstruir el pensamiento revolucionario y las organizaciones revolucionarias, recuperarse a sí mismos ideológica y sicológicamente de todos los reveces que han causado tanta confusión y desánimo, continuar la lucha y la resistencia por reasumir el papel que nos corresponde de dirigir a los pueblos en su misión de liberarse social y nacionalmente, fortalecer los vínculos con todos los aliados por débiles e inseguros que puedan estar. En esta dirección, es imprescindible fortalecer la posición política independiente de esos bloques imperialistas que se disputan el dominio del mundo y de todos sus aliados, se disfracen con todos los ropajes que se disfracen.

En este propósito de rehacer, reconstruir el pensamiento revolucionario y las organizaciones revolucionarias y recuperarnos ideológica y sicológicamente, es parte esencial, el ser conscientes de la situación real en que nos encontramos. Por un lado, de la debilidad de las fuerzas revolucionarias a nivel general, y por el otro, de la decadencia en que se encuentra el sistema capitalista en su fase imperialista y el modelo neoliberal agotado que no pueden prescindir de la confrontación de los dos bloques imperialistas y de las guerras para tratar de amortiguar la quiebra a costa de sobreponerse el uno al otro y del desangre de los pueblos. Es en este estado real de las cosas en que adquiere validez, proyección política e importancia nuestra lucha por la paz, como un medio de acumulación de fuerzas, sabiendo que ésta no se convertirá en realidad mientras exista esta situación, pero que nuestros pueblos la quieren, demandan y luchan por ella, y de alguna manera contribuye a ponerle algo de contención a esa conducta y mentalidad guerreristas. Y lo más importante es que contribuye a que nuestros pueblos puedan percibir de manera directa y comprender mejor quienes y por qué están interesados en promover las guerras, pasando por encima y pisoteando los más elementales derechos de las comunidades y pueblos por todas partes. Por eso hemos apoyado y continuamos apoyando todo esfuerzo por la solución negociada con los grupos armados en nuestro país y la lucha por la paz en todo el mundo.    

Por todas esas razones y muchas más, no basta con pedir y exigir la publicación de las Actas de las elecciones y el reconteo de los votos en el evento electoral pasado de Venezuela. Suponiendo que dichas Actas hayan sido conservadas tal como fueron emanadas de la votación o que no hayan “extraviado” algunas de ellas, esto no hace más que darles legitimidad a las fuerzas políticas de la extrema derecha venezolana. Que el fraude electoral al que acudió el régimen cuando ya se sintió perdido, fue monumental, no hay la menor duda y, con mayor razón para los mismos perdedores. Que la extrema derecha venezolana se levante exigiendo que se le respete ese triunfo, está en su derecho. Y que muchos sectores populares del pueblo venezolano hartos, hastiados y desesperados ante tanta insolencia e ignominia se hayan sumado y se sumen a ese carruaje, es entendible. Sin embargo, aunque dolorosamente esto sea así, los revolucionarios no podemos caer también en el estercolero podrido y nauseabundo en que naufragan los unos y los otros, sumándonos a la algarabía del triunfo de la extrema derecha, o a la defensa de un régimen que ya estaba caído por sí solo. Ni Corina ni mucho menos Maduro pueden sacar al pueblo venezolano del callejón al que lo arrojaron. Ni la una ni el otro pueden resolver la irreversible decadencia del sistema capitalista-imperialista que es la causa real y verdadera de su naufragio.

El pueblo venezolano y todos los pueblos del mundo necesitamos es sacudirnos de nuestras espaldas los amos que cabalgan sobre ellas; necesitamos es liberarnos de todos los amos y sus lacayos internos. Necesitamos independencia y libertad, la liberación social y nacional; necesitamos autodeterminación nacional. Es hora de recuperarnos y volver a la lucha por la autodeterminación nacional de nuestros pueblos. Es el momento de acentuar toda manifestación de lucha, resistencia y protesta contra toda intervención externa, las cuales son imposibles si no cuentan con apoyos internos.

Es el momento de que la clase obrera se levante y reasuma su papel histórico de transformar esta sociedad capitalista que, en su frenesí de locura y decadencia, ha llevado a la humanidad entera a tanta barbarie, de la cual, de por sí y ante sí, está incapacitada para salir.

