miércoles, 5 de junio de 2024

LAS PASTILLAS PARA LA MEMORIA, SON LAS QUE MAS ME OLVIDO TOMAR.

 

LAS PASTILLAS PARA LA MEMORIA, SON LAS QUE MAS ME OLVIDO TOMAR.

 

Soy muy poco dado a usar las anécdotas. Pero ésta con la que inicio este escrito, la he elegido muy a propósito. Una vez terminado y publicado el artículo para EL FARO SOCIAL, DOS SUCESOS Y SUS CORRESPONDIENTES RESPUESTAS… de mayo 27/2.024, me di un paseo navegando en canoa rústica por la Red de La Internet y me encontré precisamente con una “pastilla para la memoria”. Se trata de un recordatorio que hace el Profesor Germán Valencia, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, que titula: A 40 AÑOS DEL ACUERDO DE LA URIBE, en el cual, además de recordarnos que este Evento se llevó a cabo en el Municipio de La Uribe (Meta), durante el Gobierno de Belisario Betancourt y la Comisión de Paz que había creado para el efecto, de la cual hacía parte la periodista Margarita Vidal, nos hace notar su importancia hoy, cuando han sucedido tantas cosas alrededor de la consecución de la paz. Por ello, creemos que EL FARO SOCIAL, sus amigos, lectores y ojalá muchas más personas, refresquemos la memoria y decidimos insertarlo aquí, tal como apareció en la fuente que lo publicó.

 

A 40 AÑOS DEL ACUERDO DE LA URIBE

Por: Germán Valencia

Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia

 El 28 de mayo de 1984 —hace cuarenta años—, se firmó en el municipio de La Uribe, departamento del Meta, el primer acuerdo de paz con los grupos insurgentes colombianos. Este fue un pacto político de cese al fuego y de hostilidades, firmado entre la Comisión de Paz asesora del Gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Aunque el alcance de este primer tratado de paz dista, millones de años luz, de lo que sería el Acuerdo Final firmado con la misma agrupación tres décadas después en 2016; este representa, en la historia de los procesos de paz, un hito fundacional de las negociaciones política entre el Gobierno y los grupos armados insurgentes en Colombia.

La importancia del Acuerdo de La Uribe, que se estructuró en 10 puntos y ocupó una cuanta página —redactadas a máquina por la periodista Margarita Vidal, una de las miembros de la Comisión de Paz de Belisario Betancur (ver imagen 1)—, se puede resumir en tres grandes componentes.

Imagen 1. Fuente: tomada de El Espectador. (2012). Instantes de paz.

El primero fue la promesa que hubo entre las partes de ejecutar labores luego de la firma. Por un lado, las FARC-EP se comprometieron con el Gobierno y el país a iniciar “a partir del 28 de mayo de 1984 a las 00:00 horas” un cese al fuego. Igualmente, parar los “demás operativos militares a todos sus frentes en el país” (punto 1 del Acuerdo).

También, en el punto 2, las FARC-EP se comprometieron a acabar con las prácticas terroristas, a “condenar y desautorizar nuevamente el secuestro, la extorsión y el terrorismo en todas sus formas” y a avanzar para que no se den acciones que atenten “contra la libertad y la dignidad humana”.

Por el otro, el Gobierno se comprometió a gestionar varias reformas de carácter político, económico, agrario y social; a ampliar la cobertura de derechos básicos de los colombianos; y a esclarecer los casos de desaparición forzada (punto 8 del Acuerdo). Todas ellas acciones que, según el gobierno Betancur, eran necesarias para ayudar a la solución de las causas objetivas del conflicto.

El segundo componente fue la promesa del Estado a la guerrilla de poder participar en política. En el Acuerdo se estableció que los integrantes de las FARC-EP podrían “organizarse política, económica y socialmente, según su libre decisión” y, además, que el Gobierno les otorgaría “de acuerdo con la Constitución y las leyes, las garantías y los estímulos pertinentes”.

Promesa que se materializó unos meses después con la conformación de la Unión Patriótica (UP) y que permitió la participación en política de varios miembros de las FARC-EP Una organización legal que durante varios años logró competir con relativo éxito por los puestos de elección popular, como las alcaldías, concejos municipales, asambleas departamentales, el Senado y Cámara y la Presidencia de la República.

Finalmente, el tercer asunto importante fue avanzar, por primera vez, en la creación, desde el inicio de la firma del Acuerdo, una organización que se encargaría de verificar que todas las disposiciones establecidas en él se cumplieran. Estructura organizativa que quedó indicada en el punto cuarto con la Comisión Nacional de Verificación.

Esta, según comunicación presidencial del 27 de septiembre de 1984, se creó dos días después de la firma del Acuerdo y estuvo compuesta por 43 miembros y ampliada posteriormente con diez miembros más. Funcionó en Bogotá, pero dada la complejidad de las tareas, se les permitió el traslado a algunos sitios del país.

Además, tuvo a cargo varias subcomisiones de verificación, en lugares estratégicos y con presencia de las FARC-EP, como en Florencia, Caquetá; Vista Hermosa, Meta; Barrancabermeja, Santander; Aravena, Arauca; Santa Marta, Magdalena; Medellín, Antioquia; Neiva, Huila; Orito, Putumayo; y Cali, Valle (punto 5 del Acuerdo).

En conclusión, el Acuerdo de La Uribe —a pesar de no contar con un reglamento de cómo, cuándo y dónde negociar, y de que solo se realizaron dos reuniones para su construcción— se estructuró con los componentes necesarios para todo pacto de paz (ver imagen 2).

En él se fijaron tareas para todas las partes, se asumieron los compromisos sustantivos que apuntaban a generar las transformaciones que se consideraban esenciales para la terminación del conflicto y, finalmente, se pensó en una estructura organizativa que debe velar por su cumplimiento de lo pactado.

 

Imagen 2. Fuente: tomada de El Espectador (2012).

 

De allí, que este acuerdo de paz se haya convertido en el abuelo de los tratados de paz con la insurgencia colombiana. De él se desprendieron el firmado con el M-19 el 24 de agosto en Corinto, Cauca, y en El Hobo, Huila; con el Ejército Popular de Liberación (EPL) el 24 de agosto en Medellín; y con la Autodefensa Obrera (ADO) el 30 de agosto en Bogotá. Además, consiguió convertirse en el faro para la elaboración de otros acuerdos de paz.

Con este “refresco de memoria”, para algo debe servirnos la anécdota. Comencemos pues, a “deshilar” (o ¿deshilachar mejor?) la madeja. Aunque con alguna dificultad, podremos recordar que el 6 de noviembre de 1.985, un año largo después de firmado ese acuerdo, se presentaron en Bogotá los acontecimientos de la toma por un Comando del M-19 del Palacio de Justica y la retoma por parte del ejército nacional al día siguiente.  Sin entrar en detalles ni hacer comentarios sobre lo sucedido, sí podemos y debemos decir que fueron una terrible premonición de lo que se vendría en la segunda mitad de esta década y en la siguiente de los años 90.  A pesar de que en ese Acuerdo entre el Gobierno y las FARC-EP, en ese momento se establecieron y pactaron compromisos de parte y parte, una de ellas, las FRC-EP, en muy buena medida y hasta cierto tiempo, cumplieron con lo que se habían comprometido, como el cese el fuego, a detener, al menos temporalmente el secuestro de personas, y dieron pasos para legalizar su acción política con la creación de la Unión Patriótica, con la cual alcanzaron una importante representación en los cargos de elección popular.

¿Y la otra parte contratante qué? Hasta cierto punto, Belisario, en el resto de su período que le quedaba, trató de cumplir con los que se había comprometido. Al menos hizo el intento, pero los Gobiernos que le sucedieron, ¿qué hicieron? Si este “refresco” no ha sido suficiente para reactivar la memoria, no podremos recordar que, después del año 85 y de los sucesos del Palacio de Justicia, comenzó el exterminio de la Unión Patriótica; que posteriormente, más de 3.000 militantes de esa organización política y del M-19, entre ellos, candidatos a corporaciones públicas y a la presidencia, fueron asesinados. Que este atroz delito de lesa humanidad, que este genocidio, fue meticulosa y sistemáticamente promovido por las fuerzas políticas de extrema derecha con sus organismos de represión legales e ilegales para frustrar y cerrar toda posibilidad de cambio político, igual que ahora, se oponen a los mínimos cambios que trata de realizar el Gobierno actual.

No cumpliendo el compromiso de garantizar la participación política legal de los alzados en armas, menos había intención de cumplir los demás compromisos que, según ese Acuerdo, “el Gobierno (de entonces) se comprometió a gestionar varias reformas de carácter político, económico, agrario y social; a ampliar la cobertura de derechos básicos de los colombianos; y a esclarecer los casos de desaparición forzada (punto 8 del Acuerdo). Todas ellas acciones que, según el gobierno Betancourt, eran necesarias para ayudar a la solución de las causas objetivas del conflicto”.

Con todo lo macabras que fueron esas acciones de la extrema derecha y sus organismos de represión legales e ilegales, nuestro pueblo no renunció a seguir luchando por sus derechos políticos, a realizar los cambios democráticos que ha buscado por tanto tiempo y, de alguna manera, obreros, campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y fuerzas políticas democráticas, mantuvieron la resistencia, la lucha social y política que sirvieron como soporte para la Asamblea Constituyente de 1.991 y la aprobación de la nueva Constitución Política de Colombia. Aunque allí no se lograra lo que nuestro pueblo esperaba, no por ello podemos desconocer que fuera un intento más de lograr sus objetivos. Los resultados reales de este evento, los hemos expuesto sucintamente en nuestro anterior artículo EL “PETARDO” LANZADO POR GUSTAVO PETRO DE MARZO 28/2.024.  Por ello, no nos detenemos aquí en todo el significado político sobre el particular. Sin embargo, no podemos dejar de recordar e insistir en que, después de la Constituyente y la nueva Constitución, la extrema derecha aprovechó, con la proverbial habilidad que siempre han actuado en momentos clave, las debilidades de las fuerzas políticas populares y democráticas y las inconsistencias político-jurídicas de la Constitución, para irse con todo en la ejecución práctica de la apertura de mercados, de la falacia de la apertura democrática y del modelo neoliberal, salvando los obstáculos que antes había encontrado.

