martes, 25 de febrero de 2025

EL FARO SOCIAL SE APAGA POR MOMENTOS, PERO “EL MUNDO SIGUE ANDANDO”

 

 

EL FARO SOCIAL SE APAGA POR MOMENTOS, PERO “EL MUNDO SIGUE ANDANDO”.

Hemos tenido una pausa en EL FARO SOCIAL. Diferentes causas han incidido en ella. Dificultades que no faltan, nuevos trabajos políticos y sociales que hemos emprendido, edición y publicación de algunos documentos en los cuales hemos hecho alguna contribución, situaciones que nos han consumido esfuerzo y tiempo, pero principalmente, el cambio de imagen que hemos considerado necesario hacer en su presentación. La que adoptamos en 2.017 ya no corresponde a lo que éste es ahora. EL FARO SOCIAL en estos 7 años ha experimentado cambios profundos, definiendo cada vez más el carácter de su propuesta política, el rumbo que debe seguir, su composición social se fortalece cada día más en la clase obrera, en sectores sociales de pequeños y medianos productores del campo, indígenas, trabajadores de la cultura, intelectuales y profesionales que sí están dispuestos a asumir compromisos de lucha y, en consecuencia, su imagen debe corresponder más a estas realidades, expresar lo que somos ahora y lo que pretendemos ser. Hasta este momento no hemos podido llegar a la solución deseada por dificultades técnicas, pero continuamos trabajando en la tarea. Por eso, tuvimos que publicar este artículo con la imagen que hemos tenido.  

Desde antes de terminar el año 2.024, teníamos presupuestado publicar, por lo menos otros dos artículos, uno sobre las nuevas perspectivas políticas internacionales que se abrirían con el regreso de Donald Trump al gobierno norteamericano y otro sobre los presagios poco halagadores que asomaban en el horizonte político del gobierno Petro en Colombia. Sobre el primero, habíamos iniciado su redacción, pero tuvimos que suspenderla y concentrar nuestros esfuerzos en otras actividades; y el segundo, solo estaba en mente, en la idea y en la programación y se quedó allí. Lo sucedido en estos meses posteriores, nos ha comprobado y comprueba que esos artículos eran absolutamente necesarios y que los análisis que debíamos hacer, evidenciar en su contenido y publicar, no estaban lejos de lo que hemos visto.

Han sucedió muchas cosas en este lapso de tiempo tan corto, pero desafortunadamente ahora no nos queda más remedio que limitarnos a mencionar los hechos cumplidos y emitir un lacónico rechazo a actuaciones que a todas luces son peligrosas y ponen más al descubierto la decadencia por la que vamos cuesta

 

abajo. Los nubarrones que tenemos en el cielo encapotado y las tempestades que anuncian son bastante amenazadores. Y no son solo las crudas realidades que vivimos en las veredas perdidas en el mapa y que amenazan agravarse. Es en el país y en el mundo, es en la aldea global que los riesgos se acrecientan. Los grandes grupos y corporaciones financieras internacionales, sus dueños y agentes promotores y usufructuarios del modelo neoliberal que nos impusieron, globalizaron la producción de bienes y servicios, el comercio y las finanzas. Ahora, y cada día más, somos más dependientes de los circuitos productivos, comerciales y financieros; cada día más, somos más dependientes unos de otros. Dependencia que, por supuesto, no beneficia ni perjudica a todos por igual. La globalización de los conflictos por repartición del mundo y las guerras, devoran a los que soportaos el modelo, no a sus promotores y usufructuarios, por ahora. Sin embargo, llegará el momento en que tendrán que cosechar lo que sembraron.

En la aldea global y en lo que respecta al retorno de Trump al gobierno norteamericano, de ninguna manera podía sorprendernos, pero si ha puesto a tambalear a sus propios seguidores en Europa y muchos otros rincones del mundo con su aplanadora con la que ha convertido en piltrafa plana a ciertos personajes y sus actuaciones que ya no le son útiles. Arrancó desafiando y amenazando retomar el control de Canal de Panamá; imponiendo aranceles (impuestos) a la entrada de productos extranjeros a EE. UU. a diestra y siniestra, pero tuvo que retroceder en relación con los productos provenientes de China y pactar acuerdos con ellos; continúo haciendo acuerdos y arreglos (cosa aparentemente insólita) con el gobierno ruso sobre la guerra en Ucrania, arrojando a Zelenski a los lobos como algo ya completamente inservible; amenaza y no solo de palabra, sino que estamos seguros, lo hará, de tomar el control de la Franja de Gaza con el carnicero de Gaza y su gobierno, porque con éstos van, sin ningún escrúpulo, tras el jugoso negocio de la reconstrucción de las ruinas que dejaron, después de haber asesinado a cerca de 50.000 personas, entre ellos más de 17.000 niños, miles de ancianos y haber destruido físicamente toda esa parte del territorio palestino, es decir, completar el despojo al pueblo palestino de los últimos metros cuadrados de territorio que le habían dejado. Son problemas de negocios, así son los negocios.

El Señor Trump que es hombre de negocios y piensa como hombre de negocios, fue llevado nuevamente al gobierno de EE. UU., no solo por ser gringo “cara dura” ni por la gracia de Dios, sino porque, además de eso, es el representante más caracterizado del Ku klux klan (KKK) que “es un grupo de odio supremacista blanco

 

estadounidense de extrema derecha, conocido por promover por medios violentos y propagandísticos el racismo, la xenofobia y el antisemitismo, así como la homofobia, el anticatolicismo y el anticomunismo” (caracterización de Google), que personifica y expresa de la manera más simple todo lo más oscuro de la ideología (aunque Fukuyama diga que ésta ya no existe) y del pensamiento reaccionario en la política imperial norteamericana.

Junto a lo anterior y por lo anterior, sintetiza y simboliza la profunda e irreversible decadencia en que se hunde la sociedad norteamericana y en particular su supremacía económica mundial que ostentó durante décadas, su dominio político mundial y su hegemonismo unipolar como lo denominan hoy. Los factores que le permitieron retomar la iniciativa y rehacer ese maltrecho hegemonismo a partir de la década de los años 70 del siglo XX e imponer, junto a Inglaterra, el modelo neoliberal con el cual estrangularon muchas economías en el mundo y acumular ingentes cantidades de riquezas extraídas a los demás, ya no existen hoy. Este corto período de orgía del saqueo a los más débiles y de amortiguamiento de las crisis que ya venían desde antes, se acabó. Este modelo ya rindió a sus promotores lo poco que podía rendir y camina, sin poderlo evitar, al desfonde total. Nuevos tahúres con los mismos apetitos han levantado cabeza en estos años y han entrado en el gran Casino del mercado mundial, y ese “dominio unipolar” de EE. UU. terminó. Ahora tiene que entendérselas con esos nuevos apostadores, los cuales ya no se someten a su arbitrio porque son competidores fuertes que se han hecho sentir y duro en esta última década. Rusia con su enorme capacidad bélica y China con su potencial económico. La propuesta ahora de esos nuevos actores es que “existe un mundo multipolar”, es decir, que hay otros competidores fuertes que han regresado o entran en el juego y que hay que aceptar que ellos también tienen “derecho” a competir, o lo que es lo mismo, a sacar tajada y lo más grande posible en la repartición.

Así es que esa sociedad norteamericana que se acostumbró a imponerle sus reglas, su modo de vida y, sobre todo, a exigirle a sus gobiernos que pisoteara a los pueblos en todo el mundo para obligarlos a seguir sus reglas, se encuentra con que ya son cada día menos los que le obedecen. Que hasta Nicolás Maduro se burla de ellos, y que ese mundo de dominio en el que cabalgaron por décadas, se está desmoronando. Por eso, acude a todo lo más turbio de su ideología y pensamiento político reaccionario, esperando a que un personaje como Trump le haga el milagro de rehacerle ese mundo perdido. Y Trump, como hombre de negocios, prefiere

 

ponerse de acuerdo con rusos y chinos para tratar de salvar negocios, porque confía en que, si puede salvar ese mundo de los negocios, puede recomponer la supremacía perdida, sin contar con que la economía norteamericana hoy, es una de las más endeudadas y que el comercio internacional ya no lo controla como antes, pero eso sí, manteniendo a como dé lugar su cofradía con el carnicero de Gaza.          

Esa es la conducta, el comportamiento de los bandidos, Señor Zelenski. Hoy te halagan y te usan. Mañana te arrojan como perro sarnoso que no mereces vivir. Eso les ha sucedido a muchos y les seguirá sucediendo a quienes no quieran entender que los bandidos son así. Y eso sucede no solo allá en las mega-plataformas de negocios. También aquí, abajo, en los micropoderes establecidos hasta en los rincones miserables. El bandidaje desafía, hace de las suyas y se burla de los inocuos “poderes democráticos legales” y, sobre todo, de los aterrorizados pobladores doblegados e impotentes ante el terror. Es la disputa global por el reparto del mundo. Es la disputa por el control de lo que se ha tenido y aún se tiene, y por arrebatarle partes de lo que tienen los competidores.

Sobre los nubarrones poco halagadores de los cuales ya detectábamos señales preocupantes en nuestro país, también desde el fin del año anterior, nuestra gran pregunta ahora es: ¿Cuantas Franjas de Gaza más vamos a soportar en Colombia? Ya no es solo el Catatumbo. Es todo el Dpto. de Norte de Santander el que está convertido en una Franja de Gaza, con riesgos catastróficos que se nos cruzan por la mente. El Depto. del Chocó está en las mismas condiciones. El Cauca va para lo mismo, con la sola diferencia que éste no se extiende a lo largo, sino al través.

La Amazonía, ese último refugio de vida que, junto con el gran ecosistema de la cordillera de los Andes, desde Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y su remate en Venezuela, es la última esperanza de pervivencia del género humano, y posiblemente de la vida en este planeta, en el año pasado la deforestación avanzó en un 35%, los cultivos de coca y la minería ilegal han invadido grandes extensiones, las gigantescas corporaciones agroindustriales extranjeras y nacionales se apoderan de esta región; una sola empresa de estas de propiedad de un grupo religioso extranjero, ha adquirido 45.000 hectáreas en el Depto. del Meta. Los grupos armados ilegales andan a sus anchas controlando todo, menos a esos nuevos invasores de la Amazonía que van detrás de los cultivos de coca

 

incentivando, promoviendo y comprando las ganaderías que brotan como si las vacas las produjera la tierra, lo mismo que sucede con las retroexcavadoras y demás maquinarias de la gran minería ilegal.