Es hora de apoyar con todas nuestras fuerzas a los revolucionarios venezolanos y a su pueblo a consolidar una Gran Fuerza Política Revolucionaria Independiente de esos bloques imperialistas que los han sumido en la situación en que se encuentran y de los aliados internos de cada uno de ellos. No será hoy ni será mañana. Tampoco será fácil lograrlo, pero lo real es que no hay más camino que conduzca a la liberación completa y cabal del pueblo venezolano y los pueblos del mundo.

Fraternalmente

 

EL FARO SOCIAL.

Popayán, 6 agosto de 2.024  

 

 

 

jueves, 11 de julio de 2024

SI NO ES PETRO, ¿ENTONCES QUIEN?...

 

“Si el Presidente Petro no hace un replanteamiento de fondo de su gobierno, el país caerá peligrosamente en manos de la política extrema violenta y militarista. No será algo nuevo, pero si será mucho peor que lo que hemos vivido hasta ahora, porque con el pretexto de que está gobernando la izquierda le atribuirán a Petro todo lo que ellos hicieron: la pobreza, el atraso, la violencia, la inseguridad, el olvido del país, la falta de una economía productiva, que nos ha dejado en poder de las mafias”. (William Ospina, EL ESPECTADOR. Junio 30/2.024).

Lo que aquí nos dice William Ospina no es nada distinto de lo que, con tanta perfidia, nos fastidian los oídos todos los días la extrema derecha vaciando todo lo malo contra él, y paradójicamente desde la otra orilla, atribuyéndole todo lo bueno o, exigiéndole que resuelva y haga todo él, como persona. Y no es que digamos esto con el ánimo de descalificar al Dr. Ospina. Entre otras cosas porque hemos advertido un cierto cambio de su tono pendenciero contra Petro. Por lo menos en el anterior artículo reconoce que, si el gobierno Petro no mejora en el resto de tiempo que le queda, el país caerá en “la política extrema violenta y militarista” y, por tanto, debe hacer “un replanteamiento de fondo de su gobierno”. Hemos elegido su opinión a propósito porque nos da una oportunidad magnífica de descargar todo el peso de nuestra crítica contra ella, a sabiendas de que esa manía inveterada de explicar los problemas económicos, políticos y sociales personalizándolos, no es de su exclusiva cosecha.

He aquí la silueta diáfana de la mitomanía, de la leyenda, de la gran mentira de los hombres predestinados, de los individuos con poderes mágicos, capaces de resolver, desde los problemas más simples hasta los más difíciles en situaciones muy complejas. Desde las épocas heroicas en los inicios de las civilizaciones antiguas que modelaron en la imaginación de los creyentes, sus dioses, semi-dioses, héroes, profetas, mesías, reyes y sacerdotes, únicos seres humanos dotados de poderes especiales capaces de conducir a sus pueblos y, por tanto, de hacer historia, hasta la conciencia e ideología liberal de los tiempos    modernos y posmodernos creadoras de la imagen de los superhombres, capaces vencer a “las fuerzas del mal”, triunfar y proteger, “él solo” (el superhombre), como individuo, a los demás mortales, resolverlo todo y hacerlo todo.

Siempre la misma mentirilla piadosa de personificar las hazañas, logros, triunfos y acciones exitosas como fruto de las cualidades excelsas de determinados personajes, o los errores, fracasos y desaciertos de los incapaces o de los tercos que no escuchan. Mentirilla que empezara a ser demolida por los progresos de las ciencias naturales y sociales a partir del siglo XV y que la irrupción vertiginosa del desarrollo científico y tecnológico de los siglos XVII y XVIII barrieran, sin el honor siquiera del reciclaje. Este grandioso proceso probó, comprobó, demostró y enseñó que las grandes transformaciones de las sociedades en su historia, no las hacen personas, individuos, por muy geniales que ellos sean, sino los pueblos conducidos por fuerzas políticas y sociales que ellos mismos las crean; que los individuos pueden jugar un papel importante en esos cambios, pero que ellos solos, como individuos, por muy genios que sean, pueden contribuir, pero no cambiar el mundo a su arbitrio.  