Y a la par que avanzaba a marchas forzadas esa ejecución del modelo neoliberal a la sombra de que la nueva Constitución Política no resolvió problemas vitales como el de no modificar en lo más mínimo la perversa concentración de la propiedad territorial y la propiedad accionaria de empresas industriales, comerciales, bancarias y de servicios, el incremento del narcotráfico acrecentó la violencia de éste, de la insurgencia, principalmente de las FARC-EP, se intensificaron las grandes tomas guerrilleras en diferentes partes del país, las múltiples tomas a cabeceras municipales y el copamiento de amplios espacios territoriales, de un lado; del otro lado, se disparó el accionar de las llamadas autodefensas campesinas y el paramilitarismo.

La década de los años 90 del siglo XX fue un período tétrico, sombrío y aciago de mayor avance en la confección y ejecución del modelo neoliberal con la venta en remate de las empresas públicas que aún quedaban, la entrega de la saludad y la educación a los operadores privados, terminación del desmonte de muchas obligaciones y funciones públicas del Estado y reducción del mismo, pero sobre todo, de apogeo de la violencia y terrorismo rural y urbano promovidos por los carteles del narcotráfico, el paramilitarismo y las guerrillas, principalmente de las FARC-EP, no solo con las tomas de bases militares y poblaciones, sino con el abominable delito del secuestro en la forma como lo ejercieron, que les costó todo su porvenir político por ganarse una imagen detestable que de ningún modo, han podido ni podrán borrar de la memoria del pueblo colombiano. Ya para fines de esta década fue puesto en marcha el Plan Colombia, dirigido a incrementar el pie de fuerza de las Fuerzas Armadas, adiestrarlas y fortalecerlas con dotación de mejor armamento, apoyo logístico y de combate, inteligencia militar y mejoramiento de la actividad operacional estratégica y táctica y que heredara el posterior Gobierno de la “Seguridad Democrática”.

El impresionante saldo a favor de la élite que ha concentrado y concentra la mayor parte de riquezas del país, y del saldo en rojo en contra de obreros, campesinos, sectores populares urbanos y organizaciones políticas y sociales democráticas, no tiene parangón en la historia de Colombia. La llamada informalidad, es decir de trabajadores sin empleo ni rumbo fijo, sin organización social y sin ningún tipo de seguridad social, porque fueron despojados de los mínimos derechos de estabilidad laboral y de la seguridad social, pasó a ocupar una cifra demasiado alta que ha llegado a más del 60% de la fuerza laboral y que junto con el desempleo que siempre ha estado por encima del 10%, conforman una realidad inocultablemente escandalosa. Más de 8 millones de campesinos fueron despojados de más de 5 millones de hectáreas y expulsados del campo; cientos de masacres en algunas ciudades, pero principalmente en áreas rurales con terribles consecuencias económicas, políticas, sociales, culturales y sicológicas para las víctimas; tierras que hoy están dedicadas a producir en la agroindustria del banano, palma aceitera, otros productos y ganado, ya no en la vieja modalidad del terrateniente que recorría los caminos y las propiedades a caballo con su indumentaria típica y zurriago, sino por el narco o el paraco “modernos”, a cuyas manos regresaron de esa manera, la mayor parte de tierras que antes habían recuperado los campesinos; fueron eliminados cientos de miles de activistas y luchadores políticos y sociales, destruidas y aniquiladas sus organizaciones y convertidos muchos lugares en fosas comunes.

En ese sombrío panorama, en esa inmensa mole funeraria, llegó en 2.002 la “Seguridad Democrática” al Palacio de la Infamia, a continuar con lo que todavía les faltaba por arruinar y envilecer en la vida y la conciencia de nuestro pueblo. Quien llegó no fue el héroe, el luchador político y social, sino el salvaje enchamarrado en su corcel de rudo inculto que no tiene superiores ni obedece partidos ni sabe nada de instituciones de Derecho, que no obedece más que a sus instintos primarios.  La “Seguridad Democrática” continúo la tiranía de esa élite que llevó a cabo esa gigantesca expropiación física y política a nuestro pueblo, armó camorras con Gobiernos vecinos, desplegó el principal sostén del régimen para alejar el fantasma de la guerrilla que había inundado muchas zonas pero que ya cargaba con el pesado fardo del desprestigio político por sus actuaciones totalmente fuera de toda lógica política revolucionaria o, siquiera mínimamente democrática, para garantizarle allí sí, seguridad y confianza a esa élite y a los inversionistas extranjeros y que pudieran continuar en la profundización del modelo neoliberal con su modalidad de Programa agro-minero de exportación e inversión de capitales externos en el país, con el consiguiente saqueo del mismo.

Igual suerte corrió la “Seguridad Democrática” que encabezó el rudo enchamarrado. Su agotamiento y desprestigio llegaron relativamente pronto y hubo de ser reemplazado por otro de perfil un tanto aristócrata, pero más moderno, menos rudo y tosco, pero no menos cruel, más culto sí, pero mejor adiestrado en las artes de buen “encantador de serpientes”. Esto no significó más que la continuidad de la “Seguridad Democrática” con el mismo Programa y mejor gerencia y sub-gerencias. La política de seguridad también siguió siendo la misma, pero sí con ajustes y refinamientos, en particular, en las labores de inteligencia y ataques a una guerrilla que, ya para entonces, se encontraba en una situación de crisis interna, mucho desprestigio político y en retirada. En tales circunstancias, el llegar a la mesa de negociación entre el Gobierno y las FARC-EP, no es que constituyera una gran Azaña política, como se la presentó y se ha querido consagrar en la historia.

La verdad es que ambos necesitaban negociar. A la élite que había acumulado enormes riquezas y su gobierno interesados en profundizar y sostener el modelo neoliberal que ya comenzaba a presentar serias grietas desde la crisis financiera de 2.008, no les convenía sostener una guerra que ya no le servía para llevar adelante ese proceso anterior de acumulación de riquezas, a no ser, por la actividad del narcotráfico que continuaba creciendo, pero que sus efectos eran neutralizados por ese desgaste militar. Y a las FARC-EP tampoco les interesaba continuar esa guerra por la crisis interna que ya las amenazaba, por los duros golpes que habían recibido, porque en buena medida necesitaban legalizar recursos obtenidos del impuesto al narcotráfico y del que ellos mismos realizaban y, de manera especial, porque política y estratégicamente, habían perdido la perspectiva y la iniciativa.

Las negociaciones se hicieron, los acuerdos se sellaron y todos los negociadores, garantes y acompañantes los aplaudieron, pero esta vez, tampoco se cumplieron. El jefe negociador del Gobierno, acuñó el lema de que ese “fue el Acuerdo más perfecto” que se haya pactado en negociación alguna; y por ser tan perfecto, ni sirvió ni se cumplió. La extrema derecha que nunca estuvo de acuerdo con las negociaciones, movió todo su potencial político y ganó el plebiscito, una vez firmados lo acuerdos. Ya desde antes de firmarlos había declarado tajantemente que “haría trizas los acuerdos” y se dio el lujo de cumplir con lo prometido. En el terreno, la retirada de las FARC-EP sirvió para que otros grupos simplemente delincuenciales coparan los espacios libres, surgieron nuevos grupos para retomar el negocio y otros que venían de antes, simplemente expandieron esa actividad y, cultivos y procesamiento se incrementaron en más de un 50%, en gran parte porque ahora había quedado libre del impuesto.

Esa extrema derecha que ha sido la principal beneficiaria de la guerra, del narcotráfico y del modelo neoliberal, no solo se dio el lujo de ganar el plebiscito, sino de continuar con el régimen de la “Seguridad Democrática” por un período más. Durante éste, cumplió con su promesa de “hacer trizas los acuerdos”. Con el poder burocrático que han tenido y tienen en el aparato estatal, con la indolencia y pasividad de muchos y hasta la complicidad de los mismos jefes políticos del nuevo grupo legal que crearon las FARC-EP después de negociar, se dio el lujo, no solo de tirar los acuerdos a la basura, sino de tomar muchos recursos que habían sido asignados por el Gobierno nacional anterior y Gobiernos extranjeros para poner en marcha el cumplimiento de los acuerdos y los invirtió él a su amaño e hizo politiquería contante y sonante.

Ahora ya es posible que podamos recordar que, esa misma oligarquía que ha existido desde antes de conformar la República y continuó en ésta con peores maneras, a José Antonio Galán, el gran dirigente y héroe del Movimiento de los Comuneros, después de negociar su desmovilización y firmar acuerdos, lo degollaron, descuartizaron y colgaron sus restos en diferentes sitios para sembrar el terror y escarmentar a quienes intentaran reagruparse y seguir sus huellas. Le negaron todo respaldo y no les importó las persecuciones que sufrió de parte del gobierno colonial español José Antonio Nariño; persiguieron, hostigaron y le hicieron la vida imposible a Simón Bolívar. Persiguieron y le hicieron la guerra, sobre todo, a los liberales radicales del siglo XIX y, a fines de los años 20 del siglo XX, llevaron a cabo una de las más monstruosas masacres, la de Las Bananeras; en los años 30, armaron la “oposición democrática” contra las reformas liberales del Alfonso López Pumarejo, retomaron el Gobierno y fraguaron el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán; armaron la “pajaramenta” (paramilitares de entonces), ensangrentaron al país con la violencia de fines de los años 40 y de los 50, persiguiendo y eliminando, de manera especial, a los liberales del pueblo e, impusieron una feroz contrarrevolución agraria para oponerse a cualquier modificación a la gran propiedad territorial.