Colombia ha sido, es y seguirá siendo un gran Casino en el que siguen existiendo muchas riquezas para subastarlas y meterlas al juego, en el que los jugadores y apostadores, han impuesto su ley y su control. El Estado “Social de Derecho” que el mismo bandidaje defiende a muerte, no es más que una fachada en la que se camuflan y ocultan gran parte de sus diferentes grupos y modalidades. Con entera claridad pudimos ver que en el momento en que Petro indicó con todo acierto que en el sector del transporte abundan los hechos de corrupción y exigió a la Ministra recién nombrada que debía vigilar muy de cerca los convenios y contratos, primordialmente los que se hacen con el Estado, automáticamente, como cauchitos de juguete y sin ningún escrúpulo, saltaron los políticos alcahuetas, los abogados defensores y los beneficiarios a rasgarse las vestiduras defendiendo la “honorabilidad” del gremio, como si en Colombia fuera un gran secreto, la descomposición y corrupción que allí se mueven.

Un Estado que se doblega ante el bandidaje y se deja arrinconar por él, es un Estado fallido porque sus súbditos, sus ciudadanos no confían en él, porque perdieron la credibilidad en sus instituciones y las mafias de todo orden solo lo necesitan para camuflarse en él y oficializar el delito. Por eso, hemos insistido y reiteramos una y otra vez que, esa institucionalidad, así como está, no sirve apara hacer ningún cambio, por leve que sea; que no confiamos en ella, y que nada en común tenemos con ese tipo de instrumentos que solo son funcionales a los grandes intereses capitalistas que coexisten, conviven o cohonestan con todas las modalidades del delito. Menos confiamos en sus tres agrupaciones partidistas tradicionales, extrema derecha, centro, “izquierda” y/o alternativos, porque los hechos han demostrado con toda contundencia que, sobre todo, las dos últimas expresiones políticas, no fueron sino llamarada de hoja seca que relumbró mucho, pero las nueces no llegaron.

La Salud hoy está peor que antes, después de hacer tanto ruido con esa Reforma; la laboral ya comienza a hacer los estragos que era de esperar, pues ya está poniendo y pondrá contra las cuerdas a muchos pequeños y medianos empresarios de la industria, el comercio y los servicios; la de la Educación tampoco ha dado ni dará los resultados que esperaba la gente. Ya se pasaron 3 años y al carro de paletas, hasta las campanillas se le están enmudeciendo. Y el remate sí que

 

provocó el soponcio, como decía el humorista Eber Castro.  Un Consejo de ministros mandado a transmitir por Televisión a última hora. Ese deprimente espectáculo sí “fue la tapa” y le “puso el moño” a las fruslerías del gobierno Petro. Todos, por lo menos los que intervinieron, lo hicieron para salvar su pellejo, o para disculparse por no haber hecho lo que debían haber hecho, y para echarle la culpa al mismo Petro por tener en el gobierno a Laura Sarabia y Benedetti. Y la Señora vicepresidenta, para escozor y vergüenza, sobre todo de los caucanos, enfrascada en una pelea de cocina con Laura, al poner ese “gran debate político” en el plano de un infantilismo increíble, algo así como que Laura “lo que hacía a toda hora en Palacio, era sacarle la lengua”.

Por último, en cuanto a la edición y publicación de algunos documentos en los cuales hemos hecho alguna contribución, le informamos, en particular a EL FARO SOCIAL, que fue publicado recientemente un pequeño libro bajo la autoría del Dr. Orlando Noguera Q. y Marino Ausecha C., que titula: MEMORIAS DE VENCIDOS Y OLOVIDADOS. Importante documento histórico, político y cultural, soportado en una excelente documentación de memoria oral y archivos, cuyo objetivo es rescatar del olvido a tres grandes personajes que actuaron principalmente en el Cauca, dos de ellos de esta región, y recrear una experiencia, sin duda alguna, valiosa.    

 

EL FARO SOCIAL

Popayán, febrero 22/2.025

 

 

          

  

 

 

 

martes, 6 de agosto de 2024

LO QUE SUCEDIO EL 28 DE JULIO DE 2.024 EN VENEZUELA: UNA GRAN LECCION PARA LOS REVOLUCIONARIOS

 

LO QUE SUCEDIO EL 28 DE JULIO DE 2.024 EN VENEZUELA: UNA GRAN LECCION PARA LOS REVOLUCIONARIOS.

 

En 1.964, el gran poeta revolucionario Jorge Zalamea, en su atormentada convocatoria, a modo de inventario, a todos los desposeídos y humillados del mundo, pero especialmente de nuestra América Latina, al referirse a Venezuela exclamaba:

… “de Venezuela la rica, la más rica, la mil veces rica, la riquísima – inesperado centro de musicalia, sede de la más audaz arquitectura, lonja de artistas, mecenas estrellado (¡oh antifaz, oh máscara, oh irrisión) -, de Venezuela humeante de petróleo, husmeante de pan, han venido cinco millones de pobres venezolanos y los millares de sombras que toman aquí, entre vosotros, vacaciones de los penales, presidios y cárceles en que pagan el planteamiento de un pleito: el vuestro, el nuestro”. (ZALAMEA J. EL SUEÑO DE LAS ESCALINATAS).

¿Qué ha quedado y qué queda de esa Venezuela “humeante de petróleo” pero paradójicamente “husmeante de pan”? Ruinas, escombros, más despojo, más desalojo, más miseria y degradación humana. Progreso y enriquecimiento fácil para unos pocos; hambre y miseria para muchos. Esa Venezuela aristocrática tradicional que derrochó y despilfarró el mucho humo de petróleo; que como el hijo calavera, no supo que hacer con una renta heredada; que amamantó, amaestró y adiestró a su “clase media” de la burocracia estatal, en el arte de vender y traicionar a su país y a su pueblo, que la acostumbró a la vida muelle y cómoda, a acomodarse a la venalidad y el robo de los bienes públicos, mientras los explotadores extranjeros y criollos a manos llenas apañaban los beneficios de la renta petrolera, dejando solo el tendal de míseros en las calles y campos venezolanos. Lo mismo que ha sucedido y sigue sucediendo en Oriente Medio. Allí la miseria y humillación a los pueblos de Irán, Irak, Siria, Yemen, El Líbano y, especialmente al pueblo palestino, son escalofriantes. No importa que en algunos de ellos hagan presencia unos extranjeros u otros, esa inmensa riqueza ha dado y da para todo; para engordar las arcas de los explotadores extranjeros, para mantener unas castas gobernantes rodeadas de matones legales e ilegales, y para financiar carniceros como Hetanyahu.

Y la Venezuela “husmeante de pan” implorando en esa época ese mendrugo, y hoy no solo implorándolo, sino desfilando en las caravanas de la muere y la deshonra, la peor vergüenza de América Latina. Eso es lo que deja el imperio de lo privado por encima de lo público, de lo común y colectivo, la supremacía de la propiedad privada, y sobre todo en la modalidad actual del capitalismo imperialista en su peor decadencia que, como la célula cancerosa, muere devorándolo todo.

Los aristócratas tradicionales pervertidos en y con la renta petrolera perdieron el poder, y éste cayó en manos de esa “clase media” igualmente pervertida por la misma razón y, además, sin perspectiva de país, de nación y de Estado nacional, sin propuesta política de real liberación del pueblo venezolano e incorporación a la vida activa económica, política y social de la gran mayoría de excluidos de los beneficios de esas riquezas naturales y el trabajo a los que siguen siendo sometidos. La política con la que impusieron su nuevo régimen peor que el de los aristócratas tradicionales, no pasó de ser un populismo castrense, más que empenachado en el uniforme militar, emplumado con el agorero traje del “Socialismo del siglo XX”, zurcido con los adornos de la santería, mucho más elitista, jerarquizado y excluyente que somete todo al arbitrio de la conducta cuartelera, e inspirado en el espíritu de venalidad de esa “clase media” revanchista y reforzado por los detritus de la delincuencia de todo orden que desde dentro y desde fuera, han invadido todo lo grandioso y glorioso que pudo dar el pueblo venezolano en épocas pasadas.

En 1998, año de acceso del nuevo régimen al poder, ni resurgió ni revivió la Patria bolivariana. Ese fue el instante de su último suspiro. Los descendientes de las comunidades indígenas después de la invasión europea sometidos a la servidumbre, los descendientes de las poblaciones negras esclavizados y la población mestiza pobre que integraron posteriormente la clase obrera, los campesinos y sectores populares urbanos, nunca tuvieron patria. La que quiso construir Bolívar, a fuerza de decretos de “guerra a muerte” y constituciones “aéreas”, como él mismo lo dijera, no pudo ser ni construirse, porque las bases económicas, políticas, sociales y las relaciones de tipo capitalista concordantes, aún no existían para ese propósito. Y cuando esas condiciones comenzaron a existir, ya la élite “patriota” criolla había moldeado, modelado e implantado unas instituciones “republicanas” a su manera, a su amaño y totalmente funcionales a sus intereses y propósitos de mantener el dominio colonial interior, con el beneplácito y apoyo de los nuevos amos extranjeros.

Estos han sido sobre poco más o menos, los rieles por donde ha transcurrido la historia de esta amada “patria bolivariana” de Venezuela. Después de todas las peripecias de Bolívar y todos los luminosos destellos de la insurgencia de América Latina en su tiempo, Venezuela no conoce sino tiranos y dictadores de todos los colores y de las peores especies al servicio, ayer de los ingleses con los que Bolívar tuvo que negociar para poder sostener sus propósitos independentistas; después los amos norteamericanos que se apoderaron del grueso de los beneficios de la renta petrolera; y hoy, cada vez más atrapados en las redes de los nuevos amos rusos y chinos. Nada gratuito que esos dos nuevos patrones que se disputan el dominio del mundo con la potencia norteamericana y sus aliados, fueran en forma automática, los primeros en salir a refrendar y reconocer el “·triunfo” electoral de Nicolás Maduro. Venezuela es, desde la década pasada y lo que va corrido de ésta, un campo en el que la disputa de los dos bloques imperialistas actuales, se agudiza a marchas forzadas. Es en América Latina, el centro de convergencia de esa disputa. Los unos (Rusia- China) por consolidar sus posiciones y ganarlo como nuevo “socio”; los otros (EE. UU. y sus aliados) por no perder esa posición y conservarla.