No es precisamente a Petro al que hay pedirle, exigirle, demandarle u ordenarle que replantee “su obra de gobierno”. De entrada, convengamos en que no es propiamente “su obra de gobierno” lo que le piden o exigen que replantee. Lo que le exigen que replantee es el mandato, los propósitos y propuestas con que salió electo. A quienes hay que exigirles y exigirles con mayúscula, no que replanteen “la obra de gobierno de Petro”, sino que asuman la responsabilidad histórica que les corresponde, es a las fuerzas políticas y sociales que dijeron estar con el cambio y se comprometieron ante el país a hacerlo. Es en primera instancia a Colombia Humana que era supuestamente la fuerza política que giraba en torno a su jefe político Petro y al Pacto Histórico, a quienes hay que exigirles que asuman la responsabilidad de hacer lo que el país ha reclamado y reclama y que respondan por lo que se comprometieron, colocándose frente a sus fuerzas políticas y frente a los millones de colombianos que necesitan en este momento, que se les movilice y conduzca, por lo menos en el tiempo que queda, a cerrarle el camino a la extrema derecha que ya lo tiene armado.

No nos andemos con rodeos. Colombia Humana, es una fuerza gris, desaparecida, que ni suena ni truena. Ha sido y es más una empresa electoral que ha girado y gira en torno al jefe, que no ha sido ni es una organización con programa político propio, estructura organizativa y un mínimo de acción política democrática a su interior, y menos ha tenido ni tiene el carácter de Movimiento Político y Social. En resumidas cuentas, es una montonera de adeptos al jefe que dependen de lo que él diga, proponga y haga. Y en cuanto al Pacto Histórico se refiere, ya hemos expresado antes que no es más que una colcha de retazos sin coherencia política, sin un mínimo de ideario y propósitos comunes, colectivos que unifiquen, al menos, planes de acción y consolidación de las buenas intenciones del jefe.

A estas alturas, pedirle a Petro que “replantee su gobierno”, que dé un timonazo a lo que supuestamente está mal de su administración es, según el refrán popular, “pedirle peras al olmo”. Y suponiendo que eso se diera, o que Petro pudiera sin más ni más hacer cosa parecida, ¿en qué sentido tendría que dar “ese timonazo” ?; ¿en qué dirección y hacia dónde debe dirigir esas acciones? Y una vez más, preguntamos: ¿sería él como persona? ¿O no será que somos muchos los que estamos obligados a hacer ese replanteamiento, o al menos, contribuir a que se haga?

El Dr. Ospina sugiere unas líneas como las de promover la agroindustria y la producción orgánica de alimentos, construir de manera agresiva vías de comunicación y lograr un mayor acoplamiento de la realidad del país y el conocimiento en educación, pero el sentido en que se haría esto sigue en la penumbra, o, mejor dicho, puede quedar claro para los interesados. Porque el mayor impulso a la agroindustria y la saludable producción orgánica de alimentos a ella asociada, puede ir muy bien en el sentido de la SAC, Lafori y su dignísima esposa, la Senadora Cabal; la construcción agresiva de vías de comunicación puede caer como anillo al dedo a las cementeras, a las firmas constructoras y a Vargas Lleras; y una mayor comunión de la realidad con el conocimiento, de igual modo, puede ser recibido con alborozo por las Universidades privadas mejor posicionadas en el mercado, porque a la Universidad pública solo le queda el ripio; esto lo atestigua con toda claridad, la propuesta de reforma a la educación que no resuelve nada estructural ni de fondo. Más adelante, en el lugar que hagamos nuestras propuestas, explicaremos mejor esta parte.

Sin caer en cuentas alegres, siendo objetivos y realistas, tenemos que aceptar, así sea a regañadientes, que hemos perdido los 2 primeros años que son definitivos para que una propuesta política de cambio demuestre hasta dónde está en capacidad de hacer lo que propuso, y más, en el escenario en que estamos inmersos en nuestro país, sometido y dominado por toda clase de fuerzas políticas de extrema derecha, reaccionarias, que van desde las  altas cumbres hasta los bajos fondos, desde los ostentosos centros de poder hasta las periferias más deprimidas, desde las esferas tradicionales suficientemente conocidas hasta no pocos armados y desarmados que visten de muy diversos plumajes como “luchadores”, “revolucionarios”, “alternativos”, “progresistas”.