De igual modo, sobre esa inmensa mole funeraria, pactaron la conformación del Frente Nacional en 1.957 entre godos y liberales pertenecientes a esa élite o que conciliaban con ella, asesinaron a los líderes guerrilleros liberales más sobresalientes y tampoco cumplieron los acuerdos pactados para la desmovilización del Movimiento Guerrillero Liberal y otros grupos que se habían formado. Esa misma oligarquía que no ha permitido cambio alguno de régimen político, se opuso radicalmente a la propuesta de Reforma Agraria de Carlos Lleras Restrepo en los años 60 y 70 del siglo XX, movió a los terratenientes y armó la segunda contrarrevolución agraria de este siglo XX. Ya con los primeros vapores tibios del modelo neoliberal que comenzaba a volar desde Europa y Norteamérica hacia el Sur, y el narcotráfico desde el Sur hacia el Norte, éste crece en Colombia; crecen también los grupos guerrilleros, pero al mismo tiempo, se producen cambios substanciales en las actividades productivas y económicas del país, a recuperarse las fuerzas políticas reaccionarias, a la par que se van extinguiendo las fuerzas revolucionarias a nivel mundial.

En los años 80 del siglo XX, se fortalecen el modelo neoliberal en Colombia, el narcotráfico y las fuerzas políticas más reaccionarias, especialmente de los terratenientes, y es con la venia de éstas que se llega a la Asamblea Nacional Constituyente de 1.991 y a la nueva Constitución Política de Colombia. A partir de allí se profundiza el modelo neoliberal y en 1.994 se hace otro intento de Reforma Agraria, a la cual, los narcotraficantes y terratenientes responden con la tercera contrarrevolución agraria, en la que muchas tierras que los campesinos habían recuperado antes, volvieron a manos de aquellos, como ya lo hemos mencionado y llevan a cabo el despojo y desalojo del campo con los procedimientos también mencionados antes.

A “vuelo de pájaro” (según el proverbio campesino), lo anterior nos indica con toda claridad, lo que ha sido y es el comportamiento político, la conducta y el actuar reiterativo de esa oligarquía, de esa élite que ha gobernado en nuestro país, cómo ha respondido ante las exigencias de nuestro pueblo por alcanzar transformaciones políticas democráticas en las que se garanticen sus derechos y pueda decidir el rumbo que debe seguir. He ahí la trascendencia de lo que nos estamos jugando en este momento. O hacemos algo por consolidar el Proceso de Democratización en Marcha en que está empeñado nuestro pueblo, independientemente de las debilidades que tiene y precisamente por eso, y de los errores que presenta, o este volverá a ser sepultado por muchos años por esas fuerzas reaccionarias. No olvidemos en ningún momento que, este proceso emerge en buena medida, de las grandiosas movilizaciones pocas veces vistas en nuestro país de 2.019 y 2.021. Con toda la espontaneidad que tuvieran por ser más un estallido social que un proceso mínimamente organizado y preparado, no por ello, dejan de tener una profunda significación política y unas repercusiones que se han sentido y seguirán sintiendo.

No de manera espontánea y gratuita, pudimos apreciar como salieron al unísono los expresidentes, desde Gaviria, Pastrana, Samper Pizano, Uribe Veles, Santos hasta Duque, a rechazar el “petardo” de Petro de la Asamblea Constituyente. Y lo más importante en este caso, no es que rechazaran esa propuesta, sino que, de manera casi automática, alzaran la voz en defensa de la Constitución Política de 1.991. “Nuestra Constitución” hay que defenderla, dijeron. Y si Samper Pizano se desmarcó después aduciendo que no compartía la propuesta de estos jefes políticos de la extrema derecha de hacer un “acuerdo nacional” para esa defensa, porque según él (Samper), se trataba en ese caso de una gavilla contra Petro, en nada cambia el asunto. Esta es la mejor prueba y demostración de que tenemos la razón cuando en el anterior artículo de EL FRO SOCIAL, hemos afirmado con la mayor contundencia, que es la extrema derecha la más cerrada defensora e interesada en conservar la Constitución Política de 1,991. Si estas expresiones políticas tan claras y explícitas no nos ayudan a ver y entender que esa Constitución Política es el arma más poderosa en manos de la extrema derecha para mantener el poder, entonces estos ciegos es que ya no quieren ver. Pero no todos estamos ciegos ni queremos seguir en la ceguera, y si hemos tenido debilidades para entender todo lo que implica, desde el punto de vista político ese hecho, la barbarie que hemos vivido, en algo nos ha ayudado a comprenderlo.    

Por eso repetimos, que más que “Acuerdos Nacionales”, “Asamblea Constituyente” o “ poder constituyente”, como lo han planteado el mismo Petro y algunos sectores y personas cercanos al Gobierno actual, lo que realmente necesitamos es construir una sólida Convergencia Democrática en la que obreros, campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y fuerzas políticas democráticas, que son los que de verdad pueden darle sostenibilidad, permanencia y continuidad al Proceso de Democratización en Marcha, que éste se consolide y realice, no solo las reformas que están planteadas, sino que transforme todo su actuar político y demuestre que realmente es una fuerza política democrática, recupere la confianza y lleve a cabo todo lo que nuestro pueblo reclama y exige. Hemos dicho y repetimos que las reservas para este propósito están abajo, en los sectores sociales y políticos que realmente necesitamos esas trasformaciones, que queremos y necesitamos esos cambios, que se comprometerán a realizarlos, sin ven que lo que se predica y se hace, concuerda con lo que buscan y necesitan. No es con “acuerdos nacionales” o “pactos históricos” por arriba, como se ha podido y podremos avanzar y consolidar el Proceso de Democratización en Marcha. Es con esa Gran Convergencia Democrática, dotada de un claro Programa Político que defina y recoja las necesidades económicas, políticas, sociales y culturales de nuestro pueblo, como podremos consolidar el Proceso de Democratización en Marcha para lograr una mayor independencia política, paso indispensable para avanzar en transformaciones más profundas de la sociedad colombiana.

 

Cordialmente

Marino Ausecha Cerón

 

EL FRO SOCIAL.

Popayán, junio 4 /2.024

domingo, 26 de mayo de 2024

DOS SUCESOS Y SUS CORRESPONDIENTES RESPUESTAS QUE DEJAN DEMASIADAS DUDAS Y MUCHO QUE DESEAR Y ANALIZAR

 

DOS SUCESOS Y SUS CORRESPONDIENTES RESPUESTAS QUE DEJAN DEMASIADAS DUDAS Y MUCHO QUE DESEAR Y ANALIZAR

 

Hemos podido apreciar de manera amplia, masiva y suficiente, la entrega a la dirigencia de FECODE, a la FIDUPREVISORA y al FOMAG, la prestación del Servicio de Salud a los docentes del país, de una parte; y de otra la ofensiva desatada por los grupos armados, principalmente las difidencias de las FARC en Cauca y Valle del Cauca. En lo que corresponde al ELN, si bien es cierto que, por momentos han actuado militarmente, ha continuado los diálogos de paz y este fin de semana aparece, de parte del Gobierno y ellos, un informe de que continúan en la Mesa de Dialogo y el Acuerdo, por lo menos en un punto de la negociación sobre la ruta con la que continuarán, cosa que sinceramente nos alegra y da confianza de que, sí es posible avanzar en los acuerdos, a pesar de las dificultades.   

Lo que realmente interesa en este caso, no es propiamente que los unos recibieran de parte del Gobierno la prestación del Servicio de Salud de los docentes y los otros arremetan con su ofensiva militar. Lo que sí verdaderamente llama la atención y es imposible sustraerse a la observación atenta de lo que está sucediendo, por lo menos a quienes estamos interesados en que el proceso de democratización del país avance, son las respuestas de FECODE, la FIDUPREVISORA y el FOMAG ante la responsabilidad de organizar y poner en marcha la prestación de ese servicio, de una parte, y la respuesta del Gobierno nacional ante la arremetida violenta de esos grupos armados.

Los luchadores sociales, los demócratas y especialmente los revolucionarios, estamos obligados a observar con la mayor atención, analizar con toda la objetividad posible y sacar las debidas conclusiones sobre lo que revelan hechos como estos. No basta quedarnos renegando y maldiciendo la intriga y la labor inmunda que los mercenarios de micrófono han estado haciendo contra el Gobierno actual; tenemos que hacer el esfuerzo por usar nuestra propia cabeza, comenzando porque hay que reunirse y discutir colectivamente lo que está pasando, lo que estos hechos revelan y promover la discusión social amplia para que todos los sectores democráticos consoliden sus fuerzas y su lucha.  

La entrega de la prestación del Servicio de Salud a esa Directiva sindical y a esas entidades revela a todas luces, ya no solo improvisación, falta de conocimientos y experiencia que pueden ser normales en muchos casos, sino peor aún, una franca ineptitud, incapacidad y total falta de iniciativa para buscarle solución a los problemas. Los docentes han tenido que salir en diferentes Departamentos a protestar porque sencillamente se quedaron sin la atención médica que requieren, sobre todo, cuando padecen enfermedades crónicas y de otras que necesitan atención de alta complejidad. Afortunadamente tales protestas no han sido contra el Gobierno, sino contra sus propios dirigentes, la FIDUPREVISORA y el FOMAG.

Ahora estos directivos sindicales y de esas entidades, con una desfachatez que raya en el cinismo, salen a echarle la culpa al Gobierno de su propia ineptitud. Cuando ya era factible la aprobación de la Reforma a la Salud, acudieron presurosos a proponer que les entregara a ellos el manejo de ese Servicio. Durante años las EPS, particularmente COSMITET, engrosó su patrimonio a consta del mal servicio a los docentes y, sobre todo, esos directivos de FECODE nunca dijeron ni hicieron nada para remediar la situación y, por el contrario, siempre defendieron a esa EPS. ¿Qué hubo y qué hay detrás de todo eso? Es la pregunta obligada que nadie puede dejar de hacerse a sí mismo y en su entorno.

Ahora, como es apenas previsible, directivos de FECODE, de la FIDUPREVISORA, FOMAG, SUPERSALUD, Ministerios de Salud, Educación, Trabajo y Hacienda, ponen a brincar la pelotica de ping pong de mesa en mesa, culpándose de unos a otros y los docentes voltea y voltea de un sitio a otro y ninguno le da razón quién o quiénes son los que tienen que darles solución a sus urgencias. La corrupción en la contratación por parte de la FIDUPREVISORA sigue igual o peor que antes. ¿No estamos en este caso ante una reedición no corregida pero sí aumentada de los tristemente célebres “paseos de la muerte”?