Hasta ahora esa disputa se ha librado primordialmente en los terrenos económico y político, pero estas vías usadas por los patrones de ambos lados, parecen estar llegando a su fin. Ninguno se resigna a perder. Por tanto, en las condiciones en que están planteadas las cosas, Venezuela está al borde de una gran confrontación armada interna entre dos bandos reaccionarios, uno de parte de la extrema derecha tradicional venezolana proyanqui, y el otro en defensa del régimen que fue derrotado en las urnas con toda la cola de los llamados “colectivos chavistas”, la “guardia bolivariana” creada por el mismo Chávez y todos los que se sumen al un lado y al otro. Y la intervención extranjera no se hará esperar, en la cual acudirán de un lado, las fuerzas militares de la OTAN, y del otro los ejércitos del expansionismo ruso-chino, cada uno con sus aliados. Y el pueblo venezolano seguirá enfrentado consigo mismo, siguiendo unos a un bando, y otros al otro. Pero más allá de eso, será el que pone la sangre, los muertos y cargará con las ruinas.

No perdamos de vista que lo más significativo en este caso, es que no será únicamente el pueblo venezolano el que padecerá las consecuencias, al llegarse a presentar esta eventualidad. Lo más probable y a lo que tenemos que prestarle la mayor atención, en especial nosotros los colombianos en esa perspectiva que comienza a perfilarse, es que una tal guerra no se quedará encerrada dentro de las fronteras venezolanas, como ha sucedido en Ucrania. Esta, rápidamente puede convertirse en una conflagración continental en cuanto acudirán otras fuerzas a colocarse de un lado y del otro. Advertimos esto apoyados en la observación de los hechos publicitados hasta la saciedad, en los que se ha mostrado cómo, no fueron ni la policía ni el ejército los que ejercieron la represión contra los opositores que reclamaban el triunfo. Fueron los llamados “colectivos chavistas” y la “guardia bolivariana” los encargados de cometer todos esos atropellos. Sobre todo, esa “guardia bolivariana” creada por el mismo Chávez que era ya, desde ese momento, un tremendo aparato paramilitar, fabricado para defender un régimen político y un gobierno sí, pero que hoy es una fuerza mercenaria al servicio de un grupo con toda la ilegitimidad que carga a sus espaldas, el que acude a todo con ella para tratar de perpetuarse en el poder y continuar esquilmando a Venezuela.

Y nosotros los colombianos sí que tenemos razones para ponernos alerta con respecto a situaciones y hechos como éstos. Conocemos muy bien y sabemos de toda la crueldad de lo que hicieron “los pájaros” en la Violencia de los años 50 del siglo XX (paramilitares de entonces); conocemos y sabemos muy bien de toda la barbarie y atrocidades que cometieron los paramilitares en la década de los años 90 del siglo anterior e inicios del presente. Estos, de manera un poco semejante a lo que sucede en Venezuela, fueron una fuerza al servicio de unos gobiernos y de un proyecto político de extrema derecha, pero los que continúan hoy no son más que ejércitos privados al servicio de grupos que se han apoderado y defienden las economías ilegales. Y no nos hagamos los locos y los sordos. A nuestro alrededor, han proliferado las llamadas “guardias indígenas” y “campesinas” y bien enterados estamos de cómo han ido evolucionando y el carácter que ido adoptando. La teoría revolucionaria, la formación política revolucionaria y la abundante experiencia internacional nos ha enseñado y nos enseña, que esos aparatos sin una sólida dirección política revolucionaria, aun cuando sean creados con buenas intenciones y propósitos, terminan en todo, menos al servicio de la revolución.         

Es totalmente claro que, ante esta eventualidad que es muy probable, a los revolucionarios, no solo en Venezuela, sino en todo el continente, nos coloca ante la obligación de definir nuestra actitud política, si no la hemos definido. Quienes la tenemos definida, junto con algunas fuerzas revolucionarias venezolanas que sabemos que la tienen, aunque débiles todos, debemos esforzarnos por fortalecernos, continuar la lucha por la liberación social y nacional de nuestros pueblos; por reconstruir las organizaciones revolucionarias de la clase obrera; ampliar y consolidar los lazos de solidaridad política con todos los sectores, grupos y organizaciones que son o pueden ser aliados para extender y consolidar el Movimiento Político Revolucionario en general, capaz de ponerse al frente en la lucha por la liberación total de nuestros pueblos.

¿Con quién o con quienes luchar? ¿Contra quién o quiénes luchar? ¿Apoyar y ponerse del lado del uno o del otro bloque imperialista y sus aliados dentro y fuera de Venezuela? ¿O ponerse del lado del pueblo venezolano en este caso, apoyar su lucha contra los amos de los bloques imperialistas que se disputan el dominio del mundo? ¡That is the question! (Esta es la cuestión). Los revolucionarios no podemos acudir a malabarismos podridos, pretendiendo ocultar ésta que es la cuestión fundamental. O apoyamos y nos colocamos del lado del uno o del otro bloque imperialista y sus aliados internos y externos en Venezuela; o apoyamos y nos colocamos del lado del pueblo venezolano y su derecho a la autodeterminación nacional, a resistir y luchar por su liberación social y nacional, sacudiéndose de sus espaldas a esos patrones externos, a los lacayos internos que los apoyan, y a todo enemigo que interfiera su camino.

El que la confrontación de los dos bloques imperialistas del momento haya llevado a la situación que vive en este momento el pueblo venezolano, no es más que el testimonio vivo de que esa dinámica que siguen los dos bandos, ya entró en una fase sin retorno; seguirán encendiendo guerras locales en otros escenarios en donde ya no puedan maniobrar solo por los medios económicos y políticos. El modelo neoliberal que impusieron en todo el mundo ya agotó su ciclo de recuperación que tuvo en estas décadas pasadas y ha profundizado no solo la crisis crónica en la que entró el sistema capitalista-imperialista desde comienzos del siglo XX, sino que entró en la etapa de absoluta decadencia, en medio de la cual, lo único que le queda para mantener algún dinamismo de la producción y los mercados en su conjunto, es la producción armamentista y su comercio, los cuales solo funcionan con guerras; en consecuencia, el único camino que les queda es promover las guerras, por ahora locales, pero que más temprano que tarde, éstas pueden convertirse en confrontación global.

Este ha sido y es el camino de los imperialistas, grandes o pequeños, viejos o nuevos y se presenten como se presenten. Este es el camino de todos los reaccionarios sin excepción, sea en sus expresiones políticas ultraderechistas, moderadas o socialimperialistas es decir, socialistas de palabra e imperialistas de hecho. Por el contrario, el camino de los revolucionarios es hoy rehacer, reconstruir el pensamiento revolucionario y las organizaciones revolucionarias, recuperarse a sí mismos ideológica y sicológicamente de todos los reveces que han causado tanta confusión y desánimo, continuar la lucha y la resistencia por reasumir el papel que nos corresponde de dirigir a los pueblos en su misión de liberarse social y nacionalmente, fortalecer los vínculos con todos los aliados por débiles e inseguros que puedan estar. En esta dirección, es imprescindible fortalecer la posición política independiente de esos bloques imperialistas que se disputan el dominio del mundo y de todos sus aliados, se disfracen con todos los ropajes que se disfracen.

En este propósito de rehacer, reconstruir el pensamiento revolucionario y las organizaciones revolucionarias y recuperarnos ideológica y sicológicamente, es parte esencial, el ser conscientes de la situación real en que nos encontramos. Por un lado, de la debilidad de las fuerzas revolucionarias a nivel general, y por el otro, de la decadencia en que se encuentra el sistema capitalista en su fase imperialista y el modelo neoliberal agotado que no pueden prescindir de la confrontación de los dos bloques imperialistas y de las guerras para tratar de amortiguar la quiebra a costa de sobreponerse el uno al otro y del desangre de los pueblos. Es en este estado real de las cosas en que adquiere validez, proyección política e importancia nuestra lucha por la paz, como un medio de acumulación de fuerzas, sabiendo que ésta no se convertirá en realidad mientras exista esta situación, pero que nuestros pueblos la quieren, demandan y luchan por ella, y de alguna manera contribuye a ponerle algo de contención a esa conducta y mentalidad guerreristas. Y lo más importante es que contribuye a que nuestros pueblos puedan percibir de manera directa y comprender mejor quienes y por qué están interesados en promover las guerras, pasando por encima y pisoteando los más elementales derechos de las comunidades y pueblos por todas partes. Por eso hemos apoyado y continuamos apoyando todo esfuerzo por la solución negociada con los grupos armados en nuestro país y la lucha por la paz en todo el mundo.    

Por todas esas razones y muchas más, no basta con pedir y exigir la publicación de las Actas de las elecciones y el reconteo de los votos en el evento electoral pasado de Venezuela. Suponiendo que dichas Actas hayan sido conservadas tal como fueron emanadas de la votación o que no hayan “extraviado” algunas de ellas, esto no hace más que darles legitimidad a las fuerzas políticas de la extrema derecha venezolana. Que el fraude electoral al que acudió el régimen cuando ya se sintió perdido, fue monumental, no hay la menor duda y, con mayor razón para los mismos perdedores. Que la extrema derecha venezolana se levante exigiendo que se le respete ese triunfo, está en su derecho. Y que muchos sectores populares del pueblo venezolano hartos, hastiados y desesperados ante tanta insolencia e ignominia se hayan sumado y se sumen a ese carruaje, es entendible. Sin embargo, aunque dolorosamente esto sea así, los revolucionarios no podemos caer también en el estercolero podrido y nauseabundo en que naufragan los unos y los otros, sumándonos a la algarabía del triunfo de la extrema derecha, o a la defensa de un régimen que ya estaba caído por sí solo. Ni Corina ni mucho menos Maduro pueden sacar al pueblo venezolano del callejón al que lo arrojaron. Ni la una ni el otro pueden resolver la irreversible decadencia del sistema capitalista-imperialista que es la causa real y verdadera de su naufragio.