Así las cosas, no esperemos a “que Petro” haga lo que no pudo hacer de entrada, al comenzar su gobierno, y menos, si seguimos empecinados en creer que es Petro como persona o como gobierno, el que tiene que hacer todo y removerlo todo, entre otras cosas, porque en un régimen verdaderamente democrático, el Gobierno no es gobierno de personas, sino de fuerzas políticas democráticas y de instituciones estatales regidas por normas de Derecho, no por órdenes personales. El carácter fundamental de la democracia liberal y, sobre todo de los demócratas consecuentes, es que deben poner en primer plano a los Partidos Políticos democráticos, como instrumentos esenciales para concentrar y expresar, más que los derechos económicos y sociales de los ciudadanos, sus derechos políticos de conjunto, comunes y colectivos.

Es precisamente a los autócratas y a la plutocracia antidemocrática del modelo neoliberal, a la que le interesa poner en primer plano los intereses y derechos económicos y sociales, porque eso les permite a sus promotores, privilegiar los intereses y derechos individuales y particulares para destruir lo público y colectivo. Es eso lo que ha pervertido y destruido las democracias liberales y, con mayor razón, a los Partidos liberales democráticos. Su lema y su guía básica es poner al individuo por encima de todo, las libertades, intereses y derechos individuales como el motivo exclusivo y excluyente que debe guiar la conducta política y social de las personas. Ejemplo clásico en este orden de ideas, es la “genialidad” uribista del “Estado comunitario”, en el que se puede repartirle pan y circo (diversión) a los súbditos y garrote a los que refunfuñen, o plomo a los que intenten desconocer la autoridad del emperador del “Estado comunitario”. 

Que Petro no haya podido hacer y cumplir con su promesa de cambio, ¿qué demuestra? Eso no demuestra que sea incapaz o que tenga demasiadas fallas que le impidan realizar sus propósitos. Eso, lo que demuestra es que las fuerzas democráticas consecuentes somos demasiado débiles. Los incapaces y en algunos casos inútiles somos nosotros, como fuerzas políticas democráticas consecuentes, de lo cual nos hemos vanagloriado tanto. Eso, lo que demuestra es que no estamos ni siquiera a la altura de los liberales radicales del siglo XIX que, si bien tampoco pudieron transformar el país, al menos, hicieron esfuerzos mucho más meritorios que nosotros. Así es que ciertos fanfarrones que tanto han boconeado de su condición de revolucionarios, es bueno que piensen y entiendan que el calor no está en las sábanas. Y lo mismo hay que decirles a no pocos “recilientes” que se han opuesto y se oponen con toda clase de argucias a asumir la obligación de construir organización política y fuerza democrática consecuente para avanzar, no solo en el apoyo a Petro, sino principalmente en los procesos de democratización en marcha del país.

Para continuar en esta línea de objetividad y de ser realistas, creemos que ya no es posible lograr lo que debió hacerse desde el comienzo del gobierno del Presidente Petro. Pero sí estamos obligados a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para impedir que esa propuesta de cambio, nuevamente se hunda en el fracaso. Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles por salvar, por lo menos, algunas de las propuestas que, más que reformas y compromisos de este gobierno, son obligaciones de toda la sociedad nacional, exigencias imperativas que no podemos darnos el lujo de seguirlas aplazando. Ojalá que los últimos cambios ministeriales, a sabiendas de que no son la solución de fondo que se necesita, den mejores perspectivas y resultados que recobren la confianza, en medio de la incertidumbre.

Desde nuestro modo de ver y entender la realidad, creemos que lo más urgente, de acuerdo a como está la situación del momento, es promover, hacer y ponerse al frente de una gran convocatoria nacional de todas las fuerzas políticas y sociales democráticas que estamos interesadas y decididas, no a salvar a Petro, sino al país de otros cuantos años de suplicios causados por derechistas y extremistas que ya armaron la revancha, envalentonados por los triunfos que están logrando a nivel internacional y por nuestra incapacidad política y falta de voluntad para deshacernos de la herencia grupista que tan negativamente nos ha marcado. Convocatoria nacional que tanga como propósito prioritario constituir una Gran Convergencia Democrática Nacional con una mínima coordinación y organización que unifique, le de orden y coherencia al accionar conjunto con unos propósitos mínimos para el resto de gobierno que queda y, en lo posible, garantice la continuidad de los Procesos de Democratización en Marcha.