Mientras tanto, en los debates de “control político” abiertos en el Congreso, los voceros de la oposición “democrática” (entiéndase voceros de la extrema derecha) hacen el festín con el derroche de discursos con cuanto infundio se les ocurre para responsabilizar al Gobierno y particularmente al Presidente Gustavo Petro de lo que le ocurre en este momento a los docentes por la irresponsabilidad de esa burocracia sindical en general y de los burócratas de FECODE en particular, cebados, amamantados y depravados en la corrupción, precisamente en y por los Gobiernos de esa extrema derecha y el modelo neoliberal, ambiente que les ha permitido obtener grandes honorarios sin hacer absolutamente nada ni por el gremio ni por la sociedad.

Y para contribuir a agravar más la situación, la Señora Procuradora Margarita Cabello (que procura a todo memento servir bien a sus jefes de la extrema derecha), anuncia adelantar acciones disciplinarias contra el Gobierno porque, supuestamente, ella, advirtió, desde antes de hacer la entrega de la prestación de ese servicio, sobre la improvisación que se presentaría, de darse ese paso. Pues claro que la improvisación sí era totalmente previsible y, además, lógica, dependiendo del tipo de procedimientos que se emplearan para hacer la transición. Y como decimos al principio, en este caso, no solo ha habido improvisación de parte del Gobierno, sino que, lo más grave es la irresponsabilidad de esa burocracia de FECODE al creer que ese era un negocio pulpito que lo podían manejar con la misma facilidad con que han vivido reclinados en las poltronas de esa sede sindical.

Y este problema no se resuelve, como creen los directivos sindicales de ASOINCA en el Cauca, que haciendo gestos de satisfacción al ver a los directivos de FECODE enredados en su ineptitud y argumentar que aquí sí se ha realizado la contratación con las entidades prestadoras de servicios de salud, ya todo está listo y andando sobre ruedas. Aquí en el Cauca, la situación está lo mismo. Los docentes están como la misma pelotica de ping pong de entidad en entidad, de una lo mandan a otra y ninguna sabe cuál es la que debe darle la atención que necesita.

No nos equivoquemos. No sigamos respondiendo con argumentos baladíes ante situaciones complejas como es la prestación de los Servicios de Salud y la atención médica a la salud de la gente, actividad altamente especializada actualmente. Como negocio de elevada rentabilidad, las EPS lo tenían bien administrado y organizado para su beneficio, y cualquier negocio, para que tenga algo de rentabilidad particular, debe tener un mínimo de administración especializada. Pero no siendo negocio privado, con mayor razón, deberá ser organizado y administrado de la mejor manera, si se pretende que de los resultados que necesita el público. Y esos conocimientos, esa experiencia y capacidad para administrar y organizar bien un sistema como estos, no se puede obtener de la noche a la mañana y menos improvisar. Eso no es como vender cebolla, arroz o gasolina. Y menos se puede adquirir al suave arrullo y la tibieza de las poltronas de FECODE.

Y toda esta improvisación, desorden y caos generados no solo por las mafias en el manejo privado de la salud que siguen y seguirán intactas, sino también por los irresponsables directivos de FECODE, para quienes el manejo del sistema sigue siendo un fabuloso negocio, la inconformidad generalizada que está produciendo son agrandados y explotados al máximo para crear más alarma de la que realmente existe por los mercenarios de micrófono y los voceros de la oposición “democrática”,  volcar toda es inmundicia contra el Gobierno y particularmente contra el Presidente Petro y responsabilizarlos de los daños causados por los complots de los mercadeares de la salud y la ineptitud e irresponsabilidad de “amigos” del Gobierno como los directivos de FEODE y, con ello, generarle un ambiente más hostil, cercarlo y debilitarlo políticamente aún más de lo que está.

No sigamos haciendo el ridículo papel de pastorcitos mentirosos metiéndonos mentiras a nosotros mismos. Todos los avances y acciones importantes que ha hecho el Gobierno y el Presidente Petro, han sido desvirtuados, opacados, ensombrecidos y colmados de inmundicias. Las contramarchas en respuesta a las marchas de la oposición “democrática”, siendo como fueron numerosas, muy concurridas y muy populares, en comparación con “los rostros bonitos” de las otras, no pudiendo ser opacadas en cuanto a participación, fueron cubiertas de lodo por los mercenarios de micrófono. Muchas de las acciones internacionales y logros alcanzados por la gestión política, especialmente del Presidente Petro, han sido y son ocultados y condenados al silencio, a lo que lastimosamente se agregan los graves errores de estrategia política del mismo Petro, al poner en manos de la godarria en Cali acciones como las de la COP16, en lugar de elegir otros sectores donde hay muchas más fuerzas democráticas que se necesita apoyar y fortalecer.

A todas estas, nos preguntamos y debemos preguntarnos: ¿Dónde está la fuerza política democrática que supuestamente giraba en torno Petro Presidente, Colombia Humana? ¿Dónde el Pacto Histórico? ¿A qué rendija se han ido a meter los que tanto han alaraqueado con la lucha social y la democracia participativa? ¿Las ONG(s)? ¿Los llamados Movimientos Sociales? ¿El Polo Democrático Alternativo? ¿Los Comunes? ¿El Partido Verde? Todos desdibujados. Todos arrinconados en la penumbra. Y algunos de estos más al lado de la oposición “democrática” que a la izquierda. ¿Dónde están las propuestas políticas claras para salir del atolladero a que nos ha logrado llevar la extrema derecha, las mafias de todo orden y la delincuencia común organizada?

Es en este escenario caótico en el que emerge el otro suceso de la ofensiva militar de los grupos armados de las disidencias de las FARC en Cauca y Valle del Cauca. Desde el momento en que se reiniciaron o iniciaron diálogos con esos grupos en procura de ponerle fin a ese conflicto con el enunciado de “Paz Total” del Presidente Petro, saltaron las dificultades y quedó en evidencia que lo que buscaban era distraer al Gobierno en Las Mesas de Diálogo para facilitar la guerra entre ellos mismos y contra el Estado. Ahora, más hábilmente que el mismo Gobierno, el Presidente Petro y toda esa montonera de grupos y partidos políticos, esos grupos armados sí están aprovechando toda esa debilidad política para avanzar, fortalecerse, copar espacios y territorios, consolidar sus economías criminales de minería, narcotráfico y extorsión, reclutamiento forzado de niños, crecimiento de sus unidades militares y capacidad bélica.

Por su parte el Gobierno respondió en este momento con una contraofensiva militar que, si bien es necesaria y hay que hacerla, no es la solución que exige la situación. La contraofensiva es una respuesta de momento y no puede ser indefinida. Tales grupos se retirarán a los lugares donde puedan neutralizarla y luego volverán a su oficio. Lo que la situación de conjunto requiere es una estrategia política que no la hay, y al parecer, no hay conciencia de que, sin ella, solo se estará respondiendo de manera coyuntural e improvisada.  En cualquier guerra, quien tiene la iniciativa política, puede ganarla o por lo menos, inclinar el balance de fuerzas a su favor y poner las condiciones de negociación. Estos grupos, como buenos guerreros con amplia experiencia militar, han percibido con una eficacia inocultable, que el Gobierno no tiene la iniciativa política que se necesita para el manejo de una situación compleja y delicada como es ésta, ni tiene una estrategia militar sistemática y coherente para enfrentarlos. Lo que ha hecho es propiciar unos diálogos improductivos y seguir por el mismo camino de andar de Consejo de Seguridad en Consejo de Seguridad sin ningún resultado favorable para fortalecer la posición del Gobierno.

Por su parte, y no puede ser de otra manera, la oposición “democrática” (extrema derecha) afina y endurece su arremetida, no tanto contra las reformas que ya han podido mutilar unas y paralizar otras ni contra el Presidente Petro, sino contra lo que más les preocupa que es el Proceso de Democratización en Marcha que potencialmente está latente y se puede levantar. Y si a esta acción de la extrema derecha que sí sabe qué es lo que tiene que hacer y para donde va, agregamos la actuación irresponsable e inepta como la de los burócratas de FECODE, el silencio y vacío político de esa montonera de grupos que ni fu ni fa ante la delicada situación y la acción de esos grupos armados como la están haciendo, el resultado no puede ser distinto al estrechamiento del cerco político, el aislamiento y debilitamiento progresivo del Gobierno para terminar inhabilitándolo totalmente.

Con el inmenso deseo que ese Proceso de Democratización en Marcha no vuelva a hundirse como ha sucedido tantas veces en nuestro país, creemos firmemente que las reservas para reorganizar, rehacer y avanzar en ese proceso no están agotadas, como a primera vista nos puede parecer; que los que están atrofiadas no son esas reservas y fuerzas democráticas, a las cuales se les ha empeorado sus condiciones de vida y de expresión política ya por más de 3 décadas, sino unos sectores y grupos políticos que, con nuestros criterios políticos caducos, maneras de actuar y procedimientos ajados, no hemos podido ponernos a la altura de las exigencias del momento y, algunos de estos, de beneficiarios conscientes o inconscientes que fueron del modelo neoliberal, terminaron en víctimas del mismo.

Creemos firmemente porque lo estamos palpando de manera directa, que esas reservas y fuerzas para reemprender la reorganización y reorientación de los procesos de lucha política democrática para alcanzar transformaciones profundas que necesitamos y reclamamos todos, están abajo, en esa Colombia que sigue siendo excluida; en esa Colombia que padece, sufre, lucha, por momentos se divierte y carga con todo el peso de las adversidades; que construye y crea riquezas para beneficio de unos pocos; que se ha batido y se bate en medio de la crudeza de una violencia atroz que no la han generado las comunidades, sino unas familias, grupos y sectores que han acumulado enormes fortunas al amparo del modelo neoliberal que nos impusieron, del narcotráfico y el paramilitarismo, o que son residuo de ese modelo como la delincuencia común, otras actividades económicas ilícitas brutalmente destructoras de ecosistemas naturales y de la sociedad, y desde luego, de los mercaderes de la guerra.