El pueblo venezolano y todos los pueblos del mundo necesitamos es sacudirnos de nuestras espaldas los amos que cabalgan sobre ellas; necesitamos es liberarnos de todos los amos y sus lacayos internos. Necesitamos independencia y libertad, la liberación social y nacional; necesitamos autodeterminación nacional. Es hora de recuperarnos y volver a la lucha por la autodeterminación nacional de nuestros pueblos. Es el momento de acentuar toda manifestación de lucha, resistencia y protesta contra toda intervención externa, las cuales son imposibles si no cuentan con apoyos internos.

Es el momento de que la clase obrera se levante y reasuma su papel histórico de transformar esta sociedad capitalista que, en su frenesí de locura y decadencia, ha llevado a la humanidad entera a tanta barbarie, de la cual, de por sí y ante sí, está incapacitada para salir.

Es hora de apoyar con todas nuestras fuerzas a los revolucionarios venezolanos y a su pueblo a consolidar una Gran Fuerza Política Revolucionaria Independiente de esos bloques imperialistas que los han sumido en la situación en que se encuentran y de los aliados internos de cada uno de ellos. No será hoy ni será mañana. Tampoco será fácil lograrlo, pero lo real es que no hay más camino que conduzca a la liberación completa y cabal del pueblo venezolano y los pueblos del mundo.

Fraternalmente

 

EL FARO SOCIAL.

Popayán, 6 agosto de 2.024  

 

 

 

jueves, 11 de julio de 2024

SI NO ES PETRO, ¿ENTONCES QUIEN?...

 

“Si el Presidente Petro no hace un replanteamiento de fondo de su gobierno, el país caerá peligrosamente en manos de la política extrema violenta y militarista. No será algo nuevo, pero si será mucho peor que lo que hemos vivido hasta ahora, porque con el pretexto de que está gobernando la izquierda le atribuirán a Petro todo lo que ellos hicieron: la pobreza, el atraso, la violencia, la inseguridad, el olvido del país, la falta de una economía productiva, que nos ha dejado en poder de las mafias”. (William Ospina, EL ESPECTADOR. Junio 30/2.024).

Lo que aquí nos dice William Ospina no es nada distinto de lo que, con tanta perfidia, nos fastidian los oídos todos los días la extrema derecha vaciando todo lo malo contra él, y paradójicamente desde la otra orilla, atribuyéndole todo lo bueno o, exigiéndole que resuelva y haga todo él, como persona. Y no es que digamos esto con el ánimo de descalificar al Dr. Ospina. Entre otras cosas porque hemos advertido un cierto cambio de su tono pendenciero contra Petro. Por lo menos en el anterior artículo reconoce que, si el gobierno Petro no mejora en el resto de tiempo que le queda, el país caerá en “la política extrema violenta y militarista” y, por tanto, debe hacer “un replanteamiento de fondo de su gobierno”. Hemos elegido su opinión a propósito porque nos da una oportunidad magnífica de descargar todo el peso de nuestra crítica contra ella, a sabiendas de que esa manía inveterada de explicar los problemas económicos, políticos y sociales personalizándolos, no es de su exclusiva cosecha.

He aquí la silueta diáfana de la mitomanía, de la leyenda, de la gran mentira de los hombres predestinados, de los individuos con poderes mágicos, capaces de resolver, desde los problemas más simples hasta los más difíciles en situaciones muy complejas. Desde las épocas heroicas en los inicios de las civilizaciones antiguas que modelaron en la imaginación de los creyentes, sus dioses, semi-dioses, héroes, profetas, mesías, reyes y sacerdotes, únicos seres humanos dotados de poderes especiales capaces de conducir a sus pueblos y, por tanto, de hacer historia, hasta la conciencia e ideología liberal de los tiempos    modernos y posmodernos creadoras de la imagen de los superhombres, capaces vencer a “las fuerzas del mal”, triunfar y proteger, “él solo” (el superhombre), como individuo, a los demás mortales, resolverlo todo y hacerlo todo.

Siempre la misma mentirilla piadosa de personificar las hazañas, logros, triunfos y acciones exitosas como fruto de las cualidades excelsas de determinados personajes, o los errores, fracasos y desaciertos de los incapaces o de los tercos que no escuchan. Mentirilla que empezara a ser demolida por los progresos de las ciencias naturales y sociales a partir del siglo XV y que la irrupción vertiginosa del desarrollo científico y tecnológico de los siglos XVII y XVIII barrieran, sin el honor siquiera del reciclaje. Este grandioso proceso probó, comprobó, demostró y enseñó que las grandes transformaciones de las sociedades en su historia, no las hacen personas, individuos, por muy geniales que ellos sean, sino los pueblos conducidos por fuerzas políticas y sociales que ellos mismos las crean; que los individuos pueden jugar un papel importante en esos cambios, pero que ellos solos, como individuos, por muy genios que sean, pueden contribuir, pero no cambiar el mundo a su arbitrio.  

No es precisamente a Petro al que hay pedirle, exigirle, demandarle u ordenarle que replantee “su obra de gobierno”. De entrada, convengamos en que no es propiamente “su obra de gobierno” lo que le piden o exigen que replantee. Lo que le exigen que replantee es el mandato, los propósitos y propuestas con que salió electo. A quienes hay que exigirles y exigirles con mayúscula, no que replanteen “la obra de gobierno de Petro”, sino que asuman la responsabilidad histórica que les corresponde, es a las fuerzas políticas y sociales que dijeron estar con el cambio y se comprometieron ante el país a hacerlo. Es en primera instancia a Colombia Humana que era supuestamente la fuerza política que giraba en torno a su jefe político Petro y al Pacto Histórico, a quienes hay que exigirles que asuman la responsabilidad de hacer lo que el país ha reclamado y reclama y que respondan por lo que se comprometieron, colocándose frente a sus fuerzas políticas y frente a los millones de colombianos que necesitan en este momento, que se les movilice y conduzca, por lo menos en el tiempo que queda, a cerrarle el camino a la extrema derecha que ya lo tiene armado.

No nos andemos con rodeos. Colombia Humana, es una fuerza gris, desaparecida, que ni suena ni truena. Ha sido y es más una empresa electoral que ha girado y gira en torno al jefe, que no ha sido ni es una organización con programa político propio, estructura organizativa y un mínimo de acción política democrática a su interior, y menos ha tenido ni tiene el carácter de Movimiento Político y Social. En resumidas cuentas, es una montonera de adeptos al jefe que dependen de lo que él diga, proponga y haga. Y en cuanto al Pacto Histórico se refiere, ya hemos expresado antes que no es más que una colcha de retazos sin coherencia política, sin un mínimo de ideario y propósitos comunes, colectivos que unifiquen, al menos, planes de acción y consolidación de las buenas intenciones del jefe.

A estas alturas, pedirle a Petro que “replantee su gobierno”, que dé un timonazo a lo que supuestamente está mal de su administración es, según el refrán popular, “pedirle peras al olmo”. Y suponiendo que eso se diera, o que Petro pudiera sin más ni más hacer cosa parecida, ¿en qué sentido tendría que dar “ese timonazo” ?; ¿en qué dirección y hacia dónde debe dirigir esas acciones? Y una vez más, preguntamos: ¿sería él como persona? ¿O no será que somos muchos los que estamos obligados a hacer ese replanteamiento, o al menos, contribuir a que se haga?

El Dr. Ospina sugiere unas líneas como las de promover la agroindustria y la producción orgánica de alimentos, construir de manera agresiva vías de comunicación y lograr un mayor acoplamiento de la realidad del país y el conocimiento en educación, pero el sentido en que se haría esto sigue en la penumbra, o, mejor dicho, puede quedar claro para los interesados. Porque el mayor impulso a la agroindustria y la saludable producción orgánica de alimentos a ella asociada, puede ir muy bien en el sentido de la SAC, Lafori y su dignísima esposa, la Senadora Cabal; la construcción agresiva de vías de comunicación puede caer como anillo al dedo a las cementeras, a las firmas constructoras y a Vargas Lleras; y una mayor comunión de la realidad con el conocimiento, de igual modo, puede ser recibido con alborozo por las Universidades privadas mejor posicionadas en el mercado, porque a la Universidad pública solo le queda el ripio; esto lo atestigua con toda claridad, la propuesta de reforma a la educación que no resuelve nada estructural ni de fondo. Más adelante, en el lugar que hagamos nuestras propuestas, explicaremos mejor esta parte.

Sin caer en cuentas alegres, siendo objetivos y realistas, tenemos que aceptar, así sea a regañadientes, que hemos perdido los 2 primeros años que son definitivos para que una propuesta política de cambio demuestre hasta dónde está en capacidad de hacer lo que propuso, y más, en el escenario en que estamos inmersos en nuestro país, sometido y dominado por toda clase de fuerzas políticas de extrema derecha, reaccionarias, que van desde las  altas cumbres hasta los bajos fondos, desde los ostentosos centros de poder hasta las periferias más deprimidas, desde las esferas tradicionales suficientemente conocidas hasta no pocos armados y desarmados que visten de muy diversos plumajes como “luchadores”, “revolucionarios”, “alternativos”, “progresistas”.

Así las cosas, no esperemos a “que Petro” haga lo que no pudo hacer de entrada, al comenzar su gobierno, y menos, si seguimos empecinados en creer que es Petro como persona o como gobierno, el que tiene que hacer todo y removerlo todo, entre otras cosas, porque en un régimen verdaderamente democrático, el Gobierno no es gobierno de personas, sino de fuerzas políticas democráticas y de instituciones estatales regidas por normas de Derecho, no por órdenes personales. El carácter fundamental de la democracia liberal y, sobre todo de los demócratas consecuentes, es que deben poner en primer plano a los Partidos Políticos democráticos, como instrumentos esenciales para concentrar y expresar, más que los derechos económicos y sociales de los ciudadanos, sus derechos políticos de conjunto, comunes y colectivos.

Es precisamente a los autócratas y a la plutocracia antidemocrática del modelo neoliberal, a la que le interesa poner en primer plano los intereses y derechos económicos y sociales, porque eso les permite a sus promotores, privilegiar los intereses y derechos individuales y particulares para destruir lo público y colectivo. Es eso lo que ha pervertido y destruido las democracias liberales y, con mayor razón, a los Partidos liberales democráticos. Su lema y su guía básica es poner al individuo por encima de todo, las libertades, intereses y derechos individuales como el motivo exclusivo y excluyente que debe guiar la conducta política y social de las personas. Ejemplo clásico en este orden de ideas, es la “genialidad” uribista del “Estado comunitario”, en el que se puede repartirle pan y circo (diversión) a los súbditos y garrote a los que refunfuñen, o plomo a los que intenten desconocer la autoridad del emperador del “Estado comunitario”. 

