MINUTO A MINUTO, QUEDAN AL DESNUDO LAS VERDADERAS RAZONES
DEL IMPRESIONANTE DESPLIEGUE MILITAR EN EL CARIBE
En
nuestro anterior artículo de EL FARO SOCIAL, decíamos que la
cacería de narcotraficantes en el Caribe y Pacífico no era más que el pretexto
para ocultar otros objetivos económicos, políticos y estratégicos, y señalamos
algunos de ellos, como el de la disputa global por las zonas donde existen
minerales indispensables para la tecnología digital actual, para la exploración
espacial y el de tratar de recomponer el control sobre “el patio trasero”,
bastante resquebrajado, como se encuentra hoy a los propósitos de dominación
continental que mantuvo el imperio norteamericano, prácticamente desde
comienzos del siglo XX, hasta los inicios del XXI.
Todos
los demás hechos que van apareciendo en el transcurso de los minutos, los días y
las semanas, han demostrado con creses que no estábamos equivocados al señalar
que lo que estaba detrás de esa cacería, de los insultos y ofensas, en primer
lugar contra Petro, y con ello, a nuestro pueblo colombiano y a su dignidad
nacional, que éste sí conserva, ha defendido y defiende, muy a pesar y en
contra de esa inveterada conducta entreguista y cobarde de esa oligarquía que
ha gobernado hasta hoy en Colombia, incluso desde antes que existieran eso que
hemos llamado “Independencia”, “República” y “Estado Social de Derecho”, no era
una simple cacería de narcotraficantes.
Cualquier
persona con una mediana formación política, pero observador inteligente, puede
entender con facilidad que es absolutamente absurdo un despliegue militar de la
envergadura que ha puesto en acción el pistolero del Oeste para cercar a Nicolás
Maduro y Diosdado Cabello, a quienes han etiquetado como los cabecillas del
“Cartel de los Soles”, rodeando a Venezuela y de paso a Colombia. Solo desde el
punto de vista puramente financiero, de los costos que implica toda esa
impresionante movilización de fuerzas simplemente para atacar a unos narcos, es
absolutamente absurda. Cualquier persona con un mínimo de racionalidad y
sentido común que, como dice la gente, a la larga es el menos común de los
sentidos, sabe que para aplastar una pulga no se necesita la pata de un
elefante. ¿De qué explosión de locura se trata en este caso? ¿De un arrebato de
locura senil? Puede serlo; pero no de locura senil del pistolero, sino del
imperio. Porque todos los imperios conocidos en la Historia, en su decadencia y
decrepitud, han terminado haciendo locuras, incluso algunas de ellas,
inexplicables.
Sin
embargo, para poder entender un poco este tipo de locuras, se necesita algo más
que el simple sentido común, por muy poco común que éste sea. Para esto
necesitamos algo de conocimientos de Historia, de Economía Política y Ciencia
filosófica, puesto que ya no se trata solamente de emitir opiniones sobre el
comportamiento de una u otra persona loca o no, de uno u otro grupo, o de una u
otra fuerza política con sus hazañas y conquistas en sus momentos lucidos, o
sus desenfrenos en sus momentos de locura senil. Y decimos esto porque todo el
aparato expansionista y guerrerista del imperio presume, o mejor, en pleno
apogeo de la peor decadencia, se le agolpan los delirios de grandeza y “sus
hazañas” de expansión, conquista y afirmación de “su misión civilizadora del
mundo” que vivió a comienzos del siglo XX, poniendo a América Latina bajo su
control, o sus delirios hegemónicos después de las dos Guerras Mundiales, en
las cuales aportó e invirtió muy poco y obtuvo mucho, mucho más de lo que
esperaba.
Pero
además del desfase histórico en que funda sus delirios decrépitos, éste va
cuesta abajo con la carga a sus espaldas de la quiebra general del modelo
neoliberal que impusieron precisamente este aparato expansionista y guerrerista
desde la década de los años 70 del siglo XX muy de la mano con sus congéneres ingleses.
Es decir, ya no es solo ese aparato expansionista y guerrerista el que se
encuentra en retroceso, decadencia y desmoronamiento general, sino también su
principal sustento, el modelo neoliberal que le permitió respirar luego del
retroceso y pérdida del Sistema Socialista y montar su hegemonía mundial
unipolar, como se le ha denominado. Después de la crisis financiera de 2.008,
la bala de oxígeno comenzó a agotársele, y las otras potencias imperialistas
actuales que también se disputan el dominio del mundo, no van a acudir
presurosas a llenársela, como lo hizo China en esa década de los años 70 y la
siguiente de los años 80.