Quienes se acostumbraron y fueron mentalmente domesticados para disfrutar de la vida cómoda; quienes se predispusieron mentalmente para obtener beneficios fácil y rápido; quienes la cultura traqueta ha “formateado” de tal manera que no tienen más opción que atropellar a todos los demás y pasar por encima de ellos con tal de obtener lo que quieren y desean; quienes de una u otra manera conviven con las mafias de todo orden en las organizaciones políticas y en las instituciones oficiales y no oficiales; y quienes no están en esos rangos pero esas son sus aspiraciones, están incapacitados ideológica, política, organizativa y sicológicamente para emprender procesos que requieren y exigen comportamientos sociales, políticos y culturales solidarios, respetuosos y dispuestos siempre a luchar organizadamente contra cualquier abuso a quienes viven de su trabajo.

Sin dudar un momento, creemos que estamos en un momento crucial en el que tenemos que preguntarnos: ¿Dejamos que ese Proceso de Democratización en Marcha una vez más sea hundido por las fuerzas reaccionarias de extrema derecha, por nuestras irresponsabilidades y por nuestras incapacidades e indolencias? O nos atrevemos a defenderlo, luchar por él y sacarlo adelante. O dejamos que esta Esperanza agonice y muera, o hacemos algo para rescatar de ella, aunque sea sus girones para rehacerla, tal vez con un poco más de conciencia de lo que no pudimos hacer ahora.

Y esta no es una responsabilidad del Gobierno o solo del Presidente Gustavo Petro. Esta es una responsabilidad colectiva que nos copete a todos, en especial, a esa Colombia que ha soportado tanto y seguirá soportando, si dejamos que la reacción en este país nuevamente salga con las suyas. Más que unas reformas que, algunas de ellas por lo menos, pueden ser aplazadas, lo que tenemos que defender, es el Proceso de Democratización Política en Marcha. Y esto implica que, lo primero y más esencial que hay que hacer, es fortalecer las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país. Lo primero y más esencial que hay que hacer es levantar las fuerzas populares democráticas que fueron apabulladas, aplastadas y sometidas por las masacres y el silencio; hay que rehacer y reconstruir el Movimiento Social y Político de las comunidades como sujeto consciente de sus propias transformaciones.

En este grandioso cometido, tenemos que entender la situación real en que nos encontramos. Según informaciones oficiales, en Colombia existe una fuerza laboral (obreros) entre 23 y 25 millones. De estos, más de 13 millones sobreviven en la llamada informalidad, es decir, no tienen trabajo estable ni cuentan con la más mínima forma de organización social. Además, de toda esa fuerza laboral, menos del 4% está organizada sindicalmente, con el agravante que la que cuenta con organización sindical son los trabajadores del Estado. O sea; en términos simples, algo más de 1 millón de trabajadores son los “representan” a los 23 o 25 millones restantes. El resto está excluido, incluso por esa misma élite obrera sindicalizada.

Digámonos las cosas como son: En una sociedad capitalista como lo es Colombia y donde el modelo neoliberal ha pasado como el huracán dejando solo escombros, el 60% de la clase obrera está anulada social y políticamente por sus condiciones laborales y de vida, y más del 35% de ese 40% restante tampoco tiene organización social ni cuenta para nada como fuerza política y social, ¿de qué democracia se puede hablar en casos como estos? ¿Qué tipo de democracia puede existir allí? Lo cierto es que la plutocracia del capital, burgueses y terratenientes fortalecidos por el narcotráfico, el paramilitarismo y por los inversionistas extranjeros desarraigaron y expulsaron del campo alrededor de 8 millones de campesinos, exterminaron sus organizaciones e incautaron la gran mayoría de tierras que habían recuperado en la década anterior. O acaso nos es extraño que esa nueva élite capitalista conformada por algunas familias tradicionales, pero principalmente por los mafiosos y paramilitares emergentes, ¿fue la que despojó a la clase obrera de los mínimos derechos laborales que tenía y a los campesinos de la tierra y los expulsó del campo? ¿Tan pronto nos hemos olvidado que esta fue precisamente la que cubrió de horror al país con su política de la “Seguridad Democrática”? ¿De quiénes y para quienes?

Es este tipo de “democracia”, es esa “seguridad democrática” lo que defiende esa fuerza económica que, por supuesto, no es solo económica, sino política, ideológica, institucional, cultural y ética. Es eso lo que no permiten que se les modifique siquiera en lo más mínimo. Es por esto que decimos que ya no son ni las reformas mutiladas como están, lo que les preocupa. Lo que verdaderamente les preocupa es que el barril de pólvora en el que están sentados, es potencialmente peligroso y cualquier chispa puede hacerlo estallar e irse a procesos sociales y políticos más radicales que, indudablemente no podrán controlar.

Por todo lo anterior, estamos completamente convencidos y seguros que ante esa opción de la extrema derecha, no tenemos otra opción que avanzar en la consolidación del Proceso de Democratización en Marcha, recuperando, rehaciendo, reconstruyendo y fortaleciendo el Movimiento Político y Social de obreros, campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y fuerzas políticas democráticas, para lo cual estamos obligados a replantear, reorientar y corregir muchos errores del pasado y no pocas interpretaciones y apreciaciones erradas que tenemos de la situación actual.

Indudablemente para llevar adelante este propósito, no se nos puede escapar que su realización, debe hacerse alrededor de un Programa Político mínimo, de la identificación de unos objetivos políticos generales y objetivos inmediatos que ordenen nuestro que hacer, unos procedimientos a seguir que nos proporcionen la coherencia política y práctica que necesitamos, y una unidad básica de acción que contribuya a fortalecer todo el conjunto. Es indispensable, además, lograr unos consensos básicos que faciliten el actuar simultáneo, ojalá en todo el país. Sin embargo, con toda la importancia que tiene esta parte de la propuesta que necesitamos, es comprensible que no la podemos formular aquí, pues ya se sale los límites que nos impone este tipo de documentos. Además, esta parte debe ser el resultado de los consensos entre muy diferentes fuerzas y sectores políticos y sociales y no el querer o deseo de uno u otro grupo en particular.

cordial y respetuosamente

 

Marino Ausecha Cerón

Especial para el

 

EL FARO SOCIAL

Popayán, mayo 27/2.024

 

 

  

           

   

       

martes, 26 de marzo de 2024

EL “PETARDO” LANZADO POR GUSTAVO PETRO

 

 

 

EL “PETARDO” LANZADO POR GUSTAVO PETRO

El “petardo” lanzado por el Presidente Gustavo Petro el 15 de marzo, en las horas de la tarde, ante la minga indígena en Cali, produjo fuertes ondas expansivas a todo el país y le rompió los tímpanos a más de uno. Al día siguiente, salieron, también en minga, toda la godarria, las derechas extrema y moderada, y con ellos, todos los patiamarillos que abundan en todas las agrupaciones políticas, en el Pacto Histórico y hasta en la Colombia Humana del mismo Petro, a decir “que eso no se puede”, “que no es el momento” y “que no se necesita una Constituyente”.

Medio ensordecidos y medio atontados, no se les escapó el sentido de lo que Petro les estaba anunciado. Salvo algunos pocos juristas que saben que no pueden violentar su conciencia jurídica y les es obvio que esa es una decisión autónoma de los pueblos que pueden tomarla en cualquier momento, y que, además, es un derecho expresamente reconocido en la Constitución Política de 1.991, la manada simiesca llenó el espacio de gruñidos, muecas, brincos y chillidos, expresando que no, que “eso no puede ser”.

A estas alturas esa horda cree que, después de más de 200 años, puede seguir de largo asustando a los pueblos con los fantasmas de su Legalidad y sus Derechos, hechos a su medida y para su exclusivo beneficio. Cree que la actual Constitución Política de 1.991 que, a sus 33 años, no ha resuelto ninguno de los más graves y recurrentes problemas estructurales de nuestro país, puede, al igual que la de 1.886, durar más de 100 años, incólume e intocable.

Con toda seguridad, más temprano que tarde, la Constituyente tendrá que hacerse en Colombia. Yo he sostenido y sostengo que la actual Constitución Política de 1.991, no sirve para hacer los cambios democráticos que el país necesita. No permite ni contribuye a facilitar las transformaciones estructurales que ha reclamado y reclama el pueblo colombiano.

La Constitución Política de 1.991, no modificó absolutamente en nada el régimen de la gran propiedad territorial y sí contribuyó a agravarlo aún más. Por eso, la propuesta de Reforma agraria de 1.994, aunque fuera acompañada de un subsidio bastante alto a la adquisición de las tierras, no pudo llevarse adelante. La actual propuesta de Reforma Agraria de Gustavo Petro, no avanza y no avanzará. Primero, porque fue concebida más con el propósito, muy noble, por cierto, de resarcir a las víctimas de la violencia, las guerras y el despojo; y segundo, no es propiamente el resultado de la lucha de un fuerte Movimiento campesino por la tierra. Este ya no existe, y no puede volver a existir como en la década de los años 70 del siglo pasado. Hoy la redistribución de la propiedad territorial para entregarla a los que necesitan tierras y a los pequeños y medianos productores, hay que replantearla totalmente. De llevarse a cabo, tiene que hacerse en la perspectiva de una política integral que va, desde la entrega de tierras, la reorganización de la producción, el acompañamiento tecnológico, la organización del mercadeo, la conectividad vial y virtual, la investigación científica en el mismo escenario de producción y la capacitación técnica y profesional de los productores.

La Constitución Política de 1.991 no modificó en nada, y ni siquiera avanzó en un mínimo de control a la abusiva y desmoralizante concentración de riquezas en muy reducidos dueños de la propiedad accionaria de empresas industriales, agroindustriales, comerciales, bancarias y de servicios. Por el contrario, lo que hizo fue quitarle los resortes a la puerta giratoria y dejarla que volteara libremente, permitiendo la entrada de inversionistas extranjeros a adueñarse de los saldos a precio de ganga de empresas de particulares y públicas; permitir la libre importación de una alta proporción de productos industriales y, sobre todo, de productos agropecuarios, condenando esta importante actividad productiva a la quiebra.