Que Petro no haya podido hacer y cumplir con su promesa de cambio, ¿qué demuestra? Eso no demuestra que sea incapaz o que tenga demasiadas fallas que le impidan realizar sus propósitos. Eso, lo que demuestra es que las fuerzas democráticas consecuentes somos demasiado débiles. Los incapaces y en algunos casos inútiles somos nosotros, como fuerzas políticas democráticas consecuentes, de lo cual nos hemos vanagloriado tanto. Eso, lo que demuestra es que no estamos ni siquiera a la altura de los liberales radicales del siglo XIX que, si bien tampoco pudieron transformar el país, al menos, hicieron esfuerzos mucho más meritorios que nosotros. Así es que ciertos fanfarrones que tanto han boconeado de su condición de revolucionarios, es bueno que piensen y entiendan que el calor no está en las sábanas. Y lo mismo hay que decirles a no pocos “recilientes” que se han opuesto y se oponen con toda clase de argucias a asumir la obligación de construir organización política y fuerza democrática consecuente para avanzar, no solo en el apoyo a Petro, sino principalmente en los procesos de democratización en marcha del país.

Para continuar en esta línea de objetividad y de ser realistas, creemos que ya no es posible lograr lo que debió hacerse desde el comienzo del gobierno del Presidente Petro. Pero sí estamos obligados a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para impedir que esa propuesta de cambio, nuevamente se hunda en el fracaso. Tenemos que hacer todos los esfuerzos posibles por salvar, por lo menos, algunas de las propuestas que, más que reformas y compromisos de este gobierno, son obligaciones de toda la sociedad nacional, exigencias imperativas que no podemos darnos el lujo de seguirlas aplazando. Ojalá que los últimos cambios ministeriales, a sabiendas de que no son la solución de fondo que se necesita, den mejores perspectivas y resultados que recobren la confianza, en medio de la incertidumbre.

Desde nuestro modo de ver y entender la realidad, creemos que lo más urgente, de acuerdo a como está la situación del momento, es promover, hacer y ponerse al frente de una gran convocatoria nacional de todas las fuerzas políticas y sociales democráticas que estamos interesadas y decididas, no a salvar a Petro, sino al país de otros cuantos años de suplicios causados por derechistas y extremistas que ya armaron la revancha, envalentonados por los triunfos que están logrando a nivel internacional y por nuestra incapacidad política y falta de voluntad para deshacernos de la herencia grupista que tan negativamente nos ha marcado. Convocatoria nacional que tanga como propósito prioritario constituir una Gran Convergencia Democrática Nacional con una mínima coordinación y organización que unifique, le de orden y coherencia al accionar conjunto con unos propósitos mínimos para el resto de gobierno que queda y, en lo posible, garantice la continuidad de los Procesos de Democratización en Marcha.

Se trata en este caso de una acción de emergencia para ponerse de acuerdo y unificar a un amplio espectro político sobre unos pasos y salidas de emergencia. No podemos pretender llegar allí a marcar el rumbo del país para 20, 30 o 50 años, puesto que eso, en términos económicos, políticos y técnicos, necesita procesos, esfuerzos y trabajos juiciosos de mucho debate. Pero si estamos obligados a explorar, encontrar y unificar pensamiento y voluntades en torno a unos problemas y propósitos comunes inmediatos para revertir la situación de pérdida de credibilidad y desconcierto que continúa ahondándose, en la medida en que no hagamos nada.

Consideramos que es perentorio, es un imperativo histórico, político, social y moral, no solo del gobierno, sino del Estado y la sociedad entera, cumplirles a todas las víctimas de la guerra interna, tanto las que fueron afectadas por el paramilitarismo, como las que lo fueron por unas guerrillas que perdieron el sentido que justificó su origen y se degradaron. Es una obligación que no da pie a dilaciones, demoras y pretextos para no cumplirles con la restitución de tierras y demás derechos económicos, políticos y sociales. Es necesario apretar el acelerador en la adquisición y restitución de tierras a quienes las perdieron, entendiendo que eso no es suficiente. Es indispensable que dicha entrega, incluya el acompañamiento técnico y administrativo en los procesos organizativos, productivos, comerciales y financieros. Que estas acciones contribuyan a avanzar hacia la agroindustria asociativa, cooperativa y solidaria de los pequeños y medianos productores con capacidad para desarrollar sus propios procesos y evitar que sigan de víctimas del sistema financiero, de las grandes empresas nacionales y extrajeras que los someten a las formas actuales de “las alianzas productivas” y la “agricultura por contrato” que no son más que nuevas formas de aparcería.

Sin embargo, algo a tener en cuenta es que, a la gran mayoría de víctimas, le tocó desplazarse a poblaciones y ciudades, las cuales, por muchas razones, no pueden, o no tienen interés en volver al campo. La restitución de derechos en este caso, debe hacerse de otra manera, pero en general, las demás actividades a las que se dediquen, pueden adoptar el mismo modelo de organización asociativo, cooperativo y solidario. Y algo complementario, pero de suma importancia en este caso. Hemos insistido antes en la urgencia de recuperar y restablecer los derechos y las normas jurídicas que amparaban anteriormente al sistema cooperativo. El modelo neoliberal que nos impusieron, amputó esos derechos y normas. Con el ultrarreaccionario cuento de “la igualdad de derechos”, dejaron a las cooperativas y al sistema cooperativo en la misma condición de las empresas privadas, cuando aquel había conquistado un régimen jurídico especial, por tratarse de un esfuerzo de muchas personas asociadas, no con el ánimo de amasar fortunas de personas o familias para su exclusivo beneficio. Con ello, dejó a las cooperativas a merced del modelo.

Por eso, hemos insistido en la necesidad de promover con toda la fuerza que sea posible una reforma de ese régimen jurídico vigente para recuperarle y restablecerle derechos, ya que se trata de un sistema de trabajo, de producción y prestación de servicios con carácter social y no para beneficio de unas personas. Si de lo que se trata es de luchar por alcanzar transformaciones económicas, políticas y sociales en la perspectiva de resolver situaciones como las chocantes e insolentes desigualdades que nos afligen; si de lo que se trata es de desarrollar los enormes potenciales en recursos naturales, biodiversidad y talento humano que tenemos, lo que hay que colocar por encima de cualquier otra consideración, es el trabajo de los colombianos. Y en este caso, el sistema cooperativo es, sin duda alguna, una herramienta de mucha importancia y utilidad para dignificarlo, engrandecerlo, siempre y cuando se le restituyan esos derechos; de otra manera, seguirá siendo un instrumento útil para el modelo neoliberal que le amputó sus brazos y lo sometió a la dinámica de acumulación de capital y de riquezas de individuos, familias o de los gigantescos grupos financieros.

Las demás reformas a la salud, laboral, pensional y de la educación, no resuelven nada de fondo y, por el contrario, en algunos aspectos, lo que conseguirán, será agravar más las cosas. Quitarle la asignación de recursos públicos a las EPS para que éstos se concentren aún más en las IPS que siguen siendo empresas privadas, no es que constituya un gran cambio. Quitarles las ganancias a unos para concentrarlas en otros, en nada resuelve el problema. La reforma laboral no es más que una “conquista” de la burocracia sindical amamantada en y por el modelo económico anterior, pervertida en la corrupción, convertida en élite y una “partecita” de esa oligarquía que nos carcome a todos. Tal como quedó aprobada, afectará a todos los pequeños y medianos empresarios de las diferentes especialidades, puesto que los lleva a asumir costos laborales que no pueden, porque el modelo neoliberal con su mayor automatización de los procesos productivos, le ha estrechado al máximo sus márgenes de maniobra, y afectará gravemente al sistema cooperativo en las condiciones en que se encuentra, como lo mencionamos antes.

Y esto que acabamos de exponer, hay que ponerlo no solo en la perspectiva de un gobierno débil como lo es el actual; aun suponiendo que hubiera una continuidad que es bien poco probable, si las fuerzas políticas que lo sustentarían, siguen atragantadas en su debilidad sin proponerse salir de allí, las cosas no mejorarán, y todo lo que podrán hacer es prolongar la agonía. El retorno de la extrema derecha al timón del gobierno nacional, no es solo hipotética y de alguna probabilidad. Ya, esta extrema derecha hizo lo que tenía que hacer; recuperó las principales alcaldías del país y, con ello, prepara el siguiente paso que es recuperar el resto. Todo indica que el verdadero timonazo que tanto le reclaman y suplican a Petro, lo dará la extrema derecha. Son ya suficientemente conocidos los pasos de recuperación que esas fuerzas han tenido en todo el mundo. ¿Por qué? ¿A qué se debe esa recuperación, desde las derechas más extremistas, de las corrientes religiosas más retrógradas, los neonazifascistas, hasta las más moderadas?

Desde EL FARO SOCIAL prendimos las alarmas, más o menos, desde 2.014, cuando empezamos a llamar la atención sobre el rearme, la carrera armamentista que se desataba y luego sobre la reconversión tecnológica para mejorar la producción y uso de armamento con estándares de muy alta precisión. ¿Por qué esta carrera armamentista? Por una razón muy sencilla. El modelo neoliberal que impuso el gran capital internacional, pasó como el huracán, dejando los escombros. Destrozó los Estados nacionales, sometió a toda la economía mundial al libre juego del mercado con sus tratados de libre comercio. Destruyó las frágiles trincheras jurídicas que la clase obrera había creado para proteger el trabajo y la estabilidad laboral. Se disparó la “informalidad” y el trabajo precario. “Deshizo” con aterradora crueldad, todo foco de resistencia y se entregó a la orgia de una nueva acumulación de capital en pocas manos que envidiarían los magnates que promovieron la revolución industrial del siglo XVIII. El crecimiento de la economía mundial fue espectacular desde la década de los años 80 del siglo XX, hasta el fin de la primera década del siglo XXI. La crisis financiera de 2.008, marcó el apogeo de ese crecimiento y la vertiginosa concentración de la riqueza mundial en los países más ricos y especialmente en los gigantescos monopolios y oligopolios trans-multinacionales.