Se trata en este caso de una acción de emergencia para ponerse de acuerdo y unificar a un amplio espectro político sobre unos pasos y salidas de emergencia. No podemos pretender llegar allí a marcar el rumbo del país para 20, 30 o 50 años, puesto que eso, en términos económicos, políticos y técnicos, necesita procesos, esfuerzos y trabajos juiciosos de mucho debate. Pero si estamos obligados a explorar, encontrar y unificar pensamiento y voluntades en torno a unos problemas y propósitos comunes inmediatos para revertir la situación de pérdida de credibilidad y desconcierto que continúa ahondándose, en la medida en que no hagamos nada.

Consideramos que es perentorio, es un imperativo histórico, político, social y moral, no solo del gobierno, sino del Estado y la sociedad entera, cumplirles a todas las víctimas de la guerra interna, tanto las que fueron afectadas por el paramilitarismo, como las que lo fueron por unas guerrillas que perdieron el sentido que justificó su origen y se degradaron. Es una obligación que no da pie a dilaciones, demoras y pretextos para no cumplirles con la restitución de tierras y demás derechos económicos, políticos y sociales. Es necesario apretar el acelerador en la adquisición y restitución de tierras a quienes las perdieron, entendiendo que eso no es suficiente. Es indispensable que dicha entrega, incluya el acompañamiento técnico y administrativo en los procesos organizativos, productivos, comerciales y financieros. Que estas acciones contribuyan a avanzar hacia la agroindustria asociativa, cooperativa y solidaria de los pequeños y medianos productores con capacidad para desarrollar sus propios procesos y evitar que sigan de víctimas del sistema financiero, de las grandes empresas nacionales y extrajeras que los someten a las formas actuales de “las alianzas productivas” y la “agricultura por contrato” que no son más que nuevas formas de aparcería.

Sin embargo, algo a tener en cuenta es que, a la gran mayoría de víctimas, le tocó desplazarse a poblaciones y ciudades, las cuales, por muchas razones, no pueden, o no tienen interés en volver al campo. La restitución de derechos en este caso, debe hacerse de otra manera, pero en general, las demás actividades a las que se dediquen, pueden adoptar el mismo modelo de organización asociativo, cooperativo y solidario. Y algo complementario, pero de suma importancia en este caso. Hemos insistido antes en la urgencia de recuperar y restablecer los derechos y las normas jurídicas que amparaban anteriormente al sistema cooperativo. El modelo neoliberal que nos impusieron, amputó esos derechos y normas. Con el ultrarreaccionario cuento de “la igualdad de derechos”, dejaron a las cooperativas y al sistema cooperativo en la misma condición de las empresas privadas, cuando aquel había conquistado un régimen jurídico especial, por tratarse de un esfuerzo de muchas personas asociadas, no con el ánimo de amasar fortunas de personas o familias para su exclusivo beneficio. Con ello, dejó a las cooperativas a merced del modelo.

Por eso, hemos insistido en la necesidad de promover con toda la fuerza que sea posible una reforma de ese régimen jurídico vigente para recuperarle y restablecerle derechos, ya que se trata de un sistema de trabajo, de producción y prestación de servicios con carácter social y no para beneficio de unas personas. Si de lo que se trata es de luchar por alcanzar transformaciones económicas, políticas y sociales en la perspectiva de resolver situaciones como las chocantes e insolentes desigualdades que nos afligen; si de lo que se trata es de desarrollar los enormes potenciales en recursos naturales, biodiversidad y talento humano que tenemos, lo que hay que colocar por encima de cualquier otra consideración, es el trabajo de los colombianos. Y en este caso, el sistema cooperativo es, sin duda alguna, una herramienta de mucha importancia y utilidad para dignificarlo, engrandecerlo, siempre y cuando se le restituyan esos derechos; de otra manera, seguirá siendo un instrumento útil para el modelo neoliberal que le amputó sus brazos y lo sometió a la dinámica de acumulación de capital y de riquezas de individuos, familias o de los gigantescos grupos financieros.