Desde mucho antes de la Constitución Política de 1.991, muchas empresas industriales nacionales, fueron liquidadas para convertirlas en simples importadoras de productos extranjeros. A partir de 1.991, lo que hizo esa Constitución fue rematar lo que ya era un hecho. En adelante se consumó la desindustrialización y la desnacionalización del país. Se consumó el despojo de lo más esencial de un Estado Nacional que es su Soberanía, o capacidad de decidir a su interior, qué debe producir y cómo producirlo, para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de su población.

En lo único que han descollado godos y liberales de la estirpe de vendepatrias, secundados por la caterva de patiamarillos que siempre han rondado a su lado, ha sido en el arte de entregar los intereses nacionales a sus amos, especialmente a los amos ingleses ayer y a los gringos después. Con el cinismo que los ha caracterizado, han respondido de manera agresiva o burlesca a las exigencias del pueblo, porque esa entrega siempre les ha reportado grandes beneficios para engordar sus presupuestos familiares. Y eso fue la Constitución Política de 1.991. Allí, godos y liberales continuadores de la misma estirpe, consumaron otro acto más de entrega de los intereses nacionales al modelo neoliberal que se habría paso como una avalancha, rompiendo barreras levantadas contra ese comportamiento político consuetudinario de la oligarquía colombiana.

Incluso antes de haber convocado la Asamblea Nacional Constituyente y aprobar en ella la nueva Constitución Política, ya se había modificado los últimos girones de legislación nacional que en cierta medida protegían la producción y algún aliento de soberanía nacional. Fue aprobada la descentralización política y administrativa que no era otra cosa que la desvertebración y diseminación del poder central en micro-poderes locales y, sobre todo, esa sí, descentralización y extensión de la corrupción política y administrativa, es decir que, hasta el último Alcalde del Municipio más pobre, pudiera robar algo. Fue modificada la legislación bancaria y flexibilizada para permitir la entrada de capitales extranjeros a apoderarse del mercado financiero y que, además, le permitió moverse con mayor facilidad al “blanqueo” o lavado de activos del narcotráfico.

Fue impuesta la “flexibilización laboral” para colmar de garantías extraordinarias al capital y demoler el derecho a la estabilidad laboral de los trabajadores, con lo que generaron la cuantiosa “informalidad” privándolos de elementales derechos conquistados en duras batallas durante largos años. La Constitución Política de 1991, en vez de reaccionar y crear defensas contra esta monumental injusticia, dejó el camino abierto para ahondarla. Por eso, convocar otra Constituyente para que haga simples retoques a la Constitución anterior, sin tocar en nada ese que es el quid de toda la cuestión, no pasaría de ser otra gran frustración.

Con el cuento de repartir derechos a diestra y siniestra como lo hizo la Constitución Política de 1.991, ocultó e impidió ver a los colombianos lo principal que era exactamente democratizar el régimen de propiedad de la tierra creando herramientas para impedir su concentración. Crear herramientas para impedir la concentración abusiva de la propiedad accionaria de empresas industriales, agroindustriales, comerciales, bancarias y de servicios; permitir una mayor distribución de las riquezas generadas por los crecientes índices de productividad del trabajo y por la explotación de recursos naturales.

Crear herramientas para democratizar la acción propia e independiente de los distintos sectores sociales populares y su participación efectiva en las decisiones políticas para promover el progreso y desarrollo colectivos de los colombianos. Ponerle término al sistema y la práctica partidistas tradicionales excluyentes que han reinado por tantos años en nuestro país, lo cual no se logra, mientras siga existiendo e incluso se haya fortalecido el régimen político que garantiza y perpetúa la concentración de la propiedad y todos sus beneficios económicos.

Es a esto a lo que podemos llamar con propiedad proceso de democratización en marcha. Proceso en el que el fortalecimiento del régimen político democrático garantiza y fortalece la redistribución amplia y equitativa de las riquezas, y esta a su vez, profundiza la democracia, la igualdad real, el crecimiento y desarrollo real del ciudadano, no únicamente de los dueños del país. Este perfeccionamiento continuo de un régimen político democrático es el que tenemos que construir entre todos para poder dar el salto a una sociedad realmente grande y civilizada, si no queremos seguir bajo la coyunda de “la democracia” de los Gómez, de los Ospina, de los Santos, de los Lleras, de los Uribe y todos los meseros que se han ido acomodando al amparo de un modelo que ya no da más.

Un proceso democrático consecuente en marcha hacia su perfeccionamiento progresivo, se caracteriza por hacer de la acción política democrática de las grandes mayorías nacionales, un proceso vivo, activo, en continuo movimiento y de cambio constante en el que se fortalecen y consolidan sin pausa los beneficios económicos, políticos, sociales y culturales de esas mayorías nacionales, y no al contrario, como sucede en nuestro país. Para estas fuerzas democráticas consecuentes, la democracia no es ni puede ser un cascarón vacío, muerto y petrificado que no significa nada para quienes trabajan, producen y construyen con su sudor el país, pero se los despoja y excluye de él. No puede ser una trinchera donde se parapetan los que no hacen nada, lo tienen todo y desde ella combaten a muerte todo intento de modificarles sus privilegios para mantener indefinidamente ese estado de cosas. Tampoco puede ser un harapo demagógico como lo ha sido en nuestro país en manos de esa caterva de politiqueros y patiamarillos en su oficio de engañar y corromper la conciencia de los electores.

Por eso, hemos sido lo suficientemente críticos de la Constitución Política de 1.991 desde el primer momento que fuera aprobada. No hay necesidad de que la frente le llegue a uno hasta la nuca para poder percibir, entender y formarse un criterio mínimamente crítico acerca de un documento de tanta trascendencia como es el de la Constitución Política de nuestro país. Y más todavía, cuando fueron las fuerzas de ultraderecha con sus representantes muy bien secundados desde la sombra por los carteles del narcotráfico, rodeados de leguleyos y patiamarillos los que realmente manejaron la Asamblea Nacional Constituyente.

No es posible y no es aceptable que, a estas alturas, después de 33 años, no hayamos hecho el más mínimo esfuerzo por evaluar y reflexionar por qué fueron precisamente los Gómez, los Pastrana, los Lleras, los Santos, los que asumieron la defensa más fanática de la Constitución Política de 1.991. Luego fueron los Gaviria, secundados por los promotores del modelo neoliberal dentro y fuera del país, los que se catapultaron en ella, y a continuación, los Uribe y todas las mafias que han ido desde la producción y comercialización de estupefacientes hasta las de la politiquería y la contratación con el Estado rodeados de paramilitares, que secuestraron al país para desangrarlo, los que han salido a defender esa Constitución con vehemencia. Si todo esto no nos dice nada y no nos hace entender a qué obedece, a quienes tanto hablamos de democracia, de alternatividad y hasta de revolución, es bueno que hagamos un alto en el camino y nos pongamos a pensar en qué sonambulismo es que hemos vivido en todo este tiempo.

El argumento que esgrime ahora la manada simiesca, “irrefutable”, “inconmovible”, según el cual, la Constitución Política de 1.991 “fue el fruto de un consenso de todas las fuerzas políticas del momento” y que por eso no se puede tocar o que para tocarla hay que hacer otro consenso, sí, eso fue y es cierto. Pero, ¿“un consenso” manipulado y manejado por quién o quiénes? ¿Y no es eso lo que están exigiendo ahora? ¿Un “consenso” para aprobar las reformas presentadas por Petro al Congreso? Un “consenso” manipulado y manejado por ellos, para no aprobarlas o aprobarlas a su amaño y para su exclusivo beneficio. Así de simple es el asunto. Que sea el mismo “consenso” de siempre y para lo de siempre. Que se modifique todo para no modificarles nada a ellos.

Petro lanzó el “petardo” y el eco de las ondas sonoras retumbó por todas partes. Al día siguiente se prendió la loma. La algarabía de la manada simiesca no se hizo esperar. Y a los dos días, Petro retrocedió y salió a calmar los ánimos. Con el gorro y la capa de Arzobispo, salió a ungir de incienso y agua bendita la Constitución Política de 1.991 y declarar: “La Constituyente no es para cambiar la Constitución Política de 1.991, sino para hacer aprobar las reformas por el Congreso” y propuso 8 puntos como temas para la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, de debate y decisión en ella.

Convocar una Constituyente, si es que la manada simiesca se lo permite, solo para ponerla a debatir sobre la aprobación y ejecución de esos 8 puntos y las reformas sometidas a la aprobación del Congreso, sin modificar en nada el nervio central de la Constitución Política de 1.991 que es la intolerable concentración de la propiedad rural y urbana, es seguir en lo mismo, es hacer lo mismo que hizo la Constituyente pasada. Desde nuestro punto de vista, no es tan cierto que los Partidos tradicionales “se vieran forzados a aceptar el consenso para convocar la Constituyente” en 1.991. Creemos que fue al contrario. Los tradicionales sabían perfectamente que las fuerzas y organizaciones populares que estaban promoviendo la convocatoria, no tenían nada claro ni sabían qué era lo que iban a hacer en la Constituyente. Para ellos, era suficientemente claro que le podían echar mano a la convocatoria y manejarla, entre otras, porque en ese caso sí, tenían la urgencia de responder a exigencias internacionales de hacer la apertura democrática y de mercados, de abrirle el camino al modelo neoliberal. Es decir, fueron las fuerzas y organizaciones populares convocantes de la Constituyente, las que tuvieron que acogerse, aceptar y someterse “al consenso” de los señores que sí sabían qué era lo que iban a hacer en ella.

En las condiciones en que se encuentra el Pacto Histórico y la misma Colombia Humana, no hay, no existe la fuerza política con la capacidad para convocar una Constituyente y que esta produzca los resultados que requiere el país. Por lo menos, algunos sectores de los tradicionales perciben claramente este hecho. Por eso, el señor Vargas Lleras ya lanzó el anzuelo. Saben que ni Petro ni lo que gira alrededor de él, están en capacidad de ir siquiera, un poco más allá de la Constituyente de 1.991. En este estado de cosas, convocar una Constituyente, si es que se logra el apoyo del elector, entraña un gran riesgo hasta para la misma derecha y ultraderecha, puesto que su rumbo y lo que resulte de allí, es totalmente incierto. Ese puede convertirse en un petardo que continúa estallando y dañándole los pies a muchos. En cierta medida, esa es la razón de la algarabía de la manada simiesca que instintivamente, intuye el peligro.