Al iniciarse la segunda década del siglo XXI, comenzó el descenso de ese crecimiento y acumulación de capital y a agudizarse las contradicciones por la disputa de las más grandes economías mundiales por acceder a otros mercados o por lo menos, mantener los que tenían. Con ello y por ello, reactivaron el armamentismo porque ya la disputa por mercados y zonas de influencia no podía continuar por los medios simplemente económicos y políticos. Las confrontaciones armadas se ponían al orden del día. Se emprendieron nuevas guerras en otros sitios y se continuaron otras viejas, pero con mayor intensidad. Hemos sido incisivos en señalar que estas guerras no son promovidas solo por los Estados y gobiernos de manera oficial y mediante los ejércitos convencionales, sino principalmente a través de los de los ejércitos irregulares de mercenarios y del paramilitarismo. Esta es hoy la forma preferida por los Estados y gobiernos imperialistas y por los Estados y gobiernos reaccionaros de diferentes partes del mundo para intervenir en el exterior y de posicionamiento y dominio territorial y, prioritariamente, de enfrentamiento entre las dos fuerzas contrarias de los dos grandes bloques imperialistas, como también a las fuerzas populares que luchan contra la intervención y/o dominio de uno u otro bloque imperialista. Esta es la razón de la existencia de la organización paramilitar del "Estado Islámico" "made in USA" de defensa de los intereses de este bloque en Oriente Medio, o el grupo Wagner "made in Rusia" para actuar en Siria, Ucrania y gran parte de países africanos. Estas, podemos decir que son fuerzas de ocupación exterior directa, pero esas potencias no se limitan a eso, además penetran y toman control por diferentes medios, de fuerzas internas que, de manera justificada, legitima y necesaria, han creado los pueblos, tratando de defenderse de los atropellos de esos agresores, pero que caen en las redes del uno o del otro bloque. Ejemplos típicos de ese juego macabro de la disputa inter imperialista, son los casos en Oriente Medio, como Siria, Palestina, El Líbano, Yemen, Irán y otros países Sudafricanos, Ucrania y en América Latina. Y a nosotros en Colombia, sí que nos consta y hemos visto de manera directa, como los productores de drogas ilícitas y de la minería ilegal que se disputan los mercados, las rutas y los territorios, se ha en la guerra entre unos y otros y con el Estado, pero quienes pagamos los costos de esa guerra reaccionaria, somos las fuerzas políticas y sociales populares por mantener la resistencia y la lucha en defensa de nuestros derechos y el pueblo colombiano en su conjunto.

Es esta dinámica, esta tendencia, este camino sin retorno del modelo y del sistema imperialista mundial, la razón que nos ha llevado y nos lleva a insistir en la imperiosa necesidad de luchar por la paz de manera consecuente, de llamar a todas las fuerzas políticas y sociales democráticas a unirse y fortalecer esa lucha por la paz, en el entendido que esta lucha no puede ir separada de una lucha incansable por recuperar, rehacer y consolidar los movimientos y fuerzas democráticas para que se conviertan en verdadera alternativa de gobierno, cerrarle el paso a la extrema derecha y su camino de violencia, guerras y canibalismo, como lo estamos presenciando a diario. Por eso apoyamos, de manera independiente sí, pero apoyamos la elección de Petro a la Presidencia y, más que las reformas que propuso, la posibilidad de avanzar en la consolidación de las fuerzas democráticas del país. Por eso, mantenemos nuestra posición crítica frente a las incoherencias, debilidades y graves errores, no tanto de Petro como persona, sino principalmente de todo el entorno que lo rodea.

Es en esta situación y perspectivas que tiene sentido la propuesta que hemos planteado de conformar, construir y hacer realidad una Gran Convergencia Democrática que congregue y unifique a todas las fuerzas democráticas populares que realmente estemos interesadas en avanzar y abrir caminos de transformación profunda de nuestra sociedad colombiana. Esta que surgiera como una propuesta local, ahora creemos que no solo la necesitamos localmente, sino en todo el país. Manifestamos con toda claridad que no estamos de acuerdo y no compartimos la propuesta del “Gran Acuerdo Nacional” que se viene ambientando desde la misma Presidencia y otros sectores políticos. De ser una simple idea, ya va en que hay que llamar a los expresidentes para ponerse de acuerdo en el “Gran Acuerdo Nacional”. Estamos convencidos, por razones históricas, económicas y políticas, que ese no es el camino para consolidar los procesos de democratización del país. Eso puede salvar al gobierno actual de un mayor fracaso, pero en términos de lo que las grandes mayorías nacionales esperaban, no resuelve nada. Con o sin Acuerdo Nacional, nuestro deber es seguir nuestro camino de lucha contra la violencia, las guerras y por democratización en marcha.

El Poder del Pueblo no se consolida con Acuerdos por arriba; se fortalece y construye por abajo con las fuerzas realmente democráticas que necesitan cambios para beneficio de sí mismos, no para los mismos de arriba.

Atte.

EL FARO SOCIAL.

Julio 11/2.024

   

          

   

     

  

 

 

miércoles, 5 de junio de 2024

LAS PASTILLAS PARA LA MEMORIA, SON LAS QUE MAS ME OLVIDO TOMAR.

 

LAS PASTILLAS PARA LA MEMORIA, SON LAS QUE MAS ME OLVIDO TOMAR.

 

Soy muy poco dado a usar las anécdotas. Pero ésta con la que inicio este escrito, la he elegido muy a propósito. Una vez terminado y publicado el artículo para EL FARO SOCIAL, DOS SUCESOS Y SUS CORRESPONDIENTES RESPUESTAS… de mayo 27/2.024, me di un paseo navegando en canoa rústica por la Red de La Internet y me encontré precisamente con una “pastilla para la memoria”. Se trata de un recordatorio que hace el Profesor Germán Valencia, del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, que titula: A 40 AÑOS DEL ACUERDO DE LA URIBE, en el cual, además de recordarnos que este Evento se llevó a cabo en el Municipio de La Uribe (Meta), durante el Gobierno de Belisario Betancourt y la Comisión de Paz que había creado para el efecto, de la cual hacía parte la periodista Margarita Vidal, nos hace notar su importancia hoy, cuando han sucedido tantas cosas alrededor de la consecución de la paz. Por ello, creemos que EL FARO SOCIAL, sus amigos, lectores y ojalá muchas más personas, refresquemos la memoria y decidimos insertarlo aquí, tal como apareció en la fuente que lo publicó.

 

A 40 AÑOS DEL ACUERDO DE LA URIBE

Por: Germán Valencia

Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia

 El 28 de mayo de 1984 —hace cuarenta años—, se firmó en el municipio de La Uribe, departamento del Meta, el primer acuerdo de paz con los grupos insurgentes colombianos. Este fue un pacto político de cese al fuego y de hostilidades, firmado entre la Comisión de Paz asesora del Gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Aunque el alcance de este primer tratado de paz dista, millones de años luz, de lo que sería el Acuerdo Final firmado con la misma agrupación tres décadas después en 2016; este representa, en la historia de los procesos de paz, un hito fundacional de las negociaciones política entre el Gobierno y los grupos armados insurgentes en Colombia.

La importancia del Acuerdo de La Uribe, que se estructuró en 10 puntos y ocupó una cuanta página —redactadas a máquina por la periodista Margarita Vidal, una de las miembros de la Comisión de Paz de Belisario Betancur (ver imagen 1)—, se puede resumir en tres grandes componentes.

Imagen 1. Fuente: tomada de El Espectador. (2012). Instantes de paz.

El primero fue la promesa que hubo entre las partes de ejecutar labores luego de la firma. Por un lado, las FARC-EP se comprometieron con el Gobierno y el país a iniciar “a partir del 28 de mayo de 1984 a las 00:00 horas” un cese al fuego. Igualmente, parar los “demás operativos militares a todos sus frentes en el país” (punto 1 del Acuerdo).

También, en el punto 2, las FARC-EP se comprometieron a acabar con las prácticas terroristas, a “condenar y desautorizar nuevamente el secuestro, la extorsión y el terrorismo en todas sus formas” y a avanzar para que no se den acciones que atenten “contra la libertad y la dignidad humana”.

Por el otro, el Gobierno se comprometió a gestionar varias reformas de carácter político, económico, agrario y social; a ampliar la cobertura de derechos básicos de los colombianos; y a esclarecer los casos de desaparición forzada (punto 8 del Acuerdo). Todas ellas acciones que, según el gobierno Betancur, eran necesarias para ayudar a la solución de las causas objetivas del conflicto.

El segundo componente fue la promesa del Estado a la guerrilla de poder participar en política. En el Acuerdo se estableció que los integrantes de las FARC-EP podrían “organizarse política, económica y socialmente, según su libre decisión” y, además, que el Gobierno les otorgaría “de acuerdo con la Constitución y las leyes, las garantías y los estímulos pertinentes”.

Promesa que se materializó unos meses después con la conformación de la Unión Patriótica (UP) y que permitió la participación en política de varios miembros de las FARC-EP Una organización legal que durante varios años logró competir con relativo éxito por los puestos de elección popular, como las alcaldías, concejos municipales, asambleas departamentales, el Senado y Cámara y la Presidencia de la República.

Finalmente, el tercer asunto importante fue avanzar, por primera vez, en la creación, desde el inicio de la firma del Acuerdo, una organización que se encargaría de verificar que todas las disposiciones establecidas en él se cumplieran. Estructura organizativa que quedó indicada en el punto cuarto con la Comisión Nacional de Verificación.

Esta, según comunicación presidencial del 27 de septiembre de 1984, se creó dos días después de la firma del Acuerdo y estuvo compuesta por 43 miembros y ampliada posteriormente con diez miembros más. Funcionó en Bogotá, pero dada la complejidad de las tareas, se les permitió el traslado a algunos sitios del país.

Además, tuvo a cargo varias subcomisiones de verificación, en lugares estratégicos y con presencia de las FARC-EP, como en Florencia, Caquetá; Vista Hermosa, Meta; Barrancabermeja, Santander; Aravena, Arauca; Santa Marta, Magdalena; Medellín, Antioquia; Neiva, Huila; Orito, Putumayo; y Cali, Valle (punto 5 del Acuerdo).