Las demás reformas a la salud, laboral, pensional y de la educación, no resuelven nada de fondo y, por el contrario, en algunos aspectos, lo que conseguirán, será agravar más las cosas. Quitarle la asignación de recursos públicos a las EPS para que éstos se concentren aún más en las IPS que siguen siendo empresas privadas, no es que constituya un gran cambio. Quitarles las ganancias a unos para concentrarlas en otros, en nada resuelve el problema. La reforma laboral no es más que una “conquista” de la burocracia sindical amamantada en y por el modelo económico anterior, pervertida en la corrupción, convertida en élite y una “partecita” de esa oligarquía que nos carcome a todos. Tal como quedó aprobada, afectará a todos los pequeños y medianos empresarios de las diferentes especialidades, puesto que los lleva a asumir costos laborales que no pueden, porque el modelo neoliberal con su mayor automatización de los procesos productivos, le ha estrechado al máximo sus márgenes de maniobra, y afectará gravemente al sistema cooperativo en las condiciones en que se encuentra, como lo mencionamos antes.

Y esto que acabamos de exponer, hay que ponerlo no solo en la perspectiva de un gobierno débil como lo es el actual; aun suponiendo que hubiera una continuidad que es bien poco probable, si las fuerzas políticas que lo sustentarían, siguen atragantadas en su debilidad sin proponerse salir de allí, las cosas no mejorarán, y todo lo que podrán hacer es prolongar la agonía. El retorno de la extrema derecha al timón del gobierno nacional, no es solo hipotética y de alguna probabilidad. Ya, esta extrema derecha hizo lo que tenía que hacer; recuperó las principales alcaldías del país y, con ello, prepara el siguiente paso que es recuperar el resto. Todo indica que el verdadero timonazo que tanto le reclaman y suplican a Petro, lo dará la extrema derecha. Son ya suficientemente conocidos los pasos de recuperación que esas fuerzas han tenido en todo el mundo. ¿Por qué? ¿A qué se debe esa recuperación, desde las derechas más extremistas, de las corrientes religiosas más retrógradas, los neonazifascistas, hasta las más moderadas?

Desde EL FARO SOCIAL prendimos las alarmas, más o menos, desde 2.014, cuando empezamos a llamar la atención sobre el rearme, la carrera armamentista que se desataba y luego sobre la reconversión tecnológica para mejorar la producción y uso de armamento con estándares de muy alta precisión. ¿Por qué esta carrera armamentista? Por una razón muy sencilla. El modelo neoliberal que impuso el gran capital internacional, pasó como el huracán, dejando los escombros. Destrozó los Estados nacionales, sometió a toda la economía mundial al libre juego del mercado con sus tratados de libre comercio. Destruyó las frágiles trincheras jurídicas que la clase obrera había creado para proteger el trabajo y la estabilidad laboral. Se disparó la “informalidad” y el trabajo precario. “Deshizo” con aterradora crueldad, todo foco de resistencia y se entregó a la orgia de una nueva acumulación de capital en pocas manos que envidiarían los magnates que promovieron la revolución industrial del siglo XVIII. El crecimiento de la economía mundial fue espectacular desde la década de los años 80 del siglo XX, hasta el fin de la primera década del siglo XXI. La crisis financiera de 2.008, marcó el apogeo de ese crecimiento y la vertiginosa concentración de la riqueza mundial en los países más ricos y especialmente en los gigantescos monopolios y oligopolios trans-multinacionales.