Creemos que la convocatoria a una nueva Constituyente hay que plantearla, no para hacerla ahora, sino para trabajarla en perspectiva, hacia un determinado tiempo y unificando fuerzas políticas y sociales populares que asuman el compromiso de transformar de verdad el país desde abajo. Creemos que, para ello, hay que ir hacia la conformación de una Convergencia Nacional, no de personas o figuras, sino de fuerzas políticas y sociales populares. Tal Convergencia debe ir más allá del Pacto Histórico y Colombia Humana y acercar muchas más sectores, organizaciones, agrupaciones y personas que se comprometan por ahora, a movilizar todas las fuerzas que sea posible en torno al apoyo y exigencia de la aprobación y trámite de las reformas, pero también de la preparación de la Convocatorias de la Asamblea Nacional Constituyente.

Es evidente que las fuerzas políticas y sociales reaccionarias lograron bloquear la aprobación de las reformas en el Congreso y avanzar a su entierro definitivo, no porque tengan tanta fuerza política, sino porque la institucionalidad está prácticamente toda en sus manos y por la debilidad y desorganización de las fuerzas democráticas populares. Esto fue exactamente lo que hicieron con las reformas liberales de la “Revolución en marcha” de López Pumarejo 1.934-1.938. A propósito, veamos lo que escribe la periodista Tatiana Acevedo en El Espectador de marzo 24 de 2.024, rememorando algo de la masacre de las bananeras en 1.928 y lo que vino después.

“La masacre expuso el talante excluyente de la Hegemonía Conservadora. El crecimiento económico de inicios de los años veinte había legado una clase trabajadora urbana organizada que comenzaba a protestar. En el campo el descontento era similar. En Córdoba, Juana Julia Guzmán inició unos procesos de luchas y resistencias campesinas por el derecho a la tierra que cosecharon algunas victorias y despertaron mucha represión. La Hegemonía se aferraba a una modernidad económica sin reformas sociales y se negaba a compartir el estado con la mayoría de habitantes del país.  

En medio de esta crisis, el Partido Conservador llegó dividido a las elecciones de 1.930 y Enrique Olaya Herrera pudo llegar a la presidencia. Su gobierno fue uno de transición, respaldado tanto por conservadores de centro como por liberales que proponían una ruptura grande con el pasado. Pero, sin importar los esfuerzos de concertación de Olaya Herrera, los conservadores comenzaron a radicalizarse. La presidencia de Alfonso López Pumarejo hizo que se polarizara más y más. El programa de reformas sociales, llamado ‘Revolución en Marcha’ (que introdujo la reforma agraria, la educación pública laica y el sufragio universal de varones) fue recibido con gran alarma por los conservadores. Trataron de bloquear cada cambio no solo en el Congreso sino sobre todo desde la prensa, la radio y el pulpito. Proclamaron la destrucción de la familia, la propiedad privada y la civilización. Y emitieron amenazas directas y soterradas exigiendo el final de la República Liberal.

Es por esto que trabajos académicos sobre la violencia, que se inició en 1.948, coinciden en afirmar que uno de los procesos que condujeron a la confrontación fue la virulenta oposición al reformismo de la República Liberal. Sobre todo, al primer gobierno de López Pumarejo (1.934-1.938) en que conservadores y liberales católicos albergaron temores que con el tiempo se convirtieron en grandes llamados a la agresividad” (Las negrillas son nuestras). 

Parafraseando el adagio popular, podríamos decir: cualquier parecido (con lo que nos está sucediendo hoy), no es pura coincidencia. Esto ya lo hemos vivido. Ya lo ha experimentado nuestro pueblo en su propia carne. Si lo queremos seguir repitiendo o, más bien, si queremos que nos sigan repitiendo la dosis, es ya asunto enteramente nuestro.

Creemos que lo que el momento amerita y necesita es un Plan de Acción Inmediato coherente, que contemple estratégicamente qué es lo que hay que hacer, y tácticamente, cómo hacerlo; que mida los pasos a realizar; que defina con precisión qué hay que hacer en cada paso. Creemos que lo primero es convocar a todas las fuerzas políticas, sectores, organizaciones, grupos y personas que sea posible pero que estén dispuestas a asumir las responsabilidades que pesan sobre el país, para conformar una gran Convergencia Nacional, de la cual deberán salir unos representantes que continúen la lucha por las reformas que están planteadas, ya no tanto dentro, sino fuera del Congreso; que continúe la preparación para la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y otras propuestas que habrá que definirlas con el mayor cuidado.  

No es el momento de improvisar ni de lanzar iniciativas de manera desordenada, que siendo buenas y hasta oportunas, se convierten en material inflamable que empeoran la situación. Es el momento de organizar, de ordenar, reflexionar y actuar con serenidad, no llevados por la precipitud de responderle a los adversarios.

 

Cordialmente

 

Marino Ausecha Cerón

Especial para EL FARO SOCIAL

Popayán, marso 26/2.024

 

sábado, 2 de marzo de 2024

LA CONFERENCIA DE LAS PARTES (COP16) SOBRE BIODIVERSIDAD A REALIZARSE EN CALI (COLOMBIA).

 


En nuestra condición de expresión política organizada por personas conscientes, preocupados por el deterioro progresivo de nuestros ecosistemas naturales y del planeta en su conjunto; por el agravamiento y aceleración de lo que se ha denominado Calentamiento Global o Cambio Climático, principalmente por el uso intensivo de energías contaminantes; por la acumulación de desechos sólidos (comúnmente denominados basureros), muchos de ellos, productos sin uso alguno, arrojados al desperdicio y dilapidados para poder sostener en movimiento una industria privada que produce sin necesidad y control; por la deforestación que arrasa bosques solo para enriquecer a los grandes propietarios de tierras, y por la contaminación hídrica con subproductos que van desde los plásticos hasta metales altamente tóxicos; la realización de este evento en nuestra tierra, no puede generarnos otra cosa que alegría, optimismo y muchas más esperanzas en que los Gobiernos reunidos en él, por fin decidan pasar de la retórica, del desfile de datos, cifras estadísticas y floridos discursos, a los hechos, a realmente asumir compromisos concretos y, especialmente, a establecer instrumentos de seguimiento y control estricto sobre su ejecución

Expresamos nuestra gran satisfacción por que Colombia, el Suroccidente colombiano y particularmente Cali, hayan tenido ese honor de convertirse en anfitriones de un Evento como este que puede ser definitivo para que los dirigentes de los países de todo el mundo y por supuesto Colombia y esta región que allí van a debatir, asumamos el compromiso de dar pasos mucho más a fondo en la difícil lucha por revertir unos procesos, más que de desarrollo, de crecimiento económico, aumento de producciones, intercambio y consumo, por la vía de la conquista y dominio sobre la naturaleza con un tipo de relaciones eminentemente destructoras, dilapidadoras y depredadoras. Hacemos un ferviente reconocimiento al Gobierno nacional del Presidente Gustavo Petro por su esfuerzo, al lograr que nuestro país entre a jugar un papel de primer orden en una obra tan gigantesca como es la de construir otro modo de progresar sin depredar, de gozar en nuestro planeta embelleciéndolo y de dignificarnos transformando el mundo sin destruirlo. Saludamos complacidos desde luego al pueblo caleño por ese logro y a todas las comunidades del Suroccidente, de las cuales hacemos parte.

Y por tratarse de un Evento de tal magnitud, de la trascendencia de los temas a tratar y de la urgencia de las decisiones y soluciones que se tienen que adoptar, no nos podemos quedar solo en alabanzas y felicitaciones. Nos preocupa mucho, además de los resultados que esperamos arroje el evento y las realizaciones posteriores en dirección a la protección de la biodiversidad de la acción catastrófica de los depredadores con rostro humano, propósito imposible de lograr si no se produce una modificación sustancial de ese tipo de relaciones de posesión y dominio destructores de la naturaleza en aras del beneficio particular, sino también, otras realidades, situaciones y condiciones existentes, sobre todo en el Valle del Cauca y Cali. Está muy bien que uno de los argumentos más fuertes que contribuyó a asignar la sede del Evento a Cali fuera el de que la Región Pacífica es la que alberga la mayor biodiversidad del país. Y a nosotros, como parte que somos de ella, nos complace que así sea.

Sin embargo, no perdamos de vista que, si bien la región pacífica alberga un poco más de biodiversidad, es el país entero el que ocupa el segundo lugar en biodiversidad en el mundo, a pesar de la destrucción que se ha hecho y continúa. Esta inapreciable riqueza no valorada y sí muy despreciada por los depredadores con rostro humano, comenzando por los conquistadores españoles que no sabían a donde era que habían llegado, ha sido y sigue siendo sistemáticamente amenazada y cada día más violentada. Según datos científicos de estudios recientes, entre ellos, del Ecólogo Nicola Clerici, el geógrafo Paulo Murillo y Camilo Correa-Ryram, una vez terminó la tragedia del conflicto armado FARC-Estado colombiano, se inició otra que puede ser más devastadora: “Solo en 2016, la deforestación aumentó en 44% con respecto al año anterior”. La sociedad colombiana y el mundo estamos perdiendo 1.500 klms cuadrados de bosque cada año. De estos, el 65% corresponden a bosques amazónicos.

 


Paramos de alta montaña.   Un páramo invadido hasta por vivienda.