En conclusión, el Acuerdo de La Uribe —a pesar de no contar con un reglamento de cómo, cuándo y dónde negociar, y de que solo se realizaron dos reuniones para su construcción— se estructuró con los componentes necesarios para todo pacto de paz (ver imagen 2).

En él se fijaron tareas para todas las partes, se asumieron los compromisos sustantivos que apuntaban a generar las transformaciones que se consideraban esenciales para la terminación del conflicto y, finalmente, se pensó en una estructura organizativa que debe velar por su cumplimiento de lo pactado.

 

Imagen 2. Fuente: tomada de El Espectador (2012).

 

De allí, que este acuerdo de paz se haya convertido en el abuelo de los tratados de paz con la insurgencia colombiana. De él se desprendieron el firmado con el M-19 el 24 de agosto en Corinto, Cauca, y en El Hobo, Huila; con el Ejército Popular de Liberación (EPL) el 24 de agosto en Medellín; y con la Autodefensa Obrera (ADO) el 30 de agosto en Bogotá. Además, consiguió convertirse en el faro para la elaboración de otros acuerdos de paz.

Con este “refresco de memoria”, para algo debe servirnos la anécdota. Comencemos pues, a “deshilar” (o ¿deshilachar mejor?) la madeja. Aunque con alguna dificultad, podremos recordar que el 6 de noviembre de 1.985, un año largo después de firmado ese acuerdo, se presentaron en Bogotá los acontecimientos de la toma por un Comando del M-19 del Palacio de Justica y la retoma por parte del ejército nacional al día siguiente.  Sin entrar en detalles ni hacer comentarios sobre lo sucedido, sí podemos y debemos decir que fueron una terrible premonición de lo que se vendría en la segunda mitad de esta década y en la siguiente de los años 90.  A pesar de que en ese Acuerdo entre el Gobierno y las FARC-EP, en ese momento se establecieron y pactaron compromisos de parte y parte, una de ellas, las FRC-EP, en muy buena medida y hasta cierto tiempo, cumplieron con lo que se habían comprometido, como el cese el fuego, a detener, al menos temporalmente el secuestro de personas, y dieron pasos para legalizar su acción política con la creación de la Unión Patriótica, con la cual alcanzaron una importante representación en los cargos de elección popular.

¿Y la otra parte contratante qué? Hasta cierto punto, Belisario, en el resto de su período que le quedaba, trató de cumplir con los que se había comprometido. Al menos hizo el intento, pero los Gobiernos que le sucedieron, ¿qué hicieron? Si este “refresco” no ha sido suficiente para reactivar la memoria, no podremos recordar que, después del año 85 y de los sucesos del Palacio de Justicia, comenzó el exterminio de la Unión Patriótica; que posteriormente, más de 3.000 militantes de esa organización política y del M-19, entre ellos, candidatos a corporaciones públicas y a la presidencia, fueron asesinados. Que este atroz delito de lesa humanidad, que este genocidio, fue meticulosa y sistemáticamente promovido por las fuerzas políticas de extrema derecha con sus organismos de represión legales e ilegales para frustrar y cerrar toda posibilidad de cambio político, igual que ahora, se oponen a los mínimos cambios que trata de realizar el Gobierno actual.

No cumpliendo el compromiso de garantizar la participación política legal de los alzados en armas, menos había intención de cumplir los demás compromisos que, según ese Acuerdo, “el Gobierno (de entonces) se comprometió a gestionar varias reformas de carácter político, económico, agrario y social; a ampliar la cobertura de derechos básicos de los colombianos; y a esclarecer los casos de desaparición forzada (punto 8 del Acuerdo). Todas ellas acciones que, según el gobierno Betancourt, eran necesarias para ayudar a la solución de las causas objetivas del conflicto”.

Con todo lo macabras que fueron esas acciones de la extrema derecha y sus organismos de represión legales e ilegales, nuestro pueblo no renunció a seguir luchando por sus derechos políticos, a realizar los cambios democráticos que ha buscado por tanto tiempo y, de alguna manera, obreros, campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y fuerzas políticas democráticas, mantuvieron la resistencia, la lucha social y política que sirvieron como soporte para la Asamblea Constituyente de 1.991 y la aprobación de la nueva Constitución Política de Colombia. Aunque allí no se lograra lo que nuestro pueblo esperaba, no por ello podemos desconocer que fuera un intento más de lograr sus objetivos. Los resultados reales de este evento, los hemos expuesto sucintamente en nuestro anterior artículo EL “PETARDO” LANZADO POR GUSTAVO PETRO DE MARZO 28/2.024.  Por ello, no nos detenemos aquí en todo el significado político sobre el particular. Sin embargo, no podemos dejar de recordar e insistir en que, después de la Constituyente y la nueva Constitución, la extrema derecha aprovechó, con la proverbial habilidad que siempre han actuado en momentos clave, las debilidades de las fuerzas políticas populares y democráticas y las inconsistencias político-jurídicas de la Constitución, para irse con todo en la ejecución práctica de la apertura de mercados, de la falacia de la apertura democrática y del modelo neoliberal, salvando los obstáculos que antes había encontrado.

Y a la par que avanzaba a marchas forzadas esa ejecución del modelo neoliberal a la sombra de que la nueva Constitución Política no resolvió problemas vitales como el de no modificar en lo más mínimo la perversa concentración de la propiedad territorial y la propiedad accionaria de empresas industriales, comerciales, bancarias y de servicios, el incremento del narcotráfico acrecentó la violencia de éste, de la insurgencia, principalmente de las FARC-EP, se intensificaron las grandes tomas guerrilleras en diferentes partes del país, las múltiples tomas a cabeceras municipales y el copamiento de amplios espacios territoriales, de un lado; del otro lado, se disparó el accionar de las llamadas autodefensas campesinas y el paramilitarismo.

La década de los años 90 del siglo XX fue un período tétrico, sombrío y aciago de mayor avance en la confección y ejecución del modelo neoliberal con la venta en remate de las empresas públicas que aún quedaban, la entrega de la saludad y la educación a los operadores privados, terminación del desmonte de muchas obligaciones y funciones públicas del Estado y reducción del mismo, pero sobre todo, de apogeo de la violencia y terrorismo rural y urbano promovidos por los carteles del narcotráfico, el paramilitarismo y las guerrillas, principalmente de las FARC-EP, no solo con las tomas de bases militares y poblaciones, sino con el abominable delito del secuestro en la forma como lo ejercieron, que les costó todo su porvenir político por ganarse una imagen detestable que de ningún modo, han podido ni podrán borrar de la memoria del pueblo colombiano. Ya para fines de esta década fue puesto en marcha el Plan Colombia, dirigido a incrementar el pie de fuerza de las Fuerzas Armadas, adiestrarlas y fortalecerlas con dotación de mejor armamento, apoyo logístico y de combate, inteligencia militar y mejoramiento de la actividad operacional estratégica y táctica y que heredara el posterior Gobierno de la “Seguridad Democrática”.

El impresionante saldo a favor de la élite que ha concentrado y concentra la mayor parte de riquezas del país, y del saldo en rojo en contra de obreros, campesinos, sectores populares urbanos y organizaciones políticas y sociales democráticas, no tiene parangón en la historia de Colombia. La llamada informalidad, es decir de trabajadores sin empleo ni rumbo fijo, sin organización social y sin ningún tipo de seguridad social, porque fueron despojados de los mínimos derechos de estabilidad laboral y de la seguridad social, pasó a ocupar una cifra demasiado alta que ha llegado a más del 60% de la fuerza laboral y que junto con el desempleo que siempre ha estado por encima del 10%, conforman una realidad inocultablemente escandalosa. Más de 8 millones de campesinos fueron despojados de más de 5 millones de hectáreas y expulsados del campo; cientos de masacres en algunas ciudades, pero principalmente en áreas rurales con terribles consecuencias económicas, políticas, sociales, culturales y sicológicas para las víctimas; tierras que hoy están dedicadas a producir en la agroindustria del banano, palma aceitera, otros productos y ganado, ya no en la vieja modalidad del terrateniente que recorría los caminos y las propiedades a caballo con su indumentaria típica y zurriago, sino por el narco o el paraco “modernos”, a cuyas manos regresaron de esa manera, la mayor parte de tierras que antes habían recuperado los campesinos; fueron eliminados cientos de miles de activistas y luchadores políticos y sociales, destruidas y aniquiladas sus organizaciones y convertidos muchos lugares en fosas comunes.

En ese sombrío panorama, en esa inmensa mole funeraria, llegó en 2.002 la “Seguridad Democrática” al Palacio de la Infamia, a continuar con lo que todavía les faltaba por arruinar y envilecer en la vida y la conciencia de nuestro pueblo. Quien llegó no fue el héroe, el luchador político y social, sino el salvaje enchamarrado en su corcel de rudo inculto que no tiene superiores ni obedece partidos ni sabe nada de instituciones de Derecho, que no obedece más que a sus instintos primarios.  La “Seguridad Democrática” continúo la tiranía de esa élite que llevó a cabo esa gigantesca expropiación física y política a nuestro pueblo, armó camorras con Gobiernos vecinos, desplegó el principal sostén del régimen para alejar el fantasma de la guerrilla que había inundado muchas zonas pero que ya cargaba con el pesado fardo del desprestigio político por sus actuaciones totalmente fuera de toda lógica política revolucionaria o, siquiera mínimamente democrática, para garantizarle allí sí, seguridad y confianza a esa élite y a los inversionistas extranjeros y que pudieran continuar en la profundización del modelo neoliberal con su modalidad de Programa agro-minero de exportación e inversión de capitales externos en el país, con el consiguiente saqueo del mismo.

Igual suerte corrió la “Seguridad Democrática” que encabezó el rudo enchamarrado. Su agotamiento y desprestigio llegaron relativamente pronto y hubo de ser reemplazado por otro de perfil un tanto aristócrata, pero más moderno, menos rudo y tosco, pero no menos cruel, más culto sí, pero mejor adiestrado en las artes de buen “encantador de serpientes”. Esto no significó más que la continuidad de la “Seguridad Democrática” con el mismo Programa y mejor gerencia y sub-gerencias. La política de seguridad también siguió siendo la misma, pero sí con ajustes y refinamientos, en particular, en las labores de inteligencia y ataques a una guerrilla que, ya para entonces, se encontraba en una situación de crisis interna, mucho desprestigio político y en retirada. En tales circunstancias, el llegar a la mesa de negociación entre el Gobierno y las FARC-EP, no es que constituyera una gran Azaña política, como se la presentó y se ha querido consagrar en la historia.