Ese
dominio mundial unipolar ya no puede recomponerlo como pretenden el pistolero y
el imperio norteamericanos; esa supremacía mundial ya la perdió. Prueba de ello
son las actuales guerras que libra en Ucrania y Oriente Medio. Después del
primer año, la guerra en Ucrania dejó de ser de Ucrania contra la invasión rusa
y se convirtió en la guerra de Rusia contra la OTAN, es decir, dejó de ser una
guerra local, modalidad en que se habían mantenido ese tipo de conflictos que eran
conflictos apoyados de uno y otro lado por intereses imperialistas externos, y
se internacionalizó para medir fuerzas entre la OTAN y Rusia, como una de las
cabezas principales del otro bloque. En Oriente Medio, el bloque imperialista
norteamericano con sus secuaces en Europa y de manera especial, con el
carnicero de Gaza en Israel y otros de la región, tal carnicería se centró, ya
no en eliminar a un “grupo terrorista”, según sus pretextos, sino en ensañarse
y arrasar al pueblo palestino que durante siglos ha resistido el despojo de su territorio
y su cultura. Y aún así, no ha logrado recomponer su dominio total. Allí hay
otras fuerzas políticas y países apoyados por el otro bloque imperialista sobre
los cuales perdió definitivamente su dominio.
En
América Latina, su patio trasero, siempre ha existido la resistencia; ayer
contra el imperio español y otros de Europa; a partir de comienzos del Siglo
XX, contra el imperio norteamericano; en 1.960, irrumpió Cuba con su posición
independiente de este imperio. Esta aspiración y lucha de nuestros pueblos por
liberarse de ese domino continúo en delante de una o de otra manera. Después de
la recolonización que hicieran a partir de la década de los años 90 del XX con
la imposición de su modelo neoliberal, sus tratados de libre comercio y los
cambios económicos que sobrevinieron en las economías internas de estos países,
resurgió ya en otras modalidades, el mismo deseo de nuestros pueblos de romper
la coyunda de ese imperio. Vinieron los procesos independentistas en Venezuela,
Bolivia, Ecuador, Brasil y en cierta forma en Centro América. Si bien es
cierto, estos procesos no han tenido la consolidación y estabilidad que
deseamos todos, y el imperio ha logrado recuperar temporalmente sus fuerzas y
sus adeptos en Ecuador y Bolivia, tampoco logrará la estabilidad que igualmente
desean, así lo rehagan con las fuerzas más reaccionarias a las que normalmente
acuden.
Así
lo demuestran los últimos acontecimientos políticos de la región El pueblo
ecuatoriano respondió con un contundente NO a su consulta para obtener la
autorización para volver a montar las bases de las fuerzas militares invasoras
norteamericanas en suelo ecuatoriano que Rafael Correa había levantado. El
pueblo venezolano no se amedrenta frente al monstruoso despliegue militar en el
Caribe y se prepara para defender su territorio, su patria y sus recursos. Esta
es la verdadera razón de ese despliegue militar. En primer lugar, mostrarle a
las extremas derechas en estos países que esas fuerzas están y estarán de su
lado y envalentonarlas para que recuperen los gobiernos o los fortalezcan donde muestran debilidades y riesgos; en
segundo lugar, generar dudas y desconfianza en las fuerzas políticas
democráticas sobre las posibilidades reales de enfrentar esa descomunal fuerza;
y en tercer lugar, amenazar, amedrentar y aterrorizar a nuestros pueblos para después,
barajar propuestas de diálogo para que desistan de sus propósitos de sacudirse
el yugo al que se encuentran sometidos; es decir, diálogo con el fusil
apuntándole en la nuca o los misiles listos para ser disparados con toda la
destrucción que podemos ver en la Tv., en otros casos donde están promoviendo
las guerras por desplazarse los unos a los otros.
Estamos
suficientemente informados que la violencia y las guerras que se libran actualmente
en los campos Colombianos y Venezolanos,
entre sí o con el Estado colombiano, especialmente las que continuaron después
de la negociación y los acuerdos de La Habana con las FARC-EP en 2.016, con el
Clan del Golfo, el ELN y las llamadas disidencias de Iván Márquez, Gentil
Duarte e Iván Mordisco, son o hacen parte integral de la guerra global que
se libra por el control de territorios, rutas del narcotráfico y la gran
minería ilegal con la explotación de oro y minerales estratégicos indispensables
para la tecnología digital actual y la exploración espacial, actividades
que ya no pertenecen a carteles locales como los conocimos antes, sino que
hacen parte de redes internacionales del crimen cuyos propietarios, accionantes
y beneficiarios se encuentran en Europa, Estados Unidos, México, Oriente Medio
y en gran parte Brasil, y que son dueños no solo del negocio, de la
infraestructura para operar y de los beneficios resultantes, sino también de
los ejércitos que operan en nuestro territorio y Venezuela, encargados de
promover y custodiar los cultivos de la hoja de coca, de operar las
explotaciones mineras y mantener las rutas de exportación de los productos que
fabrican y extraen.