“La mayor parte de esta deforestación está concentrada en las zonas que antes controlaban las FARC y que incluyen una franja de 500 klms de longitud en la que se intersecan y confunden las faldas o piedemontes de la cordillera de los Andes y las tierras bajas de la Amazonía-un sitio que es corredor para miles de especies, una zona de intercambio genético entre distintas poblaciones de la misma especie y una región que soporta una extensa red de ríos que bajan de las montañas para alimentar la cuenca Amazónica-“. En un trabajo publicado en 2.022 en Global Ecology and Conservatión, estos científicos encontraron que entre 2.000 y 2.020, la pérdida de hábitat en la región Andes-Amazonía colombiana fue del 13%, mientras que la pérdida de hábitat conectado fue aún mayor, del 18%, con tendencia a acelerarse desde el 2.016, coincidiendo con la negociación y terminación del conflicto con las FARC. El estudio señala: “Este resultado es preocupante, porque indica que los parches bien conectados están cada vez más fragmentados y aislados afectando a las conexiones naturales de los Andes y la Amazonía y a la capacidad de movimiento de especies”.

 


Imágenes.  Faldas de la cordillera oriental de Colombia

Y teniendo en cuenta esa conexión vital, esa dependencia de la Amazonía de la alta montaña de nuestras cordilleras y sus páramos, que apenas ahora comienza a plantearse y a convertirse en conciencia científica, en especial de sus consecuencias catastróficas, la investigadora de la U. Nacional Daniela P. Rodríguez ha encontrado que: “En Colombia se ha perdido 57% de estos ecosistemas: de los 2,9 millones de hectáreas que existían ahora solo se contabilizan alrededor de 1.120.000. En los páramos afectados por actividades ganaderas o agrícolas la vegetación autóctona desapareció; los suelos se perdieron pues se compactaron y ya no retienen agua, y por lo tanto esta ya no corre hasta llegar a quebradas y ríos. El ecosistema se está fragmentando y cifras e investigaciones lo aseguran”. Y a continuación, el Profesor Conrado de Jesús Tobón Marín, de la U. Nacional (Medellín) afirma: “Aunque los páramos están protegidos desde 2018 por la Corte Constitucional, esta legislación no se aplica, por eso ellos necesitan primeros auxilios urgentes y, desde los mandatarios de pueblos que tengan jurisdicción en estas áreas, hasta el Gobierno nacional, deben tomar decisiones apoyadas en la evidencia científica”. A continuación, agrega: “Aunque los páramos están protegidos desde 2018 por la Corte Constitucional, esta legislación no se aplica, por eso ellos necesitan primeros auxilios urgentes y, desde los mandatarios de pueblos que tengan jurisdicción en estas áreas, hasta el Gobierno nacional, deben tomar decisiones apoyadas en la evidencia científica”. Y al final concluye: “Solo por el servicio hidrológico que prestan deberían conservarse al 100 % e ir más allá: restaurar los páramos degradados”. Solo estos dos casos, nos permiten alcanzar a vislumbrar la gravedad de los daños ya causados y los que están en marcha, si no tomamos medidas drásticas y damos pasos efectivos en la reversión de ese camino a la muerte.     (https://www.agronegocios.co/clima/en-colombia-se-han-perdido-57%-de-las-hectareas-de-los-paramos-de-alta-montaña-3809688).

 


Imágenes.  Amazonia colombiana

Pero volvamos a nuestra región. En el Valle del Cauca y Cali esa biodiversidad que se resiste a morir, cada día está siendo traslapada por otras actividades económicas que no le hacen ningún honor a la biodiversidad. Por ejemplo, en su parte central y sur principalmente fue inundado del monocultivo de caña de azúcar, con el que se han enriquecido unas familias, las cuales, beneficiándose, además con la adopción e imposición del modelo de apertura de mercados, mantienen una numerosa fuerza de trabajo con relaciones laborales precarias. A finales de la década de los años 60 (1.967) del siglo XX,  en Palmira, fue instalado el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), uno de varios de ese tipo que fueron creados en diferentes partes del mundo para promover la tristemente célebre “Revolución Verde” como política, instituciones e instrumentos que llevaron a cabo el más grande y devastador atentado contra la biodiversidad, al apropiase el germoplasma de numerosas especies, acabando semillas nativas de papa, maíz, fríjol, trigo, arroz y reemplazándolas por otras modificadas para enganchar a lo productores en el gigantesco negocio de semillas y agroquímicos.


Imágenes. Monocultivo de la caña de azúcar en el norte del Cauca Colombia

Desde mediados de la década de los años 50 del siglo XX cuando hiciera presencia en el Valle del Cauca, y particularmente en Cali, la trans-multinacional irlandesa Smurfit Carpa y poco después comprara parte de la Empresa Cartón de Colombia S. A., del mismo modo inundaron de pino y eucaliptus diferentes zonas, especialmente en el Cauca y Valle del Cauca, poblando de estas especies introducidas, áreas no propiamente de vocación forestal sino agrícola, desapareciendo muchas especies nativas de flora y fauna, mientras gran parte de la comunidad indígena misak precariamente sobrevive arañando en microfundios de 2.000 m2., y miles de productores de alimentos de consumo inmediato y café lo hacen en minifundios, entre una y dos hectáreas. Esta realidad comprobada y comprobable a simple vista, de manera palpable y sin hacer tantos esfuerzos mentales, tampoco es que le haga muchos méritos a la conservación de la biodiversidad.

 


Imágenes. Monocultivo de Eucaliptus en la meseta central del Cauca Colombia

Por estos y muchos otros motivos, preguntamos a la Señora gobernadora del Valle del Cauca y al Señor Alcalde de Cali actuales: ¿Será mucho motivo de orgullo presentar a los Gobiernos del mundo ese monumento del monocultivo de caña de azúcar y la gran producción azucarera que ni es alimento ni es saludable? Y ¿lo será presentar el otro monumento del monocultivo de pinos y eucaliptus, en especial en la meseta de Popayán, ocupando áreas que en su mayoría son de vocación agrícola?¿Será un gran motivo de orgullo ocultar, porque estamos totalmente seguros que en la Conferencia ocultarán, esa monstruosa realidad de destrucción de especies maderables en áreas del Chocó que llegaban hace muy poco tiempo por los ríos hasta el mar y de allí a los aserraderos ilegales instalados en Buenaventura, sin que ninguna autoridad ambiental ni policiva ni administrativa hiciera nada?

¿Será mucho motivo de orgullo la tenebrosa situación de violencia que han vivido las comunidades en Buenaventura promovida por los grupos armados ilegales, por el narcotráfico, otros grupos mafiosos y en buena medida por el abandono al cual han contribuido Cali y su clase dirigente limitándose a recibir dividendos económicos y políticos de los muchos que ha producido y produce el puerto, sin hacer nada para resolver las inaceptables condiciones de pobreza en que se han debatido sus habitantes? ¿Deberemos revestirnos de orgullo los chocoanos, vallecaucanos, caucanos y nariñenses, sabiendo que en el Pacífico andan los barcos camaroneros, pescadores de otras especies y cazadores de tiburones para cortarles las aletas, como Pedro por su casa en el mar territorial de Colombia llegados hasta del Japón y que nadie haga nada para proteger esa biodiversidad?

¿Será que tenemos tantos motivos de orgullo para inflarnos como el globo cuando los grupos armados ilegales neutralizan al Gobierno nacional pactando “cese el fuego” con él, mientras se dedican a hacerse la guerra entre ellos por reparto de territorios y de rutas del narcotráfico? Y no solo eso. ¿Cuánta contaminación y destrucción de bosques, de biodiversidad y social han ocasionado con esa actividad a las comunidades en la región y del mundo? ¿Cuánta destrucción y contaminación han producido con la gran minería ilegal? ¿Estará esa clase dirigente y gobernante del Valle del Cauca y Cali dispuesta a hacer los cambios económicos y políticos que, por lo menos, mitiguen en parte la angustiosa situación que viven los desplazados de Nariño, Cauca, del mismo Valle y Chocó, y que en su gran mayoría han llegado a Cali?

¿O será que esa clase dirigente y gobernante tradicional está de plácemes por haberse ganado esa lotería sin comprarla y simplemente cree que puede hacer uso de la Conferencia con el propósito de ir a pedir aportes económicos porque se imagina que allí se moverán cuantiosos recursos, sin comprometerse en nada? ¿Será que por fin hace a un lado la oposición solapada que ha mantenido durante muchos años a la construcción de la carretera Popayán-Guapi, ha bloqueado el mejoramiento de las comunicaciones de Pasto con el Pacífico y otras posibilidades en el Chocó porque pretende mantener indefinidamente el monopolio del puerto de Buenaventura?  ¿No será que, frente a estas realidades tan evidentes que a todo momento se eluden y dulcifican, hay que comprometerse a modificarlas sustancialmente, porque a todas luces, no son motivo de orgullo, sino de vergüenza, con el agravante de ser un detonante incontrolable, como lo pudimos apreciar en los estallidos sociales de 2.019 y 2.021?

Dada la magnitud de lo que allí se dirime, además de expresar nuestras preocupaciones, queremos presentar a la opinión pública del Suroccidente y del país unas propuestas básicas que creemos, deberían ser consideradas en el Evento. Estas son:

1.- Que los conocimientos y aportes de los investigadores científicos, intelectuales y profesionales eco-ambientales, sean recepcionados y tenidos en cuenta en la construcción de las soluciones que necesitan la región y el país.

2.- Que, a los investigadores, intelectuales y profesionales de las Ciencias Económicas del Agro, igualmente les sean recibidos y considerados sus conocimientos y aportes en las soluciones.

3.- Que se permita la participación y posibilidades de dar a conocer sus opiniones a representantes de organizaciones sindicales del sector industrial de Cali, el Valle del Cauca, de la región y del país.

4.- Que se le de participación y se escuche lo que piensan los representantes de los trabajadores de la caña de azúcar.

5.- Que haya participación de representantes de comunidades indígenas y campesinas de Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó y, de manera especial, se escuche la voz de las comunidades negras del litoral pacífico.

6- Construir una política ambiental con sus correspondientes instrumentos que le den a las comunidades posibilidades reales de hacer parte activa de la protección de sus recursos naturales, de reordenar el uso del suelo y reorganizar ambientalmente los territorios, hacer efectivo el cumplimiento de los acuerdos de paz y promover el desarrollo protegiendo la biodiversidad, como tema esencial.

Cordialmente

 

EL FARO SOCIAL

Popayán, febrero 29 /2.024

 

 

      

 

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