La verdad es que ambos necesitaban negociar. A la élite que había acumulado enormes riquezas y su gobierno interesados en profundizar y sostener el modelo neoliberal que ya comenzaba a presentar serias grietas desde la crisis financiera de 2.008, no les convenía sostener una guerra que ya no le servía para llevar adelante ese proceso anterior de acumulación de riquezas, a no ser, por la actividad del narcotráfico que continuaba creciendo, pero que sus efectos eran neutralizados por ese desgaste militar. Y a las FARC-EP tampoco les interesaba continuar esa guerra por la crisis interna que ya las amenazaba, por los duros golpes que habían recibido, porque en buena medida necesitaban legalizar recursos obtenidos del impuesto al narcotráfico y del que ellos mismos realizaban y, de manera especial, porque política y estratégicamente, habían perdido la perspectiva y la iniciativa.

Las negociaciones se hicieron, los acuerdos se sellaron y todos los negociadores, garantes y acompañantes los aplaudieron, pero esta vez, tampoco se cumplieron. El jefe negociador del Gobierno, acuñó el lema de que ese “fue el Acuerdo más perfecto” que se haya pactado en negociación alguna; y por ser tan perfecto, ni sirvió ni se cumplió. La extrema derecha que nunca estuvo de acuerdo con las negociaciones, movió todo su potencial político y ganó el plebiscito, una vez firmados lo acuerdos. Ya desde antes de firmarlos había declarado tajantemente que “haría trizas los acuerdos” y se dio el lujo de cumplir con lo prometido. En el terreno, la retirada de las FARC-EP sirvió para que otros grupos simplemente delincuenciales coparan los espacios libres, surgieron nuevos grupos para retomar el negocio y otros que venían de antes, simplemente expandieron esa actividad y, cultivos y procesamiento se incrementaron en más de un 50%, en gran parte porque ahora había quedado libre del impuesto.

Esa extrema derecha que ha sido la principal beneficiaria de la guerra, del narcotráfico y del modelo neoliberal, no solo se dio el lujo de ganar el plebiscito, sino de continuar con el régimen de la “Seguridad Democrática” por un período más. Durante éste, cumplió con su promesa de “hacer trizas los acuerdos”. Con el poder burocrático que han tenido y tienen en el aparato estatal, con la indolencia y pasividad de muchos y hasta la complicidad de los mismos jefes políticos del nuevo grupo legal que crearon las FARC-EP después de negociar, se dio el lujo, no solo de tirar los acuerdos a la basura, sino de tomar muchos recursos que habían sido asignados por el Gobierno nacional anterior y Gobiernos extranjeros para poner en marcha el cumplimiento de los acuerdos y los invirtió él a su amaño e hizo politiquería contante y sonante.

Ahora ya es posible que podamos recordar que, esa misma oligarquía que ha existido desde antes de conformar la República y continuó en ésta con peores maneras, a José Antonio Galán, el gran dirigente y héroe del Movimiento de los Comuneros, después de negociar su desmovilización y firmar acuerdos, lo degollaron, descuartizaron y colgaron sus restos en diferentes sitios para sembrar el terror y escarmentar a quienes intentaran reagruparse y seguir sus huellas. Le negaron todo respaldo y no les importó las persecuciones que sufrió de parte del gobierno colonial español José Antonio Nariño; persiguieron, hostigaron y le hicieron la vida imposible a Simón Bolívar. Persiguieron y le hicieron la guerra, sobre todo, a los liberales radicales del siglo XIX y, a fines de los años 20 del siglo XX, llevaron a cabo una de las más monstruosas masacres, la de Las Bananeras; en los años 30, armaron la “oposición democrática” contra las reformas liberales del Alfonso López Pumarejo, retomaron el Gobierno y fraguaron el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán; armaron la “pajaramenta” (paramilitares de entonces), ensangrentaron al país con la violencia de fines de los años 40 y de los 50, persiguiendo y eliminando, de manera especial, a los liberales del pueblo e, impusieron una feroz contrarrevolución agraria para oponerse a cualquier modificación a la gran propiedad territorial.

De igual modo, sobre esa inmensa mole funeraria, pactaron la conformación del Frente Nacional en 1.957 entre godos y liberales pertenecientes a esa élite o que conciliaban con ella, asesinaron a los líderes guerrilleros liberales más sobresalientes y tampoco cumplieron los acuerdos pactados para la desmovilización del Movimiento Guerrillero Liberal y otros grupos que se habían formado. Esa misma oligarquía que no ha permitido cambio alguno de régimen político, se opuso radicalmente a la propuesta de Reforma Agraria de Carlos Lleras Restrepo en los años 60 y 70 del siglo XX, movió a los terratenientes y armó la segunda contrarrevolución agraria de este siglo XX. Ya con los primeros vapores tibios del modelo neoliberal que comenzaba a volar desde Europa y Norteamérica hacia el Sur, y el narcotráfico desde el Sur hacia el Norte, éste crece en Colombia; crecen también los grupos guerrilleros, pero al mismo tiempo, se producen cambios substanciales en las actividades productivas y económicas del país, a recuperarse las fuerzas políticas reaccionarias, a la par que se van extinguiendo las fuerzas revolucionarias a nivel mundial.

En los años 80 del siglo XX, se fortalecen el modelo neoliberal en Colombia, el narcotráfico y las fuerzas políticas más reaccionarias, especialmente de los terratenientes, y es con la venia de éstas que se llega a la Asamblea Nacional Constituyente de 1.991 y a la nueva Constitución Política de Colombia. A partir de allí se profundiza el modelo neoliberal y en 1.994 se hace otro intento de Reforma Agraria, a la cual, los narcotraficantes y terratenientes responden con la tercera contrarrevolución agraria, en la que muchas tierras que los campesinos habían recuperado antes, volvieron a manos de aquellos, como ya lo hemos mencionado y llevan a cabo el despojo y desalojo del campo con los procedimientos también mencionados antes.

A “vuelo de pájaro” (según el proverbio campesino), lo anterior nos indica con toda claridad, lo que ha sido y es el comportamiento político, la conducta y el actuar reiterativo de esa oligarquía, de esa élite que ha gobernado en nuestro país, cómo ha respondido ante las exigencias de nuestro pueblo por alcanzar transformaciones políticas democráticas en las que se garanticen sus derechos y pueda decidir el rumbo que debe seguir. He ahí la trascendencia de lo que nos estamos jugando en este momento. O hacemos algo por consolidar el Proceso de Democratización en Marcha en que está empeñado nuestro pueblo, independientemente de las debilidades que tiene y precisamente por eso, y de los errores que presenta, o este volverá a ser sepultado por muchos años por esas fuerzas reaccionarias. No olvidemos en ningún momento que, este proceso emerge en buena medida, de las grandiosas movilizaciones pocas veces vistas en nuestro país de 2.019 y 2.021. Con toda la espontaneidad que tuvieran por ser más un estallido social que un proceso mínimamente organizado y preparado, no por ello, dejan de tener una profunda significación política y unas repercusiones que se han sentido y seguirán sintiendo.

No de manera espontánea y gratuita, pudimos apreciar como salieron al unísono los expresidentes, desde Gaviria, Pastrana, Samper Pizano, Uribe Veles, Santos hasta Duque, a rechazar el “petardo” de Petro de la Asamblea Constituyente. Y lo más importante en este caso, no es que rechazaran esa propuesta, sino que, de manera casi automática, alzaran la voz en defensa de la Constitución Política de 1.991. “Nuestra Constitución” hay que defenderla, dijeron. Y si Samper Pizano se desmarcó después aduciendo que no compartía la propuesta de estos jefes políticos de la extrema derecha de hacer un “acuerdo nacional” para esa defensa, porque según él (Samper), se trataba en ese caso de una gavilla contra Petro, en nada cambia el asunto. Esta es la mejor prueba y demostración de que tenemos la razón cuando en el anterior artículo de EL FRO SOCIAL, hemos afirmado con la mayor contundencia, que es la extrema derecha la más cerrada defensora e interesada en conservar la Constitución Política de 1,991. Si estas expresiones políticas tan claras y explícitas no nos ayudan a ver y entender que esa Constitución Política es el arma más poderosa en manos de la extrema derecha para mantener el poder, entonces estos ciegos es que ya no quieren ver. Pero no todos estamos ciegos ni queremos seguir en la ceguera, y si hemos tenido debilidades para entender todo lo que implica, desde el punto de vista político ese hecho, la barbarie que hemos vivido, en algo nos ha ayudado a comprenderlo.    

Por eso repetimos, que más que “Acuerdos Nacionales”, “Asamblea Constituyente” o “ poder constituyente”, como lo han planteado el mismo Petro y algunos sectores y personas cercanos al Gobierno actual, lo que realmente necesitamos es construir una sólida Convergencia Democrática en la que obreros, campesinos, indígenas, sectores populares urbanos y fuerzas políticas democráticas, que son los que de verdad pueden darle sostenibilidad, permanencia y continuidad al Proceso de Democratización en Marcha, que éste se consolide y realice, no solo las reformas que están planteadas, sino que transforme todo su actuar político y demuestre que realmente es una fuerza política democrática, recupere la confianza y lleve a cabo todo lo que nuestro pueblo reclama y exige. Hemos dicho y repetimos que las reservas para este propósito están abajo, en los sectores sociales y políticos que realmente necesitamos esas trasformaciones, que queremos y necesitamos esos cambios, que se comprometerán a realizarlos, sin ven que lo que se predica y se hace, concuerda con lo que buscan y necesitan. No es con “acuerdos nacionales” o “pactos históricos” por arriba, como se ha podido y podremos avanzar y consolidar el Proceso de Democratización en Marcha. Es con esa Gran Convergencia Democrática, dotada de un claro Programa Político que defina y recoja las necesidades económicas, políticas, sociales y culturales de nuestro pueblo, como podremos consolidar el Proceso de Democratización en Marcha para lograr una mayor independencia política, paso indispensable para avanzar en transformaciones más profundas de la sociedad colombiana.

 

Cordialmente

Marino Ausecha Cerón

 

EL FRO SOCIAL.

Popayán, junio 4 /2.024

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