Lo
anterior es una muestra fehaciente de que, el entronque del narcotráfico y
demás actividades ilegales con el modelo neoliberal a través de las
transmultinacionales, pasó a otro nivel, se profundizó y se fundieron para un
solo objetivo: mantener el sistema imperialista como sea y al costo que sea, apuntalándolo
con el crimen, mantener la movilidad de capitales en el mercado mundial y
viabilizar la disputa y control de territorios. Esta fusión ya no la hacen las
transmultinacionales ubicadas en las actividades económicas productivas o
comerciales que operan negocios lícitos y legales, sino las que se ubican en el
crimen y las actividades delincuenciales. A su vez, esto muestra la nueva fase
de decadencia y descomposición múltiple que vive, no solo el modelo neoliberal,
sino todo el sistema capitalista-imperialista. Este camino a la degradación
total de paso, nos indica también la reanimación y relativo fortalecimiento de
las fuerzas políticas de la extrema derecha a nivel mundial y el resurgimiento
de los grupos neonazifascistas, principalmente en Europa, Oriente Medio,
Norteamérica y América Latina, y las brutales guerras y violencia que ocurren
actualmente en gran parte de África.
Todo
esto nos ha permitido apreciar cómo se están moviendo estos ejércitos
incrustados en la nueva fase de fusión del narcotráfico y demás actividades
económicas ilícitas e ilegales con el modelo neoliberal, particularmente en
Colombia, Venezuela y de manera inmediata, en nuestra comarca: el Cauca. Hemos
visto cómo, uno de los resultados más condenables y preocupantes del
crecimiento y desborde de las actividades de estos grupos, ha sido el
reclutamiento forzado y no forzado de menores de edad, incluso niños, para
enrolarlos en sus ejércitos, contemplando,
con no poca indignación, el cinismo y perversa actitud de toda la manada anti-Petrista
(extrema derecha, derecha y no pocos centristas), cómo utilizan esa práctica de
esos grupos para responsabilizar al gobierno y, en particular a Petro, cuando
en un bombardeo obligado, fueron dados de baja menores de edad. Prácticas que
nos golpea y duele, en especial, a los demócratas y revolucionarios que, por
naturaleza, somos respetuosos de la dignidad individual y colectiva de la gente
y no compartimos ni toleramos ese tipo de conductas, aún más delincuenciales
que la misma guerra que hacen,
Según
la alocución presidencial, informando cómo sucedieron los hechos, de las
circunstancias específicas en que ocurrieron, tuvieron que hacerlo de manera
obligada. De no hacerlo, era la vida del grupo de soldados la que estaba en
jugo y en inminente riesgo por encontrarse en total desventaja. Pero, además,
ni el contingente de soldados ni la comandancia general, tenían el tiempo
mínimo necesario para hacer la debida inteligencia y determinar la presencia de
menores de edad en las filas de ese grupo delincuencial. ¿Y qué hubiera
sucedido si las cosas se hubieran dado al contrario? Es decir, ¿si los altos
mandos militares y el Presidente hubiesen desistido del bombardeo y los muertos
hubiesen sido los integrantes del contingente de soldados? ¿Cuál hubiese sido
la respuesta de la pandilla de rabiosos y enfermizos anti-Petristas? No nos
cabe la menor duda que la lluvia de rayos y centellas contra el gobierno y
contra Petro hubiese sido peor. Investigar y establecer con imparcialidad las
condiciones y circunstancias específicas en que fue necesario tomar las
decisiones y llevar a cabo las acciones, como corresponde a los órganos del
poder público y es, incluso su obligación, no; eso no interesa para nada a esas
tribus ávidas por devorar la presa.
Para
personas mínimamente sensatas, es absolutamente claro que, en las condiciones
del sistema capitalista actual, por su propia naturaleza, lleno de
contradicciones y conflictos, es imposible evitar las guerras, salvo pocas
excepciones en las cuales, la inminencia de enfrentamientos bélicos, pueden ser
evitados mediante acuerdos y negociaciones y, en consecuencia, el Derecho
Internacional no las prohíbe. Solo las regula mediante normas de la
especialidad del Derecho Internacional Humanitario en sus métodos y medios en
los conflictos armados, internacionales o no internacionales en los cuales,
ciertas prácticas violatorias de la normatividad humanitaria en sus principios
de: distinción, proporcionalidad, precaución y humanidad, obligan a los
Estados a cumplirlas, y a las fuerzas beligerantes, a respetarlas, como única
forma de poder acceder al status de fuerzas beligerantes que se enfrentan por
razones de orden político. Y esta legislación establece de manera expresa, la
diferencia entre fuerzas contendientes por razones y motivos políticos, de las
que acuden a la violencia y la guerra en grupos y organizaciones armadas
mediante prácticas operativas y de combate irregulares por motivos
particulares, privados y/o delincuenciales que atañen a delitos comunes.