Al iniciarse la segunda década del siglo XXI, comenzó el descenso de ese crecimiento y acumulación de capital y a agudizarse las contradicciones por la disputa de las más grandes economías mundiales por acceder a otros mercados o por lo menos, mantener los que tenían. Con ello y por ello, reactivaron el armamentismo porque ya la disputa por mercados y zonas de influencia no podía continuar por los medios simplemente económicos y políticos. Las confrontaciones armadas se ponían al orden del día. Se emprendieron nuevas guerras en otros sitios y se continuaron otras viejas, pero con mayor intensidad. Hemos sido incisivos en señalar que estas guerras no son promovidas solo por los Estados y gobiernos de manera oficial y mediante los ejércitos convencionales, sino principalmente a través de los de los ejércitos irregulares de mercenarios y del paramilitarismo. Esta es hoy la forma preferida por los Estados y gobiernos imperialistas y por los Estados y gobiernos reaccionaros de diferentes partes del mundo para intervenir en el exterior y de posicionamiento y dominio territorial y, prioritariamente, de enfrentamiento entre las dos fuerzas contrarias de los dos grandes bloques imperialistas, como también a las fuerzas populares que luchan contra la intervención y/o dominio de uno u otro bloque imperialista. Esta es la razón de la existencia de la organización paramilitar del "Estado Islámico" "made in USA" de defensa de los intereses de este bloque en Oriente Medio, o el grupo Wagner "made in Rusia" para actuar en Siria, Ucrania y gran parte de países africanos. Estas, podemos decir que son fuerzas de ocupación exterior directa, pero esas potencias no se limitan a eso, además penetran y toman control por diferentes medios, de fuerzas internas que, de manera justificada, legitima y necesaria, han creado los pueblos, tratando de defenderse de los atropellos de esos agresores, pero que caen en las redes del uno o del otro bloque. Ejemplos típicos de ese juego macabro de la disputa inter imperialista, son los casos en Oriente Medio, como Siria, Palestina, El Líbano, Yemen, Irán y otros países Sudafricanos, Ucrania y en América Latina. Y a nosotros en Colombia, sí que nos consta y hemos visto de manera directa, como los productores de drogas ilícitas y de la minería ilegal que se disputan los mercados, las rutas y los territorios, se ha en la guerra entre unos y otros y con el Estado, pero quienes pagamos los costos de esa guerra reaccionaria, somos las fuerzas políticas y sociales populares por mantener la resistencia y la lucha en defensa de nuestros derechos y el pueblo colombiano en su conjunto.

Es esta dinámica, esta tendencia, este camino sin retorno del modelo y del sistema imperialista mundial, la razón que nos ha llevado y nos lleva a insistir en la imperiosa necesidad de luchar por la paz de manera consecuente, de llamar a todas las fuerzas políticas y sociales democráticas a unirse y fortalecer esa lucha por la paz, en el entendido que esta lucha no puede ir separada de una lucha incansable por recuperar, rehacer y consolidar los movimientos y fuerzas democráticas para que se conviertan en verdadera alternativa de gobierno, cerrarle el paso a la extrema derecha y su camino de violencia, guerras y canibalismo, como lo estamos presenciando a diario. Por eso apoyamos, de manera independiente sí, pero apoyamos la elección de Petro a la Presidencia y, más que las reformas que propuso, la posibilidad de avanzar en la consolidación de las fuerzas democráticas del país. Por eso, mantenemos nuestra posición crítica frente a las incoherencias, debilidades y graves errores, no tanto de Petro como persona, sino principalmente de todo el entorno que lo rodea.

Es en esta situación y perspectivas que tiene sentido la propuesta que hemos planteado de conformar, construir y hacer realidad una Gran Convergencia Democrática que congregue y unifique a todas las fuerzas democráticas populares que realmente estemos interesadas en avanzar y abrir caminos de transformación profunda de nuestra sociedad colombiana. Esta que surgiera como una propuesta local, ahora creemos que no solo la necesitamos localmente, sino en todo el país. Manifestamos con toda claridad que no estamos de acuerdo y no compartimos la propuesta del “Gran Acuerdo Nacional” que se viene ambientando desde la misma Presidencia y otros sectores políticos. De ser una simple idea, ya va en que hay que llamar a los expresidentes para ponerse de acuerdo en el “Gran Acuerdo Nacional”. Estamos convencidos, por razones históricas, económicas y políticas, que ese no es el camino para consolidar los procesos de democratización del país. Eso puede salvar al gobierno actual de un mayor fracaso, pero en términos de lo que las grandes mayorías nacionales esperaban, no resuelve nada. Con o sin Acuerdo Nacional, nuestro deber es seguir nuestro camino de lucha contra la violencia, las guerras y por democratización en marcha.

El Poder del Pueblo no se consolida con Acuerdos por arriba; se fortalece y construye por abajo con las fuerzas realmente democráticas que necesitan cambios para beneficio de sí mismos, no para los mismos de arriba.

Atte.

EL FARO SOCIAL.

Julio 11/2.024

   

          

   

     

  

 

 

EL "COROLARIO DE TRUMP" ESTÁ EN MARCHA

  Compañeros de EL FARO SOCIAL, simpatizantes, amigos y lectores; por la trascendencia de los acontecimientos sucedidos en Venezuela el 3 de...