Este
último tipo de conflictos, pueden partir de fundamentos políticos y desarrollarse
entre uno o más grupos irregulares contra los Estados en un momento dado y en
unas condiciones y situaciones dadas, o pueden ser de organizaciones
paramilitares contra esos grupos irregulares (guerrillas beligerantes) y en
apoyo a los ejércitos oficiales y al orden estatal existente, modalidad bélica
que ha tomado mucho auge en los últimos años en diferentes partes del mundo y
en Colombia en la década de los años 90 del siglo XX y principios del siglo XXI,
nos consta cómo afectó gravemente a la población civil y, particularmente a los
menores de edad. Desde luego que, en este tipo de conflictos, en los que se
afecta a los menores y niños por razones del mismo, o porque muchas veces se
los involucra en los conflictos en diferentes formas y grados, los protocolos
adicionales de 1.977, crean instrumentos del Derecho Internacional que tratan
de la defensa y protección de los menores; el protocolo II, de manera expresa
prohíbe el reclutamiento de menores de 15 años o su participación directa e
indirecta en las hostilidades y obligan a que los Estados tomen todas las
medidas para evitar dicho reclutamiento, y en caso de existir, a tomar todas
las precauciones para evitar que en los enfrentamientos caigan víctimas estos
menores.
Instrumentos
que en el artículo 38 de la Convención de 1.989 los derechos de los menores y
de los niños en los conflictos no internacionales, si bien no prohíbe la
participación de menores entre los 15 y 18 años, amplia las normas de
protección general y el Estatuto de la Corte Penal Internacional tipifica con
toda precisión el delito de llevar a niños de menos de 15 años, así su
participación sea voluntaria, a las hostilidades y enfrentamientos bélicos,
como crimen de guerra. Reiteramos una vez más que, a los demócratas y a los
revolucionarios nos duele y nos indigna que menores de edad y niños sean
arrancados forzosamente o no, de sus hogares, del seno de sus familias y de las
posibilidades de un desarrollo social, físico, afectivo y moral, para ser
lanzados a una vida de degradación delincuencial al servicio de unos depravados
acumuladores de fortunas. Quienes defendemos y mantenemos objetivos políticos
nobles, no podemos siquiera guardar silencio ante la podredumbre en la que ha
caído este moribundo sistema capitalista-imperialista que agoniza y necesita
ser sepultado ya.
Frente
a lo sucedido en el bombardeo del Guaviare en que cayeron menores de edad y a
todo el agravamiento de este de guerra en nuestro país, categóricamente
expresamos nuestra posición y actitud crítica desde el momento en que el
Gobierno y particularmente Petro, lanzaron su propuesta de “Paz Total” y de
“negociación” con esos grupos armados (Clan del Golfo, Disidencias, ELN y
otros). Nuestra percepción inmediata fue la de que esa propuesta era demasiado
ambigua y no partía de la caracterización de en qué tipo de conflictos era que
estaban esos grupos; si había algo de motivaciones políticas, o si se trataba
de actividades puramente delincuenciales. Eso nos generaba muchas dudas, no
únicamente en la propuesta, sino también en algunos de los Comisionados de Paz
y negociadores. Después, cuando ya era tarde, Petro tuvo que salir a tratar de
corregir su inocentada y a dar explicaciones de que esos grupos, lo que hacían
era actividades delincuenciales y que los dueños de los negocios no estaban
acá, sino fuera de Colombia; pero, al parecer, su Alto Comisionado Paz no
corrigió lo que debieron corregir a tiempo, o no iniciar algo que, desde el
principio era fallido.
Ante
tal desarrollo de los acontecimientos creemos, ahora con mayor razón, que lo
que el Estado colombiano, el gobierno y Petro en particular, debieron y deben
hacer: una campaña y acciones agresivas políticas y diplomáticas
internacionales ante los demás países y gobiernos para congregar apoyos en
todos los órdenes para obtener mayor respaldo en la lucha contra las
actividades económicas ilícitas e ilegales; ante la Corte Penal Internacional
en procura de un apoyo más efectivo en la lucha contra estos grupos y sus
prácticas de reclutamiento de menores. Creemos que había que descartar
cualquier tipo de negociación y accionar por todos los medios, para obtener su
sometimiento a la justicia. No hay más alternativa. Y que los organismos
judiciales internacionales, hagan lo que tienen que hacer.
EL FARO SOCIAL
Popayán,
nov. 24/